George Gautier
23 de abril de 2025
16 de junio de 2023
Bruce Asperger Capitulo 318
Cansado estaba cuando se repetía como cada día, que había pagado por ver esta puta película hasta el final y que no se iría hasta que lo echaran. Disfrutaba cada momento de paz y silencio como el mayor regalo que se pudiese tener. Solía ir al pasado a revisar cosas porque aun seguía aprendiendo, pero seguía sin encontrar la razón de por qué todo esto.
Podía tener pequeños lujos como refugiarse en momentos alegres o situaciones positivas. Sus preferidas eran los primeros besos. Echaba de menos esa sensación de crear un universo nuevo con un primer beso.
En esas visitas a otras épocas siempre le pasaban destellos de recuerdos en rescoldos olvidados de su mente que en la vorágine de destapar memorias, a veces se colaban y tomaban vida propia incorporándose a la larga cadena de meditación.
Le vino a la mente Bruce Aperger, ahí mismo frenó la cadena de imágenes a repasar y se centró en la búsqueda por este nombre. Encontró el recuerdo intacto y decidió sacarlo a la memoria de medio plazo para disfrutar de él más seguido.
Estaba
en primaria, recuerda que tenía pañoleta azul y blanca. Los demás muchachos
siempre lo estaban molestando por un par de razones 1- Porque leía muchos
libros de todos los temas y 2- porque tenía muchas amigas y no le gustaban los
amigos ni los juegos de varones.
Básicamente
la mezcla de impotencia-envidia del comportamiento típico de manada molestaba
bastante a Josef quien estaba siendo retado constantemente a pelear o competir
y precisamente era lo último que deseaba, pues sus intereses en este planeta
eran diferentes que la muestra de energía y poder típico de los muchachos de
esa época. Siempre compitiendo en lo que Josef escapaba, lograron convencerlo
para un reto. De mala gana aceptó haciendo prometer que sería el último. Era un
reto pacífico, atractivo. Una simple competencia de dibujo.
Los que estaban de espectadores ladeaban la cabeza tratando de entender aquellas líneas de distintos grosores que terminaban fuera de la hoja sin completar ninguna figura, Josef iba cambiando de hojas como si estuviera inconforme con el dibujo anterior sin pies ni cabeza e iba tirando los papeles a medio estrujar a un lado, en lo que seguía llenando de líneas hojas en blanco como si no hallara rumbo en que dibujar finalmente. Su velocidad iba aumentando como si el desespero hiciera presa de sus manos que cada vez se movían más rápido pero seguían sin entender. El otro concursante dibujó en una sola hora todo y había entregado su resultado, Josef seguía emborronando hojas y más hojas hasta que la maestra decidió pararlo
-
Josef... ya vamos a terminar...
Josef
aceleraba más la vibración de sus manos con los lápices sobre hojas que se
fatigaban y se estrujaban bajo la presión del grafito tembloroso.
-
Josef... ya...
- No he
acabado maestra - dijo con una breve mirada de tristeza, como si este planeta
que siempre le pareció lento, ahora le pareciese rápido.
- Pero ya Josef... - la maestra delicadamente y con mucho cariño recogió el cartapacio de hojas y se encogió de hombros cuando las demás maestras le preguntaban si podía reconocer algo en lo que Josef había dibujado. Salió por la puerta a toda velocidad frustrado sin hablar ni mirar a nadie, eran más de las 5 de la tarde y se iba a perder la puesta de sol en 12 y malecón. Fue apurando su paso en lo que trataba de olvidar la absurda escuela que le consumía su paciencia cada día como un castigo que tenía que cumplir sin saber por qué.
