19 de noviembre de 2011

14 de agosto de 2011

Las ilusiones de Josef (Capitulo 21)


Luchar contigo. Fue la ultima frase que usó Josef para dejar salir todas sus ilusiones. En pocas palabras soltó los sueños que le unían  a la tierra. Sandra quizás no entendió nada de esto pero sintió esa energía que desprende el querer empujar con fuerza el futuro. Josef a sus 17 años ya sabía buscarse la vida y prácticamente había vivido el doble al ver su tesón en defender sus ilusiones en un sitio donde tenerlas es delito. Sandra se dejó, iba un poco fascinada por aquel esquelético luchador de la calle que olía  a acero quemado y risas. Josef había aprendido a reír y para colmo a hacer reír. La risa era una herramienta mas, quizás la mas importante para sobrevivir, además si Sandra sonreía, todo estaba arreglado, era una magia enriquecedora que Sandra se riera, las olas se calmaban, la luz coloreaba las partes ocultas de los árboles, si Sandra reía, el día habría valido la pena.
Déjame luchar contigo. Se quedó la frase tatuada en su aire y en el aire que pasaba a través de los besos. Hoy todo estaba bien, mañana veríamos. Hoy sobreviviríamos, mañana tal vez.
Cada hoja que tocaba el piso era motivo de un beso, cada canto de pájaro, cada anciano que cruzaba una calle. Cualquier evento era justificación y orden para entregar cariño. Josef iba atrapado por una sensación nueva que le provocaba un éxtasis y una calma tan extensa como sus ganas de seguir redescubriendo ese nuevo mundo. La tierra iba siendo hermosa a pesar de sus tantas tristezas, su humo y su sequedad. Caminaron sin rumbo hasta que llegaron a una cafetería cerca del puente de hierro, ahí se sentaron y con algunos dólares consiguieron algunas cervezas que tomaron con la música de Juan Luis Guerra de fondo entonando un tema que parecía que algo desde arriba les mandaba a ellos. Cuando te beso.

 Sandra se fue metiendo poco a poco en la ola gigante de cariño, pagaron y salieron tomados de las manos. Josef tomó rumbo al único sitio conocido del lugar, la base de los pescadores. Entró en uno de los barcos conocidos y ahí ya cerca de la medianoche regaló todos sus sueños, todas sus ansias una y otra vez. Sandra después de pasar de su asombro de tanta delicadeza de alguien que dobla aceros con sus manos se dejó llevar una y otra vez, besos como signos de puntuación en un dialogo de suspiros y susurros, calor, frío, silencio, vibraciones.  A lo lejos el "cuando te beso" de Juan Luis sonaba también cíclicamente cada varios temas olvidados. La luna entró cuando quiso para hurgar entre las pieles blancas o quemadas, recorrió la perfección y las cicatrices con desespero hasta que Sandra se separó de un tirón de Josef.
- ¿Que hora es?
- Como las doce ¿porque? - Preguntó Josef con una sonrisa de felicidad.
Sandra sacó de su bolsillo una diminuta cajita forrada en papel. - Toma - dijo alargándosela con las dos manos cual si fuera algo muy pesado o muy sagrado.
- ¿ Que es ?
- ¡ Ábrela!
Josef deshizo el papel, abrió y dentro había algo que brillaba tímidamente.
- ¿Que es? - dijo sacando el objeto con toscos dedos quemados de tanto trabajar.
- Son tres delfines... Somos tu, yo y nuestro hijo que un día vendrá. Quería conseguir uno mas grande pero era caro y no me alcanzaba - Sandra bajó la cabeza como avergonzada - Pero si lo ves a la luz, los verás, los tres delfines, es nuestra familia.
Es nuestra familia era el sello que faltaba, Josef besó los delfines y abrazó a Sandra. ¿Como se puede ser tan feliz? Sintió ganas de llorar pero le pareció una estupidez ¿como se puede ser tan feliz?
- ¡Hoy es tu cumpleaños bobo!
Daba igual, Josef no seguía esas cosas y después de un momento tan bello e insuperable menos. Si que hacía algo de frío, era Diciembre.
- ¡Felicidades, pide un deseo!
Josef deseó, si algún día se acababa este bello instante poder comenzarlo de nuevo, Deseó con todas las fuerzas vivir por siempre  aquí, en este momento. Pero sabía que las cosas buenas eran caras, prohibidas e imposibles, optó por algo mas práctico.
Si algún día esta bella sensación se acaba, poder empezar otra vez.

