13 de julio de 2016

13 de julio, aniversario de la masacre del gobierno cubano sobre civiles que intentaban escapar a los Estados Unidos

En horas de la madrugada del 13 de julio de 1994, cuatro barcos pertenecientes al Estado cubano y equipados con mangueras de agua embistieron un viejo barco remolcador de madera que huía de Cuba con 72 personas a bordo. A siete millas de distancia de las costas cubanas, frente al puerto de la Ciudad de La Habana varias embarcaciones de acero del tipo "POLARGO" tripuladas por agentes de la seguridad de estado cubano, embistieron con sus respectivas proas al remolcador fugitivo con la intención de hundirlo junto a sus tripulantes, al mismo tiempo que les lanzaban agua a presión a todas las personas que se encontraban en la cubierta del mencionado barco, incluyendo mujeres y niños.
 La súplica de las mujeres y niños para que el ataque cesara fue en vano, ya que la vieja embarcación denominada el "13 de Marzo" se hundió con un saldo de 41 muertos, de los cuales 10 eran menores de edad. La mayoría, aunque sabían nadar o tenían objetos flotantes donde agarrarse se ahogaron debido a los fuertes chorros de agua que fueron dirigidos a ellos con los potentes cañones de extinción de incendios de dichas naves. 31 personas sobrevivieron a los sucesos. Según testigos presénciales que sobrevivieron al naufragio, apenas zarparon con el viejo remolcador "13 de Marzo" del puerto habanero, comenzaron a ser perseguidos por dos barcos de la misma empresa estatal. A unos 45 minutos del viaje, cuando el remolcador se encontraba a siete millas de distancia de las costas cubanas en un lugar conocido como "La Poceta", otras dos embarcaciones pertenecientes a la mencionada empresa, equipadas con tanques y mangueras de agua, los estaban esperando y embistieron al viejo remolcador. La embarcación de la empresa estatal cubana denominada "Polargo 2", bloqueó por delante al viejo remolcador "13 de Marzo", mientras la otra embarcación denominada "Polargo 5" la embistió por detrás, partiéndole la popa. Las otras dos embarcaciones estatales se ubicaron en los lados laterales lanzándoles agua a presión a todas las personas que se encontraban en la cubierta mediante las mangueras que poseen. El clamor de las mujeres y niños que se encontraban a bordo en la cubierta del remolcador "13 de Marzo" no impidió que cesara el ataque. 

Dicha embarcación se hundió con un saldo de 41 personas muertas. Muchas de las personas perecieron en el naufragio debido a que se vieron obligadas a refugiarse en el cuarto de máquinas por la alta presión de los chorros de agua que les lanzaban a todos los que se encontraban en la cubierta. Los sobrevivientes también afirman que los tripulantes de los cuatro barcos estatales cubanos no les prestaron auxilio cuando se estaban hundiendo. Posteriormente, llegaron lanchas de la Guardia Fronteriza de Cuba quienes rescataron a 31 sobrevivientes, posiblemente por la presencia de un carguero griego y por la cantidad de testigos que observaban desde el Malecón. Una vez rescatados, los mismos fueron trasladados al puesto de guardacostas cubano de Jaimanitas, ubicado al oeste de La Habana. De allí, fueron trasladados al Centro de Detención de Villa Marista que también funciona como Cuartel General de la Seguridad del Estado. Las mujeres y los niños fueron liberados y los hombres permanecieron detenidos. En los días posteriores al naufragio, familiares de las víctimas que perecieron ahogadas se dirigieron a las autoridades cubanas a fin de rescatar los cuerpos que se encontraban en el fondo del mar. La respuesta oficial fue que no contaban con buzos especializados para rescatar los cadáveres. No permitiendo la investigación, no recuperando los cadáveres y si los recuperó no informó a sus familiares, hasta la fecha. Las 72 personas que trataron de huir de Cuba en la embarcación nombrada "13 de Marzo" se encontraban completamente desarmadas y su único propósito era el de llegar a las costas del Estado de la Florida en los Estados Unidos buscando refugio y libertad. 

Las autoridades cubanas tenían información de antemano de estos hechos y no procedieron con las Leyes Marítimas Internacionales firmadas por Cuba. Desde el primer momento el centro de mando de las autoridades cubanas establecieron un plan de masacre y naufragio para este transbordador donde fallecieron 41 civiles. Las embarcaciones que atacaron el «13 de Marzo» pertenecían al Ministerio de Transportes y se denominan «Polargo 2», «Polargo 3» y «Polargo 5». Según los supervivientes, el «Polargo 5» fue la embarcación que actuó de forma más agresiva contra ellos. Se cree que la cuarta embarcación, que seguía a las otras y que parecía estar dirigiendo las operaciones, pertenecía a las Tropas Guarda fronteras de Cuba, que forman parte del Ministerio del Interior.

22 de abril de 2016

Promesa a un aparatico querido.

Nunca escribo sobre cosas materiales porque la verdad es que no me interesan mucho, pero a veces, uno desea dar gracias a esos pequeños y desconocidos logros de la tecnología que a pesar de pasar el tiempo siguen debatiéndose entre lo mas moderno y desarrollado.
Hablo en este caso de mi anticuada y obsoleta camarita de video Canon HV30 o Canon Vixia como se le conoció en USA, la mía es versión europea, comprada en España.
La curiosidad sobre este pequeño equipo es que no se vendió al por mayor, porque fue un proyecto especial de Canon para el cine profesional. En el cine, cuando se filmaban las escenas de riesgo, las carisímas cámaras se dañaban al engancharlas a carros y otros vehículos u objetos que por su desempeño podían destrozar fácilmente una cámara de mas de 20 000 dólares. Entonces Canon entró en competencia al construir una cámara muy pequeña, ultra compacta, con la calidad requerida para el cine de la época en que se hizo y relativamente barata. Esta cámara, a diferencia de muchas, tiene una opción bastante desconocida e imposible en las cámaras caseras que es la de filmar a modo cine, es decir a 24 cuadros por segundo con barrido progresivo en un formato, que al montarlo en escenas filmadas con cámaras de cine originales, cuela al ojo espectador con casi ninguna diferencia. Mas abajo pongo uno de mis videos filmados en modo cine.

Tomas en modo cine de Canon HV30 ver en full screen a 1080 pixels año 2009
-------

Poco después de salir esta cámara, comenzó la tecnología de almacenamiento sólido y Sony sacó las suyas con sus discos duros internos, pero tenían dos desventajas profesionales 1- El disco solo soporta X cantidad de sobreescritura con vida limitada y 2- Los videos tenían una compresión con formato .mts que restaban mucha calidad a la imagen y encima había que reprocesarlos con codificadores privados de SONY corp con la correspondiente pérdida de tiempo y calidad de nuevo en el banco de edición, por lo que se siguió usando cinta y material RAW para las cosas pro, hasta que llegó el siguiente paso tecnológico que son los nuevos almacenamientos que ya no solo tenían velocidad de datos para grabar en RAW, sino que se atrevían hasta a multiplicar la resolución hasta llegar al moderno y aun poco usado 4K que es casi la extensión máxima de calidad vista en cine digital hasta ahora.
Pero la muerte de estas Canon fue las GoPro, mezcla de alta velocidad de transferencia de datos y sensibilidad multiplicada en sus sensores de imagen, la GoPro, destruyó todos los engendritos que salieron en las primeras épocas del cine digital en 1080 pixels.
Aun así, la GoPro, se queda atrás en óptica y bueno, lleva una parafernalia para poder hacer tomas estables al ser de tan reducidas dimensiones y tan ligera, pero para eso fue hecha no? Para ponerla donde sea, llevarla a todos lados y sin piezas móviles, soporta cualquier embate y hasta se mete debajo del agua sin dispositivos ultra caros como son los blindajes especiales que se necesitarían para una cámara antigua como la mía.


La tuve tirada mucho tiempo, incluso la regalé pero a quien la regalé no le interesó, o no me creyó y nunca hizo por recogerla. Hoy la tomé de nuevo, llena de polvo, descargada, pero despertó como un perrito moviendo la cola. Esta cámara cuando la compré costaba 1800 euros aunque cogí una oferta en 750 porque tenía el terrible defecto en España que el manual solo estaba en inglés. Y cuando la tomé en mis manos, en la Gran Vía madrileña, me senté un rato a soñar con ella aun sin sacarla de la caja. Soñé hacer cine con ella, en hacer algo, algo que se recordara, algo que le gustara a otras personas tanto como a mi. También la destiné para servir de backup de mi memoria visual por si me fallase de nuevo. Hoy salí al patio con ella y su lente aun está limpio, aun funciona todo bien y le prometí a un aparato ¡ESO! le prometí a un aparato que aun no había muerto, que iba a seguir soñando y que ojalá un día, por mucha tecnología que exista si tengo la oportunidad de hacer algo de cine va a ser con ella, la HV30 fiel, golpeada, sumergida en agua salada, lavada bajo la pila, prestada, llena de todo el churre posible. No la voy a dejar irse sin hacer algo bueno, algo que se recuerde.

Tomas en modo HDV de Canon HV30 ver en full screen a 1080 pixels año 2016.
------ -

Aquí se pueden ver las especificaciones de este genial aparato:
https://www.google.com/shopping/product/11165404241423074023?site&q=canon+HV30&oq=canon+HV30

16 de marzo de 2016

Josef (Sin saber... Capitulo 208)


El solar estaba caldeado y a la vez aburrido con esos calores que hacen en medio del invierno. Josef entró por la estrecha y oscura puerta llena de cables y relojes de electricidad, para luego de nuevo salir a la hiriente luz del patio interior de losas sevillanas hechas trizas y paredes amarillas de recebo. Las escasas voces que habían, se hacían eco por dentro los balcones apuntalados. Todo era amarillo, o amarillento, paredes, columnas, pinturas. Hasta las sabanas blancas tendidas se veían amarillentas pero también es que la luz del sol a medio día en esas latitudes tiene ese color. Para Josef había demasiada luz. Acostumbrado a pescar de noche, vivir de noche y sobre todo a estar en cuevas o bajo el agua, toda luz era demasiada.

