20 de julio de 2017

Josef (First breath after coma) Capitulo 314



Vino la luz de nuevo pero no estaba en el mismo sitio. Estaba en alguno ligeramente mejor, con luces blancas y paredes limpias. Aun seguía con la vista nublada, pero su memoria estaba fresca repasando el último lapsus.
Trató de llamar de nuevo a Lázara pero no salían palabras. Estaba como si pesara mucho, sin fuerzas de nada. Ligeramente miró a los lados y habían mas camas con mas pacientes, eran mujeres jóvenes que estaban ingresadas. Le pareció raro que estuviera en una sala de mujeres pero ya a estas alturas y después de lo que había pasado, todo era subjetivo. Arriba era abajo y la ficción realidad. No sabía en que trance estaba, pero en algún lío se habría metido, seguro.

Era un mundo novedoso, tan confuso y desordenado que Josef se sentía como si al fin hubiera llegado a algún sitio que pudiese llamarle hogar, pero ni siquiera era sitio, o universo o dimensión. Ni josef ni sus apariciones tenían idea donde estaba metido o que estaba pasando. Solo que en este sitio había mejor olor, colores y limpieza.

Josef se calmó, cualquier locura que le deparara su estado la iba a recibir con calma. Se iba a dedicar a disfrutar ese viaje extraño que estaba teniendo. Eso si, en cuanto pudiera o se escuchara a si mismo iba a preguntar la fecha, quizás si hubiese ido mas atrás en el tiempo podría haber evitado que Lázara fuera a aquella fiesta y no tener que verla en el extraño limbo que estaba viviendo, aunque dentro de si, sentía que Lázara le debía esa despedida. Imaginaba que ella había estado esperando en esa sala de hospital tan rara a cada persona que quisiese despedirse de ella. - Tarde o temprano todos acabamos en un hospital- Pensaba.

Le había dolido mucho perder a Lázara aquel día que el no fue. Solía reunirse con mas amigos que estaban junto a el en el servicio militar, dejando pasar la vida miserablemente, emborrachándose y tratando de fiestar con las muchachas de la escuela de enfermería de la calzada del Cerro que hacían las prácticas en el Hospital Clínico Quirúrgico de la ave 26 y Puentes Grandes en La Habana. El alcohol de hospital rodaba por galones con un poco de limón o refresco de cola. La frescura, el deseo descontrolado de los 19 años y el no tener esperanzas, lo habían moldeado como un observador pasivo de las cosas. Era lo que en la Habana en esos años se llamaba secretamente un suspirante.

A pesar de tener una supuesta novia en esa escuela de enfermería la mayoría de las veces pasaba a buscar a Lázara, porque con ella era mas que una salida, era un plan seguro de diversión, ocurrencias y cero conflictos. Para colmo Lázara también tenía su pareja pero este le daba igual que (saliéramos y lo dejáramos) a el discutiendo de pelota en la esquina del barrio.

Sin dudas Lázara no estaba aquí, porque ya la hubiera escuchado.

Notó que ya podía articular palabra y sin perder un segundo le preguntó a la mujer de su derecha, que aparentaba ser una paciente de ese sitio, susurrando...

- ¡Hello? ¿perdona? ¿Donde estoy?

- La chica ladeó la cabeza varias veces pero nunca centró la vista en Josef. Parecía como si estuviera drogada. Josef tornó la cabeza a su izquierda tratando de intentarlo de nuevo con la del otro lado, pero la chica de su izquierda parecía dormir. Las dos estaban con sendos sueros pinchados en sus brazos. Iba a comenzar a llamar a alguien mas cuando sintió ruidos en el pasillo y vio a través de los cristales como traían una tercera persona en una camilla. Dos asistentes o enfermeros tomaron a la paciente recién traída por brazos y piernas y en lo que la alzaban en peso, Josef se preguntó donde la pondrían, ya que en ese cubículo solo cabían y apenas 3 camas. Cuando reparó de nuevo en su situación, los asistentes tenían a la muchacha recién traída, suspendida sobre el. Josef se aterrorizó pensando que si apenas podía respirar por si mismo, si le dejaban caer esta muchacha encima se asfixiaría inmediatamente, además de la salvajada que estaba presenciando. Pero la chica fue depositada en la cama sin ningún percance. Josef tampoco se sintió aplastado pero trató de hacerse a un lado porque no veía casi nada y en el leve forcejeo se cayó al piso, pero de una manera extraña, sin golpes, con una sensación acogedora aun esperándose el dolor de chocar contra el piso que nunca llegó.