El que narra esta historia asegura que los delfines estuvieron colgados en el cuello de  Josef hasta  el fin de sus días, hasta el fin de los días en que estuvo intentando empezar este momento otra vez.


10 de mayo de 2011

Tres cosas buenas.

 Tres cosas buenas. Tengo que pensar en tres cosas buenas. Cada vez que me canse, me caiga, me rinda, tengo que pensar en tres cosas buenas. Siempre hay tres para pensar. De nada vale quejarse, molestarse, hundirse si las cosas van a seguir para adelante contigo o sin ti. Trata de soportar ese pequeño error del hermoso viaje de estar vivo. Sigue adelante y cuando veas que el mundo está al revés, que la gente mala le salen bien las cosas, que triunfa la deshonestidad, la maldad y todas esas cosas que no vale la pena mencionar, no te caigas, piensa en tres cosas buenas y en los segundos en que lo logres, ya estarás montado en el siguiente tren. Solo tres cosas buenas a la vez.
Estar durmiendo y que te zarandeen con cariño a las 2 de la madrugada.

Uno
- Vamos, despiértate, tengo una sorpresa – La voz de mi papá en una oscuridad donde solo se le veía un pequeño brillo pícaro en los ojos y la sonrisa – vamos, vamos ssshhh! – dormía con la ropa de andar, la vida era tan azarosa que no me cambiaba por si pasaba “algo” ese algo que estaba pasando.
Nunca preguntaba, nunca nada malo podía venir de mi papá, y esa sorpresa que venía tendría que ser mejor que la anterior. Le gustaba darme sorpresas, sabe que yo mas que nadie las apreciaba y aun me sorprenden y me pegan de adentro hacia fuera con emociones nuevas cada día. Me hizo apurarme un vaso de agua con azúcar y un pedazo de pan que tuve que demoler de lo viejo que estaba, cruzamos la calle hacia el barco. El frío no me importaba y el olor de río siempre me daba un estrés agradable de aventuras. Arrancó el motor – Vamos a Cabañas – dijo en voz baja entrecruzada con las cariñosas detonaciones de la vieja maquinaria que movería la hélice en las próximas seis horas.


A cabañas, un viaje largo. Soñaba con un viaje largo, mi primer viaje largo había sido recorrer a pie todos los nueve kilómetros del malecón habanero. Pero este era por mar, de madrugada, en silencio. Cuando la vieja mole de madera comenzó a moverse parecía que lo hacía por arte de magia, sus cientos de capas de pinturas de varios colores, descascaradas le daban aspecto de monumento o pared. Nadie pensaría que eso se movería y menos al ritmo de las olas, olas que ya empezaban al salir del puerto de Río Almendares. Subí al techo del barco, fui siguiendo cada una de las estrellas y veía asomarse la cabeza de mi papá a ver si no me había caído al agua, el zarandeo era como si dijera ¡despierta, aprovecha esto! Hasta que empezó el amanecer pasando el Mariel. Cuantas luces, el frío era lindo, el hambre era linda, como sables los tímidos rayos de sol rompían el agua cristalina y a veces espumosa hasta donde la vista se perdía. Se perdía la vista, era como flotar sobre un cristal azul y la proa en silencio, tímidamente ganaba metros hacia nuestro destino. Están grabadas a fuego tantas emociones bellas, podría estar años describiendo cada minuto de ese día, ese día de muchos días cuando todo era tan bello, cuando daba gracias por respirar, por oír, por abrir la boca y probar la sal de la atmósfera. Gracias a eso hoy suspiro y sonrío sin ton ni son en las peores situaciones. Eso no me lo quita nadie.

