13 de abril de 2017

Josef (First breath after coma) Capitulo 312

Apenas pudo dormir en toda la noche. La Habana y en especial su barrio, era particularmente silencioso por la escasez de tráfico. En su subconsciente echaba de menos los ruidos de las ciudades civilizadas donde usualmente vivía. Ruidos de sirenas, emergencias, autopistas. La Habana y específicamente a la orilla del río Almendares donde había nacido, solo se oían de vez en cuando los tacones de alguna mujer perdida en la madrugada o el canto de algún borracho desafinado que no le interesaba realmente llegar a ninguna parte. El olor lejano de la mezcla de descomposición del río, mas el mar que flotaba como un aerosol en la costa, traían aires pasados imposibles de borrar por mas que uno quisiera. Josef se levantó de un tirón de su cama temporal. La tocó con sus manos como quien acaricia un animal que ha sido compañía, pero que por situaciones de la vida debe abandonar una y otra vez. Madre conservaba todo en el oscuro cuarto, como si nunca se hubiera ido, como si tuviera esperanzas de que iba a volver cualquier día, como siempre, sin preguntar nada.



De manera enérgica se puso un pulóver desesperado y cruzó la puerta antes que madre se despertara y se preocupara en silencio como venía pasando en los últimos días. Al salir  del edificio notó ese frío añorado de madrugada con escasos cantos de pájaros protestones sin sentido del vecindario. Caminó raudo hacia el malecón que estaba a pocos minutos y se sentó en el muro a la altura de la calle 3ra y 12. Ahí había por siempre unas piedras que por muy calmado que estuviera el mar, hacían pequeñas olas y salpicaban. Con las amarillentas luces de la calle podía verse la transparencia y algunos peces de colores que traían un inmenso regocijo a los caídos ánimos de Josef y una real sensación de estar en casa. En la casa de verdad, su mar.

La calle estaba mojada por las recientes lluvias torrenciales del día anterior. En los reflejos se veían distorsionadas figuras de los edificios que asemejaban una especie de ciudad borrada o que estaba intentando borrarse de las memorias de las personas desperdigadas por el mundo que salieron de este sitio huyendo o buscando mejores oportunidades. Sin culpar a nadie, Josef le dio la espalda y adentró sus pensamientos en el negro mar alejado de la costa. Ese sitio terrorífico a esa hora que era donde Josef sabía que había paz a toda costa, aunque no una paz pura, una paz unida a la desesperación y en muchos casos la muerte. Pensó que quizás ahí habitaban almas, almas que flotaban o se sumergían a su gusto y como el mismo, miraban la ciudad de lejos entre reflejos y luces amarillas silenciadas por la ausencia de actividad de un país paralizado. Esperó como cuando era niño que apareciese una sirena. Le daba igual si para bien o mal, le daba igual si lo arrastraba hasta el fondo y lo ahogaba cruelmente, solo quería que apareciese la maldita sirena.

- ¡Sabía que estabas aquí!

Josef escuchó la voz a sus espaldas. Se ruborizó a la vez que el corazón dio un peligroso vuelco descontrolado que casi se rompe. Dudó por un momento si hubiese sido su imaginación, así que no contestó ni se volteó para mirar si era real o no, pero sintió una mano sobre su espalda, tibia, para nada agresiva como todas las cosas del mar a esa hora. Miró de reojo y a contraluz de los faros del malecón, vio la silueta reconocida de Habana del Mar con el pelo alborotado por la leve brisa que comenzaba a mover las masas de aires terrales. Otras vez todas las fuerzas se drenaron diente perro hasta el fondo de la costa, sin resistencia ninguna como se escapa el mercurio de un termómetro roto.
Suspiró como si fuera a hacer una inmersión de muchos minutos y sintió que el nudo de su garganta, ese que nunca le dejaba hablar, tejido por las emociones, venía en camino. Trató esta vez de ser civilizado. De eso se trataba. Por eso había abandonado su vida de náufrago, su vida de mar. Por eso había aprendido oficios terrestres, había aprendido a tratar con las personas, a tener cariño por las cosas normales de la vida, por eso había emigrado y tratado de ser una persona más, con pertenencias a cosas y lugares, trató, trató.
Dejó escapar una sonrisa medianamente real, aunque en el fondo, estaba agradeciendo por el fuego de este encuentro. Sabía que no iba a salir bien parado de esta, pero lo que venían eran golpes lindos, golpes que hubiera preferido tener, a nada.  Cuando las cosas iban mal, lo mejor era ponerlas peor hasta que algo reventara y hubiera un cambio. Las cosas mediocremente mal no eran lo suyo. O todo lo bueno o todo lo malo, medias tintas nunca. Las medias tintas eran aburridas y frustrantes. Las emergencias lo hacían nadar por su vida y los momentos felices eran disfrutables. Aunque esto era inusual, era una emergencia feliz.



- En este sitio... - Balbuceó mientras pudo y Habana le terminó la frase con una sonrisa
- Fue donde nos conocimos, tu pescabas y yo vine a incordiarte con preguntas. Después paseamos por el muro, cada vez que paso por aquí revivo uno de los pocos días felices de mi vida. Fue una especie de aventura que a veces confundo con un sueño. Eso que se creó ese día no puede romperse Josef, ni con años, ni con distancias, ni con separaciones. Me sentí muy mal ayer cuando te dejé en esa esquina...
Otra vez. Algo me dijo que te encontraría aquí.

Josef apretaba sus manos entre sus muslos y suspiraba, o bien tenía frío o quizás no quería que se notara un ligero temblor. Habana se adueñaba siempre de sus reacciones y tenía que pasar cierto tiempo para que el pudiera controlar su cuerpo de nuevo enteramente. Apenas se atrevía a mirarla, siempre le daba temor tener reacciones no humanas o imprevistas.  Sin embargo, a Habana le daba igual que sus delgadas manos se vieran temblorosas. Siempre los primeros minutos de sus encuentros con Josef eran un manojo de nervios y emociones, pero a ella no le importaba que se vieran. Lo consideraba algo puro, bello y en extinción. Era muy difícil en estos días encontrar a alguien que te hiciera temblar las manos, sudar frío o tartamudear por sensaciones bellas y energías salvajes que tomaban el control.

Se sentaron a observar el mar juntos y Josef la abrazó porque notó que habana temblaba demasiado. Enseguida la conexión mejoró las cosas. Pasaron un buen rato mirando como al este salían tímidos claros pincelados entre las nubes aun recalcitrantes.

Josef le brindó a Habana del mar uno de sus audífonos. Compartió su música y el momento comenzó a ser mágico como en los buenos tiempos. No podía hablar mucho, pero la música hablaba por si misma. Sonó un tema de (Explosions in the sky) llamado (First breath after coma) del disco (The Earth Is Not a Cold Dead Place) y comenzó como un reinicio necesario de algo que nunca podría romperse.


Explosions in the sky - First breath after coma.

Al poco tiempo se miraron a los ojos como si ayer fueran unos niños robando comida de la basura del restaurante 1830 y sin casa donde llegar ni familia a la que acudir. Volvieron a ser unos niños de la calle, desamparados de techo y amparados en el amor de los necesitados y desposeídos. Sus manos se tomaron con la música y fueron manos nuevas, manos de pescador y niña sin casa ni hogar. Caminaron por el muro con risas discretas en lo que amanecía y la ciudad comenzaba a desesperanzarse de nuevo con humeantes y pestilentes carros petroleros atiborrados de personas que iban a buscar su sustento de alguna manera, por la vía que fuera.

El olor a pescado de los restos sobre el muro pujaba volver a una época en que todo era tan simple como el raciocinio infantil, justo y desprovisto de improductivos rencores o malos recuerdos, las algas que flotaban en la orilla hacían una especie de telón a un mundo distinto, un mundo donde a pesar de todo lo vivido, de todo lo pasado, siempre se podría reiniciar, comenzar de nuevo y respirar aire de mar otra vez, del mar familiar y ancestral de donde habían salido. Subieron por la escalera del fuerte de La Chorrera y desde la altura vieron como la mañana barría con todo lo pasado. Ya nada anterior existía en este mundo nuevo sin palabras. Todo desde cero. Una bendición de quienes podían perdonar y aprovechar la corta estancia que la mayoría desperdicia por soberbias, falsa justicia y frustraciones. Una corta estancia que los adultos suelen desperdiciar persiguiendo cosas inútiles e impartiendo criterios como si los pocos minutos de vida, fueran a ser eternos.

- Solo me duele, que con lo que hiciste por irte, con todo lo que perdiste, con todo lo que trataste, nunca te hayas ido - Dijo Josef ya con voz clara y segura en lo que esperaban el comienzo del espectáculo del amanecer - No es justo que no hayas visto otros mundos, que no hayas probado otras ciudades, otras comidas, otras culturas. Creo que todo el mundo debería ser obligado por las buenas a viajar en algún momento de sus vidas, viajar te muestra cuan insignificante uno es ante tantas cosas nuevas, culturas y costumbres desconocidas, en serio, me duele que no lo hayas logrado.

Habana del Mar suspiró seriamente y apretó mas el abrazo contra Josef - Al final fue duro resignarme que me iba a quedar en el sitio donde nunca estuve conforme, desde aquel tiempo que nos conocimos mi alma se había ido, venía por ratos porque tu, Josef la traías con tus cosas, Tu hiciste que mi alma regresara por momentos pero después volvía a largarse por ahí, lo que ella vio, yo nunca lo veré ¡Y si! es una paradoja, de esas que nos inundan como este mar que nos rodea. Tu no querías irte ¿Y donde acabaste?

