18 de diciembre de 2008

Josef y la tierra (Part 10)

Otro día más en la tierra. La Habana amanecía como siempre, propietaria de todos los colores del mundo entero. Era como para sentir un poco de vergüenza porque en ese momento una pequeña isla del caribe amedrentaba al mundo con una explosión de rojos y naranjas en un cielo inmenso que la superaba en tamaño con creces. Como si fuera la única manera de poder decir algo sin que los de la tierra pudiesen controlar el sentido de las cosas. Josef se había levantado de madrugada como de costumbre, como una maquinaria nueva y afilada. Pero no había tomado su escopeta. Tenía que luchar contra su adicción a la rutina y aunque a esa hora no tuviera sueño, evitar por todos los medios tirarse al frío mar de esas horas y cazar algo que nadase para sobrevivir era una prioridad. Decidió esperar, esperar en el lugar que la gente de su barrio usaba para esperar, donde se tomaban las decisiones del día y se consolidaban todos los pensamientos. El contén de la acera del barrio. Vió pasar en la cámara lenta característica de los lugares donde la gente espera, al panadero que por la madrugada se iba a trabajar, a los pescadores, a los que aun hacían como que trabajaban en empresas que hacían como que les pagaban. Por suerte la penumbra de los tupidos árboles de su cuadra le salvaba de la vista de los demás y así no tuvo que interrumpir sus pensamientos para saludar a nadie o inventar una conversación de esa hora. Los rojos del cielo seguían creciendo sin control y ya las escasas luces se iban apagando cuando llegó otro inquilino de espera. Un contén de acera de cualquier barrio se puede llenar de inquilinos de espera, esto es algo normal en un sitio donde no hay espacios para tanta gente que espera.
Primero que nada el ritual de sacudir infructuosamente el pedazo de acera del que vas a hacer uso, después sentarte con un suspiro. Josef observaba todos los comportamientos porque si iba a vivir de lleno en la tierra firme tendría que quizás pasar por persona normal o al menos desapercibido, era Simón, el negro chino del barrio, alcohólico profesional y con mas heridas que piel. Simón tenía una frase favorita y mas que nada tenía una sonrisa que le daba ánimos al moribundo. La vida de Simón era terriblemente simple, quizás hacer como que trabajaba en la construcción para conseguir alguna lata de pintura que pudiera canjear por alcohol y algunos panes para comer con azúcar en medio de una tormentosa resaca de desconocidas formulas alcohólicas que es posible hubieran ganado un gran premio en otros sitios al ser un combustible de alto octanaje o un disolvente de buenísima calidad. Pero para Simón era lo que echarse en el cuerpo en el diario luchar por la espera y la nada que conservaban como un tesoro todas las personas de ese sitio. La frase mágica era (tó ta ahí) que traducido al castellano del que hacemos y manchamos uso a diario quería decir mas ni menos (todo está ahí) esta frase iba acompañada de un dedo apuntando al sentido que no dejaba ver si era como un arma o un consejo, pero en realidad, pensando un poco todo estaba ahí, en ese sitio donde se teje la vida y la muerte de cada cual. En ese sitio donde nadan los recuerdos, las buenas y las malas acciones, el único sitio donde se es por momentos realmente libre o al menos donde se puede crear la ilusión de serlo. Simón terminó el ritual, se sentó y sin mas disparó una pregunta, los buenos días estaban de mas. Se daba por hecho que había buenos días porque estabas vivo, y sentado en un sitio de espera, no había que nadar, que sobrevivir, que huir, al menos por esos breves momentos.
- ¿Qué volá no te tiraste al agua hoy?
- Ya no quiero pescar Simón, la cosa está mala, además estoy un poco cansado.
- Cansado estamos todos, pero hay que seguir, a media maquina…tirando…
- ¿Qué haces despierto tan temprano?
- Vigilo a la jeva, que sale pal trabajo, tu sabes que a esta hora hay una pila de borrachos fulas por ahí que se meten con to el mundo y mi jeva no le puede pasar ná asere.