Josef miró a los balcones de arriba. Había una mujer que le gustaba y eso era cosa rara. Aunque nunca le diría nada, disfrutaba la vista cuando pasaba delante de el, tendía las ropas, o simplemente salía o entraba del solar. Ni siquiera sabía su nombre a pesar de llevar viviendo ahí casi mas de un año alquilado. Todo el mundo le decía la jabá. Su piel era entre blanquecina y amarillenta como las paredes del solar, su pelo enredado como la vegetación de los muros, tupido y largo, que casi nunca dejaba ver sus hombros, pero Josef adoraba su espalda. A veces tenía un vestido roído, desteñido, para andar por el solar. Así cargaba agua, lavaba en los lavaderos comunes, martillaba en el marco de su puerta para mantener medianamente las maderas que todo el tiempo estaban tratando de caerse y rendirse. Ella saludaba a Josef porque era uno de los pocos del solar que no le decía horrores cuando pasaba. Según los mitos y cada solar tiene los suyos propios, su esposo estaba preso por años y ella no accedía a estar con mas nadie, por eso, los solariegos se metían con ella, pero ella le entraba por un oído y le salía por otro. A los lados de su espalda tenía unos pequeños pliegues en la piel, como si hubiera engordado un poco y esto, su pelo tan enredado y su color tenía a Josef tan curioso que la observaba en silencio, excepto cuando ella se acercaba a saludarlo que Josef fingía no haberla estado mirando todo el tiempo posible desde el primer día que la vio.

El calor hacía que moscas y guasasas orbitaran sobre todo lo vivo. Una especie de sopor embargaba a los que, en el medio de todo, tenían una mesa de dominó ralentizada. Por mas que trataban de ponerle energía a ese juego que en Cuba es un juego de gritar, hacer ruido y dar golpes sobre las mesas, ellos estaban jugando en silencio. Solo habían tres y apenas se oía las fichas o el agua que siempre estaba corriendo de algún salidero continuo. Ni siquiera habían completado las dos parejas de juego. Josef trató de pasar inadvertido como hacía siempre. Su cuarto era el único del solar que no estaba en ninguno de los niveles normales. Quizás en un pasado, ese cuarto habría sido un cuarto de electricidad o de bombas de agua porque era un cuadrado sin mas bajo el nivel de la tierra. Era un sótano que olía a una humedad impregnante que Josef adoraba. Las paredes tenían un moho verde al que acariciaba a veces. Le habían regalado poquitos de pintura de varios colores, sobrantes de otros cuartos porque le tenían lástima, pero Josef nunca quiso pintarlo. El moho era vida. Recordaba de pequeño que una vez vio el moho con un microscopio y era todo un bosque, un planeta aparte, un minimundo bellísimo que los humanos raspaban sin mas para pintar sobre sus predios. Es por eso que Josef estaba contento con su moho y su olor a humedad que solo era desplazado por el olor a café o a chícharos de las cocinas del solar que compartían forzadamente sus aromas por todo el patio interior quisieras o no.



No pudo escapar de que lo llamaran para completar el dominó. Siempre se divertían con Josef en el buen sentido de la palabra, porque Josef no pertenecía a este mundo. Sus frases, tratando de imitar a los jugadores profesionales eran hilarantes, novedosas y muy creativas. De jugadas no sabía nada, escasamente poner las fichas de mas alto numero para quedar con menos al final, pero en este solar era cuestión de divertirse y matar el tiempo, que a su vez iba matando uno por uno a todos los que vivían o habían vivido en esa vieja edificación española.

Josef se sentó a regañadientes y tomó las diez fichas en las palmas de sus manos, su pareja en este caso era un negro prieto, tan negro que el blanco de los ojos lo tenía rojo en vez de blanco, para colmo unos ojos saltones y una nariz afilada muy rara. Se llamaba David, pero lo conocían por Fútuma y nadie sabía de donde había salido ese nombre. Fútuma no se metía con nadie, solo fumaba todo el tiempo y teorizaba sobre todo. Sus teorías eran escuchadas como interesantes y verdaderas y se respetaba, porque aunque parecía joven, cuando todos los que viven en ese solar nacieron, ya Fútuma existía. Nadie sabía ni preguntaba su edad, pero Fútuma había estado ahí desde siempre.
Fernando "El pescao" un rubio musculado que siempre estaba buscando líos en todas partes donde anduviera, pero dentro del solar, respetaba mas o menos las reglas ancestrales impuestas por nadie. Ahí era educado, amistoso y compartía cantidades industriales de botellas de ron a cualquier hora. A veces las ancianas del solar les daba lástima y le daban comida que el devoraba con una mirada de amor que solo se le veía en ese momento, el resto del día su mirada era hostil para con todos, pero así mismo se sentaba en la mesa de las risas y el dominó y nunca tuvo ningún percance dentro del solar amarillo.
Potaje. Ese ni siquiera nadie sabía su nombre. Se dedicaba a cualquier cosa menos a ser honesto. Se hacía pasar por cualquier cosa, o cualquier oficio para cobrar por trabajos que nunca hacía, por adelantado. Su radio de gente estafada era tan grande que recientemente se estaba quejando de que tenía que tomar dos autobuses para irse donde hubiera gente fresca, porque en el radio accesible ya estaban casi todas quemadas o era muy conocido. El potaje si se veía que pasaba de 50, era blanco, canoso y tenía una barba poblada que le daba el falso aspecto de persona seria, requerida por sus menesteres.


Ya eran como las tres de la tarde y el sol caía tan pesado como si odiara que 4 personas se tomaran la vida a nada en un juego de dominó cualquier día entre semana. Solo quien vivió en Cuba sabe lo que es estar un día cualquiera sin planes, sin ilusiones, con la mente en blanco esperando solo los siguientes minutos para poner una buena ficha. La jabá pasó para tender una palangana de ropas recién lavadas y El Pescao se viró como si hubiera visto un espectro con la intención de cubrirla de pesadeces machistas cuando el Fútuma levantó un dedo para mandarlo a callar. Por suerte ninguna palabra salió de su boca. El Fútuma se le hacía caso sin saber que consecuencias podría haber. Era algo ancestral e incuestionable.
La jabá pasó cerca de Josef y le dio un beso en la cara, Josef hizo como si no hubiera ocurrido. El Pescao comenzó a insinuar molestia y cambiaba de posición en la silla escolar que utilizaba todo el tiempo.

- ¡Y porque a mi no me saluda?- dijo rajando el silencio sin mas.
- ¡Porque tu eres un fula Pescao!- Saltó el Fútuma en lo que tiraba un ocho cinco que ponía difícil la mesa para los que sabían.
- ¿Fula de que pinga Fútuma? -  El Fútuma le clavó los ojos saltones indicándole que fuera mejor que se callara.
- ¡Fula y bien viejo, eres un fula! Aquí a la gente se le respeta-  Josef dijo en tono pausado y los tres de la mesa se quedaron atónitos. No sabían que Josef pudiera dar una opinión sobre algún ser vivo, ni siquiera sabían que Josef pudiera dar una opinión. Siempre estaba callado, nunca tenía problemas con nadie ni mucho menos era agresivo. Eso hacía que le temieran un poco a sus inesperadas reacciones, porque nunca lo habían visto reaccionar.
- La chiquita está condenada a vivir aquí entre nosotros, aguantando las barbaridades to el singao día de todos los que pasen por aquí. - Josef seguía hablando mirando al piso y sin apenas gesticular, como si hablara solo. Los presentes comenzaron a asustarse. - Porque pinga tiene que cada vez que pase oír todas las cosas que le dicen, esta es su casa y nadie puede ir a casa de nadie a insultar a nadie.

Pescao se paró de un tirón dejando caer la silla hacia atrás bruscamente, Potaje arrimó la botella de ron a su mano derecha, asida por el cuello fuertemente listo para usarla como siempre lo hacía, no sin antes apurar el último trago. El Fútuma suspiró profundamente y miró a Pescao como un padre a su hijo. Josef se paró lentamente.

- ¡Y no vas a hacer ni pinga Pescao!- Gritó Josef, esta vez clavando una mirada directa, desconocida, como si otro ser hubiera tomado las riendas de su vida.

Pescao se rió un poco y tomó la silla del suelo para volver a sentarse.

- Es verdad que no voy a hacer ni pinga Josef... - La tensión volvió a disolverse tan rápido como vino - Pero ven acá ¿Tu te la está jamando?
- No, ni siquiera se como se llama.
- Y... ¿entonces cual es la defendedera asere?
- ¡Compadre!... es una cuestión de hacerle la vida mejor o peor a la gente de gratis. Esas cosas que tu le vas diciendo a las mujeres por ahí son hostiles y te van mellando el día ¿me entiendes?

Pescao quedó meditando un rato. El Fútuma y Potaje asentían con la cabeza dándole la razón a Josef a la vez que se miraban entre si anonadados de que Josef por primera vez en años hubiera intervenido en algo del mundo real porque se sabía que la mente de Josef siempre estaba en otro sitio.
La jabá volvió a pasar hacia su cuarto y esta vez nadie intentó decir nada. El Pescao puso su ficha porque le tocaba y al parecer ese incidente no daría a mas. Quizás el Pescao había reaprendido que había que respetar a la gente de ese solar y a la gente en general. Aunque hubiera que recordárselo todas las semanas.
En eso comenzaron a oírse fuertes pasos de múltiples personas por el túnel de entrada al solar. Hacían mucho ruido y algunos venían gritando. No bien levantaron la vista de las fichas de dominó cuando vieron que era una especie de cuadrilla de militares, venían con objetos en las manos. Se detuvieron penosamente formados frente a la mesa de dominó y le tiraron a cada uno de los presentes unos bultos de ropa y una especie de fusil que aparentaba ser bastante viejo.