Observó desde su punto de vista los pies de los asistentes que iban saliendo de nuevo por la puerta llevándose consigo la camilla y el ruido local. Josef pensó que quizás esta paciente si le diera mas datos de lo que estaba pasando, así, que de una manera extraña su punto de vista se subió con solo pensarlo, pero sin notar ningún movimiento o nada que proviniera de un cuerpo humano, nada de huesos, nada cuando trató de mirarse a si mismo, no existía pero estaba ahí.

Al mirar la cara de la muchacha vio a Habana Del Mar, una joven y aunque anestesiada y confusa Habana del Mar, tenía ese brillo maldito de sus ojos, era inmensamente mas linda de lo que recordaba y de la mezcla que tenía con los modernos recuerdos del siglo siguiente.

Trató de asirla por los hombros y llamar su atención, pero no era mas que un poco de humo flotando el efecto que hizo en ella. No obstante ella tenía sus ojos muy abiertos, con rabia, con mucho llanto. Josef se desesperó porque estaba viendo una escena en la que el no existía. Toda la fantasía que pasase ahora la toleraría, pero que tampoco pudiese hacer nada?

Por la puerta del cubículo entraron tres personas, dos de ellas vestidos como médicos, la tercera era una señora mayor, bajita y con una voz muy potente. Esa señora le gritó a Habana ¡¡No llores mas ya has visto que nisiquiera ha aparecido por aquí, y verás que no aparece mas!! Habana mas bien expresaba rabia, pero con una voz muy debilitada le respondió a su madre  - ¡el no sabe nada, no iba a venir, porque no sabe nada!-
- ¡Bueno! ¡Ya da igual! ya se acabó el problema!
- ¡Josef estaba buscando un sitio donde ibamos a vivir!! - dijo con todas las energías posibles Habana del mar a su madre en un grito debilitado por la rabia, - estaba haciendo de todo! ¡¡estábamos haciendo de todo!!

Josef seguía sin darse cuenta porque era este show, no sabía donde estaba, ni la fecha, ni identificaba nada mas que el extenso sufrimiento de Habana y una acción al parecer terrible que había ocurrido. Empezó a repasar su extensa lista de posibilidades hasta que la madre de Habana gritó saliendo de la habitación rápidamente

- ¡¡Agradece a tus tíos del hospital materno lo que han hecho por ti, es lo que tienes que hacer!! ¡El Josef ese no se puede ni alimentar el, va a poder alimentar a tres!?

¿a tres? rebotó en el pensamiento de Josef por un buen rato ¿a tres?

Reparó que pasaba en esa visión que estaba teniendo y cuando alzó la vista comenzaba a alejarse de manera suave, casi imperceptible. Habana lo estaba mirando pero el no podía hacer mas nada que alejarse porque no era dueño de su universo incorpóreo.
Habana gritó desgarradamente -¡¡JOSEEEEEEEff!!!- el siguió alejándose, impotente. En el fondo pensaba que esto no era mas que una broma horripilante y de muy mal gusto de su cerebro cansado, pero Habana gritó de nuevo y mas alto aun.

- ¡¡¡JOSEEEEFFFffff!!!! ¡¡Perdónameeee!

El mundo se apagó de nuevo. Cesaron todos los tic tacs de la mente. Josef seguía pensando. - Esto no ha pasado, es solo imaginación, o algún estado raro... o un maldito sueño porque esto no puede haber pasado. Pero en paralelo su mente sacaba cuentas y mas cuentas. Recordó que Habana del mar se lo había dicho. Recordó que esos recuerdos estaban en un lapso de tiempo que había sido borrado de su memoria porque había tenido un accidente buceando y había perdido casi todos sus recuerdos en una amnesia por asfixia que le costó varias décadas para poder recuperarse. Recordó y en ese justo momento apareció la visión de ellos, debajo del puente de hierro, sentados en los barrotes de cemento. Pasaban las 12 de la noche y la descomposición de la contaminación del río Almendares traía una especie de niebla que semejaba a un país frío. Era una vista peculiar. Habana sostenía las manos al Josef de esa época y entre el silencio le dijo que estaba embarazada, que quería tenerlo juntos. El Josef de 19 años se desesperó tremendamente en lo que nunca había hecho. - ¡Planes! ¡Hacía falta dinero! ¡como sobrevivir! ¡Una casa o apartamento! ¡No podían contar con nadie! ¡Tenía que salir bien! Se abrazaron tantas horas que casi amanecía. El Josef de 19 años reunió todos los negocios que tenía en mente. Esa madrugada salió como a las 3 de la mañana, porque había quedado con otros buscavidas en ir a Cabañas, a pinar del Río. Este sitio era una bahía que tenía barcos mercantes hundidos y era buen negocio canibalearlos. En tierra pagaban por instalaciones, piezas de baños, algunos muebles metálicos y la madera. Josef iba a sacarles madera. Le pagaban 130 a 150 pesos cubanos por cada tablero de plywood marino que sacara con buena calidad, pero las cosas se torcieron. Se perdió dentro de uno de los barcos que eran como edificios y nunca encontró la salida. En su mente de la época estaba vivir juntos, tener esa o ese bebé, luchar con todas las fuerzas, construir cosas, cuidar de Habana y de su bebé...

