15 de marzo de 2010

La mala suerte de Chulín

Este articulo literario es basado al 100% en un hecho real con personajes reales.

Chulín era un joven que nació y se crió entre los barcos, desde pequeño, los grandes lo veían brincando entre los botes como un resorte, con esa habilidad que tienen los niños de hacer cosas en contra de la gravedad y las demás leyes físicas. Pronto aprendió a pescar como su padre Papo, y se convirtió en uno más de ese barrio de pescadores del puente de hierro. Siempre está bromeando, hoy sus hijos y sus nietos son lo mismo que fue el y su padre, lo mismo que fueron mis abuelos y que de seguro serían mis hijos. El roído bote en el que viajábamos mucho antes de nacer, en forma de sueños, aun existe y sobrevive en las grises aguas del río Almendares. Chulín cada día despierta por la madrugada y a duras penas va a pescar. La mala suerte no ha hecho que deje de hacerlo. Una mala suerte enfermiza y sádica que se cebó con el hace unos años sin darle oportunidad de escoger, una mala suerte de esas que andan sueltas por ahí y que lejos de atajarla, vemos con la mirada hacia el suelo como pasa de un sitio a otro rezando porque no nos descubra y se cebe en nuestras vidas.
Al triunfo de la Revolución, Chulín, como casi todos los pescadores que no se fueron se vistió de uniforme verde olivo y cuidó de las pobres fronteras cubanas por años, convencido de que estaba en lugar adecuado y el momento preciso. Como millones de cubanos miraba con orgullo el hecho de que a pesar de ser un joven muy pobre, negro y con un oficio tan difícil, se le hubiera dado la oportunidad de la dura tarea de defender su país ante un Goliat amenazante y destructivo. En aquellos años la vida había cobrado una connotación distinta. Cuba era el eje de la lucha contra el imperialismo, era la pequeña mariposa que con un batir de alas podría ocasionar un huracán al otro lado del mundo y la gente como Chulín ayudaban con su tiempo y su esfuerzo a hacer batir esas coloridas alas del romanticismo político de los 60´s. No existe la cifra de las personas que le pidieron a Chulín salir del país en su bote, el siempre dijo que no. Prefería quedarse en la mariposa de las coloridas alas antes de formar parte de las entrañas del monstruo del que le habían hablado.

 Desde donde estaba, se veía nacer un sol lindísimo en un mar tan azul que dejaba sin aliento, y lo mejor, que pasaban los años y los años y ese mismo mar seguía dejando sin aliento a todos los que vivían de el. No obstante, atrás se habían quedado aquellos tiempos heroicos de Kalashnikov 47 y días esperando una invasión que nunca llegó. En el medio del mar miraba con confianza las enormes barcazas grises llenas de cañones y números rojos gigantes en la proa que le pasaban de un lado a otro constantemente en lo que el le rezaba a los suyos para que no le destruyeran el palangre con las enormes hélices. Frecuentemente estas embarcaciones se arrimaban a barcos pesqueros para pedir la documentación, rutina, decían. Se extendió hasta la lejana capa azul oceánica el controlar a cada rato todo ser viviente que se moviera por los territorios de la isla mariposa en el cual era controlado hasta el último polvillo de los colores de sus alas. Más de un arte de pesca se perdió en las hambrientas propelas de los férreos titanes de mar, no pasaba nada, nisiquiera se podía reclamar, aunque hubiera pasado más de un año para recolectar en un sitio donde no hay nada, tantos anzuelos, tantos cientos de metros de hilo de nylon. A veces entre la marejada y la oscuridad de la noche se sentía el romperse de las maderas laterales de los sufridos botecitos cuando sin necesidad alguna la Griffin (embarcación militar artillada) se pegaba sin razón ninguna a interrumpir la faena para pedir los salados papeles de tantas veces sacarlos para mostrarlos, como si el simple hecho de estar en ese gigante azul fuera razón de ser controlados e investigados. La sabiduría de los pescadores había ideado una vara muy larga con un palillo de tendedera en la punta para hacer llegar los papeles a la Griffin sin que esta averiase más aun las dolidas maderas de los pequeños y viejos botes.

Pero la suerte está ahí, a veces por bajar la cabeza no pasa de largo, a veces no hay ningún remedio contra la mala suerte. Ella te ve, te busca, ataca y se ceba en lo mas profundo de tu ser y como fiera sarcástica y sádica que no te deja hasta que te ve demolido y agotado.
Ese día como de costumbre, los aburridos marinos de la Griffin le pusieron rumbo al barco de Chulín, porque no había mas nada que hacer, le conocían de tanto pedirle los papeles, le conocían porque Chulín fue un guardafronteras de los de antes, de los de semanas de mosquitos en los cayos esperando la invasión, de los de comer solo el pescado que pescaba, de los de tener el sabor en la boca y las manos del oxidado rifle del cual no se separaba para defender su pequeña mariposa colorida de las fauces del monstruo del que había hablado Martí. Iban a mas velocidad de la acostumbrada pero Chulín pensó que los miles de caballos de fuerza de los gigantes motores de la mole podrían detenerla en el momento justo y tomó los papeles en sus manos como de costumbre, cuando levantó la mirada, la gigantesca proa de hierro blindado ya había partido su pequeño barquito en dos como romper un pequeño barco de papel. Solo atinó a preguntarse porque, bastaron una fracción de segundo para que un golpe feroz de una potente maquina unida a una gran hélice le dieran un corte limpio en una de sus piernas en lo que batallaba por subir a la superficie a buscar una bocanada del preciado aire. En el camino, entre tantos trastos que decidían si irían al fondo o a la superficie encontró una tabla, una tabla salvadora que lo ayudó a llegar a superficie. A pesar de haber bastante fresco el agua estaba desacostumbradamente caliente, no había dolor, solo rabia y tristeza al ver los pedazos del diminuto barco generacional esparcidos como si hubiera habido una gran explosión. Ahí pensó que se acababan sus días.

Se comprobó que la tripulación de la Griffin como era de costumbre estaba bajo la influencia del alcohol. Fueron trasladados de provincia y siguen patrullando cualquier parte de la costa Cubana. No hubo juicio ni responsabilidades. Chulín a duras penas logró salvarse con el resultado de heridas graves con peligro para la vida y amputación de una de sus piernas. El ministerio del interior cubano le ordenó a Chulín que no diera detalles de esto, y no los dio, me llegó la historia por otras vías. Como resarcimiento le dieron dos tablas de pino y una lata de tornillos para que remendara lo que hubiesen encontrado de su bote. La unión y ayuda de los demás pescadores hicieron que Chulín hoy se levante temprano y vea su antiguo bote aun flotando en el río Almendares, Se ha subido a el, con ayuda de sus muletas y ha salido acompañado se su hijo a faenar al mar. Hay mucho azul todavía y cuando sale el sol en breves segundo a todo el que esté cerca, la explosión de colores le corta la respiración. Hoy es un día más en la pequeña mariposa isla, un día mas de los que faltan por vivir. Un día más de reírse, de decir nombretes ocurrentes a los demás pescadores y fanfarronear sobre el pez más grande. Hoy es un día más.

Embestida tipica de los barcos Guardafronteras Cubanos.

En este caso, a un barco que se acercó a aguas cubanas a echar flores por las victimas del remolcador "13 De Marzo"