7 de diciembre de 2014

Josef y el Pasta (Cap 203 parte 01)

Lo primero necesario para conservar una vida sana es una lista de sueños. Josef los había perdido. Se fue hasta los alrededores del puente de hierro donde yacía en el fondo del río Almendares el velero de su padre. Siempre quiso navegar a vela pero el sistema se lo prohibía. El sistema dificultaba tantas cosas que la mayoría de la gente normal terminó culpándolo de todo lo malo. Muchas veces las personas no movían ni un dedo por un objetivo con la simple frase de "Aquí no se puede hacer eso" Josef estaba fuera del sistema. Al igual que las matemáticas, lo que el no veía la utilidad, le entraba por un oído y le salía por otro. Por eso nunca resolvió nada ni con el sistema ni con las matemáticas.

Caminó un rato por el barrio en busca de aventuras. algo que lo sacara de la depresión realimentada de haber perdido por una vez mas a Habana del Mar. El barrio estaba lleno de extraños seres en conflictos propios trágicos y risibles. Era un barrio raro tapizado de árboles raros que la mayoría de la gente esquivaba pasar. Cada ente de ese barrio tenía una historia propia para contar. Uno podía pasar días enteros al caminar de una esquina a la otra oyendo historias raras de los habitantes del micromundo de Josef.

Esta vez Josef se cruzó con El Pasta, conocido en algunos círculos como Richard Gere por su parecido con el actor. El pasta como siempre sacó una retahíla de papeles y explicó, una vez mas, que su padre era español y que el lo iba a encontrar algún día, que se iría a España y sería rico con su arte. Se dedicaba a cortar cristales y hacer vitrales y sonajeros. Josef lo escuchó asintiendo como cientos de veces anteriores que hacía la misma historia. Josef pensaba que había mucha gente en este mundo que deseaba ser escuchada y a el no le costaba nada prestarle oídos por unos 30 minutos mas o menos que duraba el sueño ilustrado del pasta.

Cuando terminó, sin hacer pausa entre el capitulo y la siguiente idea el pasta le soltó varias preguntas.

- ¿Pesca tu sabes manejar carros?
- Si ¿Porqué? - Josef había aprendido a manejar desde pequeño con los carros de su padre.
- Tengo un negocito ahí... - Esa frase era símbolo de meterse en problemas, caer preso o con buen tiempo perder dinero o bienes en alguna descabellada operación comercial con personas de mundos parecidos o peores a los que habitaba Josef.

Josef estuvo un rato en silencio midiendo al pasta. Siempre esquivaba esas cosas pero, ¿Que podía perder ahora? No tenía nada, no le quedaba nada. Sentarse en el barrio a maldecir el sistema no era el estilo de Josef, "hacer un negocito" se parecía mas a defenderse un poco de la minusvalía impuesta por el entorno y el momento. Hacer un negocito era una aventura o por lo menos podía sacarlo de la deprimente situación en que se encontraba.

- ¿A ver que es Pasta?
- Unas carreras de carros... pensé en tí porque tu sabes arreglar carros y eso.
- Cuéntame mas.
El Pasta se acomodó en las raíces del árbol de la esquina. Se tomó un tiempo para empezar como si fuera  develar el gran secreto del siglo. Le echó un par de bocanadas a su cigarro y lo tiró chasqueando los dedos al medio de la calle. Lo estuvo mirando un rato antes de coger aire.

- Aquí hay mucho dinero pesca, si se hace bien se gana mucho, pero hay que estar piano porque te meten un tiro también.
- Pasta! Pero es correr carros o asaltar un banco, como coño te van a meter un tiro.
-Mira pesca, yo tengo una luz y confío en ti.

Otra pausa mas larga aun. Josef atento como si no quisiera perderse nada de esa fantástica y rara película que estaba presenciando.

- Hay un bárbaro ahí que tiene un carro en 500 fulas pero nadie se lo quiere comprar y yo tengo el dinero, pero el problema es que el carro está enmojonao completo por dos cosas y por eso nadie lo quiere. Primero el dueño se fue del país, ósea que no hay traspaso y segundo tiene un motor de chevrolet corvette que gasta un cojón y eso tampoco nadie lo quiere, ese carro nada mas sirve para echar dos carreras y quemarlo o botarlo pal carajo después que se le saquen unos mil dólares.
Josef no dudó ni un segundo, no iba a invertir nada, solo manejar. El Pasta como siempre se arriesgaría a tamaña empresa y además estaba acostumbrado a perder. El Pasta padecía de una diabetes avanzada y peligrosa que le hacía perder el conocimiento a cada rato y por eso temía manejar. Tampoco podía acelerarse mucho, andaba aun ritmo pastoso, hablaba despacio y apenas gesticulaba o movía los miembros. Por eso le decían el pasta.
- ¡Dale..hecho!!
- ¡¡Vamos a buscar el carro!!

El pasta arrancó a caminar con una decisión impresionante, Josef lo siguió incrédulo y a media risa de lo que venía mas adelante. Cruzaron el puente de hierro hasta que llegaron a las márgenes oeste del río Almendares en el barrio de Miramar, zona conocida como la puntilla, ahí tocó la puerta en una de las desvencijadas casas coloniales de puntal alto y columnas, otrora casa de lujo extremo de nacientes millonarios de la pseudo república cubana.

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