Cuando los cuatro solariegos se dieron cuenta que el día podía ir a mas, el que parecía jefe de los militares rajó a gritos la densa atmósfera calmada que reinaba por lo general, escupiendo órdenes y procedimientos como una maquinaria furiosa a punto de matar. Los jugadores de dominó estaban paralizados.

- ¡Ahí tienen uniformes! ¡y un arma! ¡Dentro de 45 minutos viene un camión a buscarlos! ¡Todos los hombres están obligados y no hay escape! ¡45 minutos aquí! Alistados, uniformados y armados!!
- Pero.... - Potaje intentó levantar un mano y le dieron un culatazo en el brazo sin compasión, unos de los militares o reclutas que habían entrado en el grupo.

-¡¡REPITO!! - Gritó el oficial desaforadamente y escupiendo- ¡Dentro de 45 minutos viene un camión a buscarlos! ¡Todos los hombres están obligados! ¡45 minutos aquí! ¡¡Alistados, uniformados y armados!!

Potaje comenzó a examinar el arma mientras el Fútuma y el Pescao se vestían en silencio con el uniforme. Josef no movía ni un músculo porque no salía de su asombro. Estaba comenzando a ponerse nervioso cuando Potaje dijo con toda la naturalidad del mundo.

- Esto es una PPCH, esta metralleta es una mierda que se dispara sola y si se cae al piso se dispara toda, le decían mata compañero porque mataba mas amigos que enemigos por los tiros que se le iban solas... - Comenzó a manipular el arma con total naturalidad, a ese momento ya el Pescao y el Fútuma parecían mas militares del montón, incluso tenían el arma terciada y se habían alineado en un dúo sumiso e incrédulo.
Potaje lentamente comenzó también a cambiarse de ropa, iban tirando la ropa anterior sobre las fichas del tablero. Por curioso que parezca, Josef por unos momentos pensó que por primera vez en su vida iba a tener un buen juego, una buena data del dominó, pero había sido arruinada por este extraño llamado. A lo lejos comenzaron a oírse ruidos ensordecedores de  sirenas. Josef pensó en el mar.
Comenzó a mirar detalles del solar. Las paredes amarillas estaban llenas de huellas de existencia. Corazones cruzados por flechas, nombres y frases te amo, habían sido sepultadas sin éxito por capas y capas de pintura amarilla. Huellas de machetazos en la masilla testigos de las batallas campales acaecidas en algún momento del pasado cuando los guapos se reclamaban el sitio y los derechos con los acerados machetes americanos marca Collins y mas tarde los machetes actuales chinos que tenían un gallito estampado en la hoja cerca del cabo y caracteres chinos, lo que no fue  objeción para que la plebe machetera le llamara machetes gallito.
Josef seguía sentado sin chistar, boquiabierto, aturdido. Los tres restantes salieron por la puerta a esperar el camión mencionado sin mas. Josef comenzó a preguntarse en que momento habían caído en ese estado de indefensión y sumisión y tuvo un fugaz pensamiento que le devolvió un poco la respiración de que siempre podría negarse, podría rebelarse y dio gracias por ese pequeño apartado de su cerebro que lo obligaba sanamente a cuestionarse las cosas antes de hacerlas al estilo ganado domesticado.

Sin soltar el bulto y las armas, caminó casi arrastrando los pies hasta su cuarto lúgubre pero lleno de vida. Cerró la puerta y tiró todas las cosas sobre la cama. Sacó de su cajón sus aletas, mascara de bucear y su escopeta de aire comprimido. Si cogía el mar, nadie lo iba a encontrar, conocía cada tibaracón, cada bahía y cada río desconocido de la geografía cubana. Y de los montes ni hablar, ya había estado alzado antes. Alguien tocó la desvencijada puerta con delicadeza, Josef miró por la entreventana que daba al suelo donde se veían tan solo los tobillos de las personas y reconoció los que estaban parados delante de su puerta, abrió inmediatamente y la jabá entró como un bólido cerrando ella misma la puerta tras de si. Estaba muy asustada y Josef no supo que hacer.

- ¡Oigo tiros allá afuera Josef! ¡Que hacemos?
- No se... - Respondió con toda la calma del mundo, sin embargo, de un arranque hizo trizas la mesa de madera que usaba a veces para comer y con las tablas comenzó a tapiar la ventana que daba al piso del solar, enderezando unos clavos viejos reutilizados. En Cuba los clavos se utilizaban una y otra vez, mucho mas que algunas mentes o ideas.


El ruido de las sirenas iba en aumento, por una rendija se veía en la entrada del solar al Pescao, Potaje y el Fútuma esperando el camión militar como si fuera una rutina de sus vidas. Opinando sobre los colores del uniforme, las tallas y sobre la calidad dudosa del arma que les habían dejado como si fuera una cosa normal, esperada y diaria. Josef no podía dejar de machacarse que en que momento todos los seres de esa estancia se habían convertido en maquinarias sumisas, no acababa de entender la idea. Se sentó en una cubeta invertida de pintura que hacía las veces de silla en su cuarto y miró las cosas tiradas en su cama. Tomó el arma pero no tenía balas, la tiró con desprecio a un rincón y examinó el uniforme. No tenia siglas, ni nada que lo identificara.

- ¿Pero ahora contra quien es la guerra? ¿Quien nos está atacando? ¿Contra quien cojones estamos peleando?

La jabá se apresuró por detrás de Josef a taparle la boca. Josef sintió el olor a cocina, a ajos machacados, a cebollas cortadas, a jabón de lavadora, pero no hizo nada, eso si, se quedó en silencio y escuchó como daban patadas en la puerta de su casa y gritaban.

- ¡¡Dije que todo el mundo uniformado!! ¡¡Sale de ahí o te cosemos a tiros por traidor!!

¿¿Traidor a quien cojones?? Se repetía Josef aunque en silencio. Despacio se separó de la jabá y con señas le indicó que se metiera debajo de la cama. La soberbia le fue inundando el cerebro y aunque se arrepintió de no haber escapado a su adorado mar desde un principio de esa terrible y rara situación, le echó una última mirada a aquella mujer tan bella de la que ni siquiera sabia su nombre. Cargó la escopeta de pesca submarina con su mejor varilla, la que fue forjada con muelle de acero de maletero de chevy, esa que nunca se había partido y que no cejaba en cruzar huesos ni cráneos sin ningún tipo de compasión y se preparó a calmarse para un tiro certero. Uno solo antes de morir. Nadie lo haría ponerse un uniforme, ni nadie lo haría empuñar un arma para nada que no fuera defenderse o alimentarse a si mismo. Así había nacido y así iba a morir, no creía en militares, ni grados, ni gritos, ni uniformes. En realidad no creía en nada. Apretar un gatillo era cuestión de fracciones de segundos apuntando al puto cráneo indicado. Ya iba a abrir la puerta cuando la Jabá le habló desde debajo de la cama.

- Escóndete aquí, se cansarán y se irán.. Si hay una guerra es mucho mas que un hombre metido en un sótano.
- Como te llamas.... Preguntó Josef ya cegado y listo para lo que fuera.
- Mariela
- Adiós... esto no es por mi.

 Los escasos pasos hacia el cerrojo de la puerta de madera que aun seguían pateando ya varias personas a la vez y gritando, fueron eternos. Josef recordó que un día fue feliz, fue libre, en el mar. El mar era su verdadera casa. Siempre quiso saber si era verdad esa historia que le contaba su padre y su abuelo que los pescadores muertos se convertían en delfín. Ahora le daba lo mismo todo. Excepto la curiosidad de saber cuando nos habíamos convertido en seres dóciles y sumisos, le daba lo mismo todo.

La escopeta era marca STEIN y solo dios sabría, después de que manos llegó a las suyas. Pero lo cierto que era una muy buena escopeta y le había dado de comer por años. Esa escopeta de aire comprimido era su heroína porque ahora iba a dejar un mensaje. A la gente de mar no se les jode ni se les ordena. Ya estaba corriendo el cerrojo cuando sintió los deliciosos brazos de Mariela agarrándolo. No maldijo nada. Era como un abrazo deseado que lo inutilizaba. Cuantas veces había imaginado ser abrazado por ella. Era delicioso, energizante, suave, de ese tipo de abrazo que te deja sin criterios, sin alma. El cerrojo ya había sido corrido y en muy lentas escenas los militares entraban a golpear a Josef, este olió el pelo de Mariela, también olía a cocina, a jabón. Se sintió bien aun viendo venir una culata de fusil hacia su cara. Sonrió por fracciones de segundos y todo se apagó. No hubo ni siquiera dolor. Nada.

Josef despertó tirado en el piso en medio del solar. Entre imágenes borrosas vio al Fútuma aguantando al Pescao y a Potaje con la botella en forma agresiva. Todo muy despacio. En su mano sintió la empuñadura agradable y familiar de su STEIN. La jabá lo miraba aterrado desde uno de los balcones. El Fútuma se dejo oír pasado el aturdimiento.

- ¡Josef estas loco pa la pinga!!! ¡¡El pescao te pidió disculpas cojones!!

Nadie estaba uniformado. No había guerra, no habían órdenes, pero al parecer en un extraño delirio Josef salió a una cruzada con su letal STEIN armada y cargada de presión hasta el tope por una simple discusión de solar. El Pescao se fue asustado, no sin antes implorar a Josef que olvidara todo, que no había ningún problema ni rencor, que se habían criado prácticamente juntos y que no iba a meterse con nadie nunca mas, al menos delante de la vista de Josef.
Josef seguía aturdido. Se incorporó y caminó a su cuarto sin entender casi nada. Se asustó bastante cuando se dio cuenta que había tenido un episodio de otro mundo, de otro espacio, que no correspondía con su vida real. Se asustó tanto que sopesó la idea de volver a vivir refugiado en el mar, en las costas o en los cayos como casi siempre había hecho. El no quería ni por asomo dañar a nadie, el era pacifico y apenas opinaba del mundo real por evitar confrontaciones. No bien se hubo recuperado, notó sobre su cama una mochila. El mismo o alguien, había hecho un bulto con sus cosas, sintió una presencia detrás y al volverse vio a la jabá en la puerta de su casa, a contraluz de esa maldita tarde calurosa de invierno mirarlo con lástima.

