31 de diciembre de 2007

Otro año que se vá (parte 2)


Cuando salí de Cuba, como dice la canción, el aturdimiento que rondaba mi cabeza era mayor que cualquier posibilidad de meditación o pensamiento. Cambiar de pronto esa tierra que tienes debajo de los pies y de la cual sabes que te has de largar porque ya no resistes más, pero que te arrancará un pedazo cuando te marches de ella, puede cambiar muchas cosas. De hecho, cuando me monté en el avión no me lo creía ni remotamente. Pensaba que iba a ser un típico viaje a Santiago de Cuba de esos que hacía por trabajo y gracias a los cuales conocí esta hermosa provincia, pero no. El avión sobrevoló Santiago sin aterrizar y las escasas luces amarillentas apenas visibles desde esta altura se fueron quedando atrás como si me miraran con envidia y tristeza. De haberme visto en un espejo seguro yo tendría esa mirada incrédula que suele existir en nosotros cuando nos pasa algo bueno. Esa misma mirada como cuando recibes algo bueno después de haberlo luchado o soñado desde hace años y cuando lo recibes has sufrido tanto que este pequeño triunfo no mejora la triste posición de todas las partes de la cara. Quizás el oír hablar con acento español a las azafatas comenzó a ponerme un poco nervioso pero tenía mucho, muchísimo que hacer en todo el viaje. Tenía que explicarme a mi mismo que me estaba yendo y que de una vez me lo tenía que creer, que estaba sucediendo. Que al fin….Me estaba yendo.

En serio….Cuba se estaba quedando atrás en la estela del avión. Quizás intentó engancharse a este, no por irse conmigo, yo no soy nada para Cuba, no le existo. Quizás se intentó enganchar para moverse, para cambiarse. A Cuba le hace falta un cambio. Es posible que en unos de esos saltos que da el avión en el aire haya sido porque la pequeña y cansada isla no le quedaban fuerzas para agarrarse y cayó en el mismo sitio donde flota desde hace siglos a pesar del peso de sus tristezas. Cuba se quedó y cuando me empecé a dar cuenta, ya no se veían ni sus luces. El airbus A-320 huía sin mirar atrás. No podía concentrarme en nada, ni en la película, ni en la azafata, ni en la ventanilla del avión con tanto que me gusta. Me trajeron la comida, era rara, unas pastas que parecían tornillos con colores que sabían a mierda. Le eché una salsa que traía el pequeño depósito plástico espacial y marciano donde sirven la comida en los aviones y sabía a mierda con salsa de mierda. Pero lo comí, después de muchos años a agua con azúcar cualquier cosa puede bajar por mi garganta y alimentarme por unas horas.

Estaba sentado en el barrio. Sentado como ayer y como mañana. Sentado. Ya había hecho todo lo posible y había hecho de todo y no quedaba nada por hacer. Solo irme. Las advertencias del jefe de sector* de que me pusiera a trabajar en algo y dejara la mecánica callejera y la corredera de carros ya iba en serio. Ya estaba por escrito la citación de la policía la cual guardo con vergüenza como memoria de algo que no se debe olvidar. Yo era peligroso…..peligroso. Tenía herramientas y me ganaba la vida arreglándole el carro a los socios y a los no socios a los que les cobraba. Era peligroso por trabajar para mí. Cuanto me hubiera gustado hacer ese mismo trabajo en paz. Pagar impuestos o licencia o lo que fuera pero en el momento que lo hice ya no se podía, ya habían arremetido contra los trabajadores por cuenta propia otra vez y mas fuerte. No había vida. Me negaba rotundamente a trabajar en un sitio donde hubiera que resolver (robar) para vivir. No me adaptaba al sistema, nunca pude.

Marqué el teléfono del Muppet. Le decían Muppet porque en serio parecía uno de los Muppet show de Jim Henson. Raras veces lo cogía en su casa, se dedicaba a cualquier cosa menos a mi especialidad que era esperar por algo. En serio, los últimos años en Cuba los dediqué a especializarme en “esperar algo” pero me salió el padre del Muppet que era tan Muppet como él porque se parecía y su hermana que a pesar de también ser una Muppet si la mirabas mucho rato podías descubrir algo hermoso en ella, mas cuando sonreía porque es de esas personas que sonríen con los ojos y eso alegra el día. Me respondió con un si lacónico cuando le pedí hablar con su hijo, después de un tiempo se puso al teléfono.

