16 de marzo de 2009

Un sueño


Siempre sueño con el mar. es como esa parte de mi vida que he dejado abandonada. Pero el no me deja. Viene a mi cada noche para dejarme saber que está ahí. que por muy lejos que esté el sabe de mi, me recuerda. Un día volveré a él, lo sé.

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4 de marzo de 2009

El rastro de Madrid

Hoy he vuelto a preguntarme porque blogeo. Sigo sin descubrirlo. Quizás lo que cuente no tiene ningún uso, nada más que ser un espejo de la memoria andante. Mi blog es el sitio donde la memoria se mira al espejo. Pero aún así, no lo tengo claro. Eso sí, me gusta venir aquí y ver que los recuerdos están guardados en un sitio donde puedo visitarlos, verlos que están escritos y no en un sitio nebuloso y confuso que con el tiempo se va centrando en olvidarlos.
También me gusta hacer videos, es un entretenimiento trabajoso, difícil y a veces costoso. Pero es interesante para mí, un fanático de las memorias ver a todas las personas que se quedan conmigo dentro de mi cámara. Madrid es un sitio excelente. Cuando hace sol saltan los colores quizás más que en casi toda Europa y de hace unos días a esta parte me he prometido mirar el sitio donde estoy, donde voy, donde vivo. Esta ciudad está viva. Debemos mirarla, respirarla, soñarla y quererla como el resto de los sitios que están en nuestras almas. A propósito, es costumbre en mis videos tener una especie de alma guía, por lo general una persona que quiera mucho, esta persona siempre se mezcla en el entorno que retratan mis cámaras y raras veces intervienen en un cuadro completo, es como un punto que me centra en la realidad, porque en general cuando filmo también sueño y no logro centrarme en nada terrenalmente correcto. Por eso mis videos son raros y a alguien que entienda le parecen de una calidad técnica horrible. Gracias. En este video esa persona guía a la que quiero mucho le he dedicado unas fracciones de segundos porque me hace sonreír, he puesto la escena en blanco y negro porque al verla me he quedado todos los colores para mi, esos segundos son vitales para que mi ánimo se cargue a seguir escribiendo, a seguir filmando. No la busquen. Es como una musa o una cosa rara de estas mitológicas que solo habita en mis sueños.


El rastro de Madrid.

Debe su nombre a que en la zona donde se instala se ubicaban antaño varias tenerías o curtidurías en torno a la calle de la Ribera de Curtidores cerca del matadero que se encontraba en la ribera del Río Manzanares, por lo que al transportar arrastrando las reses ya muertas con sus pieles desde el matadero hasta las curtidurías, se dejaba un rastro de sangre Una oscura leyenda atribuye también el nombre a la sangre que dejaban los condenados a garrote vil, que eran ejecutados públicamente en este lugar. El término también significaba las afueras, límite hasta donde alcanzaba la jurisdicción de los alcaldes de Corte.
Puede parecer agobiante, pero muchas veces nos metemos en sitios absolutamente saturados de gente. La mayoría de las cosas que se puede comprar aquí tienen mejor precio que en otros sitios, y además, hay una tradición de tapeo por la zona muy interesante, con bares muy típicos.

Un Madrileño dice del rastro:
Puede ser cutre, peligroso, incómodo, sucio, desordenado y hortera, pero al mismo tiempo es uno de los lugares mágicos de Madrid. Hay que ir temprano, sin prisas, sin prejuicios, con cuidado pero recorriéndolo entero, calle a calle, puesto a puesto, rincon a rincón. Hay de todo, objetos vulgares a precios astronómicos y preciosidades secretas que se pueden conseguir a precios ajustados. Todo depende del tino, la paciencia y la capacidad de mirar y ver del comprador. Y, además, no es obligatorio comprar, se puede disfrutar mucho paseando y preguntando. Recordar cosas vividas, objetos que usamos y perdimos y que ahora allí regresan a nuestro encuentro. Y aprender, de la gente que vende en la calle (duro oficio) de los tenderos con historias, de los compradores que saben lo que buscan. Es verdad que hay mucha morralla, mucha bandera y mucho objeto del todo a cien, pero rascando un poco aún aparece el espíritu del Rastro de toda la vida.
Muebles, juguetes, ropa, cámaras de fotos, relojes, radios, cromos, revistas, libros, objetos diversos. Todos de segunda o tercera mano, algunos verdaderas joyas con historia.