- Como te llamas- ¿Preguntó Josef con un último aliento?
- Idania
- ¿No te llamas Mariela?
- No, para nada... Siento todo esto que ha pasado. Siempre me dicen barbaridades pero yo ni los escucho. Te ruego que no te metas en un problema por ello
- No pasa nada, ni siquiera se que pasó...
- Casi matas al Pescao con tu cosa de pescar- dijo señalando a la escopeta que aun estaba cargada. Josef la descargó y la tiró sobre la cama. Seguía preguntándose quien habría hecho su mochila con todas sus cosas.
- ¿Alguien entró aquí?
- No, solo tu. Nos asustamos porque por la ventana vimos que estabas recogiendo tus cosas como para marcharte, después saliste a toda velocidad con esa escopeta y te aguantamos para que no hicieras una barbaridad.

Josef seguía anonadado pensando. Quizás fue su otro yo, o su alma, o su sombra o a saber que mano de otro mundo lo guió en esas acciones. Quizás del mundo retorcido de una mente gastada y agotada por la supervivencia.
Josef cogió su mochila, sus equipos de pesca y salió por la puerta.

La jabá trató de retenerlo.
- ¿Adonde vas?
- Tengo que irme... eso ha sido una señal de que tengo que seguir. adiós.

Nunca mas se le vio en el solar. meses después una tubería rota inundó su cuarto casi hasta el techo. La gente bromea con que Josef aun sigue ahí, pescando en esa especie de cisterna involuntaria que se formó por la inundación. Pero nadie supo nunca mas de Josef en ese solar. Ni en toda Cuba.

Aun se juega dominó entre tres jugadores, y aunque haya mas, esperan. Se creó la tradición que es de mal agüero jugar dominó de cuatro en los solares amarillos. Si un día llegas a un solar amarillo y ves tres personas jugando dominó. en ese solar vivió por casi mas de un año Josef, un pescador sobreviviente de La Habana.

7 de marzo de 2016

Voltus V y las primeras clases de capitalismo y mercado.

Voltus V y las primeras clases de capitalismo y mercado.

(Dedicado y por culpa de Renezón)

No se cuantas veces, quizá mas de 50 o 60 vi repetidas tandas del anime japonés VoltusV. Con un peso, si entrabas temprano, podías ver la película cada vez que quisieras hasta que cerraran el cine ese día. Después, hambriento y acelerado por la ilusión del mundo de fantasías tecnológicas del imaginarium nipón, cruzábamos a la pizzería de 23 y 12 llamada Cinecittá a engullir deliciosas pizzas de 1.20, en un sitio que no podía tener mejor nombre, porque llegábamos ahí siempre con la ilusión del mundo cinematográfico desde donde hubiéramos estado antes.
A golpes limpios hacíamos la cola después de ver películas de Bruce Lee, o a tiros después de ver películas del oeste italiano con Trinitty y Bud Spencer. Volábamos en las naves de la guerra de las galaxias o nos abatíamos en feroces combates de espadas láser donde fingíamos ver volar nuestros miembros por el aire a cada corte de la luz imaginario. Pero lo de VoltusV fue apoteósico. 

Penosamente lo que nos proyectaron en los cines no fue mas nada que unos cuantos capítulos editados de una serie con un guión mucho mas profundo y complejo que lo que nos dejaron ver. Aun así, era una historia grandiosa. Heroica, de hermandad, lealtad, perseverancia y valentía. Y la creatividad de la tecnología ficticia japonesa que aun hoy deslumbra a los mas jóvenes. 

Claro, no había mercadotecnia. Al unísono en muchas escuelas se les ocurrió a los niños conseguir fotogramas de la película. Se le llamaban "Fotico e voltuV" Esa experiencia no era nueva. Nos escapábamos muy seguido de clases para ir a revisar al basurero del ICAIC por 25 y 10 en el Vedado. Ahí recogíamos los fotogramas de muchas películas de la época, ya fuera porque tiraban rollos enteros o los retazos de las ediciones manuales de los laboratorios de fotografía. Estos fotogramas se intercambiaban entre los niños, que mirándolos a trasluz comprobaban la calidad del tesoro. Estos fotogramas se podían montar en diapositivas para los curiosos o pegarlos directamente en el hierro de un proyector ruso de diapositivas para proyectarlos sobre una cartulina en la pared y dibujar sobre ella, haciendo unas reproducciones casi perfectas de actores y escenas que eran vendidos a peso y a veces hasta 1.50 en las aulas según la calidad de la hoja, si era cartulina blanca o cartulina marrón de file.
Yo mismo hacía excelentes dibujos calcados de estas proyecciones de fotogramas de las películas de karate, westerns y animados, los que fueran. A los coleccionistas les encantaba y además daba mis toques propios de claros oscuros que había oído decir por ahí y mis puntos de fuga, que también había oído decir por ahí... Pero Voltus tenía buenísima salida. Nos pagábamos la merienda y el almuerzo con esto. La competencia era sana y acordada. Mismo precio, distintos fotogramas hasta que un día arreció el mercado. Se apareció en la puerta de la escuela un señor mayor de apellido Carvajal que vendía fotos... ¡Fotos! de la película de VoltusV. Aunque estas eran mas caras, como 3 pesos, nuestro producto no se sostenía y ahí tuvimos una primera lección de mercado.

Lección comercial Nº 1: Tu producto no tardará en ser copiado y mejorado por compañías rivales.

Alguno que otro se aventuró a apedrear al señor, pero la mayoría decidimos que teníamos que adaptarnos, así que convencimos al señor que queríamos comprarle bastante fotos para poder ir a su casa y ver como lo hacía. Cuando fuimos, los integrantes de nuestra corporación de foticos de VoltuV vimos impávidos como el señor nos mostró amablemente el proceso. No tenía maldad comercial o sabía que era demasiado complicado para nosotros. Nos enseñó como positivar uno de los fotogramas en una ampliadora y después un montón de procesos químicos para imprimir la imagen en papel fotográfico común. Era demasiado complicado y costoso para nosotros. Ni de broma nuestras madres nos iban a dejar manipular nitrato de plata o como se llamase lo que usaba y mucho menos tener una habitación en nuestros magros hogares con iluminación controlada para estos menesteres. Alguno que otro arengó a comprarse la maldita ampliadora pero el resto del consejo de comerciales no lo vio factible, así que muchos de nosotros tuvimos que regresar al viejo negocio de pasar por encima de los juegos de bolas con agujeros en las suelas para, con un hábil movimiento de los dedos de los pies ir recolectando bolas que después venderíamos en 20 centavos a sus mismos dueños al día siguiente. Excepto los tiritos y cuatripaletas que esos, al no ser genéricos, podían ser reconocidos por cualquiera, pero bueno, había un procedimiento establecido para este negocio que no había fallado nunca, ni había encontrado competencia y mucho menos tan cruel como las que nos había hecho el señor Carvajal con toda su parafernalia química y técnica que nos dejó en la cuneta de la mercadotecnia cinematográfica.

Pero había uno del grupo que no se dio por vencido y buscó y buscó hasta que arreglamos con alguien del laboratorio del ICAIC que nos diera trozos de películas bastante largos y en una tienda de fotos pegábamos fotogramas hasta conseguir hacer una buena parte de la película en un rollo de diapositiva estándar para los proyectores rusos.
El estreno trascendió las fronteras del fanguito y comenzamos a vender en las ligas mayores, película de VoltusV en diapositiva con los subtítulos pegados y todo, a la astronómica cifra de 10 pesos. Cogíamos los botecitos o pomitos de las películas de diapositivas rusas y con alcohol le borrábamos el ruso titulo. Ahora el producto tenía una presentación impecable.  El negocio de las fotos fue abajo ya que en estas composiciones de diapositivas eran coleccionables auténticos de la película original, aunque la mayoría de las versiones proyectadas fueron dobladas al español en algunas se veían hasta los diálogos en los fotogramas. A 5 pesos comprábamos el rollo del extracto de la película ya editado y a 10 se vendía como por arte de magia. En aquel tiempo superó las ventas de las películas en diapositivas de Elpidio Valdés y los intercambios por todas las películas rusas. Es señor Carvajal dejó de vender sus fotos directamente.

Lección comercial Nº 2 - Consigue un buen proveedor de primera mano con la máxima calidad de producto que supere lo que está en venta.

Poco después nuestro proveedor falló. Se asustó un poco de estar cogiendo los caros rollos de 35 mm para imprimir este tipo de cosas infantiles y ya se dio por terminado la temporada de venta de foticos de VoltusV. El señor Carvajal comenzó a vender fotos del Bolo Jeun y Chuck Norris y también inició la temporada de fotos de Rambo y un personaje de Arnold el impronunciable que se cargaba a todo el mundo con su espada y sus esteroides. Nosotros volvimos al negocio de las bolas hasta que uno del grupo se le ocurrió que si las aspiraba con una cerbatana la producción de bolas robadas para reventa posterior iría en un aumento exponencial ligada a la necesidad del mercado, pero junto a las bolas aspiró varias libras de tierra en el primer día del experimento y fue hospitalizado grave por broncoaspiración sólida, de la cual tardó bastante para curarse, lo cual nos dejó una tercera ley comercial importante.

Lección comercial Nº 3 - Estudia a fondo la tecnología de todos los procesos ligados a tu producción antes de anunciar un producto, para evitar paradas improductivas y lo que es mas peligroso, la completa destrucción de los medios de producción y personal a cargo. Si no se está seguro de la introducción de nuevos cambios ¡¡No los hagas!! la casualidad nunca estuvo ligada positivamente a la innovación.

Y ahora en el 2016 un amigo me manda un link de Ebay donde venden a VoltusV que se desarma en las navecitas y todo. ¡¡Me caguen todo lo que se mueva!!! ¡¡Todos los rencores empresariales han salido a flote!! ¡¡Maldición mil veces!! ¡¡Como nunca pudimos tener este VoltusV original ¡¡Que impotencia!!