-¿Que volá muppet?
-Aseeereee no me diga muppeee que a mi mamá no le gusta….
-Es que nunca me sé tu nombre viejo, mupeee pacá… mupeee pallá…
-Diego…………..
-Bueno asere…….La tabla de surf esa que estabas vendiendo ¿Qué volá?
-Ya no la tengo… La vendí hace unos días...Pero puedo buscar otra.
- Coñoo…me va haciendo falta…La cosa no se me dá.


La cosa……La cosa era una de las tantas cosas innombrables de esa tierra. Hay una extensa lista de cosas innombrables. Como el tipo, el caballo, la volá, el tema, la burumba, el bizne, la evolución, lo tuyo, lo mio y así hasta llegar al millar de frases o palabras que se entienden pero no dicen literalmente nada. La cosa.. La cosa no se me daba. Llevaba más de un año en colas, papeles, maltratos, madrugones, esperas, firmas, cuños, sellos, minrexes, chequeos y así sucesivamente para acabar con un NO rotundo con maltrato convoyado por parte de los funcionarios cubanos de la embajada Española. Mi alivio era caminar un poco al sur de la embajada y pararme frente al tanque del museo de la revolución y ahí expresar mi más fervoroso sueño de que me dejaran con ese tanque y mis herramientas. Seguro estaba que lo echaba a andar en poco tiempo, no importa cuan inutilizado estuviera e iba a llevar a cabo algo que Cuba siempre ha necesitado y pedía a gritos, una carga…..una carga para matar bribones. Por favor si llega la globalización o el relajo a Cuba algún día véndanme ese tanque, o dónenmelo, o regálenmelo. Yo quiero hacer que funcione, es una obsesión de las que me traje, de esas que debe ser revisada por un medico y no reviso.
Se hizo silencio en el avión, la gente ya empezaba a dormirse. El ronronear de los motores agradable a mi oído de mecánico me fue relajando poco a poco, pero no logré dormir. ¡¡Te estás yendo!! Me repetía como una maquina. ¡¡Te estás yendo!! ¡¡Despierta coño!! ¡¡Te estás yendo!! Las manos se me empezaron a enfriar. Me hubiera gustado decir antes de subir al avión una frase que me gusta y me asusta….hoy no voy a dormir en Cuba….y mañana voy a amanecer en otro lado del mundo. Pero no lo dije porque no lo sabía, no me lo sabía a pesar de que el boarding card decía Madrid claramente. Es como cuando alguien se va o se muere, que esperas verlo al otro día porque tu cerebro no se lo cree ni te permite mencionártelo. Pero el maldito avión no paraba, no aterrizaba o yo no despertaba de ese macabro sueño donde un tubo con alas llevaba mi cuerpo a su antojo.

-Muppeee!!
-Aseeree dime Diego…me llamoo Diego….
- ¿Qué volá?¿me tienes eso?
-Si, pero esta vez me ha costado mucho conseguirla, vale 70 fulas
-ÑÑÑióóooo Muppeeeee
-70 fulas aseree..hay mas gente que la quiere, ven a verla pronto.
-Ta bien voy palla.

Me paraba en el malecón donde pega el mar que enfría un poco las costillas de la ciudad. Ciudad innombrable también porque le decíamos casa. Ciudad de palomas esqueléticas y desplumadas. De perros sabios y supervivientes, de carros desvencijados y esperanzadores, de basura plástica capitalista y de consignas tontas y repetitivas como la música de las discotecas de los hoteles cercanos. Ahí, donde salpicaba y se oía la nada romántica vibración del motor de una avioneta amarilla que esparcía vapor de combustible diesel sobre los hombros de la gente en contra de los mosquitos. Miraba el mar cada día, prometiéndole, contándole. Intentaba ser su amigo para que no me tragara. Años antes por este mismo mar se había ido un buen amigo en tabla de surf, lo despedí en mi propia tabla cuando lo acompañé a unas veinte millas mar adentro donde ya no se veía la costa de Cuba ni de nada. Néstor volvió en unos años de visita turística a Cuba. Nos tomamos unas cervezas y cuando le pregunté después de contarme todo el viaje si lo volvería a hacer no tardó ni un segundo en responder. ¡¡Lo haría ahora mismo otra vez, no estaría aquí hablando contigo, sabiendo lo que tu sabes, lo que yo sé y con el viento del este!! ya mismo estuviéramos saliendo por ahí., dijo señalando al norte, único punto cardinal que se saben sin fallos todos los cubanos.

¿Café? ¿Refresco?.......

