24 de agosto de 2014

Concierto de Boris Larramendi en el teatro Trail de Miami (Mini crónica personal)

Imagen: ViLo & RN-ZN
Por suerte las tardes lluviosas de Miami este día descansaron para dejar una noche calurosa de verano y trópico, en un excelente lugar con una acústica muy agradable y un trabajo de sonido profesional. Comparando con otros conciertos de España, este tuvo la bomba de tener un público identificado y familiar, este tipo de público que baila en los pasillos, pide canciones y corea las letras. La banda pegó, repito, acompañada de un gran trabajo de la mesa de sonido con una perfección inolvidable, mostrando las largas horas de ensayos y la calidad de sus músicos. Boris se dejó su energía en el escenario al punto de pedir un descanso con la frase "déjame coger un diez que ya uno está mayor" con canciones de todas las épocas que fueron pasando una detrás de la otra hasta que el concierto se hizo corto de tan bueno. Después de la última, vinieron un par de temas mas con Ivette Falcón rematando la grandísima variedad de sonidos que regala Larramendi en cualquiera de sus modalidades desde guitarra sola hasta una banda completa que pasa por el rock hasta la timba y el guaguancó.
El momento mas emocionante de la noche fue quizás cuando Boris le contó al público que este concierto, por primera vez estaba siendo transmitido hacia Cuba de manera alternativa y saltando el bloqueo en todas sus formas posibles. En la pantalla apareció Antonio Rodiles y el team de Estado de Sats, quienes a través de streaming y la habilidad de los técnicos de Generación Asere estaban grabando para repartirlo de manera alternativa mas tarde en Cuba.
Este día no solo disfrutamos de la buena música, disfrutamos de la ilusión de romper muros y distancias. De trabajar en equipo y de lograr por encima de las trabas y dificultades, cosas que manos poderosas invierten sus recursos en prohibir o censurar. En lo que Silvio Rodríguez dentro de Cuba hace sus pataleta por algunas dificultades burocráticas que le recortan o retrasan sus ganancias personales, este pequeño team altruista ha logrado salvar las zanjas de las dos orillas, toda una maquinaria de aislamiento y censura real y llevar la música y el arte a su sitio, es decir, al alcance de todos sin reglas ni flujos de un solo sentido del mencionado y falso intercambio cultural.
Un servidor se alegra mucho de formar parte de ello y regala estas imágenes de su cámara dando las gracias por tanto tiempo pasándola bien con buena música y palabras con  acciones consecuentes, honestas y fuera de miedos represivos. Boris muestra que entre toda la masa de actores, músicos y demás personas de la cultura cubana actual de discurso ambiguo y complaciente, de silencios sumisos y respuestas ordenadas, existen aun personas que no transan con su manera de pensar y que van con sus ideas adonde sea como fue el caso reciente del viaje de Larramendi a Cuba, donde dio un miniconcierto en una casa sitiada por la represión militar cubana en la sede de Estado de Sats, con esos jóvenes que están tratando de cambiar a otra Cuba a través de acciones cívicas, culturales y de mucho trabajo y peligros en este lugar que dejamos atrás, donde la palabra cambio no se tolera y es altamente peligrosa para todos aquellos que decidan hacer público sus deseos e ilusiones de vivir en un sitio mejor algún día.

George Gautier
GautierProdVideos®

24 de agosto del 2014

15 de agosto de 2014

Josef y el fin del sueño (Cap 200)

No se iba a vivir eternamente de peces de la orilla y uvas caletas. Josef quizás si, es mas, Josef si. Aun quiere vivir de peces de la orilla y uvas caletas mas que nada en el mundo. La tierra, a la que se estaba adaptando por la fuerza no le estaba sirviendo de mucho. Tantas complicaciones y cosas de hombre blanco lo atosigaban, religiones, normas, tradiciones, historias, prohibiciones y costumbres eran mucho mas de lo que se necesitaba para estar con los pies lejos del mar. Aun no había pensado que podría despegarse del todo a la vida marina pero estaba Habana, por Habana del Mar haría lo que fuera necesario.
 Habana llevaba días en silencio y mirando al mar sin detenerse en mas nada que en sobrevivir. A veces por las noches lloraba en silencio, pero Josef cesó sus preguntas. Había algo que no encajaba en lo que pudiera ser la historia mas feliz de su vida. Una de las mejores cosas que le habían pasado. Siempre se lamentaba cuando de niño se ahogó y lo trajeron de nuevo a este mundo. El mismo mundo que miró con desgano el día que se borró su memoria. Asomarse a una ventana y ver la misma ciudad era una pedantez del destino, pero ahora había sido feliz, tremendamente feliz, aunque por unos días. La vida salvaje de sus sueños parece que no era apta para humanos normales, aunque Habana no parecía normal, pero ya todo había cambiado. 
Habana seguía con la idea fija que deberían abandonar ese país sin futuro ni esperanzas. Josef no sentía lo mismo, no veía la necesidad de abandonar un sitio donde nunca había estado. Esa tierra firme era la orilla de sus predios, Josef había nacido y vivido en el mar, la tierra le importaba un bledo y además la odiaba. La tierra para Josef era un incordio.