- Estuve unos 13 años en España pero nunca me adapté, por mas que traté, ya de por si era difícil humanizarme. No encajaba en las costumbres de entendimiento y comunicación españolas, a pesar de ser el mismo idioma. Después reemigré  a Miami donde apenas sobrevivo. Me pasó al revés que a ti. Mi cuerpo se fue, pero mi alma nunca llegó, creo que mi alma se quedó detrás de ti, siguiéndote todo el rato como un perrito abandonado.

Rieron un poco y el frío madrugador fue roto por los primeros rayos de sol. Josef y Habana juntos no podrían describir cuan a gusto se estaba en ese momento de paz, cuanto peso podría quitarse cada persona con un poco de sentido común.

- ¡Siempre sentí ese perrito!- dijo Habana entre risas - En todos estos años siempre sentí que me acompañabas a pesar de no atreverme ni a preguntar por ti. En cada momento difícil te imaginé conmigo, te imaginé que me soportabas, me empujabas y me tenías de la mano, en cada risa miré a mi lado para compartirla contigo y se me acababa porque no estabas, pero siempre sentí culpa y nunca tuve valor de volver a buscarte. Te lloré cada día y...

Josef hizo un siseo con la boca buscando silencio. Abrazó a Habana y estuvieron así por un buen rato. Aunque se habían prometido no llorar salieron un par de lágrimas dolorosas como dos piedras de río, de esas que nublan la vista y hacen ver todo como a través de un grueso fondo de un vaso de cristal azul.

- Hoy es el primer día de nuevo, estamos en el mismo sitio- Josef deshacía con fuerza el nudo recurrente de sus palabras, esta vez no iba a quedarse callado - Hoy, no se que día de diciembre del 2017 nos conocemos de nuevo. Todo lo que quedó atrás son solo recuerdos implantados por una vida que ya no volverá. Ha sido como salir de un cine, se acabó esa película y ahora estamos viviendo una nueva. Solo quiero que estés bien Habana, juro que solo quiero que estés bien por siempre.

Habana se alumbró de pronto como el sol que estaba rajando las pocas nubes que quedaban - ¡Vamos a desayunar al 1830! ¡¡Pero no de la basura!!




Bajaron las escaleras corriendo y aunque era demasiado temprano para el restaurante un empleado los invitó a pasar a las islita japonesa, ahí les ofreció lo único que podrían preparar a esa hora, sándwich y café o maltas. Engulleron todo con el hambre madrugador de dos niños abandonados y caminaron riendo y hablando de tanto mundo por delante rumbo a la casa de Habana del Mar. Josef conoció a su familia nueva, su pareja, sus hijos y avanzada la mañana cuando apenas pudieron ponerse al día de tantos sucesos, Habana del Mar se puso seria e hizo un silencio.

-Josef-  Tienes que prometerme que escribirás toda esta historia, tu historia para que mis hijas la lean. Quiero que aprendan de todo lo bueno y malo que hayamos hecho. Me temo que en el mundo moderno en que van a vivir ya no van a haber mas emociones que la tecnología y los egos digitales. Quiero leerles lo que escribas sobre ti y sobre nosotros, por favor.

Josef asintió en silencio tomando la tarea sin decir que desde hacía mas de diez años escribía al azar pasajes de su azarosa vida en las que Habana ocupaba mas maldiciones que buenos momentos. Pero nada iba a cambiar eso a  pesar que, como mismo ellos habían dicho, lo que existía entre ellos no podría ser de ninguna manera destruido.

Josef regresó solo al malecón de nuevo después de una cálida despedida de Habana y Su familia. Se sentía sin un peso, sin odio, sin rencor, vacío. Cruzaba las calles entre insultos de chóferes y frenazos. No estaba en este mundo, era feliz, pero a la vez no quería estar. Uno de sus principales pesos y meta había sido difuminado por el amor perdurable. No había camino ni nada visible, solo llegar al mar.
Tampoco nunca había asomado una estúpida sirena para recalcarle que eso eran historias fantásticas de niños y piratas borrachos que nunca existieron. No tenía que hacer. La semana que viene, trabajar, dormir, trabajar, dormir. Vomitó a la orilla del mar un bulto de recuerdos que ya no necesitaba y se apresuró a escribirlos para que no dejaran de existir del todo. Sus recuerdos siempre lo habían hecho mejor persona y cambiaba cosas de su vida futura en base a ellos. Hoy había aprendido a reiniciar, perdonar, olvidar y comenzar de nuevo. A pesar que era lo que había hecho casi siempre por instinto de conservación. Hoy lo hizo a propósito, con conocimiento. Cogió impulso sobre el muro y voló para caer al agua, pero no cayó. En su inmenso salto comenzó a ascender a una velocidad fría. No se asustó para nada y si disfrutó ver a La Habana desde arriba, desde el cielo, las personas como hormigas cargando su escaso sustento para ese día, los niños corriendo a las escuelas, los techos de los viejos carros americanos pintados malamente y quemados por el sol castigador de Cuba la isla paralizada. Solo que ahí había mucho frío, un frío extraño que no congeniaba con el fuerte sol que había y tantas luces y colores. También le llamó la atención el extremo silencio, la ralentización de los sucesos. Ya era como si mirara una película desde arriba. Comenzó a preguntarse si de verdad estaba pasando o que estaba pasando. Solo quería caer al mar pero por mas que intentaba seguía ascendiendo. El mar, la ciudad y todo se iba alejando hasta que todo se hizo oscuro de un tirón.

Un pitido intermitente se oía a lo lejos. Abrió los ojos y vio unas paredes  que algunas vez fueron amarillas, descorchadas y un olor desagradable. Estaba en una especie de cama sin colchón, sobre fríos  y oxidados alambres o muelles y a lo lejos en unos entrecruzados pasillos, personas caminaban de un lado a otro apuradas. Pensó que era una pesadilla horrible y trató de dormirse de nuevo deseando cuando despertase estar con Habana del Mar amaneciendo en la escalera del castillo de La Chorrera de nuevo, abrazados y corriendo a desayunar en el 1830, no le importaba si de la basura, no le importaba si eran niños de nuevo y tenía que pasar por todo el sufrimiento otra vez o peor. Estaba dispuesto a todo y todo sería lindo, hasta lo peor. Porque la maldita Haban del Mar, estaba por siempre con el, donde quiera que estuviese y en el pero de los momentos.

En el fondo, aun escuchaba uno de sus audífonos el tema (The Earth Is Not a Cold Dead Place) de la carpeta recursiva que tenia en su reproductor del grupo Explosions in the Sky y Una sirena se asomó a la vista de Josef con una voz súper dulce diciendo - Ahora vas a sentir unos pinchazos en el abdomen, no te muevas, relájate los mas que puedas.

Explosions in the sky - The Earth Is Not a Cold Dead Place

6 de abril de 2017

Josef (Como las olas que se van) Capitulo 311

Breve introducción:
Habana del mar había desaparecido a finales de los años 90s. Esta historia enlaza en esta serie de capitulos:

Josef y el 1990 cap 198 (Parte 01)


Y termina en este:

Josef y el fin del sueño (Cap 200)



Caían esas gotas de agua que solo caen en las islas olvidadas a la mano de dios, donde no importa cuan feroz sean las inclemencias, porque todo lo que se iba a destruir ya estaba destruido. Era un diciembre extrañamente frío del 2017 y Josef, barbado y desarreglado por el cansancio había vuelto a la isla después de décadas de periplos por varios continentes donde como siempre, nunca encontró acomodación ni posibilidades de adaptarse. Su reino era el mar y ningún estado se encontraba alineado a ello. Por mas que intentó tener una vida normal nunca lo consiguió, aunque aun, ya casi rozando medio siglo de vida observaba sin preocupación que quizás algún día podría lograrlo. Ser humano había sido mas difícil de lo que pensó a pesar de lo simple que parecía. Ser humano era una complicación reñida con el normal desarrollo de la vida, según sus puntos de vista, pero tampoco era la meta del siglo, es más, mientras seguía su vida de ermitaño, renegado y fuera de reglas, se sentía medianamente a gusto. Era una clase de refugio. 

 Había vuelto de visita. Aún vivía, si puede llamársele así, muy cerca de los pantanos infinitos de las tierras Floridas del sureste de los Estados Unidos. Madre, ya viejita, requería de su visita en La Habana cada vez con más ahínco como si cada visita fuera la última. Josef seguía la corriente como casi todo en su vida, no se oponía como ayer al tardío afecto maternal y aunque no lo entendía, ni siquiera entendía muy bien los afectos, se dejaba llevar por la corriente de normalidad. Incluso visitaba primos de los que no se acordaba y familia que era extrañamente amable. La vida no había dejado de ser un experimento. 

 Madre le había pedido que consiguiera algunos ingredientes para hacerle uno de sus platos favoritos. El arroz imperial, pero aun en el 2017 en esa isla encontrar algo era bastante fatigoso. Josef caminó en paz hacia el único lugar que conocía bien que era el barrio de Miramar. Cruzando el puente de hierro remodelado y distinto, ya falto de espíritu de las uniones remachadas americanas y coloreado de una victoria local temporaria, tomó dirección norte hacia la calle cero bajo la lluvia intermitente y lejanos sonidos de truenos. Recordaba que por esa zona había tiendas en divisas no muy atiborradas de cubanos ilusorios de que las cosas estaban bien, porque tenían una familia que les mandaba el dinero.


 Al llegar a una de estas encontró con suerte la mayonesa, el aceite y un par de cosas mas que estaban en el pedido de Madre. Tomó todo y fue a la caja a pagar. Había como mucho un par de personas delante con niños felices de conseguir refrescos azucarados y con colores plásticos. Cuando solo quedaba una persona, la voz de la cajera rebotó en las paredes del pasado lejano y dormido. Josef levantó la vista suavemente y acto seguido dejó la compra ahí mismo y salió por otra línea de caja sin nada, tratando de no ser visto. Una vez bajo la lluvia de nuevo, se sentó en un muro encharcado casi inmóvil. Su cuerpo no respondía bien para irse, ni respondía bien para volver. Ya conocía esa sensación y sabía que solo el tiempo lo dejaría moverse adelante. Decidió sentarse a saborear la lluvia. Nada malo iba a pasar. 

