20 de julio de 2017

Josef (First breath after coma) Capitulo 314



Vino la luz de nuevo pero no estaba en el mismo sitio. Estaba en alguno ligeramente mejor, con luces blancas y paredes limpias. Aun seguía con la vista nublada, pero su memoria estaba fresca repasando el último lapsus.
Trató de llamar de nuevo a Lázara pero no salían palabras. Estaba como si pesara mucho, sin fuerzas de nada. Ligeramente miró a los lados y habían mas camas con mas pacientes, eran mujeres jóvenes que estaban ingresadas. Le pareció raro que estuviera en una sala de mujeres pero ya a estas alturas y después de lo que había pasado, todo era subjetivo. Arriba era abajo y la ficción realidad. No sabía en que trance estaba, pero en algún lío se habría metido, seguro.

Era un mundo novedoso, tan confuso y desordenado que Josef se sentía como si al fin hubiera llegado a algún sitio que pudiese llamarle hogar, pero ni siquiera era sitio, o universo o dimensión. Ni josef ni sus apariciones tenían idea donde estaba metido o que estaba pasando. Solo que en este sitio había mejor olor, colores y limpieza.

Josef se calmó, cualquier locura que le deparara su estado la iba a recibir con calma. Se iba a dedicar a disfrutar ese viaje extraño que estaba teniendo. Eso si, en cuanto pudiera o se escuchara a si mismo iba a preguntar la fecha, quizás si hubiese ido mas atrás en el tiempo podría haber evitado que Lázara fuera a aquella fiesta y no tener que verla en el extraño limbo que estaba viviendo, aunque dentro de si, sentía que Lázara le debía esa despedida. Imaginaba que ella había estado esperando en esa sala de hospital tan rara a cada persona que quisiese despedirse de ella. - Tarde o temprano todos acabamos en un hospital- Pensaba.

Le había dolido mucho perder a Lázara aquel día que el no fue. Solía reunirse con mas amigos que estaban junto a el en el servicio militar, dejando pasar la vida miserablemente, emborrachándose y tratando de fiestar con las muchachas de la escuela de enfermería de la calzada del Cerro que hacían las prácticas en el Hospital Clínico Quirúrgico de la ave 26 y Puentes Grandes en La Habana. El alcohol de hospital rodaba por galones con un poco de limón o refresco de cola. La frescura, el deseo descontrolado de los 19 años y el no tener esperanzas, lo habían moldeado como un observador pasivo de las cosas. Era lo que en la Habana en esos años se llamaba secretamente un suspirante.

A pesar de tener una supuesta novia en esa escuela de enfermería la mayoría de las veces pasaba a buscar a Lázara, porque con ella era mas que una salida, era un plan seguro de diversión, ocurrencias y cero conflictos. Para colmo Lázara también tenía su pareja pero este le daba igual que (saliéramos y lo dejáramos) a el discutiendo de pelota en la esquina del barrio.

Sin dudas Lázara no estaba aquí, porque ya la hubiera escuchado.

Notó que ya podía articular palabra y sin perder un segundo le preguntó a la mujer de su derecha, que aparentaba ser una paciente de ese sitio, susurrando...

- ¡Hello? ¿perdona? ¿Donde estoy?

- La chica ladeó la cabeza varias veces pero nunca centró la vista en Josef. Parecía como si estuviera drogada. Josef tornó la cabeza a su izquierda tratando de intentarlo de nuevo con la del otro lado, pero la chica de su izquierda parecía dormir. Las dos estaban con sendos sueros pinchados en sus brazos. Iba a comenzar a llamar a alguien mas cuando sintió ruidos en el pasillo y vio a través de los cristales como traían una tercera persona en una camilla. Dos asistentes o enfermeros tomaron a la paciente recién traída por brazos y piernas y en lo que la alzaban en peso, Josef se preguntó donde la pondrían, ya que en ese cubículo solo cabían y apenas 3 camas. Cuando reparó de nuevo en su situación, los asistentes tenían a la muchacha recién traída, suspendida sobre el. Josef se aterrorizó pensando que si apenas podía respirar por si mismo, si le dejaban caer esta muchacha encima se asfixiaría inmediatamente, además de la salvajada que estaba presenciando. Pero la chica fue depositada en la cama sin ningún percance. Josef tampoco se sintió aplastado pero trató de hacerse a un lado porque no veía casi nada y en el leve forcejeo se cayó al piso, pero de una manera extraña, sin golpes, con una sensación acogedora aun esperándose el dolor de chocar contra el piso que nunca llegó.

Observó desde su punto de vista los pies de los asistentes que iban saliendo de nuevo por la puerta llevándose consigo la camilla y el ruido local. Josef pensó que quizás esta paciente si le diera mas datos de lo que estaba pasando, así, que de una manera extraña su punto de vista se subió con solo pensarlo, pero sin notar ningún movimiento o nada que proviniera de un cuerpo humano, nada de huesos, nada cuando trató de mirarse a si mismo, no existía pero estaba ahí.

Al mirar la cara de la muchacha vio a Habana Del Mar, una joven y aunque anestesiada y confusa Habana del Mar, tenía ese brillo maldito de sus ojos, era inmensamente mas linda de lo que recordaba y de la mezcla que tenía con los modernos recuerdos del siglo siguiente.

Trató de asirla por los hombros y llamar su atención, pero no era mas que un poco de humo flotando el efecto que hizo en ella. No obstante ella tenía sus ojos muy abiertos, con rabia, con mucho llanto. Josef se desesperó porque estaba viendo una escena en la que el no existía. Toda la fantasía que pasase ahora la toleraría, pero que tampoco pudiese hacer nada?

Por la puerta del cubículo entraron tres personas, dos de ellas vestidos como médicos, la tercera era una señora mayor, bajita y con una voz muy potente. Esa señora le gritó a Habana ¡¡No llores mas ya has visto que nisiquiera ha aparecido por aquí, y verás que no aparece mas!! Habana mas bien expresaba rabia, pero con una voz muy debilitada le respondió a su madre  - ¡el no sabe nada, no iba a venir, porque no sabe nada!-
- ¡Bueno! ¡Ya da igual! ya se acabó el problema!
- ¡Josef estaba buscando un sitio donde ibamos a vivir!! - dijo con todas las energías posibles Habana del mar a su madre en un grito debilitado por la rabia, - estaba haciendo de todo! ¡¡estábamos haciendo de todo!!

Josef seguía sin darse cuenta porque era este show, no sabía donde estaba, ni la fecha, ni identificaba nada mas que el extenso sufrimiento de Habana y una acción al parecer terrible que había ocurrido. Empezó a repasar su extensa lista de posibilidades hasta que la madre de Habana gritó saliendo de la habitación rápidamente

- ¡¡Agradece a tus tíos del hospital materno lo que han hecho por ti, es lo que tienes que hacer!! ¡El Josef ese no se puede ni alimentar el, va a poder alimentar a tres!?

¿a tres? rebotó en el pensamiento de Josef por un buen rato ¿a tres?

Reparó que pasaba en esa visión que estaba teniendo y cuando alzó la vista comenzaba a alejarse de manera suave, casi imperceptible. Habana lo estaba mirando pero el no podía hacer mas nada que alejarse porque no era dueño de su universo incorpóreo.
Habana gritó desgarradamente -¡¡JOSEEEEEEEff!!!- el siguió alejándose, impotente. En el fondo pensaba que esto no era mas que una broma horripilante y de muy mal gusto de su cerebro cansado, pero Habana gritó de nuevo y mas alto aun.

- ¡¡¡JOSEEEEFFFffff!!!! ¡¡Perdónameeee!

El mundo se apagó de nuevo. Cesaron todos los tic tacs de la mente. Josef seguía pensando. - Esto no ha pasado, es solo imaginación, o algún estado raro... o un maldito sueño porque esto no puede haber pasado. Pero en paralelo su mente sacaba cuentas y mas cuentas. Recordó que Habana del mar se lo había dicho. Recordó que esos recuerdos estaban en un lapso de tiempo que había sido borrado de su memoria porque había tenido un accidente buceando y había perdido casi todos sus recuerdos en una amnesia por asfixia que le costó varias décadas para poder recuperarse. Recordó y en ese justo momento apareció la visión de ellos, debajo del puente de hierro, sentados en los barrotes de cemento. Pasaban las 12 de la noche y la descomposición de la contaminación del río Almendares traía una especie de niebla que semejaba a un país frío. Era una vista peculiar. Habana sostenía las manos al Josef de esa época y entre el silencio le dijo que estaba embarazada, que quería tenerlo juntos. El Josef de 19 años se desesperó tremendamente en lo que nunca había hecho. - ¡Planes! ¡Hacía falta dinero! ¡como sobrevivir! ¡Una casa o apartamento! ¡No podían contar con nadie! ¡Tenía que salir bien! Se abrazaron tantas horas que casi amanecía. El Josef de 19 años reunió todos los negocios que tenía en mente. Esa madrugada salió como a las 3 de la mañana, porque había quedado con otros buscavidas en ir a Cabañas, a pinar del Río. Este sitio era una bahía que tenía barcos mercantes hundidos y era buen negocio canibalearlos. En tierra pagaban por instalaciones, piezas de baños, algunos muebles metálicos y la madera. Josef iba a sacarles madera. Le pagaban 130 a 150 pesos cubanos por cada tablero de plywood marino que sacara con buena calidad, pero las cosas se torcieron. Se perdió dentro de uno de los barcos que eran como edificios y nunca encontró la salida. En su mente de la época estaba vivir juntos, tener esa o ese bebé, luchar con todas las fuerzas, construir cosas, cuidar de Habana y de su bebé...

