7 de diciembre de 2014

Josef y el Pasta (Cap 203 parte 02)

Cuando se abrió el gran portón de madera Josef esperaba ver una casa de familia pero nada mas lejos de eso, era como un pasillo de losas coloniales muy coloridas, rotas la mayoría, con ropas tendidas, cortinas de sacos de azúcar y muchas puertas y divisiones. Josef contó mas o menos unas doce familias de todo tipo dentro del recinto. En uno de los cuartos el pasta pasó sin avisar y Josef se quedó atrás. El olor a humedad, moho y excrementos de animales era bastante agresivo, por uno de los cuartos se oía el sonido de un cerdo protestando quizás por comida, sin saber el terrible destino que le esperaba. La luz era de ese tipo de bombillos que ya nadie casi usa, amarillenta, que el cable se llena de moscas y se balancean a la menor brisa creando juegos de sombras espeluznantes con cualquier figura donde se cebe su entorno depresivo. El pasta salió de nuevo, haló a Josef por la camisa dentro del diminuto sitio donde dormían varios niños en una misma cama.

-Uva! El socio se llama Uva!- gritaba el pasta tratando de sobresalir del ruido de la ciudadela. Josef le extendió la mano. El señor Uva era una especie de indocubano mayor, pero visiblemente fuerte y con unas manos muy torpes y manchadas de grasa antigua, como esos mecánicos que siempre se les quedan las huellas en los dedos, sin embargo vestía impecablemente limpio y planchado, la camisa azul clara tenía unos filos que denotaban que quizás el señor Uva en su pasado había tenido educación militar.
- Vengan para que vean el carro- salió disparado por el pasillo lleno de habitantes curiosos y oscuros, Josef y el Pasta apuraron el paso para no quedarse perdidos en semejante laberinto.
Salieron a una especie de patio lleno de escombros y ahí vieron lo que quedaba de un buick roadmaster de 1953, sin aire en las gomas y con tantas capas de suciedad que para verle el color había que hacerle un trabajo arqueológico. Uva regresó corriendo a buscar una batería, Josef a duras penas logró abrirle el capot, donde descansaba un motor V8 no menos sucio que el resto, incluso al moverlo se vieron salir despavoridas algunas alimañas de sus conductos.


-Este carro me trajo a mi de oriente- Decía Uva en lo que forcejeaba con una gran batería de camión. Josef y el Pasta lo miraban atentos como si la situación no tuviera remedio.
- Lo que gasta mucho, yo pensaba botear con el pero se mete casi dos litros por cuadra. Eso si! hasta que llegó aquí, le eché luzbrillante, disolvente, nafta, petróleo y cualquier cosa que fuera inflamable ¡Lo quema todo! y camina sin chistar.
Josef separó al pasta a un lado y le habló bajito al oído.
- ¿Que mierda es esta Pasta? ¿Tu quieres que me mate? ¡Vámonos de aquí, no gastes el dinero en esto!- El pasta lo separó mas aun, visiblemente emocionado - ¡¡No me jodas pesca!! Que esperabas ¿Un Masseratti! ¡¡Esta es la oportunidad, este carro está perfecto!!
- ¡Como cojones perfecto pasta? ¿Tu has visto bien esta mierda? ¡Va a matar a alguien cuando empiece a soltar pedazos!!
- ¡Pesca cojones! este cacharro camina como un toro pero es mejor que esté así to escojonao, nadie conoce este carro, nadie te conoce a ti, van a pensar que eres un perdedor de mierda que llegó de último a las carreras sin saber nada. Cuando pinches la mula le vas a dar tubo a todo el mundo y vamos a ganar las apuestas, eso un par de veces hasta que reconozcan que esto es un león tusao y ya no nos dejen correr mas.
En lo que se llevaba a cabo esta discusión ya el motor del buick estaba roncando como un gatico, la verdad es que se oía perfecto. Ese motor al ser tan poco o nada económico, a lo largo de su vida, nadie había querido usarlo por mucho tiempo y el carro había pasado de mano en mano sin hacer muchos kilómetros hasta que cayó en la desgracia que su último dueño se fue del país. Cuando esto pasaba los caros morían porque el sistema burocrático de Cuba exigía la presencia del dueño para hacer cualquier modificación en la propiedad de cada vehículo.