 Dentro de la tienda, la otra cajera por donde había salido Josef, le señalaba a su compañera el extraño comportamiento con un poco de burla en lo que ponía los productos de vuelta. Hacía mofa de que La Habana estaba llena de locos y que todos iban a parar a esa tienda. Mientras tanto, quizás debido a la fuerte lluvia, no había entrado nadie mas y la cajera se movió un poco hasta el cristal donde vio a Josef a pocos metros enfrente empapándose sin mas, mirando al cielo con la boca abierta como si disfrutara todo el diluvio pasando a través de su cuerpo. Le pareció raro y a la vez familiar en lo que volvió a su puesto. 

 - ¡Es verdad! Todos los loquitos vienen a esta tienda. A lo mejor no le alcanza el dinero y por eso dejó todo 
- Si que está quemao. Mira como se empapa ahí afuera, con el frío que hace. 

 Quedaba poco tiempo para cerrar en lo que las dos mujeres organizaban todo cuando ya solo eran minutos. El sol de ese día se escabulló como Josef sin ser visto. Tanta nube no dejó notar ni un solo color de atardecer, solo la luz gris atenuándose poco a poco sin remedio y algún que otro carro con los faros amarillentos como luchando contra eso, sacaba olas de la inundada calle que llegaban hasta medias piernas de Josef que seguía sin moverse.


- Oye, el loquito sigue ahí... me está preocupando.
 La otra muchacha se acercó al cristal de nuevo. Era un frío diciembre y veces se encontraba con personas sentimentales en esos días de reunión familiar. Quizás sintió pena por el loco barbado, lleno de canas y ojos casi cerrados. 
 - ¿Que era lo que el tenía antes de salir? - Preguntó en lo que sellaba la caja e iba cerrando los llavines de las ventanas acristaladas una por una. 
- Mayonesa, un pomo de aceite y unas aceitunas... La muchacha metió esos productos en una bolsa y después de pasarlo por la caja lo dejó aparte. 
- ¡Pero mija! ¡Entre limosnas y comprarle cosas a los loquitos que lleguen, no vas a tener sueldo este mes! 

Ella no respondió. Miraba a cada rato por el cristal con la esperanza que no se esfumara aquel hombre. En una de esas miradas algo le resultó familiar y le recorrió un escalofrío de pies a cabeza sin más. No entendía qué pasaba, pero sintió que su subconsciente estaba teniendo una especie de señal, de comunicación que iba removiendo capas de pinturas pasadas. Empezó a temblar un poco y la respiración se hizo difícil. Se apoyó con las dos manos al cristal nevado con agua chorreando por fuera y lo trató de limpiar con el reverso de la mano en lo que escasos rayos mejoraban la iluminación por momentos. Ahí estaba aún, inmóvil como siempre, esperando que girara la tierra, sin dar un paso, con su paciencia de casi medio siglo, con su paciencia de pescador. 

- ¿¿Puedes cerrar por mi!! ¡Necesito salir!.. ¡¡ahora! 
- ¡Pero muchacha! ¡Ese loco te contagió?.. ¿Adonde vas! ¡¡OYEee!! Habanaaaaaa!!! 

 Habana bajó las escaleras corriendo que casi se cae con la bolsa en las manos en lo que la lluvia arreciaba con una densidad inusual. Josef la vio venir pero aun así no movió un párpado. Estaba paralizado como si un veneno lo hubiera dejado sin vida en aquel muro. Lo mejor de la lluvia es que todo se veía claro y limpio a pesar de haber comenzado la noche. También que se podía llorar sin que nadie lo notara. Los dos podían llorar sin que nadie lo notara porque corrían caudales de agua por sus ropas y sus cuerpos. Habana estuvo un rato parada frente a el. Nunca sabía que se hace en esos casos, nunca supo como reaccionar y estaba segura que sus reacciones nunca fueron las mejores.



 Así pasaron algunos minutos, años quizás. Años hacia adelante, años hacia atrás. La lluvia amainó un poco y Josef imaginó que la costa ahora estaría turbia y revuelta después de aquel atroz diluvio. Pensó que si pudiera escapar ahora mismo por el mar, solo tendría que dar unos pequeños saltos mas que conocidos por un par de muros del Sierra Maestra y nadie lo vería de nuevo en años, pero era mentira, su cuerpo aun estaba envenenado e inmóvil. 
 La otra dependienta se acercó levemente por detrás de Habana del Mar después de haber dejado todo cerrado y en orden. 

- ¿Estás bien Habana? ¿Todo está bien aquí? Habana balbuceó apenas sin mirar 
- Si, todo bien, gracias Mirta... todo va a estar bien. 

 Al oír su voz de nuevo Josef salió del letargo, trató de sonreír, pero salió una mueca. Habana dio la vuelta al muro y se sentó a su lado pero en dirección contraria. Como siempre, Josef mirando al norte y ella mirando al sur de la calle 3ra de Miramar en La Habana de Cuba. 

- ¿No me vas a hablar?- Preguntó Habana con esa seguridad fuerte e hiriente que no había perdido.

 Josef ahora sabía lo que significaba un nudo en la garganta. Imaginaba tragándose un nudo de aquellos asquerosos cabos de los barcos de un puerto, imaginaba que no solo no podría hablar, ni siquiera respirar. 

- Esto... es para ti - Habana le extendió la bolsa con los tres frascos en lo que Josef trató de sacar el dinero de su cartera- ¡Deja deja! ya lo compré, como saliste corriendo como alma que lleva el diablo...- dijo aun con su temblorosa mano soportando la bolsa de compras 
 Josef tragó en seco y rompió su silencio con voz tomada y temblorosa 

- ¿Así que te quedaste? 

 El tiempo se convirtió en un amasijo descontrolado y lleno de olas que trajo los recuerdos como basuras que llegan a las costas después de las tormentas. La lluvia seguía y embellecía los faros de la calle. Esa parte de la ciudad estaba desierta a esa hora que, aunque temprano, ya estaba bastante oscura. Solo algunos flashazos del cartel fallido de la tienda parpadeaban al ritmo de una música paralela inexistente con sus tubos de luz fría defectuosos y sonidos de potentes olas lejanas adornaban el momento. 

 - Aquella lancha se hundió Josef, nadamos por horas de vuelta y pocos logramos llegar a la costa. Cuando regresé ya te habías ido y solo se veían en la oscuridad guardias y perros. Gracias a tantas veces pernoctar ahí, supe como encontrar la manera de subirme por la costa, tampoco iba a llamarte, te había abandonado sin dejarte saber y en esa lancha iban muchas personas. Pensé que eso podía pasar, pero tomé el riesgo. Como tu no estabas convencido no quise... 

- ¡Ya no hace falta! 
- ¿Ya no hace falta que? 
- la explicación, ya pasó... 

Hubo otro silencio largo alimentado por las rachas de aguacero impertinente. Ya el agua corría como un río y Habana temblaba como una maquinaria averiada. Josef seguía petrificado. La miró con el rabillo del ojo, seguía tan terriblemente bella como siempre y distinta. Su pelo blanco, entre teñido de azul o naranja saltaba a pesar de la penumbra tormentosa. Su manera de ser, altanera, recta, fresca, agresiva aun cautivaba a Josef

 Josef rompió de nuevo el silencio con escasas silabas. 

- ¿Y ahora? 
- ¡Hibernando!! 
- ¡Hibernando!! - dijeron los dos a coro y estallaron en una discreta risa. Para ellos esta vida azarosa era solo un proceso de hibernación para algo bueno que vendría después. A falta de religión, adoraban que algo bueno pasara en algún momento sin mucha explicación. En ese momento el agua que corría por las calles comenzó a ser tibia y se sentía un olor a mar penetrante. Josef chapoleteó con los pies cuando se dio cuenta que no era otra cosa que el mar subiendo por las calles por la tormenta.

 - ¿No hay forma de escaparse verdad?- Dijo Habana viendo que Josef disfrutaba de empapar sus pies en agua de mar 
- ¡Nop!- Contestó Josef mas relajado. Si el agua de mar llegaba donde estuviera, ya el se encontraba en su medio 

 Josef tomó sus manos frías y delgadas, a pesar de tener unas cuantas libras desde la ultima vez que la había visto, sus manos nudosas, raras, nada femeninas. Levantó la vista mas a gusto y se miraron a los ojos, Ella seguía con esos ojos negros abisales, puerta de otros mundos y de sensaciones distintas, enlaces de todo lo que fuera salir de rutinas, saltarse reglas. Trató de besarla pero Habana se retiró delicadamente. 
 - Perdona... 
- No es nada ¿Caminamos o nos vamos a ahogar aquí?- dijo Habana en lo que se paraba decididamente a mover el mundo hacia adelante de nuevo como acostumbraba. 
Josef se paró, pero no renunció a caminar tomándola de la mano. La maldita lluvia ya había cesado pero no le daba ninguna pena llorar a cantaros con la cabeza levantada y la mirada al camino. Habana si estaba cabizbaja y miraba cada raya de la acera. La conexión no había acabado. Josef no la soltaba como cuando uno es niño y quiere quedarse con los objetos de los sueños aunque esté seguro que desaparecerán al despertar. Apretaba sus manos como siempre, como si fuera la última vez. 

- ¿Tienes hijos? Josef negó con la cabeza. - ¿Familia? ¿Donde vives? 

Josef siguió negando con la cabeza. 