En la escuela, la maestra repasaba las hojas una a una tratando de encontrar alguna lógica en tantas rayas de distintas presiones y ya cansada de un día largo estaba dispuesta a dar los premios e irse a su casa, quedando Josef en último lugar porque su dibujo era descalificado al no tener ningún sentido para los presentes, cuando del público gritando las decisiones del jurado, a gatas, una niña extremadamente delgada, de piel india tostada, pelo castaño quemado del sol y unos raros ojos entre amarillos y verdes, arrebató de las manos de la maestra, el paquete de hojas con los dibujos de Josef y echó a correr como alma que lleva el diablo tratando de salir de la escuela. La maestra estupefacta, calmadamente llamó a otra maestra que estaba en la puerta del recinto y esta sin mucho esfuerzo detuvo a la chica tomándola de la muñeca antes que lograra salir de la escuela. Con voz amable le advirtió que no podía salir ningún niño hasta la hora de salida y que fuera recogido por sus padres, la niña tiró los papeles al suelo y ella misma se descolgó hasta que la maestra la soltó, los demás niños venían corriendo y las maestras, hasta que una preguntó:
-
Habana! Por qué hiciste eso?
- Es que no lo entienden maestra!!! No lo entienden!! - Habana se restregaba por el piso poniendo una hoja de lado a la otra como una gran mosaico con sumo desespero y rapidez hasta que se vio.
La
escuela hizo silencio mirando aquello. Era un dibujo de un actor de sus
películas preferidas, Bruce Lee pero en 48 hojas en una disposición de 6 hojas
de ancho por 8 hojas de alto.
En
medio del silencio, una de las maestras murmuró
- ...El Asperger...
Y ya el resto de los muchachos comenzaron a disfrutar un apodo nuevo para el bulling del lunes.
Bruce Aperger.
Si, la
niña era Habana Del Mar.
Si,
Josef estaba disfrutando la puesta de sol.
15 de mayo de 2021
El fin de año con Habibi. Capitulo 317
28 de diciembre de 1999
Parte I
En esos días la mente no estaba en su sitio. No es que realmente lo estuviera antes ni después, pero ahora estaba en condiciones peores. Tanto tramar planes sin recursos, planes que se iban de saquear unas simples redes con peces, o brincar por edificios prohibidos para llegar al mejor sitio pesquero, a brincar fronteras, tomar vuelos, quizás con papeles falsos o inexistentes. Las cosas se habían ido de control y Josef sabía que cada vez que cerraba un capítulo era como una condena irreversible. Por eso nunca gustó de ponerse metas a sí mismo, porque tenía un jefe interior que lo iba a maltratando y agitando hasta que se cumpliera el plan establecido por la reunión democrática de su alma, su sombra, su otro yo y el mismo.
La manía persecutoria de su yo interior cada vez que se proponía algo era enfermiza y lo dejaba sumido en una depresión absurda que en aquellos tiempos no sabía como salir, o al menos campearla hasta que se curara con la medicina típica de Josef, el tiempo. Por todos los medios evitaba el contacto con otras personas ya que estaba iracundo y agresivo y ni siquiera hacia nada por controlar estos instintos, porque en realidad le ayudaban a mantener a la gente alejada, así que bienvenidos eran.
La ansiedad estaba basada en la espera. Algo que generaba la impotencia de no poder ser controlado a voluntad como el resto de las cosas. Es decir, el podría hacer en menos de diez minutos una planificación de buceo, inventar algún negocio basado en sus habilidades, pero como a toda persona habían cosas que no estaban en sus manos y debía esperar por el trabajo de terceros, a veces peor, por las prohibiciones de terceros que lo cargaban de rabia impotente.
En esto estaba la espera de sacar unos pasajes para Rusia, para una Rusia que llegaría sin dinero, sin contactos, sin saber que hacer y sin conocer nada. Pero ya su jefe interno le había ordenado marcharse de Cuba. Sabía por buenos contactos que le estaban empapelando una condena de dos años por peligrosidad pues era un tipo peligroso, sabía mecánica, chapistería, electricidad y arreglar casi todo tipo de cosas y eso es un peligro porque te puede hacer independiente del sistema de dádivas feudales del sitio donde vivía y lo ponía en riesgo de ganarse su economía por el mismo, sin tener que depender de la degradación moral que se extendía por todo su territorio de entregar tiempo y vida a cambio de un salario inservible e inmoral que apenas daba para unos boniatos y un poco de arroz. Estamos hablando de una época que el salario eran 120 pesos y una pizza costaba 10, solo sacar el porcentaje de la carestía daba asco.
