31 de diciembre de 2007

Otro año que se vá (parte 2)


Cuando salí de Cuba, como dice la canción, el aturdimiento que rondaba mi cabeza era mayor que cualquier posibilidad de meditación o pensamiento. Cambiar de pronto esa tierra que tienes debajo de los pies y de la cual sabes que te has de largar porque ya no resistes más, pero que te arrancará un pedazo cuando te marches de ella, puede cambiar muchas cosas. De hecho, cuando me monté en el avión no me lo creía ni remotamente. Pensaba que iba a ser un típico viaje a Santiago de Cuba de esos que hacía por trabajo y gracias a los cuales conocí esta hermosa provincia, pero no. El avión sobrevoló Santiago sin aterrizar y las escasas luces amarillentas apenas visibles desde esta altura se fueron quedando atrás como si me miraran con envidia y tristeza. De haberme visto en un espejo seguro yo tendría esa mirada incrédula que suele existir en nosotros cuando nos pasa algo bueno. Esa misma mirada como cuando recibes algo bueno después de haberlo luchado o soñado desde hace años y cuando lo recibes has sufrido tanto que este pequeño triunfo no mejora la triste posición de todas las partes de la cara. Quizás el oír hablar con acento español a las azafatas comenzó a ponerme un poco nervioso pero tenía mucho, muchísimo que hacer en todo el viaje. Tenía que explicarme a mi mismo que me estaba yendo y que de una vez me lo tenía que creer, que estaba sucediendo. Que al fin….Me estaba yendo.

En serio….Cuba se estaba quedando atrás en la estela del avión. Quizás intentó engancharse a este, no por irse conmigo, yo no soy nada para Cuba, no le existo. Quizás se intentó enganchar para moverse, para cambiarse. A Cuba le hace falta un cambio. Es posible que en unos de esos saltos que da el avión en el aire haya sido porque la pequeña y cansada isla no le quedaban fuerzas para agarrarse y cayó en el mismo sitio donde flota desde hace siglos a pesar del peso de sus tristezas. Cuba se quedó y cuando me empecé a dar cuenta, ya no se veían ni sus luces. El airbus A-320 huía sin mirar atrás. No podía concentrarme en nada, ni en la película, ni en la azafata, ni en la ventanilla del avión con tanto que me gusta. Me trajeron la comida, era rara, unas pastas que parecían tornillos con colores que sabían a mierda. Le eché una salsa que traía el pequeño depósito plástico espacial y marciano donde sirven la comida en los aviones y sabía a mierda con salsa de mierda. Pero lo comí, después de muchos años a agua con azúcar cualquier cosa puede bajar por mi garganta y alimentarme por unas horas.

Estaba sentado en el barrio. Sentado como ayer y como mañana. Sentado. Ya había hecho todo lo posible y había hecho de todo y no quedaba nada por hacer. Solo irme. Las advertencias del jefe de sector* de que me pusiera a trabajar en algo y dejara la mecánica callejera y la corredera de carros ya iba en serio. Ya estaba por escrito la citación de la policía la cual guardo con vergüenza como memoria de algo que no se debe olvidar. Yo era peligroso…..peligroso. Tenía herramientas y me ganaba la vida arreglándole el carro a los socios y a los no socios a los que les cobraba. Era peligroso por trabajar para mí. Cuanto me hubiera gustado hacer ese mismo trabajo en paz. Pagar impuestos o licencia o lo que fuera pero en el momento que lo hice ya no se podía, ya habían arremetido contra los trabajadores por cuenta propia otra vez y mas fuerte. No había vida. Me negaba rotundamente a trabajar en un sitio donde hubiera que resolver (robar) para vivir. No me adaptaba al sistema, nunca pude.

Marqué el teléfono del Muppet. Le decían Muppet porque en serio parecía uno de los Muppet show de Jim Henson. Raras veces lo cogía en su casa, se dedicaba a cualquier cosa menos a mi especialidad que era esperar por algo. En serio, los últimos años en Cuba los dediqué a especializarme en “esperar algo” pero me salió el padre del Muppet que era tan Muppet como él porque se parecía y su hermana que a pesar de también ser una Muppet si la mirabas mucho rato podías descubrir algo hermoso en ella, mas cuando sonreía porque es de esas personas que sonríen con los ojos y eso alegra el día. Me respondió con un si lacónico cuando le pedí hablar con su hijo, después de un tiempo se puso al teléfono.

-¿Que volá muppet?
-Aseeereee no me diga muppeee que a mi mamá no le gusta….
-Es que nunca me sé tu nombre viejo, mupeee pacá… mupeee pallá…
-Diego…………..
-Bueno asere…….La tabla de surf esa que estabas vendiendo ¿Qué volá?
-Ya no la tengo… La vendí hace unos días...Pero puedo buscar otra.
- Coñoo…me va haciendo falta…La cosa no se me dá.