 - Yo tengo dos niñas... 8 y 11 años, les he hablado mucho de ti, pero mezclo tu historia, con historias de piratas, tesoros ¿Eso es lo que fuimos verdad? 

 Josef la miraba a cada rato y seguía sin soltar su mano hasta que llegaron al puente de hierro. Apenas había dicho pocas palabras, Habana comenzó de nuevo. 

 - Yo vivo en... 
- ¡¡NO!! -Josef la calló abruptamente en la esquina de 11 y 26 desde donde se veía la vieja torre del cocinero y arriesgados callejeros que se dirigían a una nueva instalación que le llamaban "La fábrica de arte" 

- Ya no, mi vuelo es mañana y no se si vuelva de nuevo - El corazón de Josef se estaba partiendo por las viejas heridas, donde fue pegado una y otra vez volvían los resquebrajos con mas dolor aun. Josef deseaba que ese momento no hubiera pasado, pero a la vez se sentía vivo de nuevo. Los ríos de adrenalina habían desplazado tanta calma lacónica por décadas. Aun no sabía que decir. 

Habana le dio un abrazo tan largo como la tristeza, su cuerpo volvió a extenderse fuera de las estúpidas células. Con el abrazo volvió a ser universo, vuelo, incorpóreo. Las energías que iluminaron su entorno eran tan bellas como malignas y peligrosas. Josef pensó que no resistiría mucho mas. Su poder ante las pérdidas de las tres cosas que le interesaban en este mundo ya se había desvanecido con los años, ya no era tan fuerte como antes. Ni siquiera había dejado de llorar. Recordaba los mares de llanto cuando de pequeño su madre lo llevaba al médico pero le prometía que no le inyectarían. Una amigdalitis crónica y tozuda le hizo vivir entre penicilinas hasta los 5 años primeros de su vida. Solo recordaba llorar a mares, llorar a chorros, casi no por la inyección, si no por la falsa promesa.

 Habana era una falsa promesa, siempre lo fue y por eso la maldecía por todo en su vida. Nadie entendía su frase blasfema de maldita Habana del mar. Nadie que no se hubiera deshecho haciendo el amor sobre la arena, habiéndose convertido en mar y algas, habiendo respirado abandono o felicidad no terrenal. Nadie que perteneciera a este mundo y no hubiera pasado las sensaciones de ser mas que una hormiga humana podría entenderlo. Nadie podría mirar su mundo sin salir del suyo propio y es una característica típica de los humanos medios. Son incapaces de salir de su corto, escaso y predecible mundo. Son incapaces de abandonar una y otra vez, una y otra vez... otra vez.

 Josef se separó no sin antes oler su pelo como acostumbraba. Ya no había olor a algas, a caracoles. No olía a nada o a lluvia impoluta tropical. Habana tampoco dijo nada mas. Quizás aún se sentía culpable. Se alejaron sin darse la espalda. Algunos carros que desplazaban el agua como unas lanchas, crearon momentáneas cortinas transparentes que distorsionaban lo que se viera a través de ellas, como los recuerdos, vistos a través de olas de dolores y alegrías. Al quinto o sexto carro, Josef no la vio mas. Quiso pensar que había sido como siempre una de sus alucinaciones, que esto no había pasado pero a lo lejos, en la oscuridad aun veía esa muchacha con el uniforme empapado subiendo la cuesta de 26 caminando de marcha atrás para no perderlo de vista. Josef seguía petrificado en la esquina. Quería adelantar su vuelo, le aterrorizaba volver atrás en todo, en lo bueno y en lo malo. Para el, los tiempos pasados nunca fueron mejores, era un experto en moverse hacia adelante, aunque no con los mejores resultados. 

Por un segundo le vino la idea de correr cuesta arriba, alcanzarla. Pero antes, al intentar besarla, ella lo esquivó y eso fue una comunicación no verbal de que ella ya no era magia, no era estrellas, era una persona normal. Tendría su familia, sus dos hijas ¿Que hacer menos que desaparecer de ese entorno normal y humano? 

Pensando esto levantó la vista de nuevo y ya no estaba. 

 ¿Y si lo intentaba? ¿Y si corría gritando su nombre hasta dar con ella? ¿Y si preguntaba en el barrio? ¿Y si se rajaba el alma diciendo que todo el amor que pudieran tener sus días era para ella? ¿Y Si no importaba el rechazo, el abandono, el pasado y solo importaba el porque estábamos aquí y no el que éramos, o seríamos, nada! 

- ¡Mueve un primer pie Josef cojones! Hoy es el primer día de una vida nueva, ve a por ella- se decía a si mismo en voz alta asustando a los escasos y empapados transeúntes - ¡¡Muévete cojones que no eres un árbol!! 

 Pero no se movió. las raíces, unidas a su cobardía la dejaban pasar de nuevo. Sentía que no tenía derecho. Que Habana tendría sus responsabilidades, su esposo o lo que fuera. Que él, como siempre nunca había pertenecido, no era de aquí y ni siquiera era bienvenido. Volvió a su estado de ajeno, desorientado, perdido y regresó a casa de Madre a duras penas. Madre como siempre, sabría que Josef se habría entretenido con cualquier cosa y por eso ni preguntó porque llegaba tan tarde, el arroz lo haría mañana. Daba igual. Era un frío diciembre del 2017 y estaba ahí con su hijo, quizás por última vez, como todo lo que sucede en la vida, quizás por última vez, como las olas que se van, que no se van a repetir ni en milenios.

 Como las olas que se van. Maldita Habana del Mar.

1 de diciembre de 2016

La huida de Josef (Capitulo 47)

Habían pasado muchos años desde que Josef comenzara a intentar tener una vida normal. Muchas cosas lo habían movido a ese cambio tan drástico aunque no se podía negar a si mismo que lo estaba disfrutando. Había salido de pasar toda su vida metido en el mar, de que sus sonidos solo fueran el ruido de las olas al salir, al ruido de martillos y de motores de carros destrozados por el tiempo, sin mas transición que sus deseos por lograr cosas inmateriales como el amor de Sandra, aquella de la calle ocho que tan inalcanzable parecía. Todo lo que sucedió entre la historia anterior y esta, es digno de contar y será escrito en algún momento. Este salto era necesario, porque la memoria se va borrando.
La tierra le depara a los seres humanos reglas y leyes que no siempre son bienvenidas. Las leyes del “hombre blanco” a menudo hechas en beneficio de unos pocos que tienen poder sobre ellas, por lo general perjudican profundamente a las personas que tienen o desean tener su mundo propio, a comodidad o conveniencia para pasar por el breve estadío la vida lo mejor posible, disfrutando, por el duro trabajo claro está, esas pequeñas cosas que nos permiten este momento de estar en este sitio del cual como mismo hemos venido un día nos largaremos sin tiempo a decidir si se hizo algo bien.
Pues Josef fue victima de una de estas leyes, la del servicio militar obligatorio, largos años perdidos entre enseñanzas absurdas que solo servían para hacerle daño al resto de la humanidad. Hasta un día en que Josef se cansó y decidió huir. Esperaría los años necesarios para que eso cambiase. En este lapso pasaron tres infinitos años que repito, serán contados porque quizás merecen la pena.
Ya nos vamos de aquí. Lleguemos de una vez a la historia.
Josef había reunido todo el dinero posible de sus andanzas de hombre terrestre como “chapista y mecánico” y se había largado de madrugada para la carretera central de la isla de Cuba. Isla alargada hecha a propósito por lo que se que se encargara de la creación, para dar la sensación a sus isleños de que tenían que recorrer un gran país cuando era solo una lista de tierra en el medio de un mar azul y profundo como un abismo. Solo quedaba como todo en esa isla, dos opciones. Josef pensó que quizás quien hiciera esto, en este mismo momento en cualquier otro sitio del mundo tendría cuatro puntos cardinales para huir, el solo tenía dos. Este u Oeste. De nada serviría una brújula, tocando mar Josef sabría enseguida donde estaba según la hora del día. Viento del este por la derecha costa norte y al revés, costa sur. No había mas donde correr. Sin embargo, una vez terradentro, podía dar la sensación de que se estaba en tierra firme porque los ojos no alcanzaban a ver el inmenso azul donde había nacido.
¿Este u Oeste? Esa era prácticamente la cuestión. Al Oeste conocía casi todo. Sus incursiones pesqueras furtivas le habían hecho conocer esa parte de la isla casi a fondo literalmente hablando. Conocía por mar, cada peñasco de la costa, cada herradura, cada coral y por tierra cada camino o pueblo. Era un lugar insuperable en cuanto a hermosura en todos los sentidos de la vida. Gente tan buena, paisajes, fauna. Los amaneceres mas hermosos que recuerda los vio en Pinar del Río, pero quedaba mucha isla hacia el este, mucha isla que mirar, mas terreno donde buscar porque sabría que lo iban a ir a buscar a su casa, aquellos hombres con uniformes y valores en los hombros, mas importantes que el valor de la palabra o el razonamiento. ¡Este! Decidió en voz alta, había mucho que ver.
Huir estaba empezando a tener emociones positivas. Eso de no tener rumbo, ni orden, ni horario, le estaba llevando atrás cuando el único reloj que miraba en su vida era el de las mareas y el sol. Amanecer, meterse en el agua, atardecer, salir, marea alta, esperar y alimentarse, marea baja, entrar a toda velocidad para ahorrase los mínimos metros de inmersión que la naturaleza quitaba por unas horas.
En eso uno de los camiones de carga que iban al oriente del país paró por la posible ganancia de dinero que reportaba llevar junto a la carga a las personas que por una razón u otra decidieran viajar de esa forma por las carreteras. Josef se subió hábilmente escalando por las tablas de la parte trasera no sin antes pagar 15 pesos que era lo que normalmente cobraban los camioneros por esta peligrosa actividad. El aire frío de la madrugada le daba a toda velocidad en la cara, los demás pasajeros se arropaban con sabanas empercudidas de dormir en las calles, sacos y cuantas telas pudieran para protegerse del cortante viento de viajar a la intemperie, pero Josef estaba curado de ese frío. Supuestamente a esa hora el ya estaría metido en un mar más frío aun, con olas que destrozarían un barco si pudieran y que miraban impotentes como un pequeño e insignificante ser humano se escapaba de su furia con la habilidad de una copia de aletas de pez puesto en sus pies a manera de hombre sirena.
El camión llegó hasta Villa Clara, el amanecer de ese día no fue tan espectacular porque las nubes de un viento norte y frío se habían empecinado en no dejar ver el sol rojizo y bello de esa hora. No importaba, el ruido del motor, el aire y los chirridos de toda la carga mas el desvencijado camión era una buena banda sonora para pensar mucho, había mucho que pensar, de todo menos en el futuro. Más bien, había mucho que soñar y muchas emociones para jugar con ellas. Josef disfrutaba de las emociones siempre que se las provocara el mismo, no le gustaban las sorpresas, ni siquiera las buenas sorpresas.
Otro camión, esta vez con el piso lleno de petróleo así que había que ir de pie. Las horas pasaron y el frío se cambió por el terrible calor incinerante de un sol que se colaba entre las nubes para dar en el blanco, justo ahí donde quemaba y dolía. Las mujeres cubrían a los niños como podían con pañuelos gastados, transparentes, que se veían reflejos de algunos pedazos de hilos dorados que quizás alguna vez tuvieron. Los hombres por una curiosa costumbre machista no cedían sus sombreros a aquellas madres, era como si los sombreros amarillentos de yarey fueran parte de sus cráneos y pudieran morir al quitárselos. Josef tapó a una mujer que tenía dos niños, uno en cada brazo, con su abrigo verde lleno de manchones de salitre por todos lados y la mujer le agradeció con una mirada humilde de unos ojos vítreos por las adversidades que tenía que pasar en ese momento.
Otro camión… y otro. El día entero en las carreteras, se pasaba de frío a calor, de llano a montaña, de seco a selva. Josef no tenía idea de cuan larga era su isla porque las cifras nunca le dijeron mucho, lo estaba sintiendo, disfrutando en su propio cuerpo ahora mismo, hasta que llegó a Guantánamo, cuidad rara, de energías raras y apenas podía caminar porque los pies se le habían entumecido de tantas posiciones incomodas adoptadas en su mas reciente medio de transporte. Pero sabía que estaba lejos, muy lejos, todo lo lejos que se puede estar en la isola de Cuba e imaginaba que nadie le encontraría ahí.