Dos.
Años llevaba intentando navegar a vela. Solo dios sabe como me hice con una tabla de windsurf. Pero era solo pararme y caerme, me parecía imposible, tantas veces pensé dejarlo hasta que apareció el chino, el chino había visto en televisión cual era la técnica y se le había quedado grabada aunque el nunca se había montado en una tabla. Me enseñó. En menos de media hora lo comprendí todo y con una sonrisa me disculpé por tanto tiempo perdido en intentos infructuosos sin conocimiento alguno. Hice lo que me habían explicado. En los años perdidos había ganado al menos un poco de equilibrio y me dieron más facilidad para empezar. Cuando la vela está en su sitio y la tabla empieza a moverse no lo crees, no crees que algo se mueva en silencio tan solo empujado por el viento. Impresiona como un metro, dos, va cogiendo una velocidad que parece espeluznante y ya formas parte de una naturaleza en movimiento que no necesita mas que tu energía y los deseos de casi volar. Grité tanto ese día que me quedé sin voz, a toda velocidad me arqueaba hacia atrás y metía la cabeza en el torrente de agua, el único ruido era la sal pegándome y la espuma reventando con la presión. Los primeros metros fueron los más impresionantes del mundo, es saltar tu propia fuerza con el ingenio, es escapar de tus mínimas posibilidades de ser terrestre. En fracciones de segundos ya estaba soñando a miles, soñando viajar, escapar, volar. Navegar a vela es algo que choca con los espíritus de mucha historia, es sublime y hermoso, es como si la tierra y la vida te estuvieran dando un regalo incalculable.

Tres
Perdí la cuenta de cuantos esfuerzos hice por Sandra. Cuantas veces dejé de intentarlo y cuantos días pensé que lo lograría de nuevo. Era como escribir en hielo, imposible. Hasta que sucedió. Llegamos de noche a la costa donde  las suaves olas iban magnetizando cada beso, haciéndolo mas importante. Hacía ese calor de agosto y en la playa de 12, al lado del gran teatro blanquita, hoy llamado Karl Marx metimos los pies en el agua. Sin voz estábamos desde hacía días porque nos habíamos encontrado en una magia rara donde pasaban cosas sobrenaturales como el no tener que hablar para decirnos de todo, todo lo bello de la ilusión, las esperanzas y los sueños. A lo lejos algunas parejas hacían lo mismo que algunos borrachos, dejar que su mundo diera vueltas por unas horas para no tener ni pies ni cabeza, para no tener calle por donde volver, ni cielo donde pedir. Las olas llamaban y se hacían sentir como esa caricia que la tierra tiene reservada para ti, en los días en que no se enfada por el mal trato que le damos. Nos metimos poco a poco en el agua. Increíblemente veía como si una luz extraña saliera de mis ojos, veía cada detalle, sabía todo. El vaivén de la ropa era molesto y por eso la tiramos con un poco de violencia sobre las rocas de la orilla. En el silencio de la noche sonaron como si se hubiera caído una nube muy pesada llena de agua. La piel, con diminutos volcanes a cada milímetro por culpa del ligero frío agradecía el contacto con la otra piel y el agua que por fortuna se fugaba de este espacio salía casi hirviendo. El sabor salado con olor a algas de mi sueño fue arando un espacio particular en mis vivencias para este día. Vi la diferencia de colores de donde había dado el sol y donde no, me dediqué a besar esas líneas, la supervista se iba haciendo cada vez más nítida. Tropezar en una curva, en una línea era como llegar a una meta y coger más energías para la siguiente. Fundirse en uno y no pensar más, quedarse, ser alga, pez, marea. Gritar en silencio cuanta felicidad, rajar las piedras de ilusión. Tuve que detenerme en su pecho. Nunca supe la obsesión de donde salió pero me detuve ahí por mucho tiempo, quizás hasta el sol de hoy. Cada luz era recompensada con un beso, cada vibración con un abrazo, cada ola con un roce. Y yo detenido en su pecho, recorriendo cada kilómetro de vida con cada milímetro de piel fría, blanca, erizada de frío donde el agua hacía zig zags para poder correr. Esos colores están vividos en mi memoria. No se si esto volverá a suceder. Por lo pronto lo llevo conmigo a todas partes.