Se vio a si mismo tirado patéticamente como un mueble mas del abandonado barco en una esquina de aquella habitación hundida. Segundos antes, como por arte de magia, un teléfono lleno de moho y algas llegó casi hasta las manos del Josef moribundo, este lo tomó y fingió llamar a alguien.
Josef comenzó a escuchar su propia voz...

- Habana, perdóname. Yo solo quería conseguir mas dinero y un lugar donde vivir para nosotros tres, perdóname...

Josef actual reparó que quizás, si imaginaba mas atrás en el tiempo podría ser testigo de mas cosas, no obstante esperó a ver como su compañero de pesca "El cilindro" lo sacaba de esta en la que se había metido. El cilindro entró a por Josef y lo sacó de ahí usando un hilo como guía para no perderse el también. El Josef actual se preguntó como había llegado hasta ahí. ¿Por qué si tenía otros negocios se había decidido por ese tan peligroso? Entonces este presente se desintegró de nuevo y apareció viéndose a si mismo parado en la acera de su casa, un medio día soleado, pagándole un dinero a alguien.

- ¡Ok 4500 pesos!Mañana aquí temprano con el camión
La otra persona iba subiendo a un camión de construcción con el dinero que recién Josef le había dado enrollando en los bolsillos. - Acuérdate Josef! Si no hay azulejos azules, traigo verdes o los que sea.
- ¡Lo que mas me importa ahora son los bloques y el cemento, ya los azulejos veremos, mañana arranco a hacer mi cuartico!

Josef subió a la azotea. Quería hacer las últimas medidas antes de comenzar a levantar paredes. 800 bloques mas 30 sacos de cemento, arena y demás componentes vendrían mañana a primera hora. Las herramientas estaban listas, los amigos estaban listos. Era cuestión de tiempo, construir lo mas rápido posible antes que los vecinos chivatientes alertaran a las autoridades corruptas que vendrían a coger comisiones y a interrumpir el proyecto. Pero no era cuestión del dinero o de Josef, era cuestión que una  nueva vida venía, que tenia y habría que darle su bienvenida. Josef juró arrasar la tierra si era necesario pero haría todo lo posible porque su hijo no naciera en la miseria de todos los sentidos por la que se sentía rodeado.

Cuando llegó a la azotea su hermano mayor estaba pegando unos bloques con cemento. Josef le había comentado a la madre que pretendía hacerse un cuartico y la madre estuvo de acuerdo. Sabía que Josef nunca había cabido en esa casa y veía bien que se quedara de alguna manera cerca. Le gustaba Habana del Mar y ya la tenía como familia el hermano mayor escuchó y raudo compró unos diez bloques he hizo un amago de construcción que mas de 20 años después persiste como una escultura a la miseria humana. Cuando Josef se dio cuenta, impotente, no sabía que hacer. No daba crédito a tanta maldad, o envidia, o ni siquiera le pasaba por la cabeza que sentimiento tan burdo pudo haberlo llevado a pasar por algo así.

 Josef solo preguntó a su hermano - Si sabías que yo iba a comenzar a construir mañana y nunca estuviste interesado en esto, ¿por que haces esto ahora?
El hermano sin mirarlo, quizás por algún ápice de vergüenza siguió pegando ladrillos como si fuera su trabajo de toda la vida - ¡Yo empecé a construir primero, así que la azotea es mía!
Josef no daba crédito. Pensó que en algún momento su hermano le diría que estaba bromeando, que lo que estaba haciendo era ayudarlo a levantar un sitio para el, Habana y su hijo, pero Josef sabía que su hermano no le tenía aprecio y mucho menos sentido del humor.
Bajó suavemente las escaleras de hierro y buscó a su madre que estaba escondida en el cuarto, ni siquiera formuló palabra alguna cuando ella comenzó a darle explicaciones. - Deja a tu hermano, el tiene menos oportunidades que tu. Tu, te buscas la vida, tu inventas, tu aprendes, pero tu hermano apenas puede pescar, déjale la azotea.
Hacía poco tiempo también había escuchado esas mismas palabras de su abuela dejándole su casa, con el mismo discurso de tu eres fuerte, tu inventas todo, tu saldrás adelante. También lo había escuchado de su padre dejándole el bote en el que antes ambos pescaban para subsistir - tu eres fuerte, tu sales adelante, tu haces lo que quieras...

Las cosas materiales nunca habían importado antes porque Josef nunca sabía donde dormiría esa noche y aun no lo tiene muy claro. Pero esta vez se trataba de una imperiosa necesidad familiar. Era cuestión de muy poco tiempo, apenas 9 meses que Josef necesitara un refugio real para una familia. En un sitio donde las cosas no funcionan, no había préstamos ni posibilidades, el factor tiempo era doblemente criminal. Josef recordó el desespero y la impotencia que ese mismo día lo hizo decidirse ir por el camino corto de bucear para extraer corales de las profundidades y maderas de los barcos hundidos, era el momento de usar un atajo y hacer dinero rápido. No se había comunicado con Habana del Mar desde que se vieron en el puente. Ella iba a ir a su casa a recoger algunas de sus cosas para irse con Josef para siempre, corriera la suerte que corriera. Josef la iba a recoger al otro día en su bicicleta con motor, mas sus escasas ropas para irse a donde fuera. Iban a construir juntos, habían reunido para comprar un camión grande de materiales de construcción, todo sería fácil.
A esas tres de la mañana Josef salió con su equipo y un par de amigos mas desesperado a buscar madera de los barcos mercantes en Cabañas, con el iba "El cilindro" quien le salvaría la vida por escasos momentos mas tarde. En la mente de josef anidaba la soberbia, la rabia y en este caldo el desespero y el tiempo activado pisando los talones ya.

Josef volvió a verse a si mismo ahogado en el fondo del barco. Ahora todo iba hacia adelante de nuevo. Vio al cilindro sacarlo de ahí, dejarle dinero en el bolsillo en una parada de guaguas cercana a la costa y seguir buceando. Josef no pudo siquiera advertirle que moriría un par de años después ahogado por pescar solo en su sitio preferido, la cueva llamada "el cilindro" enfrente de la embajada de intereses como a unas 5 millas mar adentro.

Todo se fue acelerando. Vio como casi por inercia llegaba al Lido pero ahí se quedó varado como 4 días porque no sabía donde ir, ni que hacer. Aun estaba desconectado de la realidad y a pesar de tener como 500 pesos en el bolsillo comía panes que la gente tiraba de las cafeterías enfrente de la Terminal de autobuses.



La madre de Habana del Mar odiaba a Josef. Suponía que su hija debería casarse con algún extranjero como se estaba haciendo costumbre. No toleraba que su hija pudiera adaptarse a cualquier cosa y querer a una persona que no tenía nada que ofrecer. Cuando sorprendió a Habana del Mar ese día recogiendo su ropa la agarró fuertemente sabiendo lo que ya se imaginaba. Fue cuestión de poco tiempo que fueran directo al hospital materno de Santa Clara en un carro porque los directores de este hospital eran familiares e iniciaran una interrupción de embarazo urgente y forzada. Hasta el último momento Habana del mar miró por las ventanillas traseras del carro por si Josef venía. Estaba segura que si Josef aparecía ella saltaría por la ventana del carro si era preciso, pero Josef no había aparecido desde el día anterior, ni ese día, ni el siguiente y la madre de Habana lo repetía todo el tiempo -¡Ese no va venir! ¡Va a hacer lo que hacen todos! ¡Dejarte con el paquete!!!! ¡¡No lo esperes mas!! ¡NO VA A APARECER!


Josef vio toda esta escena desde sus delirios pero su cuerpo nunca apareció. Intentó gritar sin resultados. Ni siquiera era medianamente material. Siguió el carro americano de los 50s hasta el hospital y ahí entrando a la sala se desvaneció hasta que apareció acostado en la cama donde trasladarían a Habana del mar después de la interrupción. Volvió a volatilizarse y se encontró así mismo deambulando por el Lido sin conciencia aparente. Se gritó a si mismo una y otra vez, pero como se iba a oír si estaba mas vacío que un crustáceo acabado de mudar, si ni siquiera las personas en su sano juicio podían verlo ni escucharlo. Se sentó desde su idea de como podría sentarse algo inmaterial al lado de si mismo y miró su reloj. Era el mismo casio de esfera negra de buceo que tendría casi 20 años después.

19 de julio de 2017

Josef (First breath after coma) Capitulo 313



Había despertado en un hospital bastante mugriento y ruidoso, lleno de personas corriendo de un lado para otro. Apenas se sentía el resto del cuerpo y por un momento se preguntaba repetidas veces como un inquisidor ¿como rayos había llegado hasta ahí?
Entró una enfermera negra, joven y bastante gorda que tenía unas manos tan bellas como la mejor pintura de todos los tiempos. Chequeó los sueros y algún que otro dispositivo de monitorización de manera automatizada y en su quehacer cruzó la mirada con Josef. Josef estaba aun anonadado y completamente desorientado, pero aun así su mirada era una batería de preguntas. La enfermera de nombre Lázara sonrió de manera familiar y a Josef se le evacuaron la mitad de los temores. Una simple sonrisa podía cambiar en Josef, el panorama de todo lo que estuviera viviendo en ese momento.