En sus negocios raros, había cambiado una cámara de video por la chapistería de un carro "moderno" que nadie se atrevía a arreglar, a él le costaría mas o menos 30 dólares y una semana, así que lo hizo. Tener una cámara de video estaba entre sus sueños. Era una SONY TRV 250 analógica Hi8, la primera cámara que sintió suya, aunque más adelante la perdió de forma sórdida. Aun así, tanta ilusión, tanto desear algo que como ya le había pasado antes, ni lo disfrutaba. Cada vez que deseaba algo con fuerza pero esto lo hacía sufrir y pasar tiempo para obtenerlo, cuando lo conseguía, el precio había sido tan alto que ni lo celebraba, excepto con Habana del Mar, cada vez que Habana del Mar aparecía el perdonaba y borraba todas sus esperas y ansiedades para hacer un arranque fresco de su historia personal. Pero con lo demás era frustrante, cualquier cosa, tomaba sangre sudor y lágrimas y después no era bienvenido por el coste que tenía todo en la isla de las carestías.
Sentado estaba en su contén favorito, mirando la vida morir tranquilamente. Siempre se preguntaba si esos viejitos que acarreaban jabas con mandados de un lado para otro por 5 pesos o un poco de café, tenían alguna aspiración a terminar sus vidas de aquella manera. A Josef le parecía indigno, pero es probable que fuera edad, quizás ya se habían rendido, o quizás es la vida que ellos habían escogido, sin sobresaltos, sin crisis psíquicas, solo una rutina y ya, es probable que no fuera tan malo. A veces Josef extrañaba aquellos tiempos en que todo era una rutina segura, aunque no recuerda, que haya habido la parte "segura" en nada de lo que el haya hecho.
Era el 28 de diciembre, y aunque no había mucha atmósfera de ánimos festivos,
se veían personas comentando con alegría que habían conseguido un pedacito de
carne de puerco para el fin de año. A Josef nunca le interesaron las
celebraciones terrícolas, no entendía bien por qué celebrar una simple fecha
puesta por los mismos humanos, además en un calendario erróneo, bien podría ser
12 de mayo 300 años antes de lo escrito ese 28 de diciembre de 1999, daba
igual. No celebraba nada hecho por el hombre. Estuvo en sus pensamientos
densos, hasta que se le apareció un muchachito menor que él, el cual sin dudas
tenía una afección psicológica avanzada no diagnosticada, pero a todas luces su
comportamiento era extraño, aunque pacifico y cariñoso. Josef lo admiraba, pues
tenía la capacidad de abstraerse de las cosas, reírse incluso en los peores
momentos y disfrutar, aun andando descalzo como si fuera una persona que lo
tuviera todo en la vida. Josef quería aprender de él, de su supuesta enfermedad
psiquiátrica, que le hacía estar tan feliz y conforme todo el tiempo.
Necesitaba algo de eso. El muchacho se llamaba Habibi y era muy delgado y
rubio, sus padres se habían conocido en el hospital psiquiátrico de
A Habibi, muchas veces los abusadores adultos se divertían con él, maltratándolo, pero un día coincidió con que Josef se cruzó en ese camino y si había que hablar de desequilibrios bipolares no medicados donde se saltaba de la paz amorosa a un violento episodio de cuchillo de pesca submarina volando en todas direcciones, Josef era el personaje. Más nunca se metieron con él, lo tomaron como una especie de protegido del loco que pesca y habla solo, así que Habibi en agradecimiento hacía largas horas de conversación con Josef aunque este no le escuchaba ni una palabra. Solo veía a Habibi moviendo los labios y las manos en su expresiva gesticulación, pero estaba inmerso en sus tensos planes recientes de cambiar la geografía debajo de sus pies. Llevaba días preguntándose como se escribiría el nombre del aeropuerto canadiense donde debía abandonar el vuelo a Rusia por la mitad para intentar refugiarse en Canadá, otro sitio donde no conocía a nadie, no sabía nada y hacía más frío que en el congelador de su desvencijado refrigerador cansado marca Frigidaire.