10 de noviembre de 2016

Aprendizaje forzado sobre las elecciones en USA

Supongo que si el brickhead de Trump ganó las elecciones es porque recibió votos. Me he encontrado varias personas que se quejan, pero no votaron. Entonces ¿para que están llamado a protestas? Destruir la ciudad y armar situaciones violentas no sustituye al voto ¿No hemos aprendido eso? Ya salió, por desgracia de muchos y sobre todo de la visión global de USA que se verá como un país representado por una persona que arrojará toneladas de vergüenza sobre todos los americanos, pero fue por votos. Así que ahora a joderse estos cuatro años y a callarse y para la próxima id a votar. 

Dejaros de tanta llamada a las calles ni nada. Dejaron pasar su responsabilidad política y la entregaron limpiamente a las personas que si se tomaron el trabajo de ir a votar. Desde hace casi un año cuando comenzó la andanada de bromas y memes sobre Trump yo sentí que esto se iba de las manos. Sobre todos los jóvenes que se divirtieron bastante de cuan ridículo era este oligofrénico candidato. Mas de 45 000 votos que pudieran haber aportado un cambio en las elecciones fue jocosamente desviado a la media broma/protesta del gorila muerto a balazos en un zoológico de USA. Haberse tomado el trabajo de ir a votar y coger esa oportunidad para hacer bromas con el pobre gorila Harambe ha sido un fallo irrecuperable. Pues ahora tienen un Harambe vivo y peligroso en el gobierno por su gracia. 
 Se que los jóvenes siempre serán así, siempre serán dados a la irresponsabilidad y la jodedera, pero ahora tienen que aprender otra cosa que no le enseñaron sus modernos padres, que no aprende ningún niño actualmente y es a manejar la frustración de manera pacifica. Romper vidrieras no va a cambiar el hecho que trajo su inacción o su irrespetuosidad con el sistema que pone a disposición las herramientas para organizar una de las cosas mas serias de un país que es elegir un presidente, dicho sea de paso, algo que nunca he hecho en mi vida porque nunca he tenido ninguna nacionalidad que no sea la de una dictadura militar feudalista hereditaria de la isla totalitaria de donde vengo. 
 A las personas mayores, de mi edad, ya crecidos, tan ocupados viendo las televisiones que vierten oleadas de desinformación y entretenimiento barato sobre una población carente de metas propias e ilusiones, que tampoco fueron a ejercer su derecho siempre confiando en que otro hará las cosas por ustedes, como mismo las hace el estado, las organizaciones, el vecino y quien sea. Han perdido su tiempo, oportunidad y momento. Dejaron esto de las manos de quien si se tomó en serio hacer las cosas necesarias para que su palabra valiera.

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Lo siento por todas las personas que hicieron las cosas correctas para USA pero no fueron mayoría, lo siento por mi, por los desplazados y los que ahora están en condición de ser minimizados por raza, religión, nacionalidad, sexo y orientación sexual. USA ha dado un paso atrás y hay que aprender sobre esto, ser mejores y tener en cuenta que no se puede ser irresponsables con el administrador que uno elige para su país.
 Ahora todos vamos a pasar un curso acelerado de decadencia y responsabilidades civiles en masa. Votantes, no votantes, partidarios y contrarios van a aprender aceleradamente que pasa cuando regalas tu voto a un gorila fallecido de un zoológico o te quedas en tu casa quejándote sin hacer lo que hay que hacer. Dejad también de insultar, atacar, denigrar a los que votaron a Trump, Si usted es una persona demócrata, inteligente y con un ápice de cultura, no sea igual que las personas con comportamientos salvajes y represivos que ahora tienen su presidente por la fuerza de sus propios votos y responsabilidad que los demócratas dejaron pasar.
 Estoy seguro que no es el voto de la mayoría, estoy seguro que es un caso de abstinencia y falta de responsabilidad, la misma que ahora va a lanzar a las calles, a los jóvenes que estaban de fiesta con el dinero de sus padres el día de las elecciones, pero no aportaron su criterio al sistema, a romper cosas y tener situaciones peligrosas con las autoridades de este país que aun es democrático. 

Repito para todos. Dejad de creer que tener un récord policial negativo en sus historias los va a beneficiar para algo, respeten a los que han cumplido con su voto y para la próxima cumplan con su deber de ir a votar. En USA se gana por votos, no por trifulcas ilegales.

13 de julio de 2016

13 de julio, aniversario de la masacre del gobierno cubano sobre civiles que intentaban escapar a los Estados Unidos

En horas de la madrugada del 13 de julio de 1994, cuatro barcos pertenecientes al Estado cubano y equipados con mangueras de agua embistieron un viejo barco remolcador de madera que huía de Cuba con 72 personas a bordo. A siete millas de distancia de las costas cubanas, frente al puerto de la Ciudad de La Habana varias embarcaciones de acero del tipo "POLARGO" tripuladas por agentes de la seguridad de estado cubano, embistieron con sus respectivas proas al remolcador fugitivo con la intención de hundirlo junto a sus tripulantes, al mismo tiempo que les lanzaban agua a presión a todas las personas que se encontraban en la cubierta del mencionado barco, incluyendo mujeres y niños.
 La súplica de las mujeres y niños para que el ataque cesara fue en vano, ya que la vieja embarcación denominada el "13 de Marzo" se hundió con un saldo de 41 muertos, de los cuales 10 eran menores de edad. La mayoría, aunque sabían nadar o tenían objetos flotantes donde agarrarse se ahogaron debido a los fuertes chorros de agua que fueron dirigidos a ellos con los potentes cañones de extinción de incendios de dichas naves. 31 personas sobrevivieron a los sucesos. Según testigos presénciales que sobrevivieron al naufragio, apenas zarparon con el viejo remolcador "13 de Marzo" del puerto habanero, comenzaron a ser perseguidos por dos barcos de la misma empresa estatal. A unos 45 minutos del viaje, cuando el remolcador se encontraba a siete millas de distancia de las costas cubanas en un lugar conocido como "La Poceta", otras dos embarcaciones pertenecientes a la mencionada empresa, equipadas con tanques y mangueras de agua, los estaban esperando y embistieron al viejo remolcador. La embarcación de la empresa estatal cubana denominada "Polargo 2", bloqueó por delante al viejo remolcador "13 de Marzo", mientras la otra embarcación denominada "Polargo 5" la embistió por detrás, partiéndole la popa. Las otras dos embarcaciones estatales se ubicaron en los lados laterales lanzándoles agua a presión a todas las personas que se encontraban en la cubierta mediante las mangueras que poseen. El clamor de las mujeres y niños que se encontraban a bordo en la cubierta del remolcador "13 de Marzo" no impidió que cesara el ataque. 