La cosa……La cosa era una de las tantas cosas innombrables de esa tierra. Hay una extensa lista de cosas innombrables. Como el tipo, el caballo, la volá, el tema, la burumba, el bizne, la evolución, lo tuyo, lo mio y así hasta llegar al millar de frases o palabras que se entienden pero no dicen literalmente nada. La cosa.. La cosa no se me daba. Llevaba más de un año en colas, papeles, maltratos, madrugones, esperas, firmas, cuños, sellos, minrexes, chequeos y así sucesivamente para acabar con un NO rotundo con maltrato convoyado por parte de los funcionarios cubanos de la embajada Española. Mi alivio era caminar un poco al sur de la embajada y pararme frente al tanque del museo de la revolución y ahí expresar mi más fervoroso sueño de que me dejaran con ese tanque y mis herramientas. Seguro estaba que lo echaba a andar en poco tiempo, no importa cuan inutilizado estuviera e iba a llevar a cabo algo que Cuba siempre ha necesitado y pedía a gritos, una carga…..una carga para matar bribones. Por favor si llega la globalización o el relajo a Cuba algún día véndanme ese tanque, o dónenmelo, o regálenmelo. Yo quiero hacer que funcione, es una obsesión de las que me traje, de esas que debe ser revisada por un medico y no reviso.
Se hizo silencio en el avión, la gente ya empezaba a dormirse. El ronronear de los motores agradable a mi oído de mecánico me fue relajando poco a poco, pero no logré dormir. ¡¡Te estás yendo!! Me repetía como una maquina. ¡¡Te estás yendo!! ¡¡Despierta coño!! ¡¡Te estás yendo!! Las manos se me empezaron a enfriar. Me hubiera gustado decir antes de subir al avión una frase que me gusta y me asusta….hoy no voy a dormir en Cuba….y mañana voy a amanecer en otro lado del mundo. Pero no lo dije porque no lo sabía, no me lo sabía a pesar de que el boarding card decía Madrid claramente. Es como cuando alguien se va o se muere, que esperas verlo al otro día porque tu cerebro no se lo cree ni te permite mencionártelo. Pero el maldito avión no paraba, no aterrizaba o yo no despertaba de ese macabro sueño donde un tubo con alas llevaba mi cuerpo a su antojo.

-Muppeee!!
-Aseeree dime Diego…me llamoo Diego….
- ¿Qué volá?¿me tienes eso?
-Si, pero esta vez me ha costado mucho conseguirla, vale 70 fulas
-ÑÑÑióóooo Muppeeeee
-70 fulas aseree..hay mas gente que la quiere, ven a verla pronto.
-Ta bien voy palla.

Me paraba en el malecón donde pega el mar que enfría un poco las costillas de la ciudad. Ciudad innombrable también porque le decíamos casa. Ciudad de palomas esqueléticas y desplumadas. De perros sabios y supervivientes, de carros desvencijados y esperanzadores, de basura plástica capitalista y de consignas tontas y repetitivas como la música de las discotecas de los hoteles cercanos. Ahí, donde salpicaba y se oía la nada romántica vibración del motor de una avioneta amarilla que esparcía vapor de combustible diesel sobre los hombros de la gente en contra de los mosquitos. Miraba el mar cada día, prometiéndole, contándole. Intentaba ser su amigo para que no me tragara. Años antes por este mismo mar se había ido un buen amigo en tabla de surf, lo despedí en mi propia tabla cuando lo acompañé a unas veinte millas mar adentro donde ya no se veía la costa de Cuba ni de nada. Néstor volvió en unos años de visita turística a Cuba. Nos tomamos unas cervezas y cuando le pregunté después de contarme todo el viaje si lo volvería a hacer no tardó ni un segundo en responder. ¡¡Lo haría ahora mismo otra vez, no estaría aquí hablando contigo, sabiendo lo que tu sabes, lo que yo sé y con el viento del este!! ya mismo estuviéramos saliendo por ahí., dijo señalando al norte, único punto cardinal que se saben sin fallos todos los cubanos.

¿Café? ¿Refresco?.......

No quiero nada gracias.. De seguro miré con mala cara a la amable azafata de vuelo con su uniforme raro y su pelo químicamente rubio. Tenía ese nudo de la garganta, ese nudo……. El amanecer advirtió que estaba lejos. No coincidía con la hora de mi heroico reloj, miré el reloj -deben estar durmiendo allá – y ese “allá” apuñaló la poca calma que me quedaba. Que terrible palabra de cuatro letras para un amanecer tan lejano.

-Esto está mu caro Muppeee….
-Oye no me digas mupeee compadree no te la puedo bajar, es lo mínimo que te la puedo dejar
-pero esta tabla parece un pan viejo, si esta to descascará.
-eso es que donde la hirvieron la pintaron así pa que pareciera una tabla vieja pero si la miras bien esta como nueva y la vela…y to eso….to eso está nuevo.

El concepto “nuevo” en Cuba es un concepto raro. Quizás se puede traducir por bien conservado, bien cuidado, bien restaurado, o que simplemente conserve algún porciento de las funciones del objeto que sea.

-Bueno me la llevo pal carajo mupeee
-oye ¿Por qué coño la gente me dice muppe?
- porque tienes cara de que te metieron una mano por el culo y te manejan desde ahí.
-ah………..

El Muppet se quedó pensando.