¿Sería Gandes? O ¿Gander? Solo lo había oído. No había forma de buscarlo en aquella época y si se preguntaba se podría volar el plan, se iría con su error en la cabeza y ya vería lo escrito en el boarding pass o ya vería. Esa era la mejor solución para todo, ya vería.
Decidió por un día atender que decía Habibi, de pronto y de la nada le entró curiosidad como alguien puede estar hablando por horas y gesticulando enérgicamente, quizás se estaba perdiendo una buena historia, además Habibi le producía mucha simpatía, a pesar de tener probablemente 15 años más o menos, era un adulto luchando, vendiendo, comerciando, aunque muchas veces caía en manos de inescrupulosos que se referían al como "el monguito" y trataban de extorsionarlo, estafarlo o robarle lo que sea que estuviera vendiendo, aunque últimamente estaban mejor las cosas, en una de esas Habibi en su conversación muda sacó unos dólares y se los mostró a Josef, este le obligó a que los guardara rápidamente mirando a ambos lados para fijar las caras de quien lo hubiera visto, por si después le pasaba algo, saber a quien ir a buscar responsabilidad vengativa.
Le cogió el puño a Habibi y le hizo guardar el dinero en su bolsillo lo más rápido que pudo, no sin antes darle un pequeño regaño al que estaba en posición de dar, que además Habibi aceptaba con gusto porque en realidad, nadie se preocupaba por él. Sus padres, en su eterna psicodélia psiquiátrica, los habían dejado en la calle sin amparo desde muy niños, la hermana mayor era tan bella que sufría acosos terribles por todos los salvajes locales y desde que tenía unos 18 años ya no se le veía más, pero Habibi había salido al padre con unas facciones de Cristo crucificado y ojos tristes en cuencas medio vacías. Solo su sonrisa avisaba que ahí había un ser humano noble y bueno.
- ¿Donde vas a pasar el fin de año? - Preguntó Habibi sin darle la mas
mínima importancia al suceso anterior.
Josef decidió atenderlo, estaba mal que a una persona que se le tiene
aprecio no se le tuviera en cuenta.
- Yo tengo pastillas para eso - Por segunda vez Habibi iba a sacar algo se
sus múltiples bolsillos para mostrar y Josef se lo impidió.
- Habi asere... ya tu eres un hombre, no hay que estar repitiendo las cosas
todo el rato, sabes que si enseñas tus cosas al doblar te van a meter un
confuerza y te lo van a quitar todo...
- Es verdad... es verdad! - Decía asintiendo como si en vez de sentirse
mal, fuera feliz de ver alguien pendiente de su bienestar - ya no lo saco más,
pero yo tengo pastillas para eso...
- ¿Para que? - Josef a veces no podía mantener ni el hilo de sus propias conversaciones porque su mente se iba de manera involuntaria a generar sus ilusiones en un mundo paralelo dentro de sí. Creía firmemente en lo que él le llamaba "sincronizar" que era imaginarse sucesos venideros en todas las versiones positivas posibles para llegado el momento saber que hacer. Era como hacer un ensayo de futuro pero esto le consumía casi todos sus recursos y por eso apenas atendía a la realidad física real que estaba viviendo.
- ¡Para eso Josef! para cuando uno está atormentado...
- ¿Y que hacen esas pastillas?
- Te cortan la cadena de pensamientos que te llevan a los pensamientos
malos. es como si todo el trabajo que hace el cerebro que está de más,
desapareciese porque no hace falta para estar bien.
- ¡Carajos Habibi! Tu si sabes... me has dejado impresionado.