La jeva, era una mujer que era madre de muchos hijos de la misma edad de Simón, en su cara se veía el maltrato de haber luchado el doble de tiempo que él con las escaseces y los avatares de un sitio impredecible y salvaje, Simón la acompañó hasta la esquina, con un beso se despidió de la persona que en ese momento le daba el ánimo de decirle que lo quería. El ánimo era una buena moneda de cambio. En el sitio donde transcurre esta historia el ánimo es como la comida que escasea pero es bien recibida y fuente de energías, la madre de las energías para seguir luchando o al menos sobreviviendo. Por suerte, el ánimo aun no está en venta y te lo puede regalar cualquiera. Es de esas pocas cosas como los amaneceres que no se pueden controlar o matar, no se pueden ver para los que no tienen ojos nada mas que para el poder o el dinero. El ánimo ha logrado escaparse y salvarse de las guerras, de las tristezas, incluso de la muerte. Simón volvió al sitio de los suspirantes, de los esperadores. Profesiones venidas a menos después de de las perdidas de esperanza, pero que aun se aferraban a la vida y a mantener el espíritu de existencia de millones de personas que sueñan que quizás la vida puede ser mejor.
- Esta jeva es buena, me cuida como gallo fino – frase para indicar que alguien es muy atento o preocupado por algo, que hace las cosas bien, que es inmejorable.
- ¡Simón?
- ¡Dimelo!
- ¿asere? Que pincha (trabajo) es buena pá vivir con tranquilidad??
- La tuya asere…te tiras al mar… no le ves la cara a ningún jefe..y si se la vieras es porque se están ahogando y eso es bueno no??
- Si, pero en la tierra ¿Qué pincha es buena en la tierra? El mar ya no da ná.
- No se asereee….¿medico?
Eso es lo que nos decían nuestros padres, de grandes hay que ser médicos, o maestros. Eran trabajos respetables. No podía culpar a Simón por responderme según sus instintos. Cuando se está en un sitio donde las cosas no son como deben ser uno aprende a dejarse llevar por los instintos, mas que nada pone un piloto automático de respuestas aboliendo las que te pueden meter en líos y en esta cesta caben todo tipo de respuestas por muy absurdas que parezcan.
- No se asere… que clase de pregunta me has tirao a esta hora de la madrugá
- ¿Simón? Con que puedo ganarme la vida sin molestar a nadie, sin soportar a nadie, con mis manos, como en la pesca pero en la tierra…..
Simón quedó un buen rato, pillado por sus respuestas o sus ideas sin sabes que decir. Para el, Josef era un buen muchacho del barrio, de pronto se sintió como su padre. ¿Qué iba a decir? Hacer una acción diaria por dos panes y un poco de alcohol no era un buen ejemplo, pero quizás en lo mas profundo de su sabiduría popular o sus recuerdos podría hallar un buen consejo para Josef…..
Estuvo un buen rato en silencio, ese silencio del amanecer en Cuba cuanto todos damos gracias a lo que sea sin saberlo por llegar al otro día. Llegó la luz, el día y comenzaron a llegar los poncheros, los que arreglan bicicletas en el barrio, los que venden pan con algo que no se sabe en las improvisadas cafeterías del barrio. Tardó mucho tiempo Simón en responder. Nada se le ocurría. ¿Como ganarse la vida tranquilamente? Era una pregunta que estaba de mas en un sitio donde el contexto de esta pregunta era imposible. Como………..ganarse la vida…………….
Llegó el día esperando la respuesta, Josef se paró, se despidió y se fue a su casa. Simón se quedó sin respuesta. Pero juraba por sus dioses que le respondería. ¿Como sus años y sus heridas no le iban a permitir dar una respuesta a tan simple pregunta?
Se dio cuenta que vivía una vida sin respuestas, suavizada por el alcohol y la espera, esas drogas que inundan toda La Habana. Nadie lo sabe pero existen, incluso no lo sabe ni quien vive de ello.
- Mañana te digo Josef…………..
Dijo Simón y se quedó rumiando nombres de profesiones decentes con las que ganarse la vida, lo malo, que en todas ellas, había que hacer como que trabajabas, porque ellos hacían como que te pagaban.

2 comentarios:

Luis Antonio PÉREZ CERRA dijo...

Que lo bello que
te liga al pasado
te permita
vivir el presente
con total plenitud,
sin renunciar
a la esperanza


Carmnina y Luis (desde Barcelona)

Julio Mantecon Valdes dijo...

Hola amigo, llegue a tu sitio porque estaba un poco melancólico con la llegada del nuevo año, van a hacer 10 que salí de La Habana, regrese en el 2003 y no me dan las cuentas para ir de vuelta, así que me conformaba con unas imágenes y las tuyas me recordaron lindos lugares, me metí a leerte un poco después de verte (lo que filmamos, escribimos, etc. es parte nuestra) y el negro Simón se quedó pensando.
Mañana te digo Josef....... que casualidad, yo me tiraba a pescar también, y puede que también esperara, quien sabe.
Saludos