Estas son mis tres cosas buenas y a partir de aquí pueden pasar lo que sea con mi vida. Que yo voy a sonreír a todo y seguir adelante. No es que me interese nada, es que estoy cargado de lo hermoso que he vivido, otro día pensaré en tres cosas más, si la penosa situación del momento y lugar donde vivo lo requiere.

24 de abril de 2011

Señales y no de humo.

Hay días en que uno amanece atravesado. Hoy es un día de esos, encima domingo. Levantarse un domingo a las 6:00 am para trabajar puede doler. Hoy es un domingo de esos. De regreso de los sitios a los que tengo que ir siempre vengo disfrutando de la carretera y cualquier música que esté en la radio, me da igual. Ese rato conmigo solo es un aliciente al terrible día. Soñar es mi entretenimiento preferido, recordar también.
Me doy cuenta cuan lejos estoy de mi casa, mi casa de verdad, donde nací. Increible que aun no haya echado el ancla, no he quemado naves. Mi nave está ahí, latente, esperando algún día volver. Feas palabras para quien lleva más de diez años fuera y no tiene ni un ladrillo. Entonces sucedió lo imprevisible. Soy escéptico pero hoy me llovieron las señales. Primero estaba pensando en mi casa y me surge en mi camino improvisado un cartel con el nombre del barrio donde nací y después me crucé con otra sorpresa que no cuento, dejo imágenes. Son señales creo. Algo tiene que pasar.
Cadillac Seville 1959 en Madrid.

23 de marzo de 2011

Un invierno demasiado largo.

Este invierno se me hace largo. A medida que se me va el tiempo junto a la vida en el sitio donde no se respira mar, hay gente en mi isla que no permite que las personas respiren en paz. No debiera quejarme, pudo ser mucho peor. Aquel viaje que planeamos a Rusia con la misión de quedarnos en el aeropuerto de Gander, Canadá, el que no se dio porque no pudimos completar los tres mil dólares quizás no hubiera sido tan terrible como ser victimas de nuestro arrojo de quedarnos en Moscú o donde le diera la gana de aterrizar al maldito avión de Aeroflot. Quizás estoy mejor que en Miami con el trauma de ver a mis hermanos de viaje desapareciendo en el mar como muchos, quizás aun hago este cuento porque no tuve la terrible idea de esconder el cuerpo que me lleva por este mundo dentro de un tren de aterrizaje. Quizás el no tener el valor de gritar por mi vida dentro de La Habana o el heredar los miedos paternos de la represión me mantienen más o menos a salvo. Dentro de poco, harán diez años que estoy fuera. Fuera de casa, fuera de peligro, fuera de pobrezas. En una manta fría y segura que se llama Europa. En un sitio donde no tengo ni quiero tener nada, donde no quiero raíces a pesar del buen trato que se me da y de todos los esfuerzos que se vierten en que me sienta como en casa. Gracias a todos. Pero el destierro es una pena menor al saber que tu casa esta ahí enfrente y que unos sujetos desalmados la tienen tomada por la fuerza. La tierra de todos los cubanos está tomada por la fuerza por dos o tres armados hasta los dientes y sumamente peligrosos, por personas que no creen en los hombres ni en los pueblos, por seres que al estar muertos de miedo se tornan más peligrosos aun y solo atinan a modernizar sus armas y medios de extinción de vidas. Ahora se estremece toda la tranquilidad de la lejanía porque lo que yo no hice lo están haciendo otros. Gritar por sus vidas. Incluso hay quien se atreve a desafiar la maquinaria brutal insinuando que Cuba es de los cubanos. Ya no puedo dormir. Solo me queda arrojar lo que tenga en la mano a favor de los futuros muertos o apresados. Letras en este caso. Hacerlas publicas es mi vergonzoso deber y mi miserable acción donde hay tantos campos vacíos en los que se puede ayudar. De niño me leía todas las epopeyas escritas por los supuestos revolucionarios que le ganaron a los malos en la historia de Cuba y cuando le preguntaba a mi padre que hacía en esa época el me contestaba con tristeza que no había hecho nada. Me he quedado con el gesto de su cara para un día cuando me pregunten lo mismo a mí, habiendo tenido oportunidades de hacer algo por los míos decir exactamente lo mismo. No he hecho nada. Solo huí y me refugié en la fría y cómoda Europa. Por eso este invierno se me está haciendo eternamente largo.