- ¿Quieres entonces? No las ligues o todo puede ir mal...
- No, guárdatelas para ti, de momento puedo lidiar con mi cerebro y me
parece que necesito más poder de cálculo para mis planes, no desacelerar.
- ¿Y entonces, el fin de año?
- ¿Que hay con eso Hab?
- ¿Ves? estás en llama, yo tengo un amigo médico que da electroshocks si tu
le llevas dos paquetes de café quieres que te lo presente?
- ¡Cojones Hab! me estas asustando... el fin de año no voy a hacer ni
celebrar absolutamente nada. Quizás, use mi cámara de video un poco, filme
cosas de
- A verdad que tu eres de los que se va...
- ¡Pinga significa eso Habibi? Claro que me voy, me van a meter preso por ser mecánico y chapista, necesito ir a un sitio donde pueda vivir de mi trabajo y de lo que se hacer.
Hubo un silencio de un par de minutos, Habibi bajó la cabeza con tristeza y
Josef no sabía si era por el tono injusto en el que le había hablado o si por
la noticia que se iría. No pensaba que nadie podría ponerse triste por irse o
que se le fuera alguien apreciado, era un cambio a mejor, pero después recordó
que sus emociones no eran referentes para nadie. Era altamente probable que las
reacciones humanas de Habibi, o de cualquiera fueran mejores que las de Josef.
Su programa estaba muy lejos de ser perfecto.
Se dio cuenta que no era necesario dejar el peso abrumador de sus locos
proyectos en el hombro de nadie más, mucho menos transmitir la ira, la
impotencia y todo el caldo de tensiones que hacía años, como un preso cavando
un túnel con una cuchara, venía fraguando. Se reinició y se dispuso a atender
al entrañable Habibi.
- Me voy a casa de mi hermana, ahí vamos a celebrar porque mis padres no
les gusta la fiesta y me botan de la casa esos días, quería invitarte, si no
vas a hacer nada.
- Coño... como que te botan de la casa, si no les gusta la fiesta que no la
hagan.
- No la hacen, pero la música y las celebraciones de los demás del solar
los alteran mucho y se fajan entre ellos, así que yo me paso los fines de año
durmiendo por las calles, pero esta vez mi hermana me dijo que fuera a pasarlo
con ella.
- Ahh... ya, pero eso es una especie de reunión familiar, yo no tengo nada
que hacer ahí
- No no, van a ir amigos de mi hermana y me dijo que trajera a mis amigos, pero yo no tengo eso.
El "yo no tengo eso" le hizo un nudo en la garganta a Josef que
por poco le saca las lágrimas, además de sentirse halagado que Habibi lo
tuviera en sus amigos. Pero él si que no solo no celebraba, si no que se metía
en el mar por días para ni siquiera estar cerca del bullicio terrícola en esas
fiestas para él, absurdas de celebrar la terminación de una órbita alrededor
del sol. Se sintió terriblemente mal que Habibi hubiera venido a él con esa
sensible invitación y que él fuera a responder igual o peor que sus padres. Se
preguntaba como siempre que carajos habrían echado en ese barrio donde nadie
estaba cuerdo. Por un momento acopió toda la responsabilidad paternal en sus
manos y le prometió a Habibi que si iría con él. Habibi dio una palmada al aire
de alegría y se alejó corriendo, ya tenía plan para el fin de año.
El fin de año con Habibi. Capitulo 318
PARTE II
En realidad no tenía ánimos ni para hablar. Algo le decía que debía haberse
quedado en su casa, le preguntó la dirección y Habibi le dijo que era en el
FOCSA, un edificio gigante del Vedado, icónico y curioso a la vez. Josef pensó
que quizás podría filmar algo para sus recuerdos, que cualquier sitio era bueno
para eso.
No obstante, tenía ciertas dudas, llevaba años sin ver a la hermana de
Habibi y le era extraño que estuviera viviendo en el FOCSA, así que le hizo
algunas preguntas antes de llegar. Sabía que ese sitio tenía mucha seguridad
por los estudios de TV y porque sus pisos superiores eran oficinas de
vigilancia militares. No le hacía gracia ir a ese sitio y menos en circunstancias
raras.