- !Niñooo¡ ¿Como te sientes?- Gritó alegremente como si estuviera en una fiesta. ¡Voy a buscar al médico!
La vista de Josef se fue agudizando al pasar los efectos de la anestesia, la enfermera entraba por la puerta con el médico casi de la mano y Josef balbuceó - Lazaraaaa...-
La enfermera que salía en busca de algo mas frenó en seco y quedó petrificada
- ¿Como sabe mi nombre?

Hubo un silencio de unos largos 30 segundos y Josef preguntó de nuevo, esta vez mas fuerte

- ¿Que año es este?... ¿Que año es este cojones!

El médico se acercó con un poco de desconfianza y examinó el cráneo de Josef mientras murmuraba - Estamos a 29 de febrero de 1997, has tenido un severo trauma, un accidente de buceo.

Pero Josef no recordaba haber estado buceando. Recordaba que había ido de visita a Cuba, que había encontrado a Habana del Mar y que las cosas habían ido extrañamente bien, que habían hablado largo y tendido y sobre todo, que Habana había reconstruido su vida, una vida normal, con familia, trabajo, esas cosas que Josef nunca había tenido y ni remotamente se cuestionaba si podría sobrevivir a ello. En el fondo se alegraba que Habana del mar no siguiera su vida. Su vida de errante, desterrado y fracasado. Lo peor que recordaba es que corría el año 2018 cuando esto sucedió y que conocía a Lázara la enfermera desde los años 90s, cuando estaba en el servicio militar que lo castigaron a hacer guardia en la entrada de emergencias del hospital clínico quirúrgico de la avenida 26 y puentes grandes.

- ¿Porque me pusieron anestesia? Aquí algo anda mal ¿Anestesia para un accidente de buceo?-

Trató de incorporarse pero tenía fuertes dolores en el abdomen y la cabeza. El médico trató de calmarlo.

- Debes estar en cama al menos 3 días mas, hasta que sepamos que estás bien
- ¿En que año estamos? En serio
- 1997 Es lógico que estés desubicado
La enfermera iba a comenzar a inyectarle algún fluido por la misma vía del suero cuando Josef la miró fijamente con una profunda tristeza.

- No vayas a esa fiesta...

Todo el personal de la sala siguió normalmente en sus funciones. Lázara no hizo mucho caso. Josef siguió insistiendo.

- Lázara, no vayas a esa fiesta...
- Explícame bien a que te refieres
- ¿Es que no me conoces?

Lázara lo miró detalladamente de nuevo. Con sus manos cariñosas y perfectas acarició la cara de Josef con lástima y siguió en lo suyo.

- Tienes un nombre muy raro, pero no te conozco, ni siquiera se como sabías mi nombre si estabas completamente inconsciente desde que llegaste.

- ¡Escúchame Lázara! Yo no se que está pasando, o que me está pasando pero vas a ir a una fiesta y en ese edificio viejo, se va a caer el balcón y tu vas a estar en el. No me hagas caso si no quieres, pero al menos no te pares en ese balcón.
- Está bien- Dijo entre risas- ¡No me pararé nunca en ningún balcón de ningún edificio viejo!

Josef comenzó a relajarse un poco para tratar de encontrar una explicación.  Es probable, comenzó a teorizar, que ahora mismo esté en un estado de coma y esté viendo esas visiones del pasado, o que todo el futuro que le haya sucedido desde el año 1997 hasta el 2018 haya sido un sueño producto de ese accidente, pero, se detuvo en un detalle escabroso ¡Tenía todas las experiencias del futuro! Conocía buena parte de Europa al dedillo y el sur de los Estados Unidos. Había hecho todos esos viajes, pasado por tantas tribulaciones.
La siguiente pregunta que le vino a la mente es, ¿si ya comenzaría a vivir a partir de ahí de nuevo, o si algún salto mágico lo llevaría a ese futuro de nuevo, donde había dejado todo y no sabia por arte de que, había llegado a este raro pasado? Había que estar preparado para lo que vendría. Al contrario de la lógica, Josef no estaba muy nervioso o asustado. Este tipo de cosas inesperadas siempre le habían pasado a discreción. Nunca sabía bien que iba a pasar mañana o el próximo mes, sin embargo, se prometió a si mismo que si tenía que volver a pasar por todo este lapso de tiempo, sabiendo todo lo que había pasado, lo haría lo mejor posible, seria lo mejor posible con todo el mundo, ayudaría a todo el que pudiera y sobre todo, trataría de acercarse a su meta que es ser un humano normal. Con esta experiencia - Pensó animándose, ya podré escoger directamente personas buenas, tener gente buena alrededor, esos amigos que son mas que familia, de los de verdad, de los que te acompañan en las malas, de los que te cubren. Esa experiencia que Josef no había podido tener debido a su vida metido primero en el mar y después en la selva. Esto era una ventaja, ya conocía bastante bien el lenguaje así que sería mas efectivo a la hora de decirle a alguien bueno que lo era y a la hora de decirle a alguien querido que lo quería. Volvería lo mas humilde posible, sabio y paciente. Josef había hecho muchas barbaridades por falta de paciencia. El universo lo sabe.

- ¡Lázara!....

Lázara miraba a Josef con cierta familiaridad y lástima. Josef intentó tomarla de la mano pero ella se sentó al borde de la cama explayando todo el cariño del mundo y una risa cómplice, a la vez triste.

Josef no sabe porque razón empezó a llorar y a duras penas, después del nudo terrible en su garganta que se hacía automático antes de decir algo desde el alma, balbuceó como pudo. Claro, eran los 90s aun, Josef no había roto ese nudo que le impedía dejar saber al resto del mundo que pasaba por dentro de si. Sin dudas estaba en el pasado pero desde ese mismo momento iba a poner su plan en marcha, ser buen ser humano.

- ¡Lazara! ¿Sabes que te quiero verdad?

Con sus dos manos aquella enfermera, tan negra como la mas bella de las noches, sus ojos achinados y la sonrisa irreverente y desordenada se acercó al oído de Josef.

- Ya ese balcón se cayó Josef... fue el 27 de febrero, hace algunos días... y tu no fuiste porque estabas huyendo de tus líos esos con el servicio militar. Mira que te rogamos para que fueras porque no nos reiríamos desde adentro si no estabas ahí, aun así, nos divertimos tanto, que cuando ese balcón se cayó, lo último que me vino a la cabeza fue un chiste tuyo.

A estas alturas Josef solo veía por una lente de lágrimas. Se sentía ahogarse pero mas bien ese era su estado natural, mirando a través de líquidos, viendo siempre todo con una bella distorsión de positividad, con un levantarse de nuevo imposible a pesar de estar asfixiado.

- ¡¡Tanto que nos reímos Lázara!! ¿Recuerdas en el cuerpo de guardia que vino un tipo muy drogado diciendo que tenía asma y cogió el plátano de tu almuerzo pensando que era un aerosol??
Lázara se quedó muy cerca de Josef mirándolo y esta vez no estalló en esa risa libre, la risa explosiva sin consecuencias que ella tenía, acariciaba la cabeza de Josef y murmuró en voz baja por primera vez desde que Josef la conocía.

- Pero ya pasó, yo también te quiero mucho y por eso estoy aquí cuidándote
me acuerdo de una cosa muy graciosa que hacías que era quejarte de todo para que nos divirtiéramos. Sabíamos que todo te daba igual, que no te molestabas con casi nada, que te adaptabas a todo y que no te hacía ninguna falta nada material para divertirte. Pero tu pasabas rato quejándote de todo el viento, del sol, del calor, de la gente y nosotros muertos de risa esperando la mejor parte...

- ¿Cual era la mejor parte?

Lázara comenzó a reírse descontroladamente como siempre hubiera sido, cuando se tratase de ella.

- Era.. cuando suspirabas y hacías un silencio largo! Ahí nosotros íbamos acumulando risas, comprimiéndolas y cuando estábamos a punto de estallar tu decías...

... Y cuando crees que las cosas van mal, siempre pueden ir peor!!!

¡Y es lo que pensé cuando se derrumbó el maldito balcón!!! y me reía, todos los que se cayeron conmigo gritaban y yo me reía tanto!!

Josef fue viendo borroso cada vez mas. Como pudo abrazó a Lázara y la sintió estremecerse y vibrar como un motor descontrolado de tanta risa. Comenzó a irse de donde estaba sin siquiera levantarse y se aferró a donde pudo. Tenía cosas que hacer en ese pasado. Tantas cosas que hacer. Se arrepintió de haber perdido tanto tiempo en nada, aunque perder tiempo en nada fuera divertido para el.

Desde niño, cada vez que estaba en un estado "irreal" como los sueños. Siempre se aferraba a cosas a la hora de irse, pero las cosas se desmaterializaban. Tantas veces tomaba los juguetes y los apretaba contra si mismo, pero al despertar nunca tenía nada. Por eso supo que aferrarse a cualquier cosa o persona no iba a ser efectivo, pero aun así intentó. Siempre intentaba a pesar de saber que no había posibilidades. Nunca dejo de tratar. Ni siquiera en la supuesta realidad cuando perder si tenía consecuencias tangibles.

