2 de octubre de 2015

Josef (Imágenes de todo Cap 207)

Josef siempre había tenido un problema con las imágenes. En el había cierta sensación rara que le permitía estar mirando por horas un cuadro o una fotografía. Quizás por eso lo pasaba tan bien cuando buceaba. En menos de un metro cuadrado de cualquier fondo con un poco de vida, podría descubrir fascinantes mundos en los que pasar todo el tiempo que le durara el aire de los tanques o el de sus pulmones en caso de apnea.

 También tenía problemas con las imágenes de las personas. Podría conocer a alguien con solo verlo. Quizás entablar una conversación no era tan efectivo como ver una imagen de una persona desconocida. Al hablar con nuevas personas, como es natural, cada persona proyectaba una imagen de si mismo para agradar o lo que fuese el caso, distinto de lo que Josef podría ver en una imagen estática. Podría amar u odiar a alguien con solo ver una imagen y desgraciadamente no se equivocaba cuando tenía oportunidad de conocer a las personas que había visto en imágenes antes. Era un sentido raro la posibilidad de imaginar historias, pasadas y futuras de una foto, por eso, le encantaba ver fotos, no importaba si eran desconocidos o fotos con mas de cien años de antigüedad. En cada una había vida. Josef siempre quedaba prendado de personas que estuvieran o no en su tiempo actual, era fanático de la fotografía aunque su escasa economía casi nunca le permitió tener una cámara.










Ahora tenía dinero, bastante desde que comenzó en las carreras de carros. Dineros que en realidad no servían de nada porque en el sitio donde vivía el dinero solo era para comprar comida pero en las tiendas no había nada, es decir, nada. Uno no podría desear algo que no fuera muy básico o que no se pudiera encontrar en el mercado negro. Josef sabía que cualquier día podría reventarse una goma de un almendrón* a 180 kilómetros por horas y ahí quedaría todo, así que decidió buscar una cámara y hacer sus propias fotos. No tenía ni idea, pero saber que muchas personas que veía a diario se quedarían con el para siempre, le entusiasmaba mucho.

Indagó por el barrio y ahí podría comprar cualquier tipo de drogas, pistolas, cosas religiosas, piezas de carros pero según decían, esas cosas del arte y eso, habría que buscarlas en otro lado. En esa época las cosas se buscaban preguntando, no había nada donde teclear y resolverlo casi todo. Había que correr el rumor y así aparecían a los días o meses, el objeto buscado hasta que apareció Pippino, el negrón de 22 con una cámara ZENITH rusa que estaba como nueva - nunca nadie la usó - decía con orgullo - es completamente nueva. En mi familia nadie sabe "na deso".

Josef la tomó en sus manos y la compró sin vacilar. Pero no sabía ni como se usaba. Fue a 12 y 23, al lado del cine del mismo nombre en el Vedado y una muchacha que trabajaba revelando fotos le enseñó los pormenores básicos. Salió a la calle con varios rollos que aun se podían encontrar de la marca ORWO y disparó por doquier, disparó a gente, a cosas a lugares, a todo lo que se imaginaba en un futuro que querría quedarse con ello. Ya había perdido la memoria en el pasado por accidente y se estaba preparando para hacer todo un archivo de cosas que pudieran conectarlo en caso de perder todo su pasado de nuevo. Vivía aterrado de que se desencadenara de nuevo aquel percance que lo dejó sin saber quien era, ni donde vivía siquiera. Fotografió todo lo que si, su mundo se le perdía otra vez, quisiera ver para establecer conexión de nuevo. Mas tarde aprendió que escribir era mejor conexión aun y mas efectiva. Pero poco a poco fue descubriendo sus propios métodos porque la ayuda médica nunca llegó, nada mas para decirle que su cerebro funcionaba peor que una cafetera reventada en una consulta del hospital Manuel Fajardo décadas mas tarde, con la cabeza llena de cables y un neurólogo riéndose del extraño caso que había encontrado.

Dos veces por semana llevaba a revelar los rollos de los cuales por supuesto, menos del 30% de las fotos servían medianamente. La mayoría quedaban sobreexpuestas u oscuras, a veces desenfocadas, pero de ese pequeño por ciento Josef obtenía sus tesoros visuales que coleccionaba con celo. No pretendía mostrarlas, ni siquiera compartirlas. Si alguien le preguntaba el porqué de esas imágenes ya se habría hecho un lío y no sabría como explicar algo que nadie iba a entender.


Entonces en varias fotos de uno de los últimos rollos la vio y quedó sin aliento. Guardó las fotos rápidamente y fue a su refugio favorito donde podía mirarlas sin ser molestado o interrogado. Un barco derruido y abandonado en las orillas del Río Almendares. Ahí quedó hasta que el sol murió y no dejó que por sus pupilas entrara mas la luz agradable de esa persona que reía con los ojos. Quedó soñando con ella. Creía que la había encontrado y era feliz. No fantaseaba con nada mas, no esperaba volverla a ver ni mucho menos hablar con ella. Solo miraba sus raros ojos achinados que llevaban la marea de su sonrisa. Era rara si, pero bella. Josef sintió que era la persona que estaba buscando sin saber y deseó nunca encontrarla de nuevo. Se fijó el barrio donde hizo la foto. Era mas o menos por Belascoaín entre Estrella y Maloja en Centro Habana. Evitó para siempre pasar por ahí de nuevo. No quería encontrarse ni de broma con esa persona que le robó el aliento a través de una imagen.

Por mas que le de vueltas. La sonrisa de sus ojos sigue quitándole el aliento como si una fuerza exterior desconocida lo aplastara rompiendo en miles de pedazos tantas desilusiones, pérdidas y apatías en décadas. Josef trataría de nuevo, no pasar por ese barrio donde tomo esa imágen.


Almendrón* Cub. Forma de llamar coloquialmente a los carros americanos de los años 40s y principio de los 50s por su semejanza en el diseño exterior con una gran almendra. Dícese también de los carros viejos y destartalados.

Update:
Al cabo de los años y las distancias Josef encontró de nuevo a esa persona. Por suerte en otra foto. Ya en un mundo atiborrado de imágenes e informaciones por doquier. Perdió el aliento de nuevo. Ella seguía sonriendo con los ojos achinados y seguía siendo igual de linda para Josef. Mundo pequeño. Quizás el día que hizo esa foto lo que maneja el destino, con toda la paciencia que tienen las cosas eternas juró que la iba a poner en su camino en algún momento de nuevo. Josef otra vez no sabe que hacer. Mientras tanto, se sigue preguntando porque una imagen pude dejarle saber todo de una persona y en este caso, hacerle sonreír y dejarle escapar como un sedante, todas las tragedias de la vida moderna, semi vacía y computarizada.