6 de abril de 2015

Josef pescador (Llegar a casa Cap 204)

Llegar a casa siempre apestaba por muchas razones. Una de ellas era, porque al acercarse al río Almendares, siempre se sentía el olor a aguas descompuestas que se acentuaba cuando se llegaba por primera vez o se había estado un tiempo lejos. 
 Por increíble que parezca, este olor era bienvenido por muchas personas pertenecientes al cauce de este río. Después de varios días de pesca en el mar, o semanas perdidos en obras sociales como escuelas al campo, servicios militares, movilizaciones y toda esa caterva de esfuerzos estatales por mantener las familias separadas y ocupadas, oler este río te decía que al fin habías llegado. Muchas veces sano y salvo, otras veces nunca la gente llegaba, para bien, los que se marchaban al norte, o para mal, los que quedaron en Angola, Etiopía y demás países donde se desangraba la ficticia economía cubana, regalada por los rusos y despilfarrada en nombre de comprar capítulos en la historia de la peor ideología que existió jamás. 

  Josef rodaba despacio por el puente de hierro dirección este, hacia el Vedado con los bolsillos de su pantalón militar lleno de dinero. Dólares y pesos convivían como un amor prohibido por detrás del telón, haciendo felices a los que no le importaba la enemistad ni las ideologías. Llegó a casa pero como siempre no entró, el buick se apagó solo, en silencio con su último suspiro de gasolina como siempre. Josef besó el timón y acarició la pizarra. Fue su manera de decirle adiós. Cuando saliera por esa puerta roja ya no lo vería nunca mas. Se sentó enfrente a esperar que llegara la banda de Dick Turpin, así le decían a unos borrachines supuestamente mecánicos que mas que nada lo que hacían era canibalear, vender y revender piezas que iban consiguiendo por donde quiera. Siempre perseguidos por clientes molestos, llegaban en silencio y de manera separada a los sitios. Casi todo el mundo los conocía, pero de vez en cuando caía una victima, ellos le comentaban que tal o mas cual pieza estaba defectuosa y la hacían comprar nueva, después arreglaban la vieja y se quedaban ellos con la nueva vendiéndola por ahí. Era su modus, su manera de vivir, lo peor que todo era para alcohol y drogas y andaban siempre muy sucios, llenos de una grasa negra que nunca se quitaría y con olor a caja de velocidad. 
 Uno de los de la banda se le acercó a Josef. Le decían Potaje y apenas podría mantenerse en pie dando muestras de un gran desgaste alcohólico. A Josef le dolía en el alma lo que le iban a hacer a ese Buick. 

- ¿Bueno asere, en cuanto me lo dejas?- preguntó potaje con su voz falta de potencia y dejando un aliento peor que el del río a esas horas tempranas. 
- 500... - Dijo Josef mirando al vacío. Estaba, sin saber porque, un poco deprimido, a pesar de haber salido tan bien de tantas cosas. 
- ¡¡Coño pesca!! ¡¡no jodas!! ¡¡te doy 150 y va que jode!! ese carro está descojonao, es para algún guajiro que le falsifique la chapa y le ponga un motor de petróleo, lo que te estoy comprando es ¡¡la carrocería entiendes!!?? ¡¡La carrocería!! - Potaje alzó un poco la voz pero la volvió a controlar cuando Josef lo miró de reojo. Notó que Josef estaba molesto y prefirió recoger sus ánimos negociadores. 
- ¿Siempre va a ser así?- Dijo Josef mirando de nuevo al infinito. Potaje se paró y sentó un poco mas lejos de Josef en el contén de la acera. Siempre le habían dado por loco, pero cuando no hablaba con nadie y se dedicaba a vender pescado estaba bien, pero ahora, intentando ser una persona terrestre, no se podría saber sus reacciones ni nada. 
- ¿Que tu dices pesca, siempre va a ser que cosa? 
- ¿Siempre va a ser así? ¿Siempre vamos a estar escondidos? ¿Siempre mirando que no venga la policía? ¿Siempre contando el dinero y guardándolo dios sabe donde? ¿Siempre huyendo? ¿Siempre esperando que cambien las cosas? 
- Pesca, te doy 200 por el carro y ya lo desarmamos ahora mismo, no mas. No me hagas tantas preguntas. 
- ¡No! 
- ¡No que asere! 
-No quiero vendértelo. 
- ¡¡Asere!!! ¡Ese carro está perseguío! y no tiene papeles, mira la chapa de mierda esa que le han hecho, en cuanto suba un poco el sol viene la policía y se lo lleva. 

