22 de abril de 2009

Cap01 El Aterrizaje

Llegar es como cuando te acercabas de niño al hospital con esos catarros que te tienen en cama el día entero a pesar de estar de vacaciones. Sabes que quizás te vas a curar de algo, pero que te va a doler la cura porque te van a pinchar. Nada más abrir la puerta del avión la humedad viscosa, pegajosa es quien te da el primer abrazo. Y ese olor. Olor a abandono, a humo de motores, a cemento lleno de moho. Piensas que es solo ahí pero después constatas que va a ser en toda la estancia en cualquier lugar que estés. Desciendes como todo en la Isola, muy despacio, en cámara lenta casi todo el tiempo por un pasillo atestado de trabajadores de todas las partes del aeropuerto rezando (can I help you?) no se porque en inglés si es un vuelo de España – soy cubano – respondo por instinto ¿Por qué? Quizás la respuesta debiera ser (No thanks) o, no gracias, pero no. Con un soy cubano ya no te brindan mas ayuda. ¿Es que los cubanos no necesitaríamos ayuda? ¿Es que somos tan fuertes que podemos acarrear bolsos y maletas con una sola mano? ¿O es que somos de los que mas dejamos propinas, menos en nuestro propio país? No sé. Ni siquiera se porque mi respuesta tan absurda pero tan solo de saberlo ya se centran en las demás personas del vuelo y no nos ofrecen mas nada a nosotros.
Al salir, después de todas las tribulaciones burocráticas de aeropuerto ya se oye reggeton en todos los carros que están afuera y se ve la poca iluminación a la que los ojos no están acostumbrados. Habrá que acostumbrarse porque esa iluminación llegará a ser bonita y quizás romántica para algunos. Todos los elementos que te irán rodeando van a ser vitales en una experiencia única que no vas a olvidar jamás así hayas viajado por el mundo entero. Cuba es especial, siento decirlo pero nunca he oído lo contrario. Quizás esta pobre iluminación sea la responsable también que te fijes en mas detalles fuera de el corto campo visual que te daría una luz blanca y fuerte como la de cualquier ciudad europea, quizás te recuerde que no naciste en un mundo iluminado y si en un mundo con estrellas, campos y olor a hierba de todos tipos. La falta de iluminación lejos de ser depresiva como lo es para alguno empieza revolver esos viejos instintos de usar tus medios para sobrevivir, aguzar vista y oído en un sitio citadino pero medio salvaje. Es hermoso volver y para los que van por primera vez indescriptiblemente emocionante en las dos formas posibles negativa y positivamente pero eso sí, estarás completamente convencido todo el tiempo que estás vivo y aunque el sitio donde estás parezca un sueño borroso entre la penumbra y el humo se abrirán puertas dentro de cada ser humano y en el caso de los cubanos puertas grandes y emocionantes al destapar la temible caja de los recuerdos que cada uno de nosotros tiene guardada ocupando el mayor espacio de nuestra memoria.

3 comentarios:

Kerala dijo...

Te leo y siento miedo, un sentimiento que siempre me ha acompañado cuando viajo allá y como las mariposas a la luz, mi cara de espanto atrae a maleteros y aduaneros, quizás por eso, eternamente me trauman las aterrizadas en la Habana. Luego, la familia, claro, iluminando el piso

Aguaya dijo...

Igual, siento miedo...

Sigo leyendo...

Casanova dijo...

hace tiempo que nadie me espera cuando llego a LH, primero por la lejania, luego porque los años pesan, o porque ya partieron para siempre, el aterrizaje es como una taquicardia sin frenos, sin emociones pero con la angustia de si atravesaras la puerta sin problemas, entonces te das cuenta que para chocar con la humedad viscosa y las estrellas afuera, corres un riesgo..., gracias yoyi por haberme hecho volver. cAc.