Monté tabla muchos días seguidos, a decir verdad después de varios ajustes la tabla funcionaba bien. Cogía el viento con dignidad y rompía las olas como podía, los cabos al mojarse iban dando latigazos a cada toque con el agua a algún ser que quisieran flagelar por su mal comportamiento. El mar estaba ahí y era mi calle, hacía doce horas diarias de entrenamiento, recorría más de 60 millas diarias con tranquilidad y lo sabía. El viento no iba a abandonarme, el poco miedo que tenía era el mar y mi padre. Mi padre que quizás podría sufrir mucho mi partida de manera “ilegal” pero ya no quedaba otra. Era necesario hacerlo así, era necesario no dormir esta noche en Cuba y al otro día amanecer en otro lado del mundo. Y no podía más…

Nos acercábamos a la vieja y fría Europa por Portugal. La tierra se veía carmelita (marrón) con divisiones en perfectos cuadrados geométricos. En el inmenso azul se veía una estela blanca de algún barco que no se divisaba de lo pequeño que estaba. Tuve ganas de llorar. Quizás el mar se quedó esperando, quizás lo traicioné. Ahí estaba azul, azul blanquecino, sin olas o al menos invisibles, con una costa férrea, acantilada, con rompiente invisible y perenne, carreteras como serpientes gigantes entrecruzadas y tierras…y más tierras. Una extensión que no se divisaba a pesar de la altura. Pequeños pedazos de hielo en la ventanilla del avión me anunciaban que sería de mi vida partir de ahora. Una luz potentísima del sol de las alturas, pocas nubes con las que acurrucar la tristeza y el ronronear de los motores llegando cansados después del largo vuelo transoceánico. Un tubo con alas…estaba en un tubo con alas.

Esta noche no duermo en Cuba….y mañana amanezco en otro lado en el mundo. Me dije a las seis de la tarde en el malecón de La Habana. Miraba cada piedra como despidiéndome. A esa maldita hora ya echaba de menos cada gente que pasaba por la calle aunque no la conociera, la panadería de calzada y 18, el castillo de la chorrera, sus murciélagos y gatos, la calle línea, las manchas del muro, el polvo del aire, el murmullo, el ruido de las guaguas, mi mamá comprando naranjas, la rumba del negro.

Acaricié mi vela amarilla y verde como si fuera un fiel perro que me acompañaría hasta el polo norte….o sur. Miré mi tabla de surf, traída quizás por algún iluso o despechado turista pensando que esto era realmente un paraíso tropical hasta que el muppet o quien fuera se metiera nadando en la marina y se la llevara a hurtadillas entre la borrachera y las prostitutas alegres de Jaimanitas. No recuerdo si recé a algo..no sé pero apreté con fuerza el coral negro que me colgaba del cuello, quizás ese dia me hubiera venido bien creer, creer en algo.

El avión dio un estrechonazo cuando tocó tierra. La gente aplaudió con frenesí. No se porque aplauden cuando alguien hace algo como debe ser, siendo así deberían aplaudir al guaguero en cada parada, al maestro en cada clase, al enamorado en cada beso. Llegamos y cuando se abrió la puerta entró un frío inusual para mi cuerpo. Al menos había sol, pensé y cogí lentamente mi pequeña mochila con las escasas pertenencias con las que solemos cruzar los océanos porque ya vamos pasados de peso en recuerdos y poesías. Nada material tienes, nada material te queda. Naces en el nuevo mundo sin nada. Por eso se llama nacer. En ese lugar con frío después de una cola en silencio y organizada llegué a una ventanilla de cristal donde lo que parecía ser un policía me dijo con una sonrisa después de mirar mi pasaporte ¡Bienvenido! Me sonó mal que alguien uniformado me tratara bien pero me alivió tremendamente. Nunca me olvido y doy las gracias a esa persona que como un medico que da esperanzas te dice esa palabra mágica al dejar tu piel en una retirada sin regreso de todo lo que constituye una vida.

Saqué la tabla, la vela, el mástil y todos los andariveles a hurtadillas de casa de Mª Caridá, ella se huele todo y no quería alarmarla. So pena de que formara un escándalo que se enterara todo el Vedado, Hacía tiempo que ella estaba muy asustada porque leía nuestras mentes con su humilde sabiduría y sabía que las huidas por el mar estaban a la orden del día. Su propio esposo hacía poco se había ido en una de mis tablas por eso había tenido que comprar una. Me hubiera gustado despedirme de ella, abrazarla, dejarle que me desease ella y todos sus santos un buen viaje y sabía que de seguro lo habría hecho pero después de la bronca. Me hubiera gustado abrazar a mi madre y a mi padre, quizás darle la mano al pencatazo de mi hermano, ver a mi hermana y en silencio besarla porque ella si lo sabía todo, abrazar a mi sobrino, a todos, a todos los socios del barrio, a las madres de los socios del barrio, a los perros satos, a los gatos, a los viejos, a los postes. Irse en silencio desgarra, apagarse en silencio mata, perderse en silencio aplasta.

El mar ya estaba lo suficientemente negro como para meterme en el y que nadie me viera. El viento estaba tan suave que daba vergüenza, pero poco a poco sabría que al alejarme apretaría un poco, cogería mi marcha. La de todos los días. Convertirme en una maquinaria y llegar, llegar, llegar y llegar. Nada de barcos que me recogieran, nada de veleros o cruceros, llegar a la tierra única idea, idea fija salir y llegar…salir y llegar.

