24 de abril de 2008

Luzbrillante

Era como le llamaban al keroseno. Quizás como muchos nombres venia de la marca de algún proveedor o negocio en específico, pero en Cuba sabemos lo que era. Combustible. El mismo de alumbrarse con aquellos faroles que daban por un rato una romántica luz obligatoria hasta que se tiznaban y se quedaban en negro. Donde veíamos las pocas libélulas deprimidas de la ciudad oscura buscando un instante de paz en la deseada pero mal compartida luz de la Isola.
También era el olor característico de algunos hogares. La (pike) que era como se llamaba la incendiaria cocina cubana lo quemaba sin descanso para cocinar las pocas raciones o a veces como mucho para calentar agua ya fuera de bañarse o hervir para tomar. La pique era mortífera. Nunca me dejaron andar en ella. Un crisol de carburantes y combustibles fatales como el alcohol y el diesel refinado llamado a veces lubrillante eran su fatídica mezcla, un mecanismo atroz y despiadado de gasificación digno de una maquina de tratamiento de asfaltiles para hacer calles más que para cocinar comida en pequeños hogares.
La botella de Luzbrillante era relativamente barata. No recuerdo bien, 20 centavos o algo así, aunque en el mercado negro (todo lo escaso tiene su mercado negro) costaba uno o dos pesos según fuera para lo que lo quisieras y la cantidad que compraras. La luzbrillante tenía un sentido especial para mí, y esta noche en uno de esos sueños raros que estoy teniendo constantemente he tenido uno con una botella de Luzbrillante de centro. No es raro, tengo la cabeza llena de recuerdos escabrosos que traen sueños y sensaciones de ese tipo todo el tiempo. Lo llaman trauma, yo lo llamo vida.

Al despertar como es costumbre me quedé un rato meditando sobre lo que había soñado, acostumbro a hacerlo con la esperanza de que un día se encuentre el porque de los sueños, pero nada. Empiezo el día con estas preguntas vacías que llevo arrastrando por años como asignaturas suspensas. Solo me limito a verificar de qué parte de mis recuerdos salen estas imágenes y por suerte siempre encuentro. Tengo la conclusión propia de que los sueños de nutren de los recuerdos, las experiencias y cuando a veces necesita generar una imagen que no tenemos lo intenta pero tan terriblemente mal que en el mismo sueño solemos darnos cuenta que es un sueño y la experiencia no pasa de ahí. De un cerebro que a duras penas intenta crearte unas vivencias que aparentemente no tienen ningún sentido.

Lo que soñé no tiene importancia, por ahora, aunque pudiera resultar gracioso. La mayoría de los sueños lo son, Incluso los sueños terribles. Me da la risa en la mañana al ver como mi propio cerebro ha intentado o ha logrado engañarme a mi mismo. Es una batalla absurda que siempre ocurre y disfruto. Es como que hay alguien mas ahí y no estoy yo solo con mis pensamientos. Por eso es que agradezco tener un horario que me deja levantarme con toda la calma del mundo, meditar, recordar y después en su momento ponerme en funciones. Los días que me tiro corriendo de la cama para hacer cosas obligatorias y no me detengo a meditar sobre algo, son días terribles, días en que me siento como un mecanismo llevado por una sociedad a no pensar, a no meditar. Solo a comer, respirar y trabajar. La historia del Luzbrillante o la Lubrillante como prefieran, la hago otro día a continuación de esta.