Necesitaría una máquina del tiempo para ir con este Voltus en las manos y decirle al señor Carvajal ¡¡Donde está tu dios ahora maldito!! ¡¡Donde está!! Pero el señor Carvajal no debe existir ya. Era bastante viejo en los 80s. Maldición mil veces, compraré un muñeco de estos y lo llevaré a mi tumba y en el mas allá se lo llevaré al señor Carvajal donde quiera que se encuentre y le gritaré esto:

¡¡DONDE ESTÁ TU DIOS AHORA SEÑOR CARVAJAL, DONDE ESTÁ!!!

2 de octubre de 2015

Josef (Imágenes de todo Cap 207)

Josef siempre había tenido un problema con las imágenes. En el había cierta sensación rara que le permitía estar mirando por horas un cuadro o una fotografía. Quizás por eso lo pasaba tan bien cuando buceaba. En menos de un metro cuadrado de cualquier fondo con un poco de vida, podría descubrir fascinantes mundos en los que pasar todo el tiempo que le durara el aire de los tanques o el de sus pulmones en caso de apnea.

 También tenía problemas con las imágenes de las personas. Podría conocer a alguien con solo verlo. Quizás entablar una conversación no era tan efectivo como ver una imagen de una persona desconocida. Al hablar con nuevas personas, como es natural, cada persona proyectaba una imagen de si mismo para agradar o lo que fuese el caso, distinto de lo que Josef podría ver en una imagen estática. Podría amar u odiar a alguien con solo ver una imagen y desgraciadamente no se equivocaba cuando tenía oportunidad de conocer a las personas que había visto en imágenes antes. Era un sentido raro la posibilidad de imaginar historias, pasadas y futuras de una foto, por eso, le encantaba ver fotos, no importaba si eran desconocidos o fotos con mas de cien años de antigüedad. En cada una había vida. Josef siempre quedaba prendado de personas que estuvieran o no en su tiempo actual, era fanático de la fotografía aunque su escasa economía casi nunca le permitió tener una cámara.










Ahora tenía dinero, bastante desde que comenzó en las carreras de carros. Dineros que en realidad no servían de nada porque en el sitio donde vivía el dinero solo era para comprar comida pero en las tiendas no había nada, es decir, nada. Uno no podría desear algo que no fuera muy básico o que no se pudiera encontrar en el mercado negro. Josef sabía que cualquier día podría reventarse una goma de un almendrón* a 180 kilómetros por horas y ahí quedaría todo, así que decidió buscar una cámara y hacer sus propias fotos. No tenía ni idea, pero saber que muchas personas que veía a diario se quedarían con el para siempre, le entusiasmaba mucho.

Indagó por el barrio y ahí podría comprar cualquier tipo de drogas, pistolas, cosas religiosas, piezas de carros pero según decían, esas cosas del arte y eso, habría que buscarlas en otro lado. En esa época las cosas se buscaban preguntando, no había nada donde teclear y resolverlo casi todo. Había que correr el rumor y así aparecían a los días o meses, el objeto buscado hasta que apareció Pippino, el negrón de 22 con una cámara ZENITH rusa que estaba como nueva - nunca nadie la usó - decía con orgullo - es completamente nueva. En mi familia nadie sabe "na deso".

Josef la tomó en sus manos y la compró sin vacilar. Pero no sabía ni como se usaba. Fue a 12 y 23, al lado del cine del mismo nombre en el Vedado y una muchacha que trabajaba revelando fotos le enseñó los pormenores básicos. Salió a la calle con varios rollos que aun se podían encontrar de la marca ORWO y disparó por doquier, disparó a gente, a cosas a lugares, a todo lo que se imaginaba en un futuro que querría quedarse con ello. Ya había perdido la memoria en el pasado por accidente y se estaba preparando para hacer todo un archivo de cosas que pudieran conectarlo en caso de perder todo su pasado de nuevo. Vivía aterrado de que se desencadenara de nuevo aquel percance que lo dejó sin saber quien era, ni donde vivía siquiera. Fotografió todo lo que si, su mundo se le perdía otra vez, quisiera ver para establecer conexión de nuevo. Mas tarde aprendió que escribir era mejor conexión aun y mas efectiva. Pero poco a poco fue descubriendo sus propios métodos porque la ayuda médica nunca llegó, nada mas para decirle que su cerebro funcionaba peor que una cafetera reventada en una consulta del hospital Manuel Fajardo décadas mas tarde, con la cabeza llena de cables y un neurólogo riéndose del extraño caso que había encontrado.

Dos veces por semana llevaba a revelar los rollos de los cuales por supuesto, menos del 30% de las fotos servían medianamente. La mayoría quedaban sobreexpuestas u oscuras, a veces desenfocadas, pero de ese pequeño por ciento Josef obtenía sus tesoros visuales que coleccionaba con celo. No pretendía mostrarlas, ni siquiera compartirlas. Si alguien le preguntaba el porqué de esas imágenes ya se habría hecho un lío y no sabría como explicar algo que nadie iba a entender.


Entonces en varias fotos de uno de los últimos rollos la vio y quedó sin aliento. Guardó las fotos rápidamente y fue a su refugio favorito donde podía mirarlas sin ser molestado o interrogado. Un barco derruido y abandonado en las orillas del Río Almendares. Ahí quedó hasta que el sol murió y no dejó que por sus pupilas entrara mas la luz agradable de esa persona que reía con los ojos. Quedó soñando con ella. Creía que la había encontrado y era feliz. No fantaseaba con nada mas, no esperaba volverla a ver ni mucho menos hablar con ella. Solo miraba sus raros ojos achinados que llevaban la marea de su sonrisa. Era rara si, pero bella. Josef sintió que era la persona que estaba buscando sin saber y deseó nunca encontrarla de nuevo. Se fijó el barrio donde hizo la foto. Era mas o menos por Belascoaín entre Estrella y Maloja en Centro Habana. Evitó para siempre pasar por ahí de nuevo. No quería encontrarse ni de broma con esa persona que le robó el aliento a través de una imagen.

Por mas que le de vueltas. La sonrisa de sus ojos sigue quitándole el aliento como si una fuerza exterior desconocida lo aplastara rompiendo en miles de pedazos tantas desilusiones, pérdidas y apatías en décadas. Josef trataría de nuevo, no pasar por ese barrio donde tomo esa imágen.


Almendrón* Cub. Forma de llamar coloquialmente a los carros americanos de los años 40s y principio de los 50s por su semejanza en el diseño exterior con una gran almendra. Dícese también de los carros viejos y destartalados.

Update:
Al cabo de los años y las distancias Josef encontró de nuevo a esa persona. Por suerte en otra foto. Ya en un mundo atiborrado de imágenes e informaciones por doquier. Perdió el aliento de nuevo. Ella seguía sonriendo con los ojos achinados y seguía siendo igual de linda para Josef. Mundo pequeño. Quizás el día que hizo esa foto lo que maneja el destino, con toda la paciencia que tienen las cosas eternas juró que la iba a poner en su camino en algún momento de nuevo. Josef otra vez no sabe que hacer. Mientras tanto, se sigue preguntando porque una imagen pude dejarle saber todo de una persona y en este caso, hacerle sonreír y dejarle escapar como un sedante, todas las tragedias de la vida moderna, semi vacía y computarizada.


23 de septiembre de 2015

Josef pescador (Final y adiós) Cap 998


Se despertó recostado a un piso de losas blancas muy grandes y pulidas. El piso estaba tan meticulosamente limpio que daba asco. Losas grandes que apenas se veían donde se juntaban unas a otras a la perfección. Tanto brillo molestaba, tantas luces, tanta perfección. Estuvo un rato acostado de lado con el ojo derecho escrutando la superficie tratando de encontrar imperfecciones. No podría levantarse hasta encontrar una y aguantó hasta que la sien que apoyaba al piso le dolía de tanto frío. Pero por mas que trató no encontró ninguna y se incorporó de un tirón, pues le vinieron arcadas. 
Trató de vomitar pero no salía nada. Solo un dolor terrible de la boca del estómago y algunas gotas de ácido, o al menos era una sensación. Poco a poco sus sentidos le fueron mostrando mas del sitio. Había murmullo de mucha gente que el no veía al principio pero gradualmente empezaron a hacerse visibles a medida que enfocaba la visión como si hubiera despertado de una horrible resaca. Hasta el momento no se había preguntado donde estaba o que había pasado porque estaba acostumbrado a despertar cada día en un lugar distinto, raro o desconocido. Josef solo se preguntaba a si mismo donde estaba cuando amanecía en un lugar repetido. 

 Si, habían bancos con gente esperando, grandes macetas con matas de palmas al parecer y alguna otra vegetación inmensa, el techo era de hierro y cristal y cada vez había mas vegetación. Un jardín botánico quizás - Pensó, pero le daba igual. Reparó en que todo ese tiempo había tenido la cabeza apoyada en una mochila de colores que con solo mirarla sabía que no era suya, o al menos nunca tendría una mochila con colores porque no le gustaban. Solo negras o verdes, pero esta tenía unos bolsillos rosados fosforescentes y tiras también de colores llamativos, era muy sofisticada y parecía cara. Josef sabía que no era suya pero no había nadie alrededor en ese momento y no la iba a dejar ahí, además le sirvió de almohada en, a saber que viaje, así que ya tenían una relación. Relación típica, si apoyas la cabeza en algo, es tuyo, puedes pasar media vida con alguien, que eso no significa nada, pero si apoyas la cabeza en algo, es tuyo. 