Esta noche no duermo en Cuba….y mañana amanezco en otro lado en el mundo.

Se oyeron los gritos de mi hermana cuando amarraba la tabla en el pequeño remolque adaptado a la bicicleta. Venía cruzando la calle como una loca, como si su cuerpo se hubiera incendiado con un fuego invisible. Gritaba peligrosamente mi nombre y llegó hasta mí con un papel en la mano. Era una carta…..del consulado Español en La Habana.

Pedían disculpa por un error que habían tenido por el cual me habían denegado la visa. Todo estaba arreglado ya tenía visado, debía recogerlo en 15 dias y no hacer la cola…..

No sabía que decir, no sabía que hacer, no sabía que prueba era esta o porque pasaba esto. Me quedé de una pieza en lo que mi hermana se alegraba como si se hubiera ganado una lotería. No se, me había quedado sin ninguna palabra. Volví a mi casa, miré a mi madre, mi perro se alegró como siempre. Comí unos chicharos que ya echaba de menos y miré la televisión. No se porque estas cosas suceden pero esta noche duermo en Cuba y mañana amanezco en esta triste isla antillana. Estaba frío, como si me hubiera quedado con ganas, como si me diera vergüenza de no haber llevado a cabo lo planificado para esta noche. Vergüenza que siempre tengo y tendré hasta el fin de mis días. Néstor aun me espera en uthah, Carlos en New York, ulises en Colorado, Martin en Miami.

Madrid es una hermosa ciudad, es mas de lo que me esperaba. Es grandiosa y humilde a la vez. La gente de aquí es buena o al menos he tenido suerte. Me han pasado cosas que no las cambio por nada del mundo aunque me quede con la vena de ver Estados Unidos,. Un día de estos no duermo en Madrid y me despierto en otro lado del mundo, vamos a ver que pasa con la vida. Si dios quiere.

- RRRIIIINNGGGGG RIINNGGGG RIINGGGG
- ¿¿Quien eeeehhh??
- Mupeeee ¿¿eres el mupeeee??
-No me digas mas mupe cojoneee….me llamo Diego
-Oye mupee voy pallá con la tabla pa que me devuelvas el dinero esta tabla es una mierda..
-ta bien traila que ya la tengo vendía a uno ahí que no se le dá la cosa.
-voy palla
-no me digas mas mupeee
-ta bien mupeee
-tu madre
-la tuya
-te espero……..

…..clock.........

02:41 am 1 de Enero 2008

Feliz año nuevo.

Jefe de sector* Jefe local de policía.

12 de noviembre de 2007

Memoria Latente

ESTOY INTENTANDO RECUPERAR LOS VIDEOS DE ESTA ENTRADA....PERDONEN EL FALLO


Este olvidado vídeo en youtube ha recibido recientemente unos comentarios que me impresionan sobremanera. Que el simple hecho que yo me dedique a almacenar mis recuerdos en vídeo y en las páginas de youtube haya servido para también guardar y mostrar los recuerdos de otras personas es algo para mi grandioso. Mis cámaras llevaban tiempo apagadas, pero estas enormes recompensas hacen que con mucho cariño comience a quitarles el polvo de nuevo, hace que comience a pensar en ir de nuevo a cazar imágenes, recuerdos, atardeceres. Esas imágenes que llevamos dentro y que la vorágine de la vida desarrollada Europea o Americana va sepultando bajo una capa de lodo tecnológico y desarrolllado. Yo no quiero olvidarme de esto. Yo no quiero que nadie se olvide de esto. Quisiera que estas imágenes se queden para siempre, que sean nuestro refugio y escudo, que nos lleven por siempre a la paz del lugar hermosísimo y amado de donde venimos, que sea nuestro verdadero lugar y el de nuestros hijos. Nuestra tierra es hermosa y está llena de recuerdos y sentimientos.
EStos son los comentarios de este video:

Joseif escribió .......................
una amiga mía me relató una historia vivida en ese lugar que me lo describió tan bien que yo le dije donde era y que lo había visto en youtube. Anoche en su casa cuando me contaba sus vivencias entré y le puse este vídeo, quedó impactada, yo también he estado en ese lugar muchas veces de campismo hasta tres semanas en mi juventud, acampé atrás de esa entrada de mar, gracias por ese vídeo tan lindo.



habananueva escribió .............

Soy solo una Cubana más que escogió el exilio por que no soportó mas vivir sin libertad, en ese tu vídeo Amanecer Cubano un amigo me sugirió que lo buscara en las paginas de youtube por lo bien realizado que estaba, cuan no seria mi sorpresa al descubrir que mi primer intento de salir de CUBA fue precisamente por ese lugar y en esa piedra donde tu te detienes debajo en esa cueva de rocas, mi refugio a esperar la llegada de la lancha, ese intento fracasó, de ahí salí directo a la tenebrosa seguridad del estado cubana, pero aun así con tenacidad y esfuerzo logré llegar varios meses después a esta ciudad Miami por igual vía pero esta vez a través de Pinar del Rio, gracias por tu vídeo, gracias por hacerme revivir esos momentos que hoy desde aquí los veo como parte de la historia de mi historia, de la historia de cualquier cubano, nunca hubiera podido tener esas imágenes a mi país de nacimiento. No puedo regresar ni aun de visita así que solo tendré ese recuerdo a través de ti para mostrar a mis familiares y amigos y para mostrarme a mi como la vida puede sorprendernos a cada instante, muchas gracias.