En Memoria de Lázara 1975-1997


13 de abril de 2017

Josef (First breath after coma) Capitulo 312

Apenas pudo dormir en toda la noche. La Habana y en especial su barrio, era particularmente silencioso por la escasez de tráfico. En su subconsciente echaba de menos los ruidos de las ciudades civilizadas donde usualmente vivía. Ruidos de sirenas, emergencias, autopistas. La Habana y específicamente a la orilla del río Almendares donde había nacido, solo se oían de vez en cuando los tacones de alguna mujer perdida en la madrugada o el canto de algún borracho desafinado que no le interesaba realmente llegar a ninguna parte. El olor lejano de la mezcla de descomposición del río, mas el mar que flotaba como un aerosol en la costa, traían aires pasados imposibles de borrar por mas que uno quisiera. Josef se levantó de un tirón de su cama temporal. La tocó con sus manos como quien acaricia un animal que ha sido compañía, pero que por situaciones de la vida debe abandonar una y otra vez. Madre conservaba todo en el oscuro cuarto, como si nunca se hubiera ido, como si tuviera esperanzas de que iba a volver cualquier día, como siempre, sin preguntar nada.



De manera enérgica se puso un pulóver desesperado y cruzó la puerta antes que madre se despertara y se preocupara en silencio como venía pasando en los últimos días. Al salir  del edificio notó ese frío añorado de madrugada con escasos cantos de pájaros protestones sin sentido del vecindario. Caminó raudo hacia el malecón que estaba a pocos minutos y se sentó en el muro a la altura de la calle 3ra y 12. Ahí había por siempre unas piedras que por muy calmado que estuviera el mar, hacían pequeñas olas y salpicaban. Con las amarillentas luces de la calle podía verse la transparencia y algunos peces de colores que traían un inmenso regocijo a los caídos ánimos de Josef y una real sensación de estar en casa. En la casa de verdad, su mar.

La calle estaba mojada por las recientes lluvias torrenciales del día anterior. En los reflejos se veían distorsionadas figuras de los edificios que asemejaban una especie de ciudad borrada o que estaba intentando borrarse de las memorias de las personas desperdigadas por el mundo que salieron de este sitio huyendo o buscando mejores oportunidades. Sin culpar a nadie, Josef le dio la espalda y adentró sus pensamientos en el negro mar alejado de la costa. Ese sitio terrorífico a esa hora que era donde Josef sabía que había paz a toda costa, aunque no una paz pura, una paz unida a la desesperación y en muchos casos la muerte. Pensó que quizás ahí habitaban almas, almas que flotaban o se sumergían a su gusto y como el mismo, miraban la ciudad de lejos entre reflejos y luces amarillas silenciadas por la ausencia de actividad de un país paralizado. Esperó como cuando era niño que apareciese una sirena. Le daba igual si para bien o mal, le daba igual si lo arrastraba hasta el fondo y lo ahogaba cruelmente, solo quería que apareciese la maldita sirena.

- ¡Sabía que estabas aquí!

Josef escuchó la voz a sus espaldas. Se ruborizó a la vez que el corazón dio un peligroso vuelco descontrolado que casi se rompe. Dudó por un momento si hubiese sido su imaginación, así que no contestó ni se volteó para mirar si era real o no, pero sintió una mano sobre su espalda, tibia, para nada agresiva como todas las cosas del mar a esa hora. Miró de reojo y a contraluz de los faros del malecón, vio la silueta reconocida de Habana del Mar con el pelo alborotado por la leve brisa que comenzaba a mover las masas de aires terrales. Otras vez todas las fuerzas se drenaron diente perro hasta el fondo de la costa, sin resistencia ninguna como se escapa el mercurio de un termómetro roto.
Suspiró como si fuera a hacer una inmersión de muchos minutos y sintió que el nudo de su garganta, ese que nunca le dejaba hablar, tejido por las emociones, venía en camino. Trató esta vez de ser civilizado. De eso se trataba. Por eso había abandonado su vida de náufrago, su vida de mar. Por eso había aprendido oficios terrestres, había aprendido a tratar con las personas, a tener cariño por las cosas normales de la vida, por eso había emigrado y tratado de ser una persona más, con pertenencias a cosas y lugares, trató, trató.
Dejó escapar una sonrisa medianamente real, aunque en el fondo, estaba agradeciendo por el fuego de este encuentro. Sabía que no iba a salir bien parado de esta, pero lo que venían eran golpes lindos, golpes que hubiera preferido tener, a nada.  Cuando las cosas iban mal, lo mejor era ponerlas peor hasta que algo reventara y hubiera un cambio. Las cosas mediocremente mal no eran lo suyo. O todo lo bueno o todo lo malo, medias tintas nunca. Las medias tintas eran aburridas y frustrantes. Las emergencias lo hacían nadar por su vida y los momentos felices eran disfrutables. Aunque esto era inusual, era una emergencia feliz.



- En este sitio... - Balbuceó mientras pudo y Habana le terminó la frase con una sonrisa
- Fue donde nos conocimos, tu pescabas y yo vine a incordiarte con preguntas. Después paseamos por el muro, cada vez que paso por aquí revivo uno de los pocos días felices de mi vida. Fue una especie de aventura que a veces confundo con un sueño. Eso que se creó ese día no puede romperse Josef, ni con años, ni con distancias, ni con separaciones. Me sentí muy mal ayer cuando te dejé en esa esquina...
Otra vez. Algo me dijo que te encontraría aquí.

Josef apretaba sus manos entre sus muslos y suspiraba, o bien tenía frío o quizás no quería que se notara un ligero temblor. Habana se adueñaba siempre de sus reacciones y tenía que pasar cierto tiempo para que el pudiera controlar su cuerpo de nuevo enteramente. Apenas se atrevía a mirarla, siempre le daba temor tener reacciones no humanas o imprevistas.  Sin embargo, a Habana le daba igual que sus delgadas manos se vieran temblorosas. Siempre los primeros minutos de sus encuentros con Josef eran un manojo de nervios y emociones, pero a ella no le importaba que se vieran. Lo consideraba algo puro, bello y en extinción. Era muy difícil en estos días encontrar a alguien que te hiciera temblar las manos, sudar frío o tartamudear por sensaciones bellas y energías salvajes que tomaban el control.

Se sentaron a observar el mar juntos y Josef la abrazó porque notó que habana temblaba demasiado. Enseguida la conexión mejoró las cosas. Pasaron un buen rato mirando como al este salían tímidos claros pincelados entre las nubes aun recalcitrantes.

Josef le brindó a Habana del mar uno de sus audífonos. Compartió su música y el momento comenzó a ser mágico como en los buenos tiempos. No podía hablar mucho, pero la música hablaba por si misma. Sonó un tema de (Explosions in the sky) llamado (First breath after coma) del disco (The Earth Is Not a Cold Dead Place) y comenzó como un reinicio necesario de algo que nunca podría romperse.


Explosions in the sky - First breath after coma.

Al poco tiempo se miraron a los ojos como si ayer fueran unos niños robando comida de la basura del restaurante 1830 y sin casa donde llegar ni familia a la que acudir. Volvieron a ser unos niños de la calle, desamparados de techo y amparados en el amor de los necesitados y desposeídos. Sus manos se tomaron con la música y fueron manos nuevas, manos de pescador y niña sin casa ni hogar. Caminaron por el muro con risas discretas en lo que amanecía y la ciudad comenzaba a desesperanzarse de nuevo con humeantes y pestilentes carros petroleros atiborrados de personas que iban a buscar su sustento de alguna manera, por la vía que fuera.

El olor a pescado de los restos sobre el muro pujaba volver a una época en que todo era tan simple como el raciocinio infantil, justo y desprovisto de improductivos rencores o malos recuerdos, las algas que flotaban en la orilla hacían una especie de telón a un mundo distinto, un mundo donde a pesar de todo lo vivido, de todo lo pasado, siempre se podría reiniciar, comenzar de nuevo y respirar aire de mar otra vez, del mar familiar y ancestral de donde habían salido. Subieron por la escalera del fuerte de La Chorrera y desde la altura vieron como la mañana barría con todo lo pasado. Ya nada anterior existía en este mundo nuevo sin palabras. Todo desde cero. Una bendición de quienes podían perdonar y aprovechar la corta estancia que la mayoría desperdicia por soberbias, falsa justicia y frustraciones. Una corta estancia que los adultos suelen desperdiciar persiguiendo cosas inútiles e impartiendo criterios como si los pocos minutos de vida, fueran a ser eternos.

- Solo me duele, que con lo que hiciste por irte, con todo lo que perdiste, con todo lo que trataste, nunca te hayas ido - Dijo Josef ya con voz clara y segura en lo que esperaban el comienzo del espectáculo del amanecer - No es justo que no hayas visto otros mundos, que no hayas probado otras ciudades, otras comidas, otras culturas. Creo que todo el mundo debería ser obligado por las buenas a viajar en algún momento de sus vidas, viajar te muestra cuan insignificante uno es ante tantas cosas nuevas, culturas y costumbres desconocidas, en serio, me duele que no lo hayas logrado.