Dicha embarcación se hundió con un saldo de 41 personas muertas. Muchas de las personas perecieron en el naufragio debido a que se vieron obligadas a refugiarse en el cuarto de máquinas por la alta presión de los chorros de agua que les lanzaban a todos los que se encontraban en la cubierta. Los sobrevivientes también afirman que los tripulantes de los cuatro barcos estatales cubanos no les prestaron auxilio cuando se estaban hundiendo. Posteriormente, llegaron lanchas de la Guardia Fronteriza de Cuba quienes rescataron a 31 sobrevivientes, posiblemente por la presencia de un carguero griego y por la cantidad de testigos que observaban desde el Malecón. Una vez rescatados, los mismos fueron trasladados al puesto de guardacostas cubano de Jaimanitas, ubicado al oeste de La Habana. De allí, fueron trasladados al Centro de Detención de Villa Marista que también funciona como Cuartel General de la Seguridad del Estado. Las mujeres y los niños fueron liberados y los hombres permanecieron detenidos. En los días posteriores al naufragio, familiares de las víctimas que perecieron ahogadas se dirigieron a las autoridades cubanas a fin de rescatar los cuerpos que se encontraban en el fondo del mar. La respuesta oficial fue que no contaban con buzos especializados para rescatar los cadáveres. No permitiendo la investigación, no recuperando los cadáveres y si los recuperó no informó a sus familiares, hasta la fecha. Las 72 personas que trataron de huir de Cuba en la embarcación nombrada "13 de Marzo" se encontraban completamente desarmadas y su único propósito era el de llegar a las costas del Estado de la Florida en los Estados Unidos buscando refugio y libertad. 

Las autoridades cubanas tenían información de antemano de estos hechos y no procedieron con las Leyes Marítimas Internacionales firmadas por Cuba. Desde el primer momento el centro de mando de las autoridades cubanas establecieron un plan de masacre y naufragio para este transbordador donde fallecieron 41 civiles. Las embarcaciones que atacaron el «13 de Marzo» pertenecían al Ministerio de Transportes y se denominan «Polargo 2», «Polargo 3» y «Polargo 5». Según los supervivientes, el «Polargo 5» fue la embarcación que actuó de forma más agresiva contra ellos. Se cree que la cuarta embarcación, que seguía a las otras y que parecía estar dirigiendo las operaciones, pertenecía a las Tropas Guarda fronteras de Cuba, que forman parte del Ministerio del Interior.

22 de abril de 2016

Promesa a un aparatico querido.

Nunca escribo sobre cosas materiales porque la verdad es que no me interesan mucho, pero a veces, uno desea dar gracias a esos pequeños y desconocidos logros de la tecnología que a pesar de pasar el tiempo siguen debatiéndose entre lo mas moderno y desarrollado.
Hablo en este caso de mi anticuada y obsoleta camarita de video Canon HV30 o Canon Vixia como se le conoció en USA, la mía es versión europea, comprada en España.
La curiosidad sobre este pequeño equipo es que no se vendió al por mayor, porque fue un proyecto especial de Canon para el cine profesional. En el cine, cuando se filmaban las escenas de riesgo, las carisímas cámaras se dañaban al engancharlas a carros y otros vehículos u objetos que por su desempeño podían destrozar fácilmente una cámara de mas de 20 000 dólares. Entonces Canon entró en competencia al construir una cámara muy pequeña, ultra compacta, con la calidad requerida para el cine de la época en que se hizo y relativamente barata. Esta cámara, a diferencia de muchas, tiene una opción bastante desconocida e imposible en las cámaras caseras que es la de filmar a modo cine, es decir a 24 cuadros por segundo con barrido progresivo en un formato, que al montarlo en escenas filmadas con cámaras de cine originales, cuela al ojo espectador con casi ninguna diferencia. Mas abajo pongo uno de mis videos filmados en modo cine.

Tomas en modo cine de Canon HV30 ver en full screen a 1080 pixels año 2009
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Poco después de salir esta cámara, comenzó la tecnología de almacenamiento sólido y Sony sacó las suyas con sus discos duros internos, pero tenían dos desventajas profesionales 1- El disco solo soporta X cantidad de sobreescritura con vida limitada y 2- Los videos tenían una compresión con formato .mts que restaban mucha calidad a la imagen y encima había que reprocesarlos con codificadores privados de SONY corp con la correspondiente pérdida de tiempo y calidad de nuevo en el banco de edición, por lo que se siguió usando cinta y material RAW para las cosas pro, hasta que llegó el siguiente paso tecnológico que son los nuevos almacenamientos que ya no solo tenían velocidad de datos para grabar en RAW, sino que se atrevían hasta a multiplicar la resolución hasta llegar al moderno y aun poco usado 4K que es casi la extensión máxima de calidad vista en cine digital hasta ahora.
Pero la muerte de estas Canon fue las GoPro, mezcla de alta velocidad de transferencia de datos y sensibilidad multiplicada en sus sensores de imagen, la GoPro, destruyó todos los engendritos que salieron en las primeras épocas del cine digital en 1080 pixels.
Aun así, la GoPro, se queda atrás en óptica y bueno, lleva una parafernalia para poder hacer tomas estables al ser de tan reducidas dimensiones y tan ligera, pero para eso fue hecha no? Para ponerla donde sea, llevarla a todos lados y sin piezas móviles, soporta cualquier embate y hasta se mete debajo del agua sin dispositivos ultra caros como son los blindajes especiales que se necesitarían para una cámara antigua como la mía.


La tuve tirada mucho tiempo, incluso la regalé pero a quien la regalé no le interesó, o no me creyó y nunca hizo por recogerla. Hoy la tomé de nuevo, llena de polvo, descargada, pero despertó como un perrito moviendo la cola. Esta cámara cuando la compré costaba 1800 euros aunque cogí una oferta en 750 porque tenía el terrible defecto en España que el manual solo estaba en inglés. Y cuando la tomé en mis manos, en la Gran Vía madrileña, me senté un rato a soñar con ella aun sin sacarla de la caja. Soñé hacer cine con ella, en hacer algo, algo que se recordara, algo que le gustara a otras personas tanto como a mi. También la destiné para servir de backup de mi memoria visual por si me fallase de nuevo. Hoy salí al patio con ella y su lente aun está limpio, aun funciona todo bien y le prometí a un aparato ¡ESO! le prometí a un aparato que aun no había muerto, que iba a seguir soñando y que ojalá un día, por mucha tecnología que exista si tengo la oportunidad de hacer algo de cine va a ser con ella, la HV30 fiel, golpeada, sumergida en agua salada, lavada bajo la pila, prestada, llena de todo el churre posible. No la voy a dejar irse sin hacer algo bueno, algo que se recuerde.

Tomas en modo HDV de Canon HV30 ver en full screen a 1080 pixels año 2016.
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Aquí se pueden ver las especificaciones de este genial aparato:
https://www.google.com/shopping/product/11165404241423074023?site&q=canon+HV30&oq=canon+HV30

16 de marzo de 2016

Josef (Sin saber... Capitulo 208)


El solar estaba caldeado y a la vez aburrido con esos calores que hacen en medio del invierno. Josef entró por la estrecha y oscura puerta llena de cables y relojes de electricidad, para luego de nuevo salir a la hiriente luz del patio interior de losas sevillanas hechas trizas y paredes amarillas de recebo. Las escasas voces que habían, se hacían eco por dentro los balcones apuntalados. Todo era amarillo, o amarillento, paredes, columnas, pinturas. Hasta las sabanas blancas tendidas se veían amarillentas pero también es que la luz del sol a medio día en esas latitudes tiene ese color. Para Josef había demasiada luz. Acostumbrado a pescar de noche, vivir de noche y sobre todo a estar en cuevas o bajo el agua, toda luz era demasiada.

Josef miró a los balcones de arriba. Había una mujer que le gustaba y eso era cosa rara. Aunque nunca le diría nada, disfrutaba la vista cuando pasaba delante de el, tendía las ropas, o simplemente salía o entraba del solar. Ni siquiera sabía su nombre a pesar de llevar viviendo ahí casi mas de un año alquilado. Todo el mundo le decía la jabá. Su piel era entre blanquecina y amarillenta como las paredes del solar, su pelo enredado como la vegetación de los muros, tupido y largo, que casi nunca dejaba ver sus hombros, pero Josef adoraba su espalda. A veces tenía un vestido roído, desteñido, para andar por el solar. Así cargaba agua, lavaba en los lavaderos comunes, martillaba en el marco de su puerta para mantener medianamente las maderas que todo el tiempo estaban tratando de caerse y rendirse. Ella saludaba a Josef porque era uno de los pocos del solar que no le decía horrores cuando pasaba. Según los mitos y cada solar tiene los suyos propios, su esposo estaba preso por años y ella no accedía a estar con mas nadie, por eso, los solariegos se metían con ella, pero ella le entraba por un oído y le salía por otro. A los lados de su espalda tenía unos pequeños pliegues en la piel, como si hubiera engordado un poco y esto, su pelo tan enredado y su color tenía a Josef tan curioso que la observaba en silencio, excepto cuando ella se acercaba a saludarlo que Josef fingía no haberla estado mirando todo el tiempo posible desde el primer día que la vio.

El calor hacía que moscas y guasasas orbitaran sobre todo lo vivo. Una especie de sopor embargaba a los que, en el medio de todo, tenían una mesa de dominó ralentizada. Por mas que trataban de ponerle energía a ese juego que en Cuba es un juego de gritar, hacer ruido y dar golpes sobre las mesas, ellos estaban jugando en silencio. Solo habían tres y apenas se oía las fichas o el agua que siempre estaba corriendo de algún salidero continuo. Ni siquiera habían completado las dos parejas de juego. Josef trató de pasar inadvertido como hacía siempre. Su cuarto era el único del solar que no estaba en ninguno de los niveles normales. Quizás en un pasado, ese cuarto habría sido un cuarto de electricidad o de bombas de agua porque era un cuadrado sin mas bajo el nivel de la tierra. Era un sótano que olía a una humedad impregnante que Josef adoraba. Las paredes tenían un moho verde al que acariciaba a veces. Le habían regalado poquitos de pintura de varios colores, sobrantes de otros cuartos porque le tenían lástima, pero Josef nunca quiso pintarlo. El moho era vida. Recordaba de pequeño que una vez vio el moho con un microscopio y era todo un bosque, un planeta aparte, un minimundo bellísimo que los humanos raspaban sin mas para pintar sobre sus predios. Es por eso que Josef estaba contento con su moho y su olor a humedad que solo era desplazado por el olor a café o a chícharos de las cocinas del solar que compartían forzadamente sus aromas por todo el patio interior quisieras o no.