Este es otro video de ese mismo lugar que quizas no has visto habananueva y joseif. Se los regalo y me voy a cargar mis cámaras.

Pues en este lugar pasábamos los días y los días de campismo pero en plan "guerrilla" o sea sin comida y sin ná, yo solía pescar y comíamos de eso. Un día el tiempo estaba tan malo que no pudimos pescar y la gente empezó a comerse los caracoles y los quitones. Teníamos un tronco de uva caleta que quizás aun esté ahí que le decíamos el sofá, porque nos sentábamos a tocar guitarra y créeme que era una buena forma de irse, cualquier cosa que te alejara era una forma de irse, casi llorábamos al volver a la semana o a los quince días. Recuerdo que siempre teníamos problemas con los guardafronteras que venían a decir que estábamos esperando una lancha y en mas de una ocasión nos quisieron llevar presos. Una vez me negué rotundamente a ir con ellos a Santa Cruz que era donde tenían la estación de esa zona y el policía por suerte desistió porque me iba a tener que llevar arrastrado, por regla general cuando les veíamos venir a lo lejos nos escondíamos en la maleza de uvas caletas o nos íbamos corriendo al camping mas cercano para confundirnos entre los campistas de verdad. Después volvíamos. Una vez no teníamos agua e hicimos espaguetis con agua de mar, ya te puedes imaginar lo salados que quedaron, no nos lo pudimos comer pero cuando vino el guardia a lo mismo de siempre le brindamos. Por suerte no comió porque no se que hubiera sido de nosotros. Eramos niños que huíamos de algo. Necesitábamos estar ahí, lejos, ocultos. Volver a la amada Ciudad de la Habana era terriblemente triste en tren de Hersey. Lo cogíamos en la parada que se llama La Cañada a cuatro kilómetros de Bacunayagua. Solíamos ir de madrugada, llegábamos a las cuatro de la mañana y a esa hora entrábamos por aquel monte lleno de barrancos escarpados pero nos conocíamos cada piedra, cada agujero, cada cueva, de hecho hay una piedra que se llama la carabela donde nos reuniremos algún día de nuevo todos por juramento solemne.....
nos vemos en la carabela.

Aquellos fueron dias hermosos a pesar de todo. A pesar de la pobreza, las tristezas. Creo que con veinte pesos o un poco más nos alcanzaba para hacer todo aquello. No teníamos ni siquiera para pagar un camping real, aunque era mil veces mejor y preferíamos estar ahí, sin la rumbantela por los altavoces rajados de un campismo, sin el escándalo o las borracheras del personal campista común. también fui mucho a campismos normales claro. pero el único lugar cerca de la habana aislado por un gigantesco muro de piedras naturales, donde podías quedarte dormido en la costa mirando las estrellas y mirando al mar era ese. El único lugar donde sabías que nadie nadie se atrevería a entrar de noche, solo nosotros, era ese. Ese era nuestro lugar. Ojalá las generaciones de jóvenes actuales también se escondan ahí. Sueño volver y verlos, quizás cantar con ellos. ese era nuestro sitio y el tuyo. A el fuimos con alemanes, colombianos,chilenos,españoles y todos coincidían en que era un santuario de naturaleza y aislamiento. De paso los guardafronteras se preguntaban ¿que coño hacía un alemán ahí también esperando una lancha? ja ja hermosos recuerdos.

14 de octubre de 2007

Josef y las señales (Capitulo 5)

Nunca había pasado tanto tiempo sentado en el contén de la acera de frente a su casa. Ver la gente pasar era un privilegio. Reparó en que llevaba años sin hablar con nadie, solo luchando, consiguiendo, pescando….quizás muriendo. Retumbaron las palabras de su madre al oído diciéndole que estaba hecho un mar de huesos, que debía comer un poco, parar. No conocía a las demás personas de su barrio que también se sentaban en el contén. Meticulosamente iban saludando a cada uno de los pasantes y con cada uno tenían una conversación distinta. Josef aguzó el oído, creía que si iba a estar sentado ahí los próximos días al menos debería saludar a alguien, socializar un poco pero le era difícil. Era como si el resto del mundo transmitiera en una frecuencia distinta a la de sus pensamientos. Se preguntó si aquellas personas llevaban años ahí o si se habían sentado hoy como él para pasar un día de paz, de observación, de meditación y de descanso. Se le acercó un muchacho de los que vivía al lado de su casa. Se sentó justo a su lado mirándolo con una sonrisa amistosa, Josef tuvo que hacer un esfuerzo por devolver la sonrisa pero no logró destrabar las mandíbulas para articular palabra alguna.

- ¿Que volá Josef? ¿No fuiste a pescar hoy?