Se vio a si mismo tirado patéticamente como un mueble mas del abandonado barco en una esquina de aquella habitación hundida. Segundos antes, como por arte de magia, un teléfono lleno de moho y algas llegó casi hasta las manos del Josef moribundo, este lo tomó y fingió llamar a alguien.
Josef comenzó a escuchar su propia voz...

- Habana, perdóname. Yo solo quería conseguir mas dinero y un lugar donde vivir para nosotros tres, perdóname...

Josef actual reparó que quizás, si imaginaba mas atrás en el tiempo podría ser testigo de mas cosas, no obstante esperó a ver como su compañero de pesca "El cilindro" lo sacaba de esta en la que se había metido. El cilindro entró a por Josef y lo sacó de ahí usando un hilo como guía para no perderse el también. El Josef actual se preguntó como había llegado hasta ahí. ¿Por qué si tenía otros negocios se había decidido por ese tan peligroso? Entonces este presente se desintegró de nuevo y apareció viéndose a si mismo parado en la acera de su casa, un medio día soleado, pagándole un dinero a alguien.

- ¡Ok 4500 pesos!Mañana aquí temprano con el camión
La otra persona iba subiendo a un camión de construcción con el dinero que recién Josef le había dado enrollando en los bolsillos. - Acuérdate Josef! Si no hay azulejos azules, traigo verdes o los que sea.
- ¡Lo que mas me importa ahora son los bloques y el cemento, ya los azulejos veremos, mañana arranco a hacer mi cuartico!

Josef subió a la azotea. Quería hacer las últimas medidas antes de comenzar a levantar paredes. 800 bloques mas 30 sacos de cemento, arena y demás componentes vendrían mañana a primera hora. Las herramientas estaban listas, los amigos estaban listos. Era cuestión de tiempo, construir lo mas rápido posible antes que los vecinos chivatientes alertaran a las autoridades corruptas que vendrían a coger comisiones y a interrumpir el proyecto. Pero no era cuestión del dinero o de Josef, era cuestión que una  nueva vida venía, que tenia y habría que darle su bienvenida. Josef juró arrasar la tierra si era necesario pero haría todo lo posible porque su hijo no naciera en la miseria de todos los sentidos por la que se sentía rodeado.

Cuando llegó a la azotea su hermano mayor estaba pegando unos bloques con cemento. Josef le había comentado a la madre que pretendía hacerse un cuartico y la madre estuvo de acuerdo. Sabía que Josef nunca había cabido en esa casa y veía bien que se quedara de alguna manera cerca. Le gustaba Habana del Mar y ya la tenía como familia el hermano mayor escuchó y raudo compró unos diez bloques he hizo un amago de construcción que mas de 20 años después persiste como una escultura a la miseria humana. Cuando Josef se dio cuenta, impotente, no sabía que hacer. No daba crédito a tanta maldad, o envidia, o ni siquiera le pasaba por la cabeza que sentimiento tan burdo pudo haberlo llevado a pasar por algo así.

 Josef solo preguntó a su hermano - Si sabías que yo iba a comenzar a construir mañana y nunca estuviste interesado en esto, ¿por que haces esto ahora?
El hermano sin mirarlo, quizás por algún ápice de vergüenza siguió pegando ladrillos como si fuera su trabajo de toda la vida - ¡Yo empecé a construir primero, así que la azotea es mía!
Josef no daba crédito. Pensó que en algún momento su hermano le diría que estaba bromeando, que lo que estaba haciendo era ayudarlo a levantar un sitio para el, Habana y su hijo, pero Josef sabía que su hermano no le tenía aprecio y mucho menos sentido del humor.
Bajó suavemente las escaleras de hierro y buscó a su madre que estaba escondida en el cuarto, ni siquiera formuló palabra alguna cuando ella comenzó a darle explicaciones. - Deja a tu hermano, el tiene menos oportunidades que tu. Tu, te buscas la vida, tu inventas, tu aprendes, pero tu hermano apenas puede pescar, déjale la azotea.
Hacía poco tiempo también había escuchado esas mismas palabras de su abuela dejándole su casa, con el mismo discurso de tu eres fuerte, tu inventas todo, tu saldrás adelante. También lo había escuchado de su padre dejándole el bote en el que antes ambos pescaban para subsistir - tu eres fuerte, tu sales adelante, tu haces lo que quieras...