En su desconfigurada memoria recordó que una de sus primeras relaciones, si es que podía llamársele así, fue por esa regla. Apoyó su cabeza en sus muslos y tomó posesión. Pero ni recordaba quién, ni cuando. Su cerebro hacía tiempo que estaba fragmentado y el lo había aceptado con gusto y hasta se divertía con ello. Se incorporó de un tirón como si no quisiera ser visto, pero no sabía lo siguiente que debía hacer, incluso no sabía si debía hacer algo. Nada, no. Como había llegado ni nada, solo despertó. Buscó en las paredes para alimentar su pareidolia pero eran cristales, todo eran cristales impolutos, comenzó a molestarse e intentó caminar pero notó con mucha extrañeza que sus pies no se adherían al piso. Resbalaba, resbalaba como si fuera hielo. Colgándose la mochila colorida comenzó a patinar y notó que cogía velocidad. Josef tenía miedo, fobia, de los patines. De pequeño siempre quiso tener unos pero cuando los probó la caída fue tal que ahí mismo los abandonó por siempre. Montó surf, skies, skateboard, windsurfing pero jamás patines y a lo largo de su vida estuvo muy esmerado en esquivar la posibilidad de montar patines. Era algo apuntado de su lista de cosas que NO hacer. Su lista de cosas que NO hacer era extensa, algunas las había fallado por oscuros o nobles propósitos pero esa lista estaba ahí fresca y era una de las cosas que nunca se habían borrado por muchas tormentas en todo sentido que pasaran por su desecha caja de recuerdos. Pero esta vez patinaba. De vez en cuando se miraba los pies y no veía ruedas ni cuchillas ni nada. Eso si, unas viejas zapatillas de tennis sin marca que había tenido en su niñez. No sabía si eran los mismos u otros, rotos exactamente iguales y con percudidos y manchas copia exacta de aquellos que tenía a los diez años. 

Recibió con agrado la noticia que patinaba bien. Para nunca haberlo hecho. Se aventuró en unos giros y aquello comenzó a ser terriblemente divertido, tanto así, que dejó de preguntarse las demás cosas esenciales como, porque estaba ahí y desde donde había llegado. era tan divertido que todo lo demás pasó a vigésimo plano. Frenaba, arrancaba de un tirón y los cambios de inercia le daban una sensación exquisita que le borraron el malestar anterior. Todo comenzaba a estar bien, ya no molestaba la blancura ni tanta luz ambiental, no molestaban las paredes de cristal transparentes y gigantes. Interminables casi hasta el cielo como si fuera el invernadero de dios. Era rico patinar y su mente se disoció tan ricamente como solía desde aquella vez que se olvidó del mundo y de todos. A lo lejos, en el piso blanco venían mas personas patinando como el, cada uno tenía mas maestría y hacía giros y evoluciones mas bellas. Josef se preguntó como había estado odiando patinar tanto tiempo. Había sido una fobia estúpida comprobado en el día de hoy que se había perdido algo divertidísimo. Trató de entrar en el grupo de patinadores recién llegados y fue acogido con sonrisas. Una muchacha le extendió su mano a toda velocidad y Josef esperando lo peor la tomó y cogió mas velocidad en lo que hacían un gran círculo.
 Josef notó que todos sonreían y a nadie le importaba nada, algunos llevaban mochilas, otros nada, pero ese grupo era divertido y todos patinaban genial. Por un flash gris de imágenes irreconocibles Josef recordó que debía preguntar donde estaba, o al menos saber que era aquello pero como todo en su vida lo pospuso lo mas posible. Estaba a gusto ¿Para que tantas preguntas? ¿preguntas vitales sin importancia! 
 Recorrieron una buena distancia donde llegaron a otra sala enorme que tenía una especie de bancos de espera y en ellos sentadas, personas serias, ajenas y que no parecían desear patinar. Josef intentó invitar a uno de ellos pero la muchacha que lo había estado llevando, por así decirlo, le dijo que no perdiera su tiempo - Ellos no pueden venir con nosotros, apenas es posible que nos vean solo unos segundos - Josef quedó mordido por la curiosidad, tanto que esperó que su divertida carrera se detuviera. Le vinieron a la mente miles de preguntas, pero otra vez las dejó para después. Patinaría un ratico mas y después trataría de resolver aquello. Todo estaba bien. 

Todo lo bien que lo estaba pasando pagaba cualquier cosa fea que pudiese venir después. Cogió velocidad de nuevo y llegó solitario a uno de los cristales. Frenó con un leve golpe que vibró como una campana y con sus manos manchando del vahído de su calor se apoyó y ajustó la vista para curiosear. Afuera un mundo gris, casi monocromático y vacío. Parecían ruinas de toda una gran ciudad pero Josef ya había aprendido a no juzgar. Quizás era la ciudad mas divertida del mundo - Pensó con una sonrisa -  Le preocupaba la enorme positividad gratuita que lo embargaba. Pegó la cara otra vez a los cristales para intentar reconocer algo pero no vio ningún detalle conocido. Se alegró malignamente de estar de este lado del cristal y desistió de reconocer la ciudad ceniza, humeante y gris. Volvió adentro.


 Habían colores, luces, gente feliz. Le molestó un poco que la gente de los bancos no pudieran verlo, según le dijo la muchacha antes. Se acercó suavemente a uno de ellos que leía un libro. Notó que era un mujer de pelo negro y tupido, mas joven que el. Esta mujer era natural, un poco deliciosamente voluminosa y con una energía muy linda a su alrededor. Josef se paró enfrente de ella y comenzó a sentirse mal de nuevo. Sus pies se pegaron a tierra como soldados y no pudo moverse en unos minutos. La mujer dejó el libro a un lado y levantó la vista. Era Habana del Mar para Josef, aunque ya a estas alturas Josef había desdibujado su rostro y su historia. Ni siquiera sabía si había existido o si todo era un producto de su necesitada imaginación por transportarse a otros lugares o épocas. 

 Habana del mar era un papel estrujado de algo escrito que nunca vería la luz en el tiempo que se acababa. Eran cientos de páginas borradas para entregarse a la monotonía de la vida real, era una rebeldía deliciosa y estúpida a la vez pero estaba aquí como cada muchos años. Josef siempre se la cruzaba en las mas inimaginadas tribulaciones y en esta no podía faltar. Maldita Habana del Mar. Habana dejó todas sus cosas en el banco de al lado, se paró, pero sin mover sus pies del sitio se inclinó hasta Josef en un abrazo. Era un abrazo raro, los pies inmóviles casi a un metro de distancia. Quien los mirara de lado podría pensar que estaban pretendiendo hacer una A con sus cuerpos. Josef la sintió, la apretó mucho porque le daba una sensación que culminaba los momentos felices del día, de ese día tan raro pero tan rico. El abrazo duró mucho, aunque a estas alturas Josef estaba seguro que en ese sitio no se medía, o no transcurría el tiempo. Olió su pelo pero no olía a algas ni a mar. estaba todo tan limpio que a veces daba pena. Quizás era hora de soltarse pero ¡estaba tan rico ese abrazo! Aunque Habana había crecido y ya no era la flacucha que se escurría entre los largos brazos de Josef, este sintió sus costillas, su espalda fue recorrida con sus manos y en un último estertor de ese abrazo Josef agarró sus axilas pero vino la separación. La muchacha que antes había hablado a Josef también estaba abrazando a alguien, Josef la vio de reojo con ese pequeño por ciento de curiosidad enfermiza que siempre lo hacía desconcentrarse de las cosas vitales o las funciones que en toda su vida debió estar enfocado.

- Ellos solo vinieron a despedirse - Dijo la muchacha ya cerca de Josef. El "Ellos" recorrió con un escalofrío el cuerpo. 
 - ¿Porque "Ellos"? 
 - Ellos... repitió la muchacha extendiendo su mano nuevamente con una sonrisa. Era de piel mulata rojiza y un pelo ensortijado como quemado al sol, amarillo. tenía unos ojos negros muy profundos y un vestido muy simple de tela blanca con unos tennis también muy roídos. 

Josef volvió la vista y Habana del Mar estaba leyendo de nuevo como si nada hubiera pasado. Inmersa en su libro. Josef intentó unirse a ella, sentarse al lado de ella pero era como un bug de un sistema entretejido para que eso nunca sucediera. Podría pasar detrás, alrededor, saltar por encima si quisiese pero no había manera de entrar al campo de Habana del Mar. Y ella no movía ni un dedo, estaba ahí leyendo como si en ello le fuera la vida. Intentó patear el libro en lo que pensaba millones de excusas de porque habría hecho esa barbaridad pero no podía interactuar con nada que estuviera asociado a Habana. Se cansó de intentarlo. Por un segundo odió los libros y a Habana de nuevo por dejarlo pasar. 

- ¿Adonde vamos? - Preguntó ya serio a lo que sería o parecía su guía, ya que no se le despegaba de al lado. 
- A un sitio bajo el mar. Vamos a patinar a un gran sitio bajo el mar- Josef imaginó que eso era físicamente imposible pero según el día que estaba teniendo desistió se sacar cálculos o conclusiones sobre todo lo que le podría pasar en adelante. 
- ¿Y que mas? 
- Hay barcos hundidos - Dijo ella con brillo en los ojos de felicidad como si estuviera haciendo una gran obra - ¡Faros! ¡Islas! ¡árboles! pero todo debajo del mar. 
- ¿Y ella? - Dijo Josef señalando a Habana del Mar que seguía mas inmersa en su maldita lectura que nunca, sin levantar la vista para nada. Sin saber que habían grandes cosas fuera de ese libro. 
- Ellos solo vinieron a despedirse. 