Mas tarde supo que la gente sabía que el pescaba porque muchas de las personas de su barrio compraban pescado de los revendedores que el suministraba y era una especie de etiqueta de calidad de pescado fresco –este se lo cogí a Josef esta mañana- decían para asegurar la venta. La gente lo compraba sin más, sabían que Josef se pasaba 10 horas del día en el agua incluso había quien dudaba que pudiera caminar o hablar, era un hombre pez. Su pelo, aun siendo largo no se movía de lo quemado que estaba y la piel le hacia pliegues en las articulaciones a pesar de tener 18 años. Josef estaba ahí porque estaba cansado. Tomarse un día libre estaba siendo interesante, estaba viendo gente, estaba seco y no miraba alrededor constantemente para ver si no venía un tiburón de esos que hasta ahora había tenido suerte de no encontrar o al menos no ver estando el en el agua.

- Anoche soñé con el mar asere………

Josef lo miró pero a la dura piel de su cara le estaba costando sonreír, no obstante se quedó esperando, precisamente estaba deseando hablar con alguien o al menos que le hablaran.

- Soñé asere…que yo miraba pal mar desde aquí mismo desde esta calle…..y de pronto a lo lejos se levantó una ola grandísima, como un muro ¡que coño un muro! Como una pared hasta el cielo y se oía tremendo estruendo asere, tremendo estruendo pero nadie hacía caso. Yo le empecé a gritar a la gente pa que huyeran y la gente se reía de mi asere…entonces yo empecé a dudar si yo estaba loco pal carajo y la gente tenia la razón, pero miraba patrás y aquel muro ya venía y venía con mas furia con..Con…descojonándolo todo vaya y yo intenté correr pero no pude, era como si hubiese estado metido en leche condensada, la densidad ya tu sabe…..caaamaraaa leeeentaaa y aquella ola reventó aquí en el barrio. Lo arranco tó de cuajo, los árboles los carros, la gente…. ¡se llevó hasta las poncheras y los poncheros querían flotar en los tanques esos que usan ellos para probar las cámaras pero todo se iba rodando y yo me aguanté de un poste. Por poco las manos no me dan más pero me aguantaron hasta el momento justo asere….hasta que se fue el agua. Me caguen diez el barrio quedó hecho mierda asere……..bueno, mas hecho mierda de lo que está, to descojonao y la gente tirá por piso llorando y saliendo de los escombros. Candelones con tostones asere que pesadilla.

Josef disfrutó de la interpretación con mucho gusto, la gesticulación las onomatopeyas y la expresión corporal típica le habían hecho ver cada imágen al detalle. El muchacho se sentó de nuevo a su lado, mirando a la nada. Josef suspiró porque aun no había salido de la pesadilla de su vecino, el agua lo arrastraba calle arriba sin compasión y a pesar de estar mojado como siempre se sentía las quemaduras de la piel cuando rozaban a toda velocidad con el asfalto. Por su lado pasaban todo tipo de escombros y de pronto vio una muñeca sin brazos entre el agua turbia que ya le entraba por la nariz y la boca con tanta presión como intentar soplar por la manguera del compresor de inflar ruedas de la ponchera. La muñeca tenía partes en la cabeza sin pelos, no tenia ropas pero en un pie tenia un delicado zapato blanco, los ojos los tenía semi cerrados y a la vista de Josef abrió uno e hizo un guiño humano. Josef se aterrorizó, dio un empujón bajo la vista del vecino que dudaba si josef lo había escuchado o estaba en otro mundo. Cogió una bocanada de aire que casi revienta sus pulmones y observó de nuevo al vecino que ya estaba listo para proseguir.

- Lo mas jodío asere…..vino después. Las cosas no valían ná. Nada existía y nada importaba. ¡¡Y tu sabe lo mas raro que me pasaba??

Josef no se inmutó en preguntar que, a decir verdad en ese día aun no había hablado con nadie, solo había visto la gente y había escuchado los sonidos de los seres humanos.

- Lo mas raro asere, era que la gente se peleaba, pero no por comida, ni por las cosas, la gente se peleaba por los periódicos asere….le ronca…..la gente ya no tenía casa ni familia ni que comer pero se peleaban por los periódicos, la moneda empezó a ser los pedacitos de periódico que a duras penas habían encontrado y secado a sol, el que tenía muchos pedacitos era rico, y si alguien armaba una página entera o una noticia ya era lo mejor que tenías en el mundo, yo me dediqué a buscar periódicos asere, la gente levantaba los escombros y los muertos no importaban, la gente solo quería periódicos asere, la gente quería leer asere….esto le ronca.