Habana del Mar suspiró seriamente y apretó mas el abrazo contra Josef - Al final fue duro resignarme que me iba a quedar en el sitio donde nunca estuve conforme, desde aquel tiempo que nos conocimos mi alma se había ido, venía por ratos porque tu, Josef la traías con tus cosas, Tu hiciste que mi alma regresara por momentos pero después volvía a largarse por ahí, lo que ella vio, yo nunca lo veré ¡Y si! es una paradoja, de esas que nos inundan como este mar que nos rodea. Tu no querías irte ¿Y donde acabaste?

- Estuve unos 13 años en España pero nunca me adapté, por mas que traté, ya de por si era difícil humanizarme. No encajaba en las costumbres de entendimiento y comunicación españolas, a pesar de ser el mismo idioma. Después reemigré  a Miami donde apenas sobrevivo. Me pasó al revés que a ti. Mi cuerpo se fue, pero mi alma nunca llegó, creo que mi alma se quedó detrás de ti, siguiéndote todo el rato como un perrito abandonado.

Rieron un poco y el frío madrugador fue roto por los primeros rayos de sol. Josef y Habana juntos no podrían describir cuan a gusto se estaba en ese momento de paz, cuanto peso podría quitarse cada persona con un poco de sentido común.

- ¡Siempre sentí ese perrito!- dijo Habana entre risas - En todos estos años siempre sentí que me acompañabas a pesar de no atreverme ni a preguntar por ti. En cada momento difícil te imaginé conmigo, te imaginé que me soportabas, me empujabas y me tenías de la mano, en cada risa miré a mi lado para compartirla contigo y se me acababa porque no estabas, pero siempre sentí culpa y nunca tuve valor de volver a buscarte. Te lloré cada día y...

Josef hizo un siseo con la boca buscando silencio. Abrazó a Habana y estuvieron así por un buen rato. Aunque se habían prometido no llorar salieron un par de lágrimas dolorosas como dos piedras de río, de esas que nublan la vista y hacen ver todo como a través de un grueso fondo de un vaso de cristal azul.

- Hoy es el primer día de nuevo, estamos en el mismo sitio- Josef deshacía con fuerza el nudo recurrente de sus palabras, esta vez no iba a quedarse callado - Hoy, no se que día de diciembre del 2017 nos conocemos de nuevo. Todo lo que quedó atrás son solo recuerdos implantados por una vida que ya no volverá. Ha sido como salir de un cine, se acabó esa película y ahora estamos viviendo una nueva. Solo quiero que estés bien Habana, juro que solo quiero que estés bien por siempre.

Habana se alumbró de pronto como el sol que estaba rajando las pocas nubes que quedaban - ¡Vamos a desayunar al 1830! ¡¡Pero no de la basura!!




Bajaron las escaleras corriendo y aunque era demasiado temprano para el restaurante un empleado los invitó a pasar a las islita japonesa, ahí les ofreció lo único que podrían preparar a esa hora, sándwich y café o maltas. Engulleron todo con el hambre madrugador de dos niños abandonados y caminaron riendo y hablando de tanto mundo por delante rumbo a la casa de Habana del Mar. Josef conoció a su familia nueva, su pareja, sus hijos y avanzada la mañana cuando apenas pudieron ponerse al día de tantos sucesos, Habana del Mar se puso seria e hizo un silencio.

-Josef-  Tienes que prometerme que escribirás toda esta historia, tu historia para que mis hijas la lean. Quiero que aprendan de todo lo bueno y malo que hayamos hecho. Me temo que en el mundo moderno en que van a vivir ya no van a haber mas emociones que la tecnología y los egos digitales. Quiero leerles lo que escribas sobre ti y sobre nosotros, por favor.

Josef asintió en silencio tomando la tarea sin decir que desde hacía mas de diez años escribía al azar pasajes de su azarosa vida en las que Habana ocupaba mas maldiciones que buenos momentos. Pero nada iba a cambiar eso a  pesar que, como mismo ellos habían dicho, lo que existía entre ellos no podría ser de ninguna manera destruido.

Josef regresó solo al malecón de nuevo después de una cálida despedida de Habana y Su familia. Se sentía sin un peso, sin odio, sin rencor, vacío. Cruzaba las calles entre insultos de chóferes y frenazos. No estaba en este mundo, era feliz, pero a la vez no quería estar. Uno de sus principales pesos y meta había sido difuminado por el amor perdurable. No había camino ni nada visible, solo llegar al mar.
Tampoco nunca había asomado una estúpida sirena para recalcarle que eso eran historias fantásticas de niños y piratas borrachos que nunca existieron. No tenía que hacer. La semana que viene, trabajar, dormir, trabajar, dormir. Vomitó a la orilla del mar un bulto de recuerdos que ya no necesitaba y se apresuró a escribirlos para que no dejaran de existir del todo. Sus recuerdos siempre lo habían hecho mejor persona y cambiaba cosas de su vida futura en base a ellos. Hoy había aprendido a reiniciar, perdonar, olvidar y comenzar de nuevo. A pesar que era lo que había hecho casi siempre por instinto de conservación. Hoy lo hizo a propósito, con conocimiento. Cogió impulso sobre el muro y voló para caer al agua, pero no cayó. En su inmenso salto comenzó a ascender a una velocidad fría. No se asustó para nada y si disfrutó ver a La Habana desde arriba, desde el cielo, las personas como hormigas cargando su escaso sustento para ese día, los niños corriendo a las escuelas, los techos de los viejos carros americanos pintados malamente y quemados por el sol castigador de Cuba la isla paralizada. Solo que ahí había mucho frío, un frío extraño que no congeniaba con el fuerte sol que había y tantas luces y colores. También le llamó la atención el extremo silencio, la ralentización de los sucesos. Ya era como si mirara una película desde arriba. Comenzó a preguntarse si de verdad estaba pasando o que estaba pasando. Solo quería caer al mar pero por mas que intentaba seguía ascendiendo. El mar, la ciudad y todo se iba alejando hasta que todo se hizo oscuro de un tirón.

Un pitido intermitente se oía a lo lejos. Abrió los ojos y vio unas paredes  que algunas vez fueron amarillas, descorchadas y un olor desagradable. Estaba en una especie de cama sin colchón, sobre fríos  y oxidados alambres o muelles y a lo lejos en unos entrecruzados pasillos, personas caminaban de un lado a otro apuradas. Pensó que era una pesadilla horrible y trató de dormirse de nuevo deseando cuando despertase estar con Habana del Mar amaneciendo en la escalera del castillo de La Chorrera de nuevo, abrazados y corriendo a desayunar en el 1830, no le importaba si de la basura, no le importaba si eran niños de nuevo y tenía que pasar por todo el sufrimiento otra vez o peor. Estaba dispuesto a todo y todo sería lindo, hasta lo peor. Porque la maldita Habana del Mar, estaba por siempre con el, donde quiera que estuviese y en el peor de los momentos.

En el fondo, aun escuchaba uno de sus audífonos el tema (The Earth Is Not a Cold Dead Place) de la carpeta recursiva que tenia en su reproductor del grupo Explosions in the Sky y Una sirena se asomó a la vista de Josef con una voz súper dulce diciendo - Ahora vas a sentir unos pinchazos en el abdomen, no te muevas, relájate los mas que puedas.

Explosions in the sky - The Earth Is Not a Cold Dead Place

6 de abril de 2017

Josef (Como las olas que se van) Capitulo 311

Breve introducción:
Habana del mar había desaparecido a finales de los años 90s. Esta historia enlaza en esta serie de capitulos:

Josef y el 1990 cap 198 (Parte 01)


Y termina en este:

Josef y el fin del sueño (Cap 200)



Caían esas gotas de agua que solo caen en las islas olvidadas a la mano de dios, donde no importa cuan feroz sean las inclemencias, porque todo lo que se iba a destruir ya estaba destruido. Era un diciembre extrañamente frío del 2017 y Josef, barbado y desarreglado por el cansancio había vuelto a la isla después de décadas de periplos por varios continentes donde como siempre, nunca encontró acomodación ni posibilidades de adaptarse. Su reino era el mar y ningún estado se encontraba alineado a ello. Por mas que intentó tener una vida normal nunca lo consiguió, aunque aun, ya casi rozando medio siglo de vida observaba sin preocupación que quizás algún día podría lograrlo. Ser humano había sido mas difícil de lo que pensó a pesar de lo simple que parecía. Ser humano era una complicación reñida con el normal desarrollo de la vida, según sus puntos de vista, pero tampoco era la meta del siglo, es más, mientras seguía su vida de ermitaño, renegado y fuera de reglas, se sentía medianamente a gusto. Era una clase de refugio. 

 Había vuelto de visita. Aún vivía, si puede llamársele así, muy cerca de los pantanos infinitos de las tierras Floridas del sureste de los Estados Unidos. Madre, ya viejita, requería de su visita en La Habana cada vez con más ahínco como si cada visita fuera la última. Josef seguía la corriente como casi todo en su vida, no se oponía como ayer al tardío afecto maternal y aunque no lo entendía, ni siquiera entendía muy bien los afectos, se dejaba llevar por la corriente de normalidad. Incluso visitaba primos de los que no se acordaba y familia que era extrañamente amable. La vida no había dejado de ser un experimento. 