Uva movió un poco el carro hacia alante y atrás y se apagó el motor bruscamente al terminar la poca gasolina que le habían puesto directo al carburador en un pomo de coca cola de dos litros. Los tic tacs de de las contracciones metálicas se escuchaban como si algo estuviera marcando el tiempo de hacer algo. El pasta sacó el dinero y lo blandió delante de Uva
-¡Me lo llevo Uva dame los papeles!
- ¡Que papeles si te dije que no tenía papeles! no me jodas ahora pasta! Si te lo llevas, cuando salgas de este patio es a tu propio riesgo, si te lo quita la policía allá tu, yo no puedo hacer nada!
- ¡¡Arranca Josef!! gritó el Pasta como si estuviera capitaneando un barco pirata. Josef se sentó al timón, no sabía si reírse o preocuparse si lo paraba la policía en la próxima esquina, pero se recalcó que esto era un capricho estúpido del Pasta y que el no perdía absolutamente nada.

Arrancaron y de verdad que el carro se sentía extremadamente potente. desde la puntilla hasta el barrio de Josef se gastó casi cuatro litros que el pasta había comprado, el motor rugía perfecto a pesar de ser un dragón hambriento e hiriente con el bolsillo Dentro del carro comenzaron a salir algunos brillos de piezas niqueladas oxidadas, un radio que ocupaba casi todo el centro de la pizarra empezó a dejar caer su estática como sobreviviendo. Cuando llegaron, el pasta sin mas cogió un martillo y comenzó a darle martillazos al carro por donde quiera que podía.

- ¡¡Porque haces eso Pasta!!- gritó Josef alarmado a la vez que intentaba quitarle el martillo de las manos.
-¡¡Este carro tiene que lucir lo mas descojonado posible!! Esta es mi oportunidad de irme pa España, esta misma noche nos vamos a correrlo!!

Josef se retiró sin decir mas. Dejó al pasta y su locura ante las miradas atónitas de los demás vecinos de 11 y 24, fue a prepararse psicológicamente para la descabellada aventura que le reservaba esa noche.





Josef y el Pasta (Cap 203 parte 01)

Lo primero necesario para conservar una vida sana es una lista de sueños. Josef los había perdido. Se fue hasta los alrededores del puente de hierro donde yacía en el fondo del río Almendares el velero de su padre. Siempre quiso navegar a vela pero el sistema se lo prohibía. El sistema dificultaba tantas cosas que la mayoría de la gente normal terminó culpándolo de todo lo malo. Muchas veces las personas no movían ni un dedo por un objetivo con la simple frase de "Aquí no se puede hacer eso" Josef estaba fuera del sistema. Al igual que las matemáticas, lo que el no veía la utilidad, le entraba por un oído y le salía por otro. Por eso nunca resolvió nada ni con el sistema ni con las matemáticas.

Caminó un rato por el barrio en busca de aventuras. algo que lo sacara de la depresión realimentada de haber perdido por una vez mas a Habana del Mar. El barrio estaba lleno de extraños seres en conflictos propios trágicos y risibles. Era un barrio raro tapizado de árboles raros que la mayoría de la gente esquivaba pasar. Cada ente de ese barrio tenía una historia propia para contar. Uno podía pasar días enteros al caminar de una esquina a la otra oyendo historias raras de los habitantes del micromundo de Josef.