No pudo escapar de que lo llamaran para completar el dominó. Siempre se divertían con Josef en el buen sentido de la palabra, porque Josef no pertenecía a este mundo. Sus frases, tratando de imitar a los jugadores profesionales eran hilarantes, novedosas y muy creativas. De jugadas no sabía nada, escasamente poner las fichas de mas alto numero para quedar con menos al final, pero en este solar era cuestión de divertirse y matar el tiempo, que a su vez iba matando uno por uno a todos los que vivían o habían vivido en esa vieja edificación española.

Josef se sentó a regañadientes y tomó las diez fichas en las palmas de sus manos, su pareja en este caso era un negro prieto, tan negro que el blanco de los ojos lo tenía rojo en vez de blanco, para colmo unos ojos saltones y una nariz afilada muy rara. Se llamaba David, pero lo conocían por Fútuma y nadie sabía de donde había salido ese nombre. Fútuma no se metía con nadie, solo fumaba todo el tiempo y teorizaba sobre todo. Sus teorías eran escuchadas como interesantes y verdaderas y se respetaba, porque aunque parecía joven, cuando todos los que viven en ese solar nacieron, ya Fútuma existía. Nadie sabía ni preguntaba su edad, pero Fútuma había estado ahí desde siempre.
Fernando "El pescao" un rubio musculado que siempre estaba buscando líos en todas partes donde anduviera, pero dentro del solar, respetaba mas o menos las reglas ancestrales impuestas por nadie. Ahí era educado, amistoso y compartía cantidades industriales de botellas de ron a cualquier hora. A veces las ancianas del solar les daba lástima y le daban comida que el devoraba con una mirada de amor que solo se le veía en ese momento, el resto del día su mirada era hostil para con todos, pero así mismo se sentaba en la mesa de las risas y el dominó y nunca tuvo ningún percance dentro del solar amarillo.
Potaje. Ese ni siquiera nadie sabía su nombre. Se dedicaba a cualquier cosa menos a ser honesto. Se hacía pasar por cualquier cosa, o cualquier oficio para cobrar por trabajos que nunca hacía, por adelantado. Su radio de gente estafada era tan grande que recientemente se estaba quejando de que tenía que tomar dos autobuses para irse donde hubiera gente fresca, porque en el radio accesible ya estaban casi todas quemadas o era muy conocido. El potaje si se veía que pasaba de 50, era blanco, canoso y tenía una barba poblada que le daba el falso aspecto de persona seria, requerida por sus menesteres.


Ya eran como las tres de la tarde y el sol caía tan pesado como si odiara que 4 personas se tomaran la vida a nada en un juego de dominó cualquier día entre semana. Solo quien vivió en Cuba sabe lo que es estar un día cualquiera sin planes, sin ilusiones, con la mente en blanco esperando solo los siguientes minutos para poner una buena ficha. La jabá pasó para tender una palangana de ropas recién lavadas y El Pescao se viró como si hubiera visto un espectro con la intención de cubrirla de pesadeces machistas cuando el Fútuma levantó un dedo para mandarlo a callar. Por suerte ninguna palabra salió de su boca. El Fútuma se le hacía caso sin saber que consecuencias podría haber. Era algo ancestral e incuestionable.
La jabá pasó cerca de Josef y le dio un beso en la cara, Josef hizo como si no hubiera ocurrido. El Pescao comenzó a insinuar molestia y cambiaba de posición en la silla escolar que utilizaba todo el tiempo.

- ¡Y porque a mi no me saluda?- dijo rajando el silencio sin mas.
- ¡Porque tu eres un fula Pescao!- Saltó el Fútuma en lo que tiraba un ocho cinco que ponía difícil la mesa para los que sabían.
- ¿Fula de que pinga Fútuma? -  El Fútuma le clavó los ojos saltones indicándole que fuera mejor que se callara.
- ¡Fula y bien viejo, eres un fula! Aquí a la gente se le respeta-  Josef dijo en tono pausado y los tres de la mesa se quedaron atónitos. No sabían que Josef pudiera dar una opinión sobre algún ser vivo, ni siquiera sabían que Josef pudiera dar una opinión. Siempre estaba callado, nunca tenía problemas con nadie ni mucho menos era agresivo. Eso hacía que le temieran un poco a sus inesperadas reacciones, porque nunca lo habían visto reaccionar.
- La chiquita está condenada a vivir aquí entre nosotros, aguantando las barbaridades to el singao día de todos los que pasen por aquí. - Josef seguía hablando mirando al piso y sin apenas gesticular, como si hablara solo. Los presentes comenzaron a asustarse. - Porque pinga tiene que cada vez que pase oír todas las cosas que le dicen, esta es su casa y nadie puede ir a casa de nadie a insultar a nadie.

Pescao se paró de un tirón dejando caer la silla hacia atrás bruscamente, Potaje arrimó la botella de ron a su mano derecha, asida por el cuello fuertemente listo para usarla como siempre lo hacía, no sin antes apurar el último trago. El Fútuma suspiró profundamente y miró a Pescao como un padre a su hijo. Josef se paró lentamente.

- ¡Y no vas a hacer ni pinga Pescao!- Gritó Josef, esta vez clavando una mirada directa, desconocida, como si otro ser hubiera tomado las riendas de su vida.

Pescao se rió un poco y tomó la silla del suelo para volver a sentarse.

- Es verdad que no voy a hacer ni pinga Josef... - La tensión volvió a disolverse tan rápido como vino - Pero ven acá ¿Tu te la está jamando?
- No, ni siquiera se como se llama.
- Y... ¿entonces cual es la defendedera asere?
- ¡Compadre!... es una cuestión de hacerle la vida mejor o peor a la gente de gratis. Esas cosas que tu le vas diciendo a las mujeres por ahí son hostiles y te van mellando el día ¿me entiendes?

Pescao quedó meditando un rato. El Fútuma y Potaje asentían con la cabeza dándole la razón a Josef a la vez que se miraban entre si anonadados de que Josef por primera vez en años hubiera intervenido en algo del mundo real porque se sabía que la mente de Josef siempre estaba en otro sitio.
La jabá volvió a pasar hacia su cuarto y esta vez nadie intentó decir nada. El Pescao puso su ficha porque le tocaba y al parecer ese incidente no daría a mas. Quizás el Pescao había reaprendido que había que respetar a la gente de ese solar y a la gente en general. Aunque hubiera que recordárselo todas las semanas.
En eso comenzaron a oírse fuertes pasos de múltiples personas por el túnel de entrada al solar. Hacían mucho ruido y algunos venían gritando. No bien levantaron la vista de las fichas de dominó cuando vieron que era una especie de cuadrilla de militares, venían con objetos en las manos. Se detuvieron penosamente formados frente a la mesa de dominó y le tiraron a cada uno de los presentes unos bultos de ropa y una especie de fusil que aparentaba ser bastante viejo.

Cuando los cuatro solariegos se dieron cuenta que el día podía ir a mas, el que parecía jefe de los militares rajó a gritos la densa atmósfera calmada que reinaba por lo general, escupiendo órdenes y procedimientos como una maquinaria furiosa a punto de matar. Los jugadores de dominó estaban paralizados.

- ¡Ahí tienen uniformes! ¡y un arma! ¡Dentro de 45 minutos viene un camión a buscarlos! ¡Todos los hombres están obligados y no hay escape! ¡45 minutos aquí! Alistados, uniformados y armados!!
- Pero.... - Potaje intentó levantar un mano y le dieron un culatazo en el brazo sin compasión, unos de los militares o reclutas que habían entrado en el grupo.

-¡¡REPITO!! - Gritó el oficial desaforadamente y escupiendo- ¡Dentro de 45 minutos viene un camión a buscarlos! ¡Todos los hombres están obligados! ¡45 minutos aquí! ¡¡Alistados, uniformados y armados!!

Potaje comenzó a examinar el arma mientras el Fútuma y el Pescao se vestían en silencio con el uniforme. Josef no movía ni un músculo porque no salía de su asombro. Estaba comenzando a ponerse nervioso cuando Potaje dijo con toda la naturalidad del mundo.

- Esto es una PPCH, esta metralleta es una mierda que se dispara sola y si se cae al piso se dispara toda, le decían mata compañero porque mataba mas amigos que enemigos por los tiros que se le iban solas... - Comenzó a manipular el arma con total naturalidad, a ese momento ya el Pescao y el Fútuma parecían mas militares del montón, incluso tenían el arma terciada y se habían alineado en un dúo sumiso e incrédulo.
Potaje lentamente comenzó también a cambiarse de ropa, iban tirando la ropa anterior sobre las fichas del tablero. Por curioso que parezca, Josef por unos momentos pensó que por primera vez en su vida iba a tener un buen juego, una buena data del dominó, pero había sido arruinada por este extraño llamado. A lo lejos comenzaron a oírse ruidos ensordecedores de  sirenas. Josef pensó en el mar.
Comenzó a mirar detalles del solar. Las paredes amarillas estaban llenas de huellas de existencia. Corazones cruzados por flechas, nombres y frases te amo, habían sido sepultadas sin éxito por capas y capas de pintura amarilla. Huellas de machetazos en la masilla testigos de las batallas campales acaecidas en algún momento del pasado cuando los guapos se reclamaban el sitio y los derechos con los acerados machetes americanos marca Collins y mas tarde los machetes actuales chinos que tenían un gallito estampado en la hoja cerca del cabo y caracteres chinos, lo que no fue  objeción para que la plebe machetera le llamara machetes gallito.
Josef seguía sentado sin chistar, boquiabierto, aturdido. Los tres restantes salieron por la puerta a esperar el camión mencionado sin mas. Josef comenzó a preguntarse en que momento habían caído en ese estado de indefensión y sumisión y tuvo un fugaz pensamiento que le devolvió un poco la respiración de que siempre podría negarse, podría rebelarse y dio gracias por ese pequeño apartado de su cerebro que lo obligaba sanamente a cuestionarse las cosas antes de hacerlas al estilo ganado domesticado.