 Josef miró alrededor de nuevo. los "que vinieron a despedirse" estaban ajenos a los que "estaban de pie". Quizás "Los que vinieron a despedirse" les tocaba esperar ahí sentados, o quedarse en ese globo de cristal inmensamente blanco, aburridos con sus libros sin ver este otro raro mundo. Quizás no era aun su tiempo de ir a un sitio divertido, bello o deseado. O quizás, ellos se quedaban en un sitio que deseaban, feliz y realizado y Josef iría al mas terrible de los infiernos por tantos pecados, engañado con las frases y palabras que quería oír por la dulce voz de su "guía"
Josef sintió un poco de pena porque quizás en sus vidas no habría cambio en un tiempo hasta que quizás...  Todo eran suposiciones, les tocara venir a patinar a este sitio raro de gente amable. Josef miró de reojo a "su guía" Quizás, si era lo suficientemente rápido podría escapársele y dar otro abrazo a Habana del Mar. Era lo único que deseaba ahora. Ni el mar, Ni los barcos, ni los faros, ni las islas tenían ahora mismo lo que quería, que era ese abrazo de Habana del mar. Gritando una gran mala palabra se abalanzó a toda velocidad sobre el banco donde estaba Habana del Mar antes de que ese algo lo controlara o detuviera pero fue inútil. Ya no estaba. Solo estaba su libro siendo hojeado por un viento que no se sabía de donde venía. Ya no estaban las personas de los bancos y Josef como de costumbre comenzó a gritar improperios. "los de pie" lo miraban con curiosidad y la muchacha tratando de consolarlo le habló con toda la calma y amabilidad del mundo. 

- Si quieres puedes quedarte, no pasa nada malo por ello... 
- ¡¡Y si me quedo que!! Vociferó Josef con la voz entrecortada ¿Si me quedo que, podré verla? 
- Eso no lo se, supongo que como hasta ahora.. 
- ¡¡Hasta ahora nunca la he visto cojones!!... ¡Apareció en recuerdos que ni siquiera se si existen! ¡No se si ella es real! ¡Si yo soy real! ¡No se ni cojones de nada!- Gritó de manera desesperada con un gran sentimiento de impotencia como si sus interlocutores fueran culpables. Los años que había pasado callando esta frustración le habían acumulado mucha rabia, rabia de perder su tiempo, rabia de quizás no haber hecho otras cosas valiosas, rabia de haber dejado pasar este capitulo de su vida miserablemente sin haber hecho nada grande, ni importante, ni valioso.

  Josef recordó esa extraña mochila. Estaba parcialmente quemada pero no intentó preguntarse nada mas. Hurgó en su interior y estaba vacía. Hasta ahora le había pesado como si tuviera objetos, pero no tenía nada, la tiró a lo lejos, uno de los "que estaban de pie" intentó amablemente devolvérsela pero Josef le gritó que no era suya, que ni siquiera sabía de donde había salido. Se sentó en el piso desconsolado. ¿Quedarse para que? ¿Por Habana del Mar? ¿Otra vez? No lo merecía, se contestaba a sí mismo con sarcasmo y desidia. - Ni un minuto mas - Ella nunca se había quedado, nunca se había quedado tanto que ya Josef ni sabía como rayos era. A veces pensaba que era una de sus sirenas imaginadas que tampoco nunca apareció en el maldito mundo regido por leyes físicas asquerosas que hacían la vida monótona y estúpida. 
 Quería patinar de nuevo, volver a esa sensación de libertad que solo había experimentado al estar en medio del mar en una tabla de windsurfing llevado en silencio por el viento libre y frío de los océanos prehistóricos y auténticos - ¡A la mierda con todo!- esa era su frase mágica para estos casos con terribles decisiones. 
 - ¡Que se joda todo! ¡Me voy con ustedes, partida de yonkis alucinados adonde quiera que me lleven! ¡Me da igual! ¡Vamos! 

 El piso comenzó a inclinarse en una pendiente interminable y todos comenzaron a coger velocidad hacia abajo. Josef, en su extensa experiencia de 20 minutos antes patinando tomó tanta velocidad que se fue por delante de todo el mundo, aunque claramente nadie estaba compitiendo. Se alegró bastante de alguna vez quedar delante en algo. Al final, a lo lejos se veía un gran cristal que separaba todo el sitio blanco e iluminado con el mundo gris que había visto antes. 

- Si vas al cielo, vete a ver a dios directamente- Dijo para si mismo aumentando la velocidad todo lo que permitían las NO leyes físicas de donde quiera que estuviese. Le vinieron a la mente las maldiciones de sus abuelos marineros. 

- ¡¡Malditos sean todo los marinos que cambian sus vidas por el mar, que mil demonios ensangrentados y pestilentes de azufres infernales los escupan contra corales ardientes y se queden agonizando sin piel para el resto de su existencia infinita gritando entre almas perdidas y falsos dioses traicioneros!!

 Y se acordó de la suya propia...

 ¡Maldita Habana del Mar!



 FIN.

17 de agosto de 2015

Josef pescador (Disco de marcar Cap 206)

Pasaba horas dándole vueltas al disco verde del teléfono de la bodega esperando que alguna magia o milagro le dictara un número. Así era la vida cuando no había celulares, nuestros niños ni siquiera, saben lo que es un disco de marcar.

Había que ser normal a toda costa. Intentar por todos los medios ser humano, terrestre y terrícola. Nadie nunca le dijo que su vida sería buena, solo oía criticas de inadaptado, así que tantas voces no pueden estar equivocadas. Emprendió su viaje por la tierra con un tipo de locomoción distinta, aunque para estar cómodo buscó en la tierra su sincretismo con el mar. En el mar, podía dejarse llevar por horas y horas sin mover absolutamente nada en lo que la corriente lo paseaba por todo tipo de fondos, profundidades y orillas. En la tierra, también había corrientes, las corrientes de la tierra eran humanas.

Sábado de noche, refunfuñando contra si mismo se vistió y salió a caminar. Subió con su paso huidizo por la calle 24 hasta llegar a 23, de ahí a 23 y 12 un sitio donde se podía ver gente, gente pasar. Al final no era tan malo, la gente era entretenida. Manolito el loco de la esquina bailando abrazado de si mismo y cantando, la gente colgada de las guaguas, los ruidos, los carros viejos. Ya era finales de agosto y en las caras juveniles se veía un pesimismo contagioso del sentimiento de fin de vacaciones. Algunos muchachos de la edad de Josef querían aprovechar cada segundo de esa triste semana antes de hundirse en la lóbrega monotonía de las clases diarias.

Josef hurgó en sus bolsillos. Tenía 5 pesos, eso bastaba para con 2,40 comerse una pizza y unos espaguetis napolitanos de Cinecittá una de sus pizzerías preferidas y quedaba dinero para ir a un cine. Caminó despacio con la boca salivando por la nueva ilusión. Al final, haber salido no era tan malo, se repetía una y otra vez como un mantra.


Una de las cosas que mas le gustaba de esa pizzería es que no había que esperar. Pasando la bandeja por una especie de carriles iba cogiendo lo que quería en lo que de la cocina salían constantemente pizzas recién hechas con un olor delicioso. En menos de tres minutos ya estaba sentado en una mesa listo para disfrutar. Siempre buscaba sentarse lo mas alejado posible y por raro que parezca no había mucha gente. Josef nunca sabía por donde comenzar, dudaba entre pizza o espagueti por un buen rato, bueno, pensaba, la pizza siempre puedo doblarla e irme caminando con ella y acto seguido comenzaba a comer como si fuera el último día de su vida.

A duras penas reparó que se había sentado alguien mas en su mesa. En aquella rara época en los restaurantes podría sentarse a tu mesa cualquier persona desconocida, Josef miró alrededor, se había llenado el sitio. Continuó comiendo ya sin disfrutar tanto, ni siquiera miró a la cara de quien se había sentado  le habían cortado el disfrute, daba igual.

- ¿Comes los espaguetis con cuchara? - Josef miró su mano, en efecto, tenía una cuchara con la que estaba picoteando los espaguetis y comiéndoselos desesperadamente.
- ¡Son míos!, me los como como quiera.
Tarde se dio cuenta que su respuesta había sido hostil y maleducada. Era sábado en la noche de aquella rara época, si estaba tratando de ser terrestre había empezado muy mal una conversación.
Levantó la vista y vio una muchacha quizás de su edad que levantaba su bandeja para irse a otra mesa, Josef se paró detrás de ella rápidamente.
- ¡Discúlpame! ¡Estaba jugando!
Ella lo miró volteando la cabeza sin abandonar su rumbo.
- Por un rato tuve que decidir entre sentarme en aquella mesa con aquel señor mayor y la mesa donde estabas tu. Pensé que quizás contigo sería agradable comer.
Josef miró la otra mesa con asientos vacíos. En efecto, un señor mayor gordo con unas gafas de mucho aumento comía tranquilamente sin levantar la vista de su plato.
- ¡No jodas! - Dijo Josef un poco alocado y nervioso - ¡Ese es Miguelangel el profesor de matemáticas!
La muchacha hizo una mueca de desaprobación por el comentario a todas luces de un pequeño salvaje inadaptado.
- Pues quizás el es mas educado que tu...
- Perdóname, siéntate en mi mesa, además ya casi termino y te dejo ahí tranquila.
La muchacha volvió a duras penas, a Josef se le había quitado la gula y le crecía su curiosidad por este experimento social, además la muchacha aunque no era para el su sirena ni su sueño, era atractiva y rubia de verdad, era raro ver una rubia de verdad.
- Me llamo Josef
- ¡José?
- No, - dijo esta vez suavemente y tratando de fingir delicadeza inexistente - Es Josef.
- Es raro ¿Es como en esa película nueva que se llama Vampiros en La Habana? ¿Como el gigante tonto que mandan a buscar al de la trompeta?
Josef comenzó a arrepentirse de haber detenido la ida de la muchacha desconocida, era rara, tenía un atractivo raro, ojos claros pero como amarillos o marrones claros, piel blanca y hermosas pecas y una nariz grande y bella. Le recordaba a la cantante Barbra Streisand
- ¿Y tu? ¿Como te llamas?
- Cindy...
- ¡Vaya! y te burlas de mi nombre.
- No me burlo, en realidad es peor, me llamo Cynara, pero prefiero que me digan Cindy.
- ¿En que escuelas estás?
- En la Arruñada ¿y tu?
- Yo Aquí cerquita en Vicente Ponce
- JAjajAJa ¿El Fanguito?
- Está bien- Dijo Josef vencido - Si, el Fanguito- Siguió comiendo tranquilamente sin decir nada mas. Aunque a veces levantaba la vista para descifrar porque aquella muchacha le parecía tan atractiva e iba creciendo.