Esta vez Josef se cruzó con El Pasta, conocido en algunos círculos como Richard Gere por su parecido con el actor. El pasta como siempre sacó una retahíla de papeles y explicó, una vez mas, que su padre era español y que el lo iba a encontrar algún día, que se iría a España y sería rico con su arte. Se dedicaba a cortar cristales y hacer vitrales y sonajeros. Josef lo escuchó asintiendo como cientos de veces anteriores que hacía la misma historia. Josef pensaba que había mucha gente en este mundo que deseaba ser escuchada y a el no le costaba nada prestarle oídos por unos 30 minutos mas o menos que duraba el sueño ilustrado del pasta.

Cuando terminó, sin hacer pausa entre el capitulo y la siguiente idea el pasta le soltó varias preguntas.

- ¿Pesca tu sabes manejar carros?
- Si ¿Porqué? - Josef había aprendido a manejar desde pequeño con los carros de su padre.
- Tengo un negocito ahí... - Esa frase era símbolo de meterse en problemas, caer preso o con buen tiempo perder dinero o bienes en alguna descabellada operación comercial con personas de mundos parecidos o peores a los que habitaba Josef.

Josef estuvo un rato en silencio midiendo al pasta. Siempre esquivaba esas cosas pero, ¿Que podía perder ahora? No tenía nada, no le quedaba nada. Sentarse en el barrio a maldecir el sistema no era el estilo de Josef, "hacer un negocito" se parecía mas a defenderse un poco de la minusvalía impuesta por el entorno y el momento. Hacer un negocito era una aventura o por lo menos podía sacarlo de la deprimente situación en que se encontraba.

- ¿A ver que es Pasta?
- Unas carreras de carros... pensé en tí porque tu sabes arreglar carros y eso.
- Cuéntame mas.
El Pasta se acomodó en las raíces del árbol de la esquina. Se tomó un tiempo para empezar como si fuera  develar el gran secreto del siglo. Le echó un par de bocanadas a su cigarro y lo tiró chasqueando los dedos al medio de la calle. Lo estuvo mirando un rato antes de coger aire.

- Aquí hay mucho dinero pesca, si se hace bien se gana mucho, pero hay que estar piano porque te meten un tiro también.
- Pasta! Pero es correr carros o asaltar un banco, como coño te van a meter un tiro.
-Mira pesca, yo tengo una luz y confío en ti.

Otra pausa mas larga aun. Josef atento como si no quisiera perderse nada de esa fantástica y rara película que estaba presenciando.

- Hay un bárbaro ahí que tiene un carro en 500 fulas pero nadie se lo quiere comprar y yo tengo el dinero, pero el problema es que el carro está enmojonao completo por dos cosas y por eso nadie lo quiere. Primero el dueño se fue del país, ósea que no hay traspaso y segundo tiene un motor de chevrolet corvette que gasta un cojón y eso tampoco nadie lo quiere, ese carro nada mas sirve para echar dos carreras y quemarlo o botarlo pal carajo después que se le saquen unos mil dólares.
Josef no dudó ni un segundo, no iba a invertir nada, solo manejar. El Pasta como siempre se arriesgaría a tamaña empresa y además estaba acostumbrado a perder. El Pasta padecía de una diabetes avanzada y peligrosa que le hacía perder el conocimiento a cada rato y por eso temía manejar. Tampoco podía acelerarse mucho, andaba aun ritmo pastoso, hablaba despacio y apenas gesticulaba o movía los miembros. Por eso le decían el pasta.
- ¡Dale..hecho!!
- ¡¡Vamos a buscar el carro!!

El pasta arrancó a caminar con una decisión impresionante, Josef lo siguió incrédulo y a media risa de lo que venía mas adelante. Cruzaron el puente de hierro hasta que llegaron a las márgenes oeste del río Almendares en el barrio de Miramar, zona conocida como la puntilla, ahí tocó la puerta en una de las desvencijadas casas coloniales de puntal alto y columnas, otrora casa de lujo extremo de nacientes millonarios de la pseudo república cubana.