No quiero nada gracias.. De seguro miré con mala cara a la amable azafata de vuelo con su uniforme raro y su pelo químicamente rubio. Tenía ese nudo de la garganta, ese nudo……. El amanecer advirtió que estaba lejos. No coincidía con la hora de mi heroico reloj, miré el reloj -deben estar durmiendo allá – y ese “allá” apuñaló la poca calma que me quedaba. Que terrible palabra de cuatro letras para un amanecer tan lejano.

-Esto está mu caro Muppeee….
-Oye no me digas mupeee compadree no te la puedo bajar, es lo mínimo que te la puedo dejar
-pero esta tabla parece un pan viejo, si esta to descascará.
-eso es que donde la hirvieron la pintaron así pa que pareciera una tabla vieja pero si la miras bien esta como nueva y la vela…y to eso….to eso está nuevo.

El concepto “nuevo” en Cuba es un concepto raro. Quizás se puede traducir por bien conservado, bien cuidado, bien restaurado, o que simplemente conserve algún porciento de las funciones del objeto que sea.

-Bueno me la llevo pal carajo mupeee
-oye ¿Por qué coño la gente me dice muppe?
- porque tienes cara de que te metieron una mano por el culo y te manejan desde ahí.
-ah………..

El Muppet se quedó pensando.

Monté tabla muchos días seguidos, a decir verdad después de varios ajustes la tabla funcionaba bien. Cogía el viento con dignidad y rompía las olas como podía, los cabos al mojarse iban dando latigazos a cada toque con el agua a algún ser que quisieran flagelar por su mal comportamiento. El mar estaba ahí y era mi calle, hacía doce horas diarias de entrenamiento, recorría más de 60 millas diarias con tranquilidad y lo sabía. El viento no iba a abandonarme, el poco miedo que tenía era el mar y mi padre. Mi padre que quizás podría sufrir mucho mi partida de manera “ilegal” pero ya no quedaba otra. Era necesario hacerlo así, era necesario no dormir esta noche en Cuba y al otro día amanecer en otro lado del mundo. Y no podía más…

Nos acercábamos a la vieja y fría Europa por Portugal. La tierra se veía carmelita (marrón) con divisiones en perfectos cuadrados geométricos. En el inmenso azul se veía una estela blanca de algún barco que no se divisaba de lo pequeño que estaba. Tuve ganas de llorar. Quizás el mar se quedó esperando, quizás lo traicioné. Ahí estaba azul, azul blanquecino, sin olas o al menos invisibles, con una costa férrea, acantilada, con rompiente invisible y perenne, carreteras como serpientes gigantes entrecruzadas y tierras…y más tierras. Una extensión que no se divisaba a pesar de la altura. Pequeños pedazos de hielo en la ventanilla del avión me anunciaban que sería de mi vida partir de ahora. Una luz potentísima del sol de las alturas, pocas nubes con las que acurrucar la tristeza y el ronronear de los motores llegando cansados después del largo vuelo transoceánico. Un tubo con alas…estaba en un tubo con alas.

Esta noche no duermo en Cuba….y mañana amanezco en otro lado en el mundo. Me dije a las seis de la tarde en el malecón de La Habana. Miraba cada piedra como despidiéndome. A esa maldita hora ya echaba de menos cada gente que pasaba por la calle aunque no la conociera, la panadería de calzada y 18, el castillo de la chorrera, sus murciélagos y gatos, la calle línea, las manchas del muro, el polvo del aire, el murmullo, el ruido de las guaguas, mi mamá comprando naranjas, la rumba del negro.

Acaricié mi vela amarilla y verde como si fuera un fiel perro que me acompañaría hasta el polo norte….o sur. Miré mi tabla de surf, traída quizás por algún iluso o despechado turista pensando que esto era realmente un paraíso tropical hasta que el muppet o quien fuera se metiera nadando en la marina y se la llevara a hurtadillas entre la borrachera y las prostitutas alegres de Jaimanitas. No recuerdo si recé a algo..no sé pero apreté con fuerza el coral negro que me colgaba del cuello, quizás ese dia me hubiera venido bien creer, creer en algo.

El avión dio un estrechonazo cuando tocó tierra. La gente aplaudió con frenesí. No se porque aplauden cuando alguien hace algo como debe ser, siendo así deberían aplaudir al guaguero en cada parada, al maestro en cada clase, al enamorado en cada beso. Llegamos y cuando se abrió la puerta entró un frío inusual para mi cuerpo. Al menos había sol, pensé y cogí lentamente mi pequeña mochila con las escasas pertenencias con las que solemos cruzar los océanos porque ya vamos pasados de peso en recuerdos y poesías. Nada material tienes, nada material te queda. Naces en el nuevo mundo sin nada. Por eso se llama nacer. En ese lugar con frío después de una cola en silencio y organizada llegué a una ventanilla de cristal donde lo que parecía ser un policía me dijo con una sonrisa después de mirar mi pasaporte ¡Bienvenido! Me sonó mal que alguien uniformado me tratara bien pero me alivió tremendamente. Nunca me olvido y doy las gracias a esa persona que como un medico que da esperanzas te dice esa palabra mágica al dejar tu piel en una retirada sin regreso de todo lo que constituye una vida.

