29 de abril de 2014

Josef y Dos Metros (Primera parte) cap 193




Y dos metros lo encontró en el Cerro.
Pero si se cuenta así, nadie entendería...

En los 90s, de las tantas cosas que Josef había hecho, era la época de comprar carros americanos, restaurarlos y revenderlos. En el barrio se había regado que Josef le daba trabajo a la gente así sin más y venían personajes de todo tipo y sitios disímiles para ganar algún dinero. A veces tenía tres o cuatro carros esperando por trabajo. Un día fueron cuatro carros y un camión, por eso casi lo meten preso, por actividad económica ilícita, ya que en Cuba, no sabría como explicarlo, uno puede ir preso por ser trabajador, por ser emprendedor o tener capacidad de crear empleos o negocios.
Solo dios si es que está ahí sabe como Josef escapó de aquello, pero eso lo contaré otro día.

Dos metros llegó un día que el estaba metido debajo de un carro cambiando una caja de transmisión. Vio unos pies desmesurados parados a su lado, gastados como de un animal en fuga y cuando salió de donde estaba, no veía su cara por el contraluz de esas tardes habaneras que lo ciegan todo.

- ¿Tu eres el Josef?- Preguntó sin tantas presentaciones.
- ¡Si! - Le respondió con seguridad ya que quizás era el único "Negociante" de todo el Vedado que no le debía nada a nadie, ni nunca había quedado mal con nadie. El negro medía, según se enteró después, casi 2.15 metros y tenía cara de gorila molesto, los brazos eran interminables y las manos parecían racimos de plátanos.

- Estoy buscando trabajo, necesito trabajar.
Josef sacó un trapo manchado del bolsillo trasero y comenzó a limpiarse las manos con cara extrañada. Tardó un rato en responder.
- ¿Que tu sabes hacer de mecánica?
- Nada. Estaba preso desde que tenía 11 años y ahora tengo 39, pero no se nada de nada. ¡Eso sí! Se contar y dibujar los números, también se escribir mas o menos, pero fui al agro a buscar trabajo y no me lo dieron porque me dijeron que tenía que tener por lo menos 6to grado, pero ¿Para que hace falta 6to grado para vender naranjas o cargar sacos, ¡yo se contar, se contar el dinero! se cobrar y dar vueltos, pero dicen que si no tengo 6to grado no podré trabajar en ningún sitio y claro voy preguntando a todo el mundo hasta que me dijeron que a lo mejor fregando carros o algo... Yo aprendo lo que sea - Se agachó rápidamente a coger las herramientas que Josef había dejado regadas por el piso.

Josef lo miró con respeto, sabía lo que significaba que alguien dijera en la Cuba de los 90s que estaba buscando trabajo, la gente por lo general buscaba "biznes" compras, ventas, robos o cosas resueltas. La frase buscar trabajo llevaba extinta varias décadas. Trabajar se llamaba resolver y se medía la conveniencia por lo que uno podía desviar o robar de cualquier sitio o posición donde se desempeñara.

- ¿Como te llamas? Preguntó Josef al rato de estar meditando que hacer y convencido que llamase como se llamase se le quedaría el apodo de dos metros para siempre en su cabeza.
- Jesús...
 ¿Dime que hago compadre? Yo quiero hacer algo.

- Jesús... ¿Tu sabes que yo compro carros destrozados y los restauro para revenderlos?
- Si. Todo el mundo lo sabe y me dijeron que tu ayudas a la gente con trabajos...
- Está bien, te voy a dar uno fácil. Me hace falta que andes por ahí, por toda La Habana y donde veas un carro de esos desbaratados, sin ruedas sin cristales o como sea que esté que preguntes por el dueño y te apunte en un papel la marca, la dirección y el precio para comprárselo. Te voy a dar ahora 400 pesos para guaguas o boteros o lo que sea y mañana o pasado me traes los que hayas visto, da igual de donde sea si me traes dos o tres ya estamos arreglados.