Sin soltar el bulto y las armas, caminó casi arrastrando los pies hasta su cuarto lúgubre pero lleno de vida. Cerró la puerta y tiró todas las cosas sobre la cama. Sacó de su cajón sus aletas, mascara de bucear y su escopeta de aire comprimido. Si cogía el mar, nadie lo iba a encontrar, conocía cada tibaracón, cada bahía y cada río desconocido de la geografía cubana. Y de los montes ni hablar, ya había estado alzado antes. Alguien tocó la desvencijada puerta con delicadeza, Josef miró por la entreventana que daba al suelo donde se veían tan solo los tobillos de las personas y reconoció los que estaban parados delante de su puerta, abrió inmediatamente y la jabá entró como un bólido cerrando ella misma la puerta tras de si. Estaba muy asustada y Josef no supo que hacer.

- ¡Oigo tiros allá afuera Josef! ¡Que hacemos?
- No se... - Respondió con toda la calma del mundo, sin embargo, de un arranque hizo trizas la mesa de madera que usaba a veces para comer y con las tablas comenzó a tapiar la ventana que daba al piso del solar, enderezando unos clavos viejos reutilizados. En Cuba los clavos se utilizaban una y otra vez, mucho mas que algunas mentes o ideas.


El ruido de las sirenas iba en aumento, por una rendija se veía en la entrada del solar al Pescao, Potaje y el Fútuma esperando el camión militar como si fuera una rutina de sus vidas. Opinando sobre los colores del uniforme, las tallas y sobre la calidad dudosa del arma que les habían dejado como si fuera una cosa normal, esperada y diaria. Josef no podía dejar de machacarse que en que momento todos los seres de esa estancia se habían convertido en maquinarias sumisas, no acababa de entender la idea. Se sentó en una cubeta invertida de pintura que hacía las veces de silla en su cuarto y miró las cosas tiradas en su cama. Tomó el arma pero no tenía balas, la tiró con desprecio a un rincón y examinó el uniforme. No tenia siglas, ni nada que lo identificara.

- ¿Pero ahora contra quien es la guerra? ¿Quien nos está atacando? ¿Contra quien cojones estamos peleando?

La jabá se apresuró por detrás de Josef a taparle la boca. Josef sintió el olor a cocina, a ajos machacados, a cebollas cortadas, a jabón de lavadora, pero no hizo nada, eso si, se quedó en silencio y escuchó como daban patadas en la puerta de su casa y gritaban.

- ¡¡Dije que todo el mundo uniformado!! ¡¡Sale de ahí o te cosemos a tiros por traidor!!

¿¿Traidor a quien cojones?? Se repetía Josef aunque en silencio. Despacio se separó de la jabá y con señas le indicó que se metiera debajo de la cama. La soberbia le fue inundando el cerebro y aunque se arrepintió de no haber escapado a su adorado mar desde un principio de esa terrible y rara situación, le echó una última mirada a aquella mujer tan bella de la que ni siquiera sabia su nombre. Cargó la escopeta de pesca submarina con su mejor varilla, la que fue forjada con muelle de acero de maletero de chevy, esa que nunca se había partido y que no cejaba en cruzar huesos ni cráneos sin ningún tipo de compasión y se preparó a calmarse para un tiro certero. Uno solo antes de morir. Nadie lo haría ponerse un uniforme, ni nadie lo haría empuñar un arma para nada que no fuera defenderse o alimentarse a si mismo. Así había nacido y así iba a morir, no creía en militares, ni grados, ni gritos, ni uniformes. En realidad no creía en nada. Apretar un gatillo era cuestión de fracciones de segundos apuntando al puto cráneo indicado. Ya iba a abrir la puerta cuando la Jabá le habló desde debajo de la cama.

- Escóndete aquí, se cansarán y se irán.. Si hay una guerra es mucho mas que un hombre metido en un sótano.
- Como te llamas.... Preguntó Josef ya cegado y listo para lo que fuera.
- Mariela
- Adiós... esto no es por mi.

 Los escasos pasos hacia el cerrojo de la puerta de madera que aun seguían pateando ya varias personas a la vez y gritando, fueron eternos. Josef recordó que un día fue feliz, fue libre, en el mar. El mar era su verdadera casa. Siempre quiso saber si era verdad esa historia que le contaba su padre y su abuelo que los pescadores muertos se convertían en delfín. Ahora le daba lo mismo todo. Excepto la curiosidad de saber cuando nos habíamos convertido en seres dóciles y sumisos, le daba lo mismo todo.

La escopeta era marca STEIN y solo dios sabría, después de que manos llegó a las suyas. Pero lo cierto que era una muy buena escopeta y le había dado de comer por años. Esa escopeta de aire comprimido era su heroína porque ahora iba a dejar un mensaje. A la gente de mar no se les jode ni se les ordena. Ya estaba corriendo el cerrojo cuando sintió los deliciosos brazos de Mariela agarrándolo. No maldijo nada. Era como un abrazo deseado que lo inutilizaba. Cuantas veces había imaginado ser abrazado por ella. Era delicioso, energizante, suave, de ese tipo de abrazo que te deja sin criterios, sin alma. El cerrojo ya había sido corrido y en muy lentas escenas los militares entraban a golpear a Josef, este olió el pelo de Mariela, también olía a cocina, a jabón. Se sintió bien aun viendo venir una culata de fusil hacia su cara. Sonrió por fracciones de segundos y todo se apagó. No hubo ni siquiera dolor. Nada.

Josef despertó tirado en el piso en medio del solar. Entre imágenes borrosas vio al Fútuma aguantando al Pescao y a Potaje con la botella en forma agresiva. Todo muy despacio. En su mano sintió la empuñadura agradable y familiar de su STEIN. La jabá lo miraba aterrado desde uno de los balcones. El Fútuma se dejo oír pasado el aturdimiento.

- ¡Josef estas loco pa la pinga!!! ¡¡El pescao te pidió disculpas cojones!!

Nadie estaba uniformado. No había guerra, no habían órdenes, pero al parecer en un extraño delirio Josef salió a una cruzada con su letal STEIN armada y cargada de presión hasta el tope por una simple discusión de solar. El Pescao se fue asustado, no sin antes implorar a Josef que olvidara todo, que no había ningún problema ni rencor, que se habían criado prácticamente juntos y que no iba a meterse con nadie nunca mas, al menos delante de la vista de Josef.
Josef seguía aturdido. Se incorporó y caminó a su cuarto sin entender casi nada. Se asustó bastante cuando se dio cuenta que había tenido un episodio de otro mundo, de otro espacio, que no correspondía con su vida real. Se asustó tanto que sopesó la idea de volver a vivir refugiado en el mar, en las costas o en los cayos como casi siempre había hecho. El no quería ni por asomo dañar a nadie, el era pacifico y apenas opinaba del mundo real por evitar confrontaciones. No bien se hubo recuperado, notó sobre su cama una mochila. El mismo o alguien, había hecho un bulto con sus cosas, sintió una presencia detrás y al volverse vio a la jabá en la puerta de su casa, a contraluz de esa maldita tarde calurosa de invierno mirarlo con lástima.

- Como te llamas- ¿Preguntó Josef con un último aliento?
- Idania
- ¿No te llamas Mariela?
- No, para nada... Siento todo esto que ha pasado. Siempre me dicen barbaridades pero yo ni los escucho. Te ruego que no te metas en un problema por ello
- No pasa nada, ni siquiera se que pasó...
- Casi matas al Pescao con tu cosa de pescar- dijo señalando a la escopeta que aun estaba cargada. Josef la descargó y la tiró sobre la cama. Seguía preguntándose quien habría hecho su mochila con todas sus cosas.
- ¿Alguien entró aquí?
- No, solo tu. Nos asustamos porque por la ventana vimos que estabas recogiendo tus cosas como para marcharte, después saliste a toda velocidad con esa escopeta y te aguantamos para que no hicieras una barbaridad.

Josef seguía anonadado pensando. Quizás fue su otro yo, o su alma, o su sombra o a saber que mano de otro mundo lo guió en esas acciones. Quizás del mundo retorcido de una mente gastada y agotada por la supervivencia.
Josef cogió su mochila, sus equipos de pesca y salió por la puerta.

La jabá trató de retenerlo.
- ¿Adonde vas?
- Tengo que irme... eso ha sido una señal de que tengo que seguir. adiós.

Nunca mas se le vio en el solar. meses después una tubería rota inundó su cuarto casi hasta el techo. La gente bromea con que Josef aun sigue ahí, pescando en esa especie de cisterna involuntaria que se formó por la inundación. Pero nadie supo nunca mas de Josef en ese solar. Ni en toda Cuba.

Aun se juega dominó entre tres jugadores, y aunque haya mas, esperan. Se creó la tradición que es de mal agüero jugar dominó de cuatro en los solares amarillos. Si un día llegas a un solar amarillo y ves tres personas jugando dominó. en ese solar vivió por casi mas de un año Josef, un pescador sobreviviente de La Habana.