19 de marzo de 2011

Mi regalo por el día de los padres.

Paso 18 horas al día manejando, conduciendo. Este día trato de no pensar. Pensar puede doler. Por todas partes el mundo que me rodea me recuerda que hoy es un día de pensar en los papás. En la radio un pequeño dice que le regaló a su papá un vaso pintado por el, para poner lápices. Imagino que algo tan simple como eso puede ser el objeto mas valioso del mundo en su momento. Espero que el día pase pronto.
Por la televisión más de lo mismo, quizás el objetivo de impulsar al consumismo hace que esté también en todos los carteles y publicidades con las que me tropiece. El día no pasa, está detenido, tengo que concentrarme aunque por suerte hoy no hay casi tráfico.
Hasta que al final me dejo llevar. Tengo que pensar en mi papá.

¿Que le regalaría en un día como hoy? 
No me gustan las celebraciones, paso de ellas, se me olvidan, pero quizás los años y las horas a solas con el pensamiento me recalquen este tipo de cosas.

¿Que le regalaría?
Hay un autobús estacionado a la derecha de la calle por donde yo voy. Mi padre me dijo cuando me enseñó a manejar que apenas llegaba yo a los pedales de su Jeep Toyota del 1954, que cuando rebasara una guagua, parara, porque la gente suele bajarse de las guaguas y cruzar por delante de estas de pronto. Aminoré hasta parar, nadie salió pero si hubiera salido hubiera estado seguro porque mi padre me enseñó eso y yo le hago caso a veces.

Ese es su regalo.

Lo escucho y tomo todo lo bueno que me enseñó, lo pongo en práctica y me lleva por la vida con menos tropiezos de los que me tocarían. Llegando a la casa me acuerdo que tengo una carta de él que nunca he leído. No he tenido valor en diez años que llevo emigrado de abrirla. Me fui de Cuba sin despedirme. Mi pobre padre era un ciego defensor del sistema cubano, yo era el hijo maldito, terrible, contestón, zoquete, desafiante, disidente, contestatario, rebelde.

Traidor por abandonar Cuba.

Cuando enfermó pedí el permiso de entrada a Cuba ¡Si! para los que no lo sepan, yo cubano tenía que pedir un permiso de entrada a Cuba y pagarlo por supuesto. 4 meses tardó entre varias denegaciones hasta que mi padre un día caluroso de La Habana murió quejándose de frío. No llegué a tiempo, no lo pude ver para al menos decirle que me iba regularmente bien. Que aquí en España aunque era capitalista la gente no se moría en las calles por falta de atención médica como siempre me recalcaba. Que también había educación gratis y que la gente vivía de su trabajo. Que era un sitio donde se llevaba una vida normal y tantas cosas que contarle. Tenía cientos de periódicos españoles para leerle las cosas de aquí, pero no llegué a tiempo. Mis amigos del barrio cargaron con el, lo llevaron por mi. Igor, Rivas...Gracias.

Y esa carta que no he abierto. La voy a abrir ahora pase lo que pase. Para bien o mal tengo que leer, oír sus palabras. Dígame lo que me diga. Así me insulte con sus párrafos políticos absurdos. La encontré, está guardada dentro de un libro, viene en un sobre de cartón donde mismo le pagaban su jubilación. Con su letra zurda pone de el y de mi madre pero esta carta la escribió solo él. es su letra, son sus palabras.

Querido hijo mío:
                                                                                Me siento orgulloso de tí.
Ya que se como te desenvuelve en tu nueva situación, se que estas trabajando duro y que el tiempo no te alcanza, estaré tranquilo porque se que tu tienes don de gente y eres como el "alka-seltser" que siempre cae bien pero con todo y eso quisiera tenerte aquí "coño" te extraño, extraño, extraño MUCHO.
¿Quien me arregla el reloj? (Está roto)
"            "             "      "      las cuchillas de afeitar.
¿con quien me peleo?
¿ "         "  aprendo de mecánica o me presta un libro?