Pasó casi un mes sin saberse de dos metros. De las personas en los barrios que siempre estaban mirando a Josef trabajar porque no tenían nada mejor que hacer que dar opiniones sobre todo lo que pasaba en las calles y tomar alcohol reciclado, ya se oían los rumores que dos metros le había "metido línea" a Josef con 400 pesos, pero este ni se inmutaba. Su sentimiento hacia el dinero era raro y bastante desapegado. Josef pensaba que quizás esa persona necesitaba ayuda y estaba contento de haberle proporcionado algo con lo que pudiera quizás encauzar su vida un poco. Pero los rumores se derrumbaron un jueves del caluroso agosto cuando apareció dos metros agotado, con la ropa muy sucia y descalzo.
Lo primero que vino a la cabeza de Josef era que lo habían asaltado o había tenido un accidente, pero dos metros antes de llegar se saco un bulto de papeles estrujados del bolsillo llenos de direcciones de posibles carros para comprar, unos 15 aproximadamente.

Josef leyó detenidamente la lista con letras de todos tipos y colores escritas por cada uno de los dueños de los carros. Miró a Jesús de arriba a abajo y le dio las gracias pero no pudo evitar la curiosidad de preguntarle que le había pasado y porque se veía en ese estado.

Jesús dos metros se sentó en el piso y comenzó su relato al oído de todos los curiosos del barrio que como siempre no se perdían una historia de cualquiera que pasara. Josef le llamaba la banda de Dick Turpin, por una serie inglesa de hacía unos cuantos años, donde constantemente salían forajidos y facinerosos con el mismo aspecto de los borrachos de su barrio.

- Me fui ese día y comencé a caminar por todas las calles, como tenía dinero para comer me fui quedando a dormir donde me cogía la noche - Josef revisó de nuevo la lista, había carros del Cerro, San Miguel, Marianao, San Agustín, hasta de Guanabacoa.- Primero se me rompieron las chancletas, después poco a poco la ropa, pero no quise gastar el dinero en nada de eso porque me parecía mucho, comí fritas, croquetas, pan con guayaba y un día que tenía mucho hambre en la Virgen del Camino me comí una cajita, el resto se lo di a mi mujer que está embarazada y brincamos de alegría. No me quiere creer que fue por un trabajo decente y quiere venir a verte a ver si es verdad. Llevamos meses sin comer nada mas que agua con azúcar. Estamos contentísimos.

- ¿Pero todo eso caminando?- espetó Josef sin esperar a que terminase.
- Caminando, yo no me se las guaguas de ahora y además así veía bien en todas las entrecalles, fui haciendo zig-zags por todas las cuadras posibles.

La banda de Dick Turpin estaba en completo en silencio y boquiabiertos. Uno por uno le dieron las manos a Jesús manifestándole un gran respeto, mas de uno le dio un abrazo, Jesús estaba un poco estupefacto con tanto apoyo grupal desconocido hasta que uno de los borrachines habló en posición de discurso declamatorio.

- He aquí un hombre de verdad, un hombre decente, de los que ya no quedan. ¡Un respeto para este ambia de las calles y las prisiones! A este hombre se le puede confiar cualquier cosa sin cráneo ¡Sin cráneo! -  La palabra cráneo la repitió varias veces con un énfasis vibratorio en la c y la r del principio que parecía que iba a romper un cristal de un vecino cercano.

Josef miró la lista otra vez. Marcó en ella varios carros para ver y le dijo a Jesús para terminar, Mañana vamos a comprar un par de estos, vienes con nosotros pero vamos en carro ok?

Jesús sonrió por primera vez. Aunque dejara ver una dentadura casi perfecta, sus ojos se veían tristes. Tenía de pronto alegría y esperanzas de que las cosas iban a ser distintas. Algo bueno iba a pasar, lo presentía. Abrazó a Josef y subió cojeando como pudo por la loma de la calle 24 del Vedado hacia su casa. Se llevó la misma sonrisa en todo el camino y con un puño cerrado iba tarareando alguna rumba propia. Algo iba a cambiar, venían buenos tiempos.


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