- Si, ella vive ahí hace varios años...
- Pero... en casa de algún familiar? Algún novio o algo?
- No, es su casa, ella vive sola
- Ok, entonces llegamos al portero y le decimos el nombre y el apartamento
y nos dejarán pasar, porque ese sitio es un poco cabrón con el acceso de la
gente desconocida
- No, hay que entrar por otro sitio, yo te explico, yo siempre la visito.
- Si, pero no pasa nada. Mi hermana lleva años haciéndolo y a veces me
quedo con ella.
- Esto no me gusta Hab, tu sabes que en cualquier momento me meten preso,
si me agarran en algo raro ya les voy a dar el gusto, yo te dejo ahí y regreso
a mi casa ok?
- Hab, yo no puedo meterme en problemas, lo entiendes?
- Ella nunca ha tenido problemas, porqué habrías de tenerlos tú?
- ¿Porque nos vamos a colar en un edificio con oficinas militares dentro?
¿Que tu crees?
- Los militares nunca se cruzan con nosotros, ellos tienen su propio
elevador y su puerta privada, donde vamos a entrar puede entrar todo el mundo
porque es la entrada del restauran que está en lo mas alto y de ahí nos
cruzamos al otro lado
- Ok, sigue sin gustarme la idea, no tengo ganas de problemas, te acompaño
pero si veo algo raro me voy Hab, yo no estoy para líos.
Entraron por la puerta como si fueran al restaurante
- Na!- Dijo la hermana con una sonrisa - Están de viaje... ¿Quieres? - Se
sacó del bolsillo del jean unas pastillas de varios colores, Josef se negó
automáticamente y visiblemente preocupado manifestó la idea de dejar ese sitio
y volver a su casa, Habbibi estaba en la cocina abriendo unas latas de
espaguetis con chorizo muy grasientas de las que hacía años no se veían y
alguna que otra lata de carne rusa y mezclándolo todo en una cazuela negra y
llena de golpes que puso sobre el fuego de la leña del fregadero.
Mariela tomó amablemente a Josef por el hombro y lo acompañó hasta uno de los
ventanales del pasillo, A lo lejos se oían mezclados todos los ritmos que había
puestos en el barrio para esperar el año nuevo y una brisa de mar ablandó la
tensión, Josef se fijó que por los aleros del edificio también podría pasarse a
otras alas que probablemente si tuvieran acceso al ascensor normal o quizás a
alguna escalera, estaba midiendo una vía de escape. Era lo que siempre hacía en
todos los sitios, medir vías de escape. Mariela lo invitó a sentarse en uno de
los aleros y mirar el mar. Había un barco mercante al parecer anclado en mar
adentro, pero se veía increíblemente detallado a pesar de una extraña niebla
que caía aplomada sobre toda la ciudad.
- Mira la vista que hay aquí, ¿No es bella?
Se sentaron uno junto al otro porque refrescaba el viento a esas alturas y la
vela se movía haciendo gigantescas sombras chinescas en los pasillos luchando
por no apagarse. Los ruidos de pedazos de acero colgando, cables y maderas
azotando las paredes eran una especie de orquesta tétrica y graciosa a la vez.
Josef estaba cargado de un positivismo explicado, pero inesperado. Se sentía
bien, cosa rara en un ambiente desconocido e inseguro, pero se sentía tan bien
que casi todo le daba risa y a Mariela también. Por la rendija del marco de la
puerta vio a los tres hospitales apagar las velas, comerse unas pastillas más y
tirarse en el mismo piso a dormir como si fueran parte de las grises losas
fragmentadas por el deterioro y el abandono de inmuebles y personas. A josef
por un momento le dieron ganas de llorar, llorar por sus vidas, llorar por su
tiempo, llorar por el destrozo, por el abandono, por la injusticia, pero estos
estados solo duraban escasos segundos antes de pasar a engrosar la enorme carga
de la necesidad de supervivencia a toda costa e inmediatamente las futuras
lágrimas eran convertidas en rabia y fuerzas para seguir adelante.