Terminando su relato se fue sin despedirse como un resorte. Siguió conversando con los demás “sentados” ¿Quién vende gasolina por ahí? Preguntaba. Josef aún tenía el maldito guiño de la muñeca nublándole la vista. No sabía si quejarse o agradecerlo. Quizás era una señal, o un mensaje. Siguió con la vista al vecino hasta que dobló la esquina. Iba hablando con todos por el camino pero por lo alto que hablaba, Josef pudo constatar que a nadie más le contaba el sueño. Iba como es común hablando de pelota, de películas, de vender o comprar cosas, de cadenas de oro pero a nadie le mencionó su sueño. Josef se quedó con este detalle. Había sido como si alguien le enviase esa grabación en el cuerpo de ese muchacho. Tomó la palabra de lo que fuera y se fue al malecón. El mar estaba como avergonzado de tamaño mensaje, había sol, estaba azul, hermoso. Los ruidos de las olas contra el extenso muro no susurraban nada, como si le hubieran retirado la licencia a Josef de entender el mar.
- ........adiós mar…………
Dijo en un susurro solemne. Se fué a su casa a ocultarse de mas señales como esa. - En tierra tampoco se está seguro- Dejó pasar ese día. Antes de proseguir con sus pensamientos intentó tener la mente en blanco pero en un lugar con tiempo de sobra eso es imposible, ni sabía desde cuando no podía tener la mente en blanco, incluso ensartando peces con su escopeta, no dejaba de pensar, de sacar cuentas, de soñar, de esperar. Que soñaba que esperaba, tampoco se sabía, ni el mismo lo sabía.

Al otro día entró el mar por las calles para adentro y arrasó con todas las viviendas cerca de la costa en el malecón y el municipio playa. Han pasado muchos años de eso y como todo en la isola. Aun se ven los destrozos.

Basado en hechos literalmente reales

3 de octubre de 2007

Josep, pescador sin nada (Capitulo 4)

Josef era un nombre realmente raro, a veces la gente le decía cualquier apodo con tal de no mencionarlo, pero había que levantarse cada día con ese nombre y seguir adelante. Su vida era como estar en el medio del mar con el agua a las rodillas sin tener adonde seguir sino adelante. Los años pasaban. Los noventas arrollaban implacables la piel de los ancianos del barrio y no había más alternativa que seguir soñando. Eso era el pilar que podía mantener una nación entera, no las consignas, ni el enemigo, ni el miedo. Los sueños. Los sueños son motor de generaciones, de vida y de muerte. Josef era uno de esos que comía y respiraba de sueños aunque le faltara el otro complemento que era la esperanza, pero tenía esperanza de que algún día llegaría quizás, por eso seguía luchando, por eso se levantaba cada mañana, con la esperanza de tener esperanzas y con los sueños imposibles atados de las manos.
El mar se había puesto difícil. Difícil por todos lados. La gente se estaba yendo en lo que fuera a perseguir sueños y esperanzas y se había puesto todo malo multiplicado por cien. Más de un tiburón se había visto por las costas ansioso de más carne humana de emigrantes balseros. A díario se encontraban restos de embarcaciones rústicas por las costas con tristes desgarros de lo que fue una empresa perdida. Pedazos de madera, de cámaras de camión, vírgenes de yeso, velas improvisadas, botellas plásticas de agua con azúcar, todo ello formando una horripilante escultura de escarmiento, de muerte y de esperanzas perdidas.

Josef acababa de salir del agua y encontrarse una de estas. La proa estaba hecha de señales de tránsito, incluso se podía leer “vía blanca” “palatino” en una de ellas. Algunos caracoles comían del musgo acumulado de tantos días de mar. Con un poco de concentración podías ver el negro destino, oír los gritos, el desespero y después la paz. Los noventas fueron turbulentos. Josef se arrodilló frente a los restos y bendijo aquella tristeza de madera con una torpe cruz de ateo sin soltar de su otra mano los pescados y los equipos que le proveían de comida diaria. Esto sucedía un día nublado en la costa norte entre La Habana y Matanzas. A la brisa del mar y a la peste de petróleo inútil de todos los pozos excavados por esa zona en un intento fallido de proveer de energía a una isla pobre con recursos malditos.
Tito salió del agua. Había tardado limpiando unos pescados un poco más difíciles. Josef volvió sobre sus pasos para ver que pasaba. El día nublado y los restos de balsa le habían aguado la mañana, además la pesca había sido mala y peor el frío de la madrugada que aun estaba alojado en los huesos. No se iba, quizás como mucho se movía de un lado a otro pero no se iba. Con brutal armonía iba serrando cada articulación como si quisiera partir a Josef en mil pedazos, la piel lo intentaba todo contrayéndose en un paisaje idéntico al de la piel de una gallina desplumada pero mas nada podía hacer. Este día era fatídico. Hasta el sonido del mar le sonaba mal a Josef y eso que lo amaba con locura pero hoy, sonaba mal.
Tito tiraba a la costa los restos de los peces que iba limpiando. El agua a pesar de no haber sol proyectaba su transparencia sobre la costa y podían verse los peces de colores de un lado a otros como locos con su ajetreo, poco más atrás una sombra. No de una nube, una sombra pequeña pero lo suficientemente grande como para llamar la atención. Josef se quedó mirando, Tito empezó a gritar.

-¡¡Cojonee!! ¡¡miraaa! Un tronco de tiburón ¡¡Un tronco e tiburón cojoneeeeeee!!

Daba golpes con los pies en la arena como si quisiera escapar de un salto, como rumpelstikin y se desesperaba como si el tiburón anduviera caminando por la tierra y corrieran algún tipo de peligro.