Josef suspiró como si le faltara aire, o como si el aire que entraba en sus pulmones no sirviera para nada.
- ¡ Que se lo lleve la policía Potaje!! 
- Si ¡¡pero van a preguntar quien lo manejabaaaa !!! 
- ¡¡PINGA Potaje!!!- Josef se incorporó de un brinco. Era extremadamente raro verlo en esa fase de comportamiento! Potaje se alejó a una distancia mas prudente. Josef quería saber porque estaba así. 

Una profunda depresión lo estaba oprimiendo sin saber de donde venía. Unas horas antes, de madrugada todo había salido tan bien, había ganado mucho dinero, nadie había salido herido. No se podía ir mejor en el sitio donde sobrevivir es un golpe de suerte. Josef no sabía porque se sentía tan mal. Que horribles pensamientos minaban lo que debiera ser un día feliz. Lo peor, que este malestar aumentaba por minutos. 

 - No te voy a vender ni pinga Potaje, en primera porque estás regateando y ¡ni siquiera tienes ese dinero contigo!! 

 Potaje sacó unos estrujados billetes de su bolsillo que no llegaban a 11 dólares, los demás de la banda que escuchaban en silencio también revisaron sus bolsillos, pero no había nada, quizás algunas monedas. Era lunes, intentó convencer a Josef que le pagaría después de la venta de las piezas del carro, pero Josef sabía a que persona le dejaba sus bienes y a cual no. Canceló ahí mismo el negocio y le pidió a la banda que lo dejara solo, potaje se fue a regañadientes de perder una victima en este día y entró a la posada de 11 y 24 a comprar el litro de ron Santa Cruz del desayuno. A lo lejos se oía alguna emisora de radio, o quizás de la música que ponían en los altavoces de la posada una ejecución de Jazz. Con el tema Inner Circle, de Steve Grossman quartet & Michel Petrucciani, Josef arrancó a correr a su sitio preferido, el puentecito del malecón. El poco tráfico le permitió cruzar las calles a toda velocidad sin mas y estaba amaneciendo un lindo día. Pero Josef quería llorar, o gritar. No sabía que le pasaba, era algo malo que estaba pasando en su interior, sentía que algo le apretaba el pecho y no le dejaba respirar, recordó la sensación de ahogo que le daba cuando los peces que el mismo pescaba, batallaban con las branquias dando estertores de muerte una vez sacados a tierra firme. Sin pensarlo un segundo a toda velocidad saltó la barrera del puentecito de la calle 16 y malecón del Vedado y cayó al agua como un proyectil. La sal forzada en su rostro le quitó parte del malestar. 
En lo que flotaba ya mas tranquilo pensó. - Estoy enfermo, sin mar, me voy a morir.


 Se tocó los bolsillos y cayó en cuenta que aun no había dejado el dinero en ningún sitio, los que tenían cremallera o tapa conservaban sus bultos, pero los bolsillos normales estaban completamente virados hacia afuera. Josef vio el dinero flotando, no sabía que flotaba. Salió tranquilamente y vio algunos transeúntes mañaneros bajando a la parte baja del muro intentando alcanzar los billetes navegantes, otros raudos ya se quedaban en calzoncillos para lanzarse a recogerlos. Eran muchos. Ciertas personas iban a tener un buen día hoy. Josef regresó a casa sin mas. En la azotea puso a secar dentro de una caja plástica de pescadería los que le quedaron. Contó unos 1500 dólares y mas de 7 mil pesos cubanos. Los miraba con desprecio. Nunca le interesó demasiado el dinero. 

 Ahora en el audio de la posada sonaba Annie Lenox con Don´t Let It Bring You Down - Al menos hacen el amor con buena música- Pensó en lo que se quedó dormido recostado al tanque de agua de su azotea entre piezas de carros desguazados anteriormente.


  Ahora en el audio de la posada sonaba Annie Lenox con Don´t Let It Bring You Down.

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