 Madre le había pedido que consiguiera algunos ingredientes para hacerle uno de sus platos favoritos. El arroz imperial, pero aun en el 2017 en esa isla encontrar algo era bastante fatigoso. Josef caminó en paz hacia el único lugar que conocía bien que era el barrio de Miramar. Cruzando el puente de hierro remodelado y distinto, ya falto de espíritu de las uniones remachadas americanas y coloreado de una victoria local temporaria, tomó dirección norte hacia la calle cero bajo la lluvia intermitente y lejanos sonidos de truenos. Recordaba que por esa zona había tiendas en divisas no muy atiborradas de cubanos ilusorios de que las cosas estaban bien, porque tenían una familia que les mandaba el dinero.


 Al llegar a una de estas encontró con suerte la mayonesa, el aceite y un par de cosas mas que estaban en el pedido de Madre. Tomó todo y fue a la caja a pagar. Había como mucho un par de personas delante con niños felices de conseguir refrescos azucarados y con colores plásticos. Cuando solo quedaba una persona, la voz de la cajera rebotó en las paredes del pasado lejano y dormido. Josef levantó la vista suavemente y acto seguido dejó la compra ahí mismo y salió por otra línea de caja sin nada, tratando de no ser visto. Una vez bajo la lluvia de nuevo, se sentó en un muro encharcado casi inmóvil. Su cuerpo no respondía bien para irse, ni respondía bien para volver. Ya conocía esa sensación y sabía que solo el tiempo lo dejaría moverse adelante. Decidió sentarse a saborear la lluvia. Nada malo iba a pasar. 

 Dentro de la tienda, la otra cajera por donde había salido Josef, le señalaba a su compañera el extraño comportamiento con un poco de burla en lo que ponía los productos de vuelta. Hacía mofa de que La Habana estaba llena de locos y que todos iban a parar a esa tienda. Mientras tanto, quizás debido a la fuerte lluvia, no había entrado nadie mas y la cajera se movió un poco hasta el cristal donde vio a Josef a pocos metros enfrente empapándose sin mas, mirando al cielo con la boca abierta como si disfrutara todo el diluvio pasando a través de su cuerpo. Le pareció raro y a la vez familiar en lo que volvió a su puesto. 

 - ¡Es verdad! Todos los loquitos vienen a esta tienda. A lo mejor no le alcanza el dinero y por eso dejó todo 
- Si que está quemao. Mira como se empapa ahí afuera, con el frío que hace. 

 Quedaba poco tiempo para cerrar en lo que las dos mujeres organizaban todo cuando ya solo eran minutos. El sol de ese día se escabulló como Josef sin ser visto. Tanta nube no dejó notar ni un solo color de atardecer, solo la luz gris atenuándose poco a poco sin remedio y algún que otro carro con los faros amarillentos como luchando contra eso, sacaba olas de la inundada calle que llegaban hasta medias piernas de Josef que seguía sin moverse.


- Oye, el loquito sigue ahí... me está preocupando.
 La otra muchacha se acercó al cristal de nuevo. Era un frío diciembre y veces se encontraba con personas sentimentales en esos días de reunión familiar. Quizás sintió pena por el loco barbado, lleno de canas y ojos casi cerrados. 
 - ¿Que era lo que el tenía antes de salir? - Preguntó en lo que sellaba la caja e iba cerrando los llavines de las ventanas acristaladas una por una. 
- Mayonesa, un pomo de aceite y unas aceitunas... La muchacha metió esos productos en una bolsa y después de pasarlo por la caja lo dejó aparte. 
- ¡Pero mija! ¡Entre limosnas y comprarle cosas a los loquitos que lleguen, no vas a tener sueldo este mes! 

Ella no respondió. Miraba a cada rato por el cristal con la esperanza que no se esfumara aquel hombre. En una de esas miradas algo le resultó familiar y le recorrió un escalofrío de pies a cabeza sin más. No entendía qué pasaba, pero sintió que su subconsciente estaba teniendo una especie de señal, de comunicación que iba removiendo capas de pinturas pasadas. Empezó a temblar un poco y la respiración se hizo difícil. Se apoyó con las dos manos al cristal nevado con agua chorreando por fuera y lo trató de limpiar con el reverso de la mano en lo que escasos rayos mejoraban la iluminación por momentos. Ahí estaba aún, inmóvil como siempre, esperando que girara la tierra, sin dar un paso, con su paciencia de casi medio siglo, con su paciencia de pescador. 

- ¿¿Puedes cerrar por mi!! ¡Necesito salir!.. ¡¡ahora! 
- ¡Pero muchacha! ¡Ese loco te contagió?.. ¿Adonde vas! ¡¡OYEee!! Habanaaaaaa!!! 

 Habana bajó las escaleras corriendo que casi se cae con la bolsa en las manos en lo que la lluvia arreciaba con una densidad inusual. Josef la vio venir pero aun así no movió un párpado. Estaba paralizado como si un veneno lo hubiera dejado sin vida en aquel muro. Lo mejor de la lluvia es que todo se veía claro y limpio a pesar de haber comenzado la noche. También que se podía llorar sin que nadie lo notara. Los dos podían llorar sin que nadie lo notara porque corrían caudales de agua por sus ropas y sus cuerpos. Habana estuvo un rato parada frente a el. Nunca sabía que se hace en esos casos, nunca supo como reaccionar y estaba segura que sus reacciones nunca fueron las mejores.



 Así pasaron algunos minutos, años quizás. Años hacia adelante, años hacia atrás. La lluvia amainó un poco y Josef imaginó que la costa ahora estaría turbia y revuelta después de aquel atroz diluvio. Pensó que si pudiera escapar ahora mismo por el mar, solo tendría que dar unos pequeños saltos mas que conocidos por un par de muros del Sierra Maestra y nadie lo vería de nuevo en años, pero era mentira, su cuerpo aun estaba envenenado e inmóvil. 
 La otra dependienta se acercó levemente por detrás de Habana del Mar después de haber dejado todo cerrado y en orden. 

- ¿Estás bien Habana? ¿Todo está bien aquí? Habana balbuceó apenas sin mirar 
- Si, todo bien, gracias Mirta... todo va a estar bien. 

 Al oír su voz de nuevo Josef salió del letargo, trató de sonreír, pero salió una mueca. Habana dio la vuelta al muro y se sentó a su lado pero en dirección contraria. Como siempre, Josef mirando al norte y ella mirando al sur de la calle 3ra de Miramar en La Habana de Cuba. 

- ¿No me vas a hablar?- Preguntó Habana con esa seguridad fuerte e hiriente que no había perdido.

 Josef ahora sabía lo que significaba un nudo en la garganta. Imaginaba tragándose un nudo de aquellos asquerosos cabos de los barcos de un puerto, imaginaba que no solo no podría hablar, ni siquiera respirar. 

- Esto... es para ti - Habana le extendió la bolsa con los tres frascos en lo que Josef trató de sacar el dinero de su cartera- ¡Deja deja! ya lo compré, como saliste corriendo como alma que lleva el diablo...- dijo aun con su temblorosa mano soportando la bolsa de compras 
 Josef tragó en seco y rompió su silencio con voz tomada y temblorosa 

- ¿Así que te quedaste? 

 El tiempo se convirtió en un amasijo descontrolado y lleno de olas que trajo los recuerdos como basuras que llegan a las costas después de las tormentas. La lluvia seguía y embellecía los faros de la calle. Esa parte de la ciudad estaba desierta a esa hora que, aunque temprano, ya estaba bastante oscura. Solo algunos flashazos del cartel fallido de la tienda parpadeaban al ritmo de una música paralela inexistente con sus tubos de luz fría defectuosos y sonidos de potentes olas lejanas adornaban el momento. 

 - Aquella lancha se hundió Josef, nadamos por horas de vuelta y pocos logramos llegar a la costa. Cuando regresé ya te habías ido y solo se veían en la oscuridad guardias y perros. Gracias a tantas veces pernoctar ahí, supe como encontrar la manera de subirme por la costa, tampoco iba a llamarte, te había abandonado sin dejarte saber y en esa lancha iban muchas personas. Pensé que eso podía pasar, pero tomé el riesgo. Como tu no estabas convencido no quise... 

- ¡Ya no hace falta! 
- ¿Ya no hace falta que? 
- la explicación, ya pasó... 

Hubo otro silencio largo alimentado por las rachas de aguacero impertinente. Ya el agua corría como un río y Habana temblaba como una maquinaria averiada. Josef seguía petrificado. La miró con el rabillo del ojo, seguía tan terriblemente bella como siempre y distinta. Su pelo blanco, entre teñido de azul o naranja saltaba a pesar de la penumbra tormentosa. Su manera de ser, altanera, recta, fresca, agresiva aun cautivaba a Josef

 Josef rompió de nuevo el silencio con escasas silabas. 

- ¿Y ahora? 
- ¡Hibernando!! 
- ¡Hibernando!! - dijeron los dos a coro y estallaron en una discreta risa. Para ellos esta vida azarosa era solo un proceso de hibernación para algo bueno que vendría después. A falta de religión, adoraban que algo bueno pasara en algún momento sin mucha explicación. En ese momento el agua que corría por las calles comenzó a ser tibia y se sentía un olor a mar penetrante. Josef chapoleteó con los pies cuando se dio cuenta que no era otra cosa que el mar subiendo por las calles por la tormenta.