Mariela le deshizo el moño y se lo estaba haciendo de nuevo, Josef se dejó
aunque fuera raro, habiendo conversado menos de diez palabras. Estaba en una
especie de éxtasis dimensional. Sentía que había emigrado de universo, que ahí
no le pasaría nada y se cuestionó si el sería capaz de vivir en esas
condiciones. Pero su comodidad estaba en dormir en barcos abandonados donde no
fuera nadie, en costas rocallosas donde cualquier visitante sería tasajeado por
los escarpados dinteles naturales o en cuevas donde la Histoplasmosis podría
dar cuenta de cualquier visitante que no se lavara las manos y tuviera unas
precauciones mínimas por acceder al reino de los cimarrones sin permiso. No
obstante comprobó que sí, que el podría vivir ahí y que tener a esos locos de
vecinos no le harían nada malo.
- Marielaaaa!! Mariellaaa!!!
- Coño, no tiene nombre de hospital, esto me está preocupando - Josef no
sabía si reír o que hacer de las ideas que le venían a la mente. - ¿Y por qué
grita?
- Porque es loco... - Habibi no hubo terminado de decir esto y a Josef le
estaba entrando un ataque de risa contenida, pero se controló y decidió salir,
pa loco él que se tiraba al medio del mar a las 4 de la mañana a saquear paños
de pesca de los militares, ese sujeto tendría que callarse si o sí, además, le
había roto un universo mágico que estaba disfrutando inmensamente y eso no se
encontraba nunca.
Llegó un momento que el tal Amaury se apareció por el pasillo, frenó en seco al
ver a Josef y aunque estaba sorprendido le extendió la mano amistosamente con
una risa burlona, Josef accedió a saludarlo pero cuando iba a pedirle que no
hiciera ruido, notó que en su mano tenía un fusil automático AKM-47 de culata
plegable, no se esperaba eso así que ni siquiera preguntó, pero Amaury al notar
su mirada le puso el play a su historia automáticamente.
- Si, de donde nos conocemos?
- Ese cuento es para después, ¿te das cuenta que aquí vive mucha gente
ilegal y que si ellos detectan que alguien ha entrado por ese fallo de los
elevadores, van a llenar esto de policías y van a botar toda esta gente con sus
familias para la calle si es que no los meten preso a todos?
- No va a pasar nada, estaban borrachos- dijo Amaury cambiando el tono a
molesto por el llamado de atención
Habibi lucía desencajado y transformado, la humilde y entrañable sonrisa se
había ido para siempre, no era ese niño acelerado que todos le tomaban el pelo
por malicia. Puede que la luz titilante le acentuara lo vacío de las cuencas de
sus ojos desnutridos. Josef pensó que esto podría acabar muy mal y empezó a
medir todo el entorno como siempre para usarlo a su favor.
Ya esto estaba pasando de castaño oscuro para Josef, odiaba las alturas y los riesgos voluntarios. Por primera vez comenzó a arrepentirse de estar en el lugar equivocado. A lo lejos en el negro pasillo comenzó a oírse un sonido como de caballos corriendo. Josef aguzó la vista y se veían varías siluetas o algo que venía corriendo levantando polvo y removiendo escombros. Todos se pusieron en guardia, el pasillo era medio curvo y el sonido iba en aumento, se acercaba por la misma planta donde estaban ellos. Habibi empezó a ayudar a los demás a subirse en los ventanales cada vez más rápido, porque en el hueco solo cabían de uno en uno. Mariela se quedó de último y Josef trató de obligarla a marcharse pero ella no bajaba el madero que tenía como un pelotero preparado a batear.
- ¿Quien quiere? ¡Nos las merecemos!!!