Saqué la tabla, la vela, el mástil y todos los andariveles a hurtadillas de casa de Mª Caridá, ella se huele todo y no quería alarmarla. So pena de que formara un escándalo que se enterara todo el Vedado, Hacía tiempo que ella estaba muy asustada porque leía nuestras mentes con su humilde sabiduría y sabía que las huidas por el mar estaban a la orden del día. Su propio esposo hacía poco se había ido en una de mis tablas por eso había tenido que comprar una. Me hubiera gustado despedirme de ella, abrazarla, dejarle que me desease ella y todos sus santos un buen viaje y sabía que de seguro lo habría hecho pero después de la bronca. Me hubiera gustado abrazar a mi madre y a mi padre, quizás darle la mano al pencatazo de mi hermano, ver a mi hermana y en silencio besarla porque ella si lo sabía todo, abrazar a mi sobrino, a todos, a todos los socios del barrio, a las madres de los socios del barrio, a los perros satos, a los gatos, a los viejos, a los postes. Irse en silencio desgarra, apagarse en silencio mata, perderse en silencio aplasta.

El mar ya estaba lo suficientemente negro como para meterme en el y que nadie me viera. El viento estaba tan suave que daba vergüenza, pero poco a poco sabría que al alejarme apretaría un poco, cogería mi marcha. La de todos los días. Convertirme en una maquinaria y llegar, llegar, llegar y llegar. Nada de barcos que me recogieran, nada de veleros o cruceros, llegar a la tierra única idea, idea fija salir y llegar…salir y llegar.

Esta noche no duermo en Cuba….y mañana amanezco en otro lado en el mundo.

Se oyeron los gritos de mi hermana cuando amarraba la tabla en el pequeño remolque adaptado a la bicicleta. Venía cruzando la calle como una loca, como si su cuerpo se hubiera incendiado con un fuego invisible. Gritaba peligrosamente mi nombre y llegó hasta mí con un papel en la mano. Era una carta…..del consulado Español en La Habana.

Pedían disculpa por un error que habían tenido por el cual me habían denegado la visa. Todo estaba arreglado ya tenía visado, debía recogerlo en 15 dias y no hacer la cola…..

No sabía que decir, no sabía que hacer, no sabía que prueba era esta o porque pasaba esto. Me quedé de una pieza en lo que mi hermana se alegraba como si se hubiera ganado una lotería. No se, me había quedado sin ninguna palabra. Volví a mi casa, miré a mi madre, mi perro se alegró como siempre. Comí unos chicharos que ya echaba de menos y miré la televisión. No se porque estas cosas suceden pero esta noche duermo en Cuba y mañana amanezco en esta triste isla antillana. Estaba frío, como si me hubiera quedado con ganas, como si me diera vergüenza de no haber llevado a cabo lo planificado para esta noche. Vergüenza que siempre tengo y tendré hasta el fin de mis días. Néstor aun me espera en uthah, Carlos en New York, ulises en Colorado, Martin en Miami.

Madrid es una hermosa ciudad, es mas de lo que me esperaba. Es grandiosa y humilde a la vez. La gente de aquí es buena o al menos he tenido suerte. Me han pasado cosas que no las cambio por nada del mundo aunque me quede con la vena de ver Estados Unidos,. Un día de estos no duermo en Madrid y me despierto en otro lado del mundo, vamos a ver que pasa con la vida. Si dios quiere.

- RRRIIIINNGGGGG RIINNGGGG RIINGGGG
- ¿¿Quien eeeehhh??
- Mupeeee ¿¿eres el mupeeee??
-No me digas mas mupe cojoneee….me llamo Diego
-Oye mupee voy pallá con la tabla pa que me devuelvas el dinero esta tabla es una mierda..
-ta bien traila que ya la tengo vendía a uno ahí que no se le dá la cosa.
-voy palla
-no me digas mas mupeee
-ta bien mupeee
-tu madre
-la tuya
-te espero……..

…..clock.........

02:41 am 1 de Enero 2008

Feliz año nuevo.

Jefe de sector* Jefe local de policía.