 - ¿No hay forma de escaparse verdad?- Dijo Habana viendo que Josef disfrutaba de empapar sus pies en agua de mar 
- ¡Nop!- Contestó Josef mas relajado. Si el agua de mar llegaba donde estuviera, ya el se encontraba en su medio 

 Josef tomó sus manos frías y delgadas, a pesar de tener unas cuantas libras desde la ultima vez que la había visto, sus manos nudosas, raras, nada femeninas. Levantó la vista mas a gusto y se miraron a los ojos, Ella seguía con esos ojos negros abisales, puerta de otros mundos y de sensaciones distintas, enlaces de todo lo que fuera salir de rutinas, saltarse reglas. Trató de besarla pero Habana se retiró delicadamente. 
 - Perdona... 
- No es nada ¿Caminamos o nos vamos a ahogar aquí?- dijo Habana en lo que se paraba decididamente a mover el mundo hacia adelante de nuevo como acostumbraba. 
Josef se paró, pero no renunció a caminar tomándola de la mano. La maldita lluvia ya había cesado pero no le daba ninguna pena llorar a cantaros con la cabeza levantada y la mirada al camino. Habana si estaba cabizbaja y miraba cada raya de la acera. La conexión no había acabado. Josef no la soltaba como cuando uno es niño y quiere quedarse con los objetos de los sueños aunque esté seguro que desaparecerán al despertar. Apretaba sus manos como siempre, como si fuera la última vez. 

- ¿Tienes hijos? Josef negó con la cabeza. - ¿Familia? ¿Donde vives? 

Josef siguió negando con la cabeza. 

 - Yo tengo dos niñas... 8 y 11 años, les he hablado mucho de ti, pero mezclo tu historia, con historias de piratas, tesoros ¿Eso es lo que fuimos verdad? 

 Josef la miraba a cada rato y seguía sin soltar su mano hasta que llegaron al puente de hierro. Apenas había dicho pocas palabras, Habana comenzó de nuevo. 

 - Yo vivo en... 
- ¡¡NO!! -Josef la calló abruptamente en la esquina de 11 y 26 desde donde se veía la vieja torre del cocinero y arriesgados callejeros que se dirigían a una nueva instalación que le llamaban "La fábrica de arte" 

- Ya no, mi vuelo es mañana y no se si vuelva de nuevo - El corazón de Josef se estaba partiendo por las viejas heridas, donde fue pegado una y otra vez volvían los resquebrajos con mas dolor aun. Josef deseaba que ese momento no hubiera pasado, pero a la vez se sentía vivo de nuevo. Los ríos de adrenalina habían desplazado tanta calma lacónica por décadas. Aun no sabía que decir. 

Habana le dio un abrazo tan largo como la tristeza, su cuerpo volvió a extenderse fuera de las estúpidas células. Con el abrazo volvió a ser universo, vuelo, incorpóreo. Las energías que iluminaron su entorno eran tan bellas como malignas y peligrosas. Josef pensó que no resistiría mucho mas. Su poder ante las pérdidas de las tres cosas que le interesaban en este mundo ya se había desvanecido con los años, ya no era tan fuerte como antes. Ni siquiera había dejado de llorar. Recordaba los mares de llanto cuando de pequeño su madre lo llevaba al médico pero le prometía que no le inyectarían. Una amigdalitis crónica y tozuda le hizo vivir entre penicilinas hasta los 5 años primeros de su vida. Solo recordaba llorar a mares, llorar a chorros, casi no por la inyección, si no por la falsa promesa.

 Habana era una falsa promesa, siempre lo fue y por eso la maldecía por todo en su vida. Nadie entendía su frase blasfema de maldita Habana del mar. Nadie que no se hubiera deshecho haciendo el amor sobre la arena, habiéndose convertido en mar y algas, habiendo respirado abandono o felicidad no terrenal. Nadie que perteneciera a este mundo y no hubiera pasado las sensaciones de ser mas que una hormiga humana podría entenderlo. Nadie podría mirar su mundo sin salir del suyo propio y es una característica típica de los humanos medios. Son incapaces de salir de su corto, escaso y predecible mundo. Son incapaces de abandonar una y otra vez, una y otra vez... otra vez.

 Josef se separó no sin antes oler su pelo como acostumbraba. Ya no había olor a algas, a caracoles. No olía a nada o a lluvia impoluta tropical. Habana tampoco dijo nada mas. Quizás aún se sentía culpable. Se alejaron sin darse la espalda. Algunos carros que desplazaban el agua como unas lanchas, crearon momentáneas cortinas transparentes que distorsionaban lo que se viera a través de ellas, como los recuerdos, vistos a través de olas de dolores y alegrías. Al quinto o sexto carro, Josef no la vio mas. Quiso pensar que había sido como siempre una de sus alucinaciones, que esto no había pasado pero a lo lejos, en la oscuridad aun veía esa muchacha con el uniforme empapado subiendo la cuesta de 26 caminando de marcha atrás para no perderlo de vista. Josef seguía petrificado en la esquina. Quería adelantar su vuelo, le aterrorizaba volver atrás en todo, en lo bueno y en lo malo. Para el, los tiempos pasados nunca fueron mejores, era un experto en moverse hacia adelante, aunque no con los mejores resultados. 

Por un segundo le vino la idea de correr cuesta arriba, alcanzarla. Pero antes, al intentar besarla, ella lo esquivó y eso fue una comunicación no verbal de que ella ya no era magia, no era estrellas, era una persona normal. Tendría su familia, sus dos hijas ¿Que hacer menos que desaparecer de ese entorno normal y humano? 

Pensando esto levantó la vista de nuevo y ya no estaba. 

 ¿Y si lo intentaba? ¿Y si corría gritando su nombre hasta dar con ella? ¿Y si preguntaba en el barrio? ¿Y si se rajaba el alma diciendo que todo el amor que pudieran tener sus días era para ella? ¿Y Si no importaba el rechazo, el abandono, el pasado y solo importaba el porque estábamos aquí y no el que éramos, o seríamos, nada! 

- ¡Mueve un primer pie Josef cojones! Hoy es el primer día de una vida nueva, ve a por ella- se decía a si mismo en voz alta asustando a los escasos y empapados transeúntes - ¡¡Muévete cojones que no eres un árbol!! 

 Pero no se movió. las raíces, unidas a su cobardía la dejaban pasar de nuevo. Sentía que no tenía derecho. Que Habana tendría sus responsabilidades, su esposo o lo que fuera. Que él, como siempre nunca había pertenecido, no era de aquí y ni siquiera era bienvenido. Volvió a su estado de ajeno, desorientado, perdido y regresó a casa de Madre a duras penas. Madre como siempre, sabría que Josef se habría entretenido con cualquier cosa y por eso ni preguntó porque llegaba tan tarde, el arroz lo haría mañana. Daba igual. Era un frío diciembre del 2017 y estaba ahí con su hijo, quizás por última vez, como todo lo que sucede en la vida, quizás por última vez, como las olas que se van, que no se van a repetir ni en milenios.

 Como las olas que se van. Maldita Habana del Mar.

1 de diciembre de 2016

La huida de Josef (Capitulo 47)