Después sigo..........................



11 de marzo de 2011

La historia de Kevin. (Documental reportaje 14 minutos).

Kevin es un pequeñin que viaja de Cuba a España para reunirse con sus padres que como miles de cubanos han emigrado para sacar a flote la familia a pesar de la separación y la distancia. Apenas se da cuenta que se aleja miles de kilómetros de su casa natal y quizás por siempre. Cuando llega a Madrid lo primero que pregunta es ¿Y mi abuela? pensando que solo había dado un paseo. Esta es una historia de reencuentro.

3 de febrero de 2011

El abrazo de la tierra

Algunas islas se mueven solo con un abrazo. Algunas olas pretenden lograrlo, pero las olas empujan, no abrazan. Por eso la tierra tarda tantos años en moverse de donde está. Por las buenas nada.

Algunos pensamientos se mueven solo con un abrazo. Se repite la fórmula. Lo que pudo ser un día fatal, se torna en un acontecimiento colorido. Dos segundos antes y muchos meses después esa energía que llegó por sitios irreconocibles aún carga de lo acontecido. Va mas allá, se escapa. Es como el agua, o la sal, importan tanto pero pasan desapercibidas. Mucha gente tarda años en darse cuenta, otros no se dan cuenta nunca. Hay que detenerse, pararse. Usar la vista que quede, el olfato, el tacto y sentir ese abrazo de la tierra. Hay que detenerse, mirar como crece un árbol en cientos de años, mirarlo en un segundo. Mirar a través del concreto, de las obras del hombre tan aplaudidas por el mismo hombre. Hay un trocito de verde, de arena, de aire entre tanta arquitectura manual. Caminar por las rendijas, irse a vivir al musgo, reflejarse en una gota de agua, seguir a una hormiga.
No quiero que lo qué me rodea salga del sueño de nadie cuerdo, Los acristalados monumentos y las columnas romanas. No quiero que me rodee nada reciente.
Lo único reciente que me puede rodear son tus predios. Tus predios presentes y tan en contra de los míos. Tus predios artificiales y concretos, grises y agresivos. No me importa. Puedo respirar en ellos. Es una pena que entre eso vengan incorporadas las leyes humanas, que como los muros, se aplauden a si mismas pero no mejoran nada de la vida. Es una pena que seas de esta tierra y estés adaptada, integrada y más o menos feliz en ella. Que no disfrutes de la vida en tantos segundos que te quedan de un minuto. Pero es así, por eso me quedo a mirar de lejos y sin que sepas te abrazo. Te dejo toda mi energía dos segundos antes y muchos meses después para que te lleven por las aceras llenas de hollín. Puede que esté en la próxima esquina aplaudiendo un muro para hacerme visible, pero en realidad solo me reconocerás si encuentras en mis bolsillos unas pequeñas piedras redondas y gastadas de un río lejano. Detente, sigue un olor o un sonido. Déjate ser viva. Ya tendrás tiempo para hacer lo que se supone que debes hacer.

25 de enero de 2011

El delicado espacio de lo bello.

Pasan los días en que caminamos mirando al suelo sin saber siquiera que hay encima de la altura de nuestro insignificante ser. Esos días grises cuando piensas que no hay remedio contra nada y que los males son los dueños de todo. Esos días que no acabarán. Uno de esos días levantas la vista y ves que por encima de ti hay vida, y por delante. Que vendrán cosas buenas por leyes matemáticas de probabilidades y aleteos de mariposas en el otro lado del océano. Sabrás que todo lo que has pasado no ha sido más que una humilde enseñanza para que seas mejor persona en el futuro, más tolerante y más fuerte y sabrás también que olvidarás limpiamente como un corte de cuchillas estas malas memorias que hoy te abruman. Ya puestos. Comenzarás a caminar por el delicado espacio de lo bello. Por unas interminables curvas de lo querido que cargarán tú alma para la siguiente oleada de desdichas. Es un ciclo por desgracia. Como el verano y el invierno. Estamos condenados a los ciclos, pero por suerte, en esos escasos segundos de tu para nada eterna existencia vas a llegar. Vas a disfrutar del delicado espacio de lo bello.