 Esa tarde el mar estaba agresivo, las centellas auguraban una noche larga. Quizás habría que dormir en la cuevas, en cualquiera de las tres, doña basura, el cahalote o la ballena, daba igual, para Josef era casa, para Habana, ya no sabía.

Se durmieron como siempre abrazados. Antes comieron algunos caracoles y un pulpo que Josef pescó en la orilla porque el mar se estaba poniendo peor y era imposible nadar en él. Josef tuvo sueños horribles. Siempre tuvo miedo de sus sueños porque fueron presagios de cosas futuras o traumas pasados. Soñó que se estaba ahogando de nuevo pero volvió a recibirlo sin miedo esta vez, lo despertó el ruido de unos motores y unas voces.

Se incorporó de un salto y buscó en vano a Habana por toda la sala de la cueva, no estaba. Se asomó entre las rocas y vio una lancha rápida y personas con niños incluso de brazos intentando llegar hasta ella. Se quedó petrificado, los tripulantes cargaron a varios y a otros no se sabe porque razón los rechazaron blandiendo machetes y gritando. Josef aguzaba la vista intentando ver si descubría entre las personas a Habana pero no se veía mucho a pesar de la luna llena tan brillante como un foco de estadio. La lancha rugió como un animal feroz y desapareció en el horizonte centelleante y lleno de espuma. Los que quedaron en tierra desaparecieron por un trillo que llevaba a los campismos. De pronto se hizo silencio, ese tipo de silencio que golpea en el pecho y duele. Josef aun sin recuperarse comenzó a llamar a Habana pero nunca obtuvo respuesta.

-¡¡Habanaaa!  ¡Maldita Habana! - Gritaba para si mismo - ¡¡Siempre desapareciendo igual!! ¡Eres mi vida pero me estás matando! ¡Habanaaaaa!!

Sintió de lejos perros ladrando. Podrían ser guardafronteras que venían como siempre a los sitios donde recalaban lanchas. Josef se metió en lo mas profundo de la cueva y se acuñó en una laja pegada a uno de los techos. Por suerte el guano de murciélago acumulado no permitía a los perros detectarle. En efecto, pasaron los guardias blasfemando y amenazando, estaban molestos por cada madrugada que los hacían moverse por una alarma de salida ilegal. Josef se apretó mas a la roca y lloraba de rabia, en la entrada de la cueva veía las siluetas de los perros furiosos también. Un perro entró, pero ni se dio por enterado que sobre el había un semisalvaje preparado con un afilado cuchillo de pesca por si era detectado. El perro volvió a salir sin mas. Al rato se fueron los guardias y Josef se dejó caer sobre el suave y caliente guano de murciélago, con la misma oteó lo que pudo desde la entrada de la cueva una vez mas porque ya se veía todo a su gusto, desierto, silencioso. Solo se oía la brisa de la tormenta pasada, el mar y se podía oler el salitre como siempre. La luna había bajado y ya la noche estaba tremendamente oscura. Josef sabía que debajo de sus pasos en esa roca habían unos 10 metros de caída libre hasta el mar, no lo pensó un segundo mas y se dejó caer. Lo recibió un agua salada, tibia, suave, un entorno suyo que por mas que renegase era su casa, su vida.


 Estuvo flotando cerca de la orilla por varias horas hasta que vio a lo lejos los claros del día. Maldita noche en la que la única suerte era que el agua del mar no le hacía notar sus lágrimas rabiosas. Maldita Habana del Mar que siempre lo dejaba tirado y se iba, malditos los sueños y las simplezas en las que quería mantener su vida, ajeno a todas las personas normales que poblaban la tierra. Condenado estaba a estar solo y los pequeños momentos en que pensaba que no, le arrancaban las tiras del pellejo cada vez mas profundo.

Quizás debía estar solo. Pensar que Habana del Mar nunca existió, pensar que era una especie única, enferma o anormal pero que debía llevar su vida adaptado a aquello. Y sobre todo, que nadie de tierra firme iba a seguirlo nunca.

En lo que amaneció se sentó en una de las piedras altas que daba a la montaña mas pegada a la costa. A medida que el sol subía dejaba entrar rojizos y hermosos rayos a través de las cobardes olas que aun permanecían de la tormenta de la noche anterior.



Josef ya estaba decidido. Seguiría mirando el mar por sirenas, debería haber una, al menos una para el, si no, ahí se quedaría petrificado como una estatua de neptuno. Maldita Habana del Mar.
¡Y ahora que?