- Josef ¿Quisieras venir conmigo a una fiesta?
Josef quedó petrificado. "Una fiesta" era lo último que hubiera podido soportar. Mucha gente, desconocidos, tener que hablar con personas.
-¿Quieres?
Josef no respondía, tampoco levantaba la cabeza pero a la vez que iba a hacer. Si volvía a casa se iba a arrepentir quizás por siempre no haber dejado fluir esa nueva historia que estaba viviendo. ¿Ir a casa a que? - Se preguntaba - ¿A ver televisión? ¿Lo mismo con lo mismo?
- ¡Dale vamos! dijo casi en contra de si mismo y se levantaron al unísono.


Emprendieron una larga caminata por la calle 23 hasta 26 y ahí tomaron dirección norte hasta el cine Acapulco, por ese barrio ya se oía la música y entre calles de nombres difíciles de recordar llegaron a un edificio que raramente tenía un ascensor que funcionaba. Era en el primer piso, Josef, intentando estrenar su sentido del humor terrestre hizo bromas sobre el largo viaje en ascensor solo para un piso, Cindy se reía y a Josef le iba gustando cada vez mas. Se preguntaba si era su crisis afectiva o si realmente esta chica era así de bonita, inteligente y cómica.
En el sitio estaba la música baja y las luces apagadas. Alguien llevó a los recién llegados sendos vasos "perga" con "ponche" que no era mas nada que alcohol de hospital y limón.
Josef bajó un trago largo con la sed italiana que se había traído de la pizzería y le removió hasta los mas adheridos pensamientos de esa parte del cerebro que nunca se usa que es casi toda. Su fluidez verbal se facilitó un poco aunque no duró mucho, el ruido de carros de policía superaba las voces y las personas de la fiesta, histéricamente corrían a esconderse en muebles y escaparates. Por las ventanas se veía el reflejo de luces rojas y azules, Josef pensaba que quizás estaba alucinando por la nota de aquel primer trago pero Cindy lo sacó de la ilusión agarrándolo duro con ambas manos y gritándole.

- ¡¡Llamaron la policía porque tenían maría!! ¡Tenemos que irnos!
Josef sonrió un poco, no pudo evitar la frase de "Esta noche promete" pero como se había pasado toda su corta vida huyendo de la policía entró en modo evasión y agarro a Cindy de la muñeca arrastrándola al balcón de la casa.
-¿Por ahí? ¿Como?
Josef se descolgó por las celosías del balcón, al final sus pies quedaban a poco mas de metro y medio de la hierba del jardín, se dejó caer sin mas y animó a Cindy para que se lanzara. Cindy lo dudó por el rato suficiente como para que la policía echara la puerta del apartamento abajo y le gritaran que no se moviera, pero ella en un último rapto de pánico se lanzó como si de una piscina se tratase, Josef trató de frenarla pero los dos se llenaron de golpes. Como todos los policías habían subido las escaleras, no previendo que algún anormal se le ocurriera tirarse por el balcón, salieron corriendo entre los carros de patrulla y los vecinos curiosos sin mas. Callejones y curvas los dejaron aislados del ruido, el susto y una posible persecución. Cuando volvieron a centrarse en sus vidas estaban a la puerta del cementerio chino. En las calles se oían mas sirenas, así que se adentraron cruzando el muro para esperar a que aquel jaleo disminuyera un poco. La humedad los hacía sudar a chorros y la respiración sofocada hacía un ruido inmenso en la paz de aquellas tumbas llenas de caracteres chinos.

Josef se quitó el pulóver, odiaba cuando le corría sudor por la cara, le hacía una especie de cosquilla desagradable , le molestaba tanto que a veces se hacía daño de lo fuerte que se barría el sudor, Cindy le arrebató el pulóver y se secó ella también la cara y los brazos, después comenzó a darle vueltas como si fuera un ventilador para airearse los dos. La pequeña brisa improvisada fue como una bendición para Josef quien se recostó a una tumba de placer. Miró hacia arriba y la madrugada era estrellada como si se hubieran roto millones de soles, a pesar de la humedad la noche era clara, limpia y bastante iluminada. 


- ¿Te hiciste daño?- Preguntó Cindy rajando el silencio con su habitual rapidez de palabras
- No, y si me lo hubiera hecho seguro no te lo iba a decir, debo causar buena impresión
Cindy se echó a reír a carcajadas.
- ¡Anormal! Ya me causaste buena impresión hace rato, a mi si me duele todo, me di golpes en todos lados
Josef le cogió las manos para mirarle si tenía heridas o golpes pero Cindy le adelantó un beso.

Josef se separó dos pasos. Cindy quedó algo atónita ante la reacción.

- Discúlpame Josef

Josef seguía en silencio separado a una distancia prudencial
- No pasa nada, solo estoy analizando una cosa curiosa...
Estamos en un cementerio, sudados, llenos de golpes, acabamos de huir de la policía, quizás hoy ni lleguemos a casa por que al salir nos cojan, Estoy nervioso, asustado ni siquiera se quien eres ¿Como rayos es posible que sea tan feliz ahora mismo? ¿Como es posible que toda esta mierda que nos ha pasado sea perfecta y ya no sienta ni miedo? ¿Que está pasando? ¿Que reacción es esta?

Cindy se paró ladeando la cabeza, analizando lo mismo.

- La tierra no es tan mala... pronunció Josef dejando a Cindy fuera del hilo...

Cindy, desde luego no entendió esa parte. No sabía que Josef era una especie de metamorfosis salida del mar que trataba por la fuerza de ser terrícola. No sabía nada pero lo poco que sabía le encantaba. Meditó en voz alta

- Este cementerio, y todo esto es lo mejor que me ha pasado en meses, no creo que por mucho dinero, lugares o cosas que pueda tener, me vaya a sentir mejor que hoy, ahora.

Josef se le abalanzó con una energía depredadora. Se cayeron al piso pedregoso y entre los ayes de las piedras reabriendo heridas se dejaron solapadamente ayes de placer, deseo y desesperación. Josef nunca pudo desatar la maldita hebilla de su ajustador, pensaba que era uno de los mecanismos mas retorcidos inventados en la historia del hombre. Josef era capaz de desarmar el motor de un barco con los ojos cerrados, unir y cortar metales sin importar del grosor o dureza pero esos diabólicos minigarfios que aguantaban su ajustador nunca pudo desatarlos, entre risas Cindy los desató para el, Josef se despegó de la frustración momentáneamente y junto al aire que secaba la piel y las heridas disfrutaron uno del otro hasta que las nubes comenzaron a dibujar colores del amanecer y se sintieron un poco lejos los ruidos de las primeras guaguas parando en la calle 26 y zapata. 




Estaban exhaustos y abrazados cuando sintieron que alguien a lo lejos estaba abriendo las rejas del cementerio. Se incorporaron de un brinco y corrieron buscando el desgastado muro por donde habían saltado la noche anterior pera salir a la calle de nuevo. Ya en la calle entre besos se iban despegando piedrecillas de las postillas y los arañazos, llegaron a la parada y Cindy se abrazó tan fuerte que Josef apenas respiraba, la guagua 27 paró y abrió las puertas. Cindy se montó dejando a Josef sin respuesta, la guagua estaba vacía y en lo que arrancaba Cindy le hizo una seña a Josef de teléfono, pero Josef no tenia teléfono, ni Cindy le había dado el suyo. La guagua se desapareció entre humos negros y contaminantes y Josef quedó sentado en la parada fría, con bancos de granito, desolado. Una tristeza le cayó a plomo sobre los hombros y todos los golpes recuperaron su protagonismo. Adolorido caminó la calle 26 en dirección sur. Al oír los ruidos de los botes de los pescadores saliendo a esa hora cayó en cuenta que estaba cerca de casa pero nunca llegó a ella. Se acomodó dentro de un bote roto que había varado en una de las orillas del río Almendares y ahí se quedó tristemente dormido.




Tampoco podía arrepentirse, la noche no hubiera podido ir mejor. Una tragedia hubiera sido si hubiera dicho que no a la locuaz invitación de Cindy. Pero quedó destrozado. Tanto así que cada noche iba a teléfono verde de la bodega y se preguntaba en ese disco lleno de números donde estaría el teléfono de ella. Se escapaba continuamente de su escuela para ir a la Arruñada a ver si veía a Cynara pero nunca tuvo suerte, hasta que pasaron tantos años que comenzó a aliviarse, repitiéndose la idea de que aquello era una ilusión, que no había sucedido.

Pasaba horas dándole vueltas al disco verde del teléfono de la bodega esperando que alguna magia o milagro le dictara un numero. Así era la vida cuando no había celulares, nuestros niños ni siquiera, saben lo que es un disco de marcar.

20 años después, 10 fronteras después, 200 libras después, miles de muertes y abandonos después, en Miami, Sentado en una terraza tomando una cerveza se apareció una familia. Una nariz inconfundible como la de Barbra Streisand y palabras rápidas como una metralleta. Josef la miró, dos mesas mas allá, sus niños, su familia. Se paró y se fue al mar a pocas cuadras de ahí, un mar turbio con olor  metano y mangles podridos de Albert Pallok Park.

Miró al agua fijamente hasta que anocheció, hasta que amaneció y se preguntó otra vez si debió abandonar su mar. Escupió un catarro añejado y maldijo a Habana del Mar culpa de todos sus males y de paso, maldijo a toda la ciudad de Miami y sus malditos reencuentros.
Ahora era la época de los celulares, ya no había disco, eran teclas. Preguntó en silencio si aun pasado tanto tiempo entre esas teclas estaría el numero que siempre quiso saber, pero solo salieron adds y publicidades de compañías que vendían mierdas sin interés. La rara época ya había desaparecido y Cynara también.


Le gustaría saber ese maldito numero aunque ya no exista. Aunque se hunda la isla o los teléfonos fijos hayan dejado de utilizarse. Aunque su casa sea de otro o la hayan demolido. Le encantaría saberse de memoria, ese maldito numero.