Las cosas materiales nunca habían importado antes porque Josef nunca sabía donde dormiría esa noche y aun no lo tiene muy claro. Pero esta vez se trataba de una imperiosa necesidad familiar. Era cuestión de muy poco tiempo, apenas 9 meses que Josef necesitara un refugio real para una familia. En un sitio donde las cosas no funcionan, no había préstamos ni posibilidades, el factor tiempo era doblemente criminal. Josef recordó el desespero y la impotencia que ese mismo día lo hizo decidirse ir por el camino corto de bucear para extraer corales de las profundidades y maderas de los barcos hundidos, era el momento de usar un atajo y hacer dinero rápido. No se había comunicado con Habana del Mar desde que se vieron en el puente. Ella iba a ir a su casa a recoger algunas de sus cosas para irse con Josef para siempre, corriera la suerte que corriera. Josef la iba a recoger al otro día en su bicicleta con motor, mas sus escasas ropas para irse a donde fuera. Iban a construir juntos, habían reunido para comprar un camión grande de materiales de construcción, todo sería fácil.
A esas tres de la mañana Josef salió con su equipo y un par de amigos mas desesperado a buscar madera de los barcos mercantes en Cabañas, con el iba "El cilindro" quien le salvaría la vida por escasos momentos mas tarde. En la mente de josef anidaba la soberbia, la rabia y en este caldo el desespero y el tiempo activado pisando los talones ya.

Josef volvió a verse a si mismo ahogado en el fondo del barco. Ahora todo iba hacia adelante de nuevo. Vio al cilindro sacarlo de ahí, dejarle dinero en el bolsillo en una parada de guaguas cercana a la costa y seguir buceando. Josef no pudo siquiera advertirle que moriría un par de años después ahogado por pescar solo en su sitio preferido, la cueva llamada "el cilindro" enfrente de la embajada de intereses como a unas 5 millas mar adentro.

Todo se fue acelerando. Vio como casi por inercia llegaba al Lido pero ahí se quedó varado como 4 días porque no sabía donde ir, ni que hacer. Aun estaba desconectado de la realidad y a pesar de tener como 500 pesos en el bolsillo comía panes que la gente tiraba de las cafeterías enfrente de la Terminal de autobuses.



La madre de Habana del Mar odiaba a Josef. Suponía que su hija debería casarse con algún extranjero como se estaba haciendo costumbre. No toleraba que su hija pudiera adaptarse a cualquier cosa y querer a una persona que no tenía nada que ofrecer. Cuando sorprendió a Habana del Mar ese día recogiendo su ropa la agarró fuertemente sabiendo lo que ya se imaginaba. Fue cuestión de poco tiempo que fueran directo al hospital materno de Santa Clara en un carro porque los directores de este hospital eran familiares e iniciaran una interrupción de embarazo urgente y forzada. Hasta el último momento Habana del mar miró por las ventanillas traseras del carro por si Josef venía. Estaba segura que si Josef aparecía ella saltaría por la ventana del carro si era preciso, pero Josef no había aparecido desde el día anterior, ni ese día, ni el siguiente y la madre de Habana lo repetía todo el tiempo -¡Ese no va venir! ¡Va a hacer lo que hacen todos! ¡Dejarte con el paquete!!!! ¡¡No lo esperes mas!! ¡NO VA A APARECER!


Josef vio toda esta escena desde sus delirios pero su cuerpo nunca apareció. Intentó gritar sin resultados. Ni siquiera era medianamente material. Siguió el carro americano de los 50s hasta el hospital y ahí entrando a la sala se desvaneció hasta que apareció acostado en la cama donde trasladarían a Habana del mar después de la interrupción. Volvió a volatilizarse y se encontró así mismo deambulando por el Lido sin conciencia aparente. Se gritó a si mismo una y otra vez, pero como se iba a oír si estaba mas vacío que un crustáceo acabado de mudar, si ni siquiera las personas en su sano juicio podían verlo ni escucharlo. Se sentó desde su idea de como podría sentarse algo inmaterial al lado de si mismo y miró su reloj. Era el mismo casio de esfera negra de buceo que tendría casi 20 años después.

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