Habían pasado muchos años desde que Josef comenzara a intentar tener una vida normal. Muchas cosas lo habían movido a ese cambio tan drástico aunque no se podía negar a si mismo que lo estaba disfrutando. Había salido de pasar toda su vida metido en el mar, de que sus sonidos solo fueran el ruido de las olas al salir, al ruido de martillos y de motores de carros destrozados por el tiempo, sin mas transición que sus deseos por lograr cosas inmateriales como el amor de Sandra, aquella de la calle ocho que tan inalcanzable parecía. Todo lo que sucedió entre la historia anterior y esta, es digno de contar y será escrito en algún momento. Este salto era necesario, porque la memoria se va borrando.
La tierra le depara a los seres humanos reglas y leyes que no siempre son bienvenidas. Las leyes del “hombre blanco” a menudo hechas en beneficio de unos pocos que tienen poder sobre ellas, por lo general perjudican profundamente a las personas que tienen o desean tener su mundo propio, a comodidad o conveniencia para pasar por el breve estadío la vida lo mejor posible, disfrutando, por el duro trabajo claro está, esas pequeñas cosas que nos permiten este momento de estar en este sitio del cual como mismo hemos venido un día nos largaremos sin tiempo a decidir si se hizo algo bien.
Pues Josef fue victima de una de estas leyes, la del servicio militar obligatorio, largos años perdidos entre enseñanzas absurdas que solo servían para hacerle daño al resto de la humanidad. Hasta un día en que Josef se cansó y decidió huir. Esperaría los años necesarios para que eso cambiase. En este lapso pasaron tres infinitos años que repito, serán contados porque quizás merecen la pena.
Ya nos vamos de aquí. Lleguemos de una vez a la historia.
Josef había reunido todo el dinero posible de sus andanzas de hombre terrestre como “chapista y mecánico” y se había largado de madrugada para la carretera central de la isla de Cuba. Isla alargada hecha a propósito por lo que se que se encargara de la creación, para dar la sensación a sus isleños de que tenían que recorrer un gran país cuando era solo una lista de tierra en el medio de un mar azul y profundo como un abismo. Solo quedaba como todo en esa isla, dos opciones. Josef pensó que quizás quien hiciera esto, en este mismo momento en cualquier otro sitio del mundo tendría cuatro puntos cardinales para huir, el solo tenía dos. Este u Oeste. De nada serviría una brújula, tocando mar Josef sabría enseguida donde estaba según la hora del día. Viento del este por la derecha costa norte y al revés, costa sur. No había mas donde correr. Sin embargo, una vez terradentro, podía dar la sensación de que se estaba en tierra firme porque los ojos no alcanzaban a ver el inmenso azul donde había nacido.
¿Este u Oeste? Esa era prácticamente la cuestión. Al Oeste conocía casi todo. Sus incursiones pesqueras furtivas le habían hecho conocer esa parte de la isla casi a fondo literalmente hablando. Conocía por mar, cada peñasco de la costa, cada herradura, cada coral y por tierra cada camino o pueblo. Era un lugar insuperable en cuanto a hermosura en todos los sentidos de la vida. Gente tan buena, paisajes, fauna. Los amaneceres mas hermosos que recuerda los vio en Pinar del Río, pero quedaba mucha isla hacia el este, mucha isla que mirar, mas terreno donde buscar porque sabría que lo iban a ir a buscar a su casa, aquellos hombres con uniformes y valores en los hombros, mas importantes que el valor de la palabra o el razonamiento. ¡Este! Decidió en voz alta, había mucho que ver.
Huir estaba empezando a tener emociones positivas. Eso de no tener rumbo, ni orden, ni horario, le estaba llevando atrás cuando el único reloj que miraba en su vida era el de las mareas y el sol. Amanecer, meterse en el agua, atardecer, salir, marea alta, esperar y alimentarse, marea baja, entrar a toda velocidad para ahorrase los mínimos metros de inmersión que la naturaleza quitaba por unas horas.
En eso uno de los camiones de carga que iban al oriente del país paró por la posible ganancia de dinero que reportaba llevar junto a la carga a las personas que por una razón u otra decidieran viajar de esa forma por las carreteras. Josef se subió hábilmente escalando por las tablas de la parte trasera no sin antes pagar 15 pesos que era lo que normalmente cobraban los camioneros por esta peligrosa actividad. El aire frío de la madrugada le daba a toda velocidad en la cara, los demás pasajeros se arropaban con sabanas empercudidas de dormir en las calles, sacos y cuantas telas pudieran para protegerse del cortante viento de viajar a la intemperie, pero Josef estaba curado de ese frío. Supuestamente a esa hora el ya estaría metido en un mar más frío aun, con olas que destrozarían un barco si pudieran y que miraban impotentes como un pequeño e insignificante ser humano se escapaba de su furia con la habilidad de una copia de aletas de pez puesto en sus pies a manera de hombre sirena.
El camión llegó hasta Villa Clara, el amanecer de ese día no fue tan espectacular porque las nubes de un viento norte y frío se habían empecinado en no dejar ver el sol rojizo y bello de esa hora. No importaba, el ruido del motor, el aire y los chirridos de toda la carga mas el desvencijado camión era una buena banda sonora para pensar mucho, había mucho que pensar, de todo menos en el futuro. Más bien, había mucho que soñar y muchas emociones para jugar con ellas. Josef disfrutaba de las emociones siempre que se las provocara el mismo, no le gustaban las sorpresas, ni siquiera las buenas sorpresas.
Otro camión, esta vez con el piso lleno de petróleo así que había que ir de pie. Las horas pasaron y el frío se cambió por el terrible calor incinerante de un sol que se colaba entre las nubes para dar en el blanco, justo ahí donde quemaba y dolía. Las mujeres cubrían a los niños como podían con pañuelos gastados, transparentes, que se veían reflejos de algunos pedazos de hilos dorados que quizás alguna vez tuvieron. Los hombres por una curiosa costumbre machista no cedían sus sombreros a aquellas madres, era como si los sombreros amarillentos de yarey fueran parte de sus cráneos y pudieran morir al quitárselos. Josef tapó a una mujer que tenía dos niños, uno en cada brazo, con su abrigo verde lleno de manchones de salitre por todos lados y la mujer le agradeció con una mirada humilde de unos ojos vítreos por las adversidades que tenía que pasar en ese momento.
Otro camión… y otro. El día entero en las carreteras, se pasaba de frío a calor, de llano a montaña, de seco a selva. Josef no tenía idea de cuan larga era su isla porque las cifras nunca le dijeron mucho, lo estaba sintiendo, disfrutando en su propio cuerpo ahora mismo, hasta que llegó a Guantánamo, cuidad rara, de energías raras y apenas podía caminar porque los pies se le habían entumecido de tantas posiciones incomodas adoptadas en su mas reciente medio de transporte. Pero sabía que estaba lejos, muy lejos, todo lo lejos que se puede estar en la isola de Cuba e imaginaba que nadie le encontraría ahí.

13 de julio de 2016

13 de julio, aniversario de la masacre del gobierno cubano sobre civiles que intentaban escapar a los Estados Unidos

En horas de la madrugada del 13 de julio de 1994, cuatro barcos pertenecientes al Estado cubano y equipados con mangueras de agua embistieron un viejo barco remolcador de madera que huía de Cuba con 72 personas a bordo. A siete millas de distancia de las costas cubanas, frente al puerto de la Ciudad de La Habana varias embarcaciones de acero del tipo "POLARGO" tripuladas por agentes de la seguridad de estado cubano, embistieron con sus respectivas proas al remolcador fugitivo con la intención de hundirlo junto a sus tripulantes, al mismo tiempo que les lanzaban agua a presión a todas las personas que se encontraban en la cubierta del mencionado barco, incluyendo mujeres y niños.
 La súplica de las mujeres y niños para que el ataque cesara fue en vano, ya que la vieja embarcación denominada el "13 de Marzo" se hundió con un saldo de 41 muertos, de los cuales 10 eran menores de edad. La mayoría, aunque sabían nadar o tenían objetos flotantes donde agarrarse se ahogaron debido a los fuertes chorros de agua que fueron dirigidos a ellos con los potentes cañones de extinción de incendios de dichas naves. 31 personas sobrevivieron a los sucesos. Según testigos presénciales que sobrevivieron al naufragio, apenas zarparon con el viejo remolcador "13 de Marzo" del puerto habanero, comenzaron a ser perseguidos por dos barcos de la misma empresa estatal. A unos 45 minutos del viaje, cuando el remolcador se encontraba a siete millas de distancia de las costas cubanas en un lugar conocido como "La Poceta", otras dos embarcaciones pertenecientes a la mencionada empresa, equipadas con tanques y mangueras de agua, los estaban esperando y embistieron al viejo remolcador. La embarcación de la empresa estatal cubana denominada "Polargo 2", bloqueó por delante al viejo remolcador "13 de Marzo", mientras la otra embarcación denominada "Polargo 5" la embistió por detrás, partiéndole la popa. Las otras dos embarcaciones estatales se ubicaron en los lados laterales lanzándoles agua a presión a todas las personas que se encontraban en la cubierta mediante las mangueras que poseen. El clamor de las mujeres y niños que se encontraban a bordo en la cubierta del remolcador "13 de Marzo" no impidió que cesara el ataque. 

Dicha embarcación se hundió con un saldo de 41 personas muertas. Muchas de las personas perecieron en el naufragio debido a que se vieron obligadas a refugiarse en el cuarto de máquinas por la alta presión de los chorros de agua que les lanzaban a todos los que se encontraban en la cubierta. Los sobrevivientes también afirman que los tripulantes de los cuatro barcos estatales cubanos no les prestaron auxilio cuando se estaban hundiendo. Posteriormente, llegaron lanchas de la Guardia Fronteriza de Cuba quienes rescataron a 31 sobrevivientes, posiblemente por la presencia de un carguero griego y por la cantidad de testigos que observaban desde el Malecón. Una vez rescatados, los mismos fueron trasladados al puesto de guardacostas cubano de Jaimanitas, ubicado al oeste de La Habana. De allí, fueron trasladados al Centro de Detención de Villa Marista que también funciona como Cuartel General de la Seguridad del Estado. Las mujeres y los niños fueron liberados y los hombres permanecieron detenidos. En los días posteriores al naufragio, familiares de las víctimas que perecieron ahogadas se dirigieron a las autoridades cubanas a fin de rescatar los cuerpos que se encontraban en el fondo del mar. La respuesta oficial fue que no contaban con buzos especializados para rescatar los cadáveres. No permitiendo la investigación, no recuperando los cadáveres y si los recuperó no informó a sus familiares, hasta la fecha. Las 72 personas que trataron de huir de Cuba en la embarcación nombrada "13 de Marzo" se encontraban completamente desarmadas y su único propósito era el de llegar a las costas del Estado de la Florida en los Estados Unidos buscando refugio y libertad. 

Las autoridades cubanas tenían información de antemano de estos hechos y no procedieron con las Leyes Marítimas Internacionales firmadas por Cuba. Desde el primer momento el centro de mando de las autoridades cubanas establecieron un plan de masacre y naufragio para este transbordador donde fallecieron 41 civiles. Las embarcaciones que atacaron el «13 de Marzo» pertenecían al Ministerio de Transportes y se denominan «Polargo 2», «Polargo 3» y «Polargo 5». Según los supervivientes, el «Polargo 5» fue la embarcación que actuó de forma más agresiva contra ellos. Se cree que la cuarta embarcación, que seguía a las otras y que parecía estar dirigiendo las operaciones, pertenecía a las Tropas Guarda fronteras de Cuba, que forman parte del Ministerio del Interior.