-¡¡COJONEEEE!! ¡¡Ese venía a comernos coño!!¡¡Hoy hemos nacío!!............¡¡hemos salido en el momento justo mecaguendiez!!......¡¡Hijo de putaaaa….hijoputaaaaaa!!
- Tito……
- ¡¡hijoputaaaaaaa!!¡No vas a comer ni cojoneeee!
- Tito…….
- ¡Me caguenlaresín……….
- ¡Tiiiiitoooo!

Tito miró a Josef buscando complicidad en sus manifestaciones impotentes pero al no recibir respuesta cambió el tono furioso de la voz por una pregunta calmada y diáfana como si la escena anterior hubiera sido vista en un cine y se hubiera acabado la película.

- ¿viste eso?
- Si…… vámonos que todavía nos queda escaparnos de los tiburones de la tierra.

La respuesta lacónica de Josef dejó un poco atónito a Tito, pero Josef solía ser así. Un tipo congelado. Quien lo conociera bien quizás podía intuir un mar de sentimientos internos y meditaciones pero por fuera Josef casi ya no se inmutaba por nada, tampoco le quedaba mucho por ver en la vida después de tantas tribulaciones por la pequeña isla donde todo podía suceder, de hecho ya le había sucedido bastante y casi nada lo asombraba. Lo que venía era medianamente normal siempre aunque para otros fuera un escándalo. El laconismo de Josef era tan raro como su nombre.
Tenía razón. Aun faltaba escapar de los tiburones de tierra. Eran así las cosas. Te jugabas la vida en el mar por unos peces y te la jugabas después en la tierra. Los tiburones de la tierra solían ir vestidos de verde o azul según fuera el caso, no se podía distinguir cual era peor pero si se sabía según la zona cual podía aparecer.
Atravesaron potreros y sembrados para evitar los trillos y caminos conocidos, cualquier cosa podía pasar porque la suerte es una ruleta. El potrero que atravesaban ahora estaba lleno de vacas que ya se sabe que son un poco malditas, agreden con los ojos abiertos y el objetivo fijado, lo sabía por experiencia de haber pasado por ese potrero antes. Había una vaca pinta que era maldita y endemoniada y por supuesto que los vio. Arrancó sus toneladas contra ellos y antes que nada y sin mediar palabra estaban corriendo intentando alcanzar la cerca, todo estaba medianamente calculado. Daba tiempo a saltar una talanquera y que la vaca estrellara la cabeza contra las maderas que hacían de puerta. Después lo de siempre. Tito a decir todas las blasfemias posibles y a caerle a pedradas a la maldita vaca, Josef odiaba a las vacas, recordaba con cariño como un día pescó vacas y se imaginaba las malditas arrastradas al medio del mar y hechas filetes. En la cabeza de esa vaca estaba el demonio con cuernos inclusive. Josef con rabia desacostumbrada cargaba la escopeta de pesca y le apuntaba pero la vaca ya por experiencias anteriores cuando veía que le apuntaban se escabullía entre el marabú. Era muy lista la maldita –pa tener una bazooka- siempre pensaba lo mismo en lo que intentaba apagar otra vez al vociferante Tito. Había que seguir camino, la carretera estaba cerca y ya habían pasado la zona de los tiburones verdes conocidos como guardafronteras, militares agobiado de la soledad de las costas y deseosos de cometer alguna fechoría con el primero que se le cruzara en el camino, miedo de los pescadores furtivos mas que por la ley, por el saqueo, porque solían quedarse con buena suerte con toda la captura de ese día y con mala suerte se apropiaban hasta de los equipos de buceo.
La salida a la carretera era por la Vía Blanca cercana al puente de Bacunayagua. Si tenían suerte, era bastante simple la cosa. Coger alguno de los carros que iban para La Habana procedentes de Matanzas, que paraban después de pasar el puente a tomar algún refresco en una pequeña caseta en dólares que estaba a la salida del puente por la parte de La Habana.
En teoría debían separarse, uno llevar el pescado y otro las escopetas, ir distanciados por si cogían a uno que el otro salvara al menos la mitad del patrimonio, pero el día pintaba tan mal y tan desolado que pasaron por alto esta norma. Iban tan desprevenidos que no sintieron el motor de un carro que avanzaba despacio detrás de ellos contrario por el arcén de la carretera. El ruido de las puertas los hizo volverse, lo mismo de siempre en el mismo orden 1- carné de identidad 2- ¿ustedes saben que esta prohibido pescar submarino? 3- voy a tener que llevármelos pa la unidad o decomisarles todo eso aquí mismo.
4- Ya estaba hecho el día. Ni escopetas ni pescado ni nada. Todo perdido. Esta vez Tito no rugió como acostumbraba, al parecer ya también había agotado sus pilas. Josef en lo mas profundo de su ser pensaba que quizás hubiera sido mejor y con mas posibilidades escapar de haberse encontrado al tiburón del agua. No había escapatoria con los de tierra. Volver al barrio con las manos literalmente vacías no les hacia ninguna gracia. Empeñaron el poco dinero que les quedaba en montarse en un camión que iba hasta Guanabo. Después la 400 hasta La Habana y después por el malecón caminando los nueve kilómetros que los separaban de casa. Todas estas horas sin una palabra, cabizbajos. Hoy era un día fatal y no había a nadie a quien quejarse ni razón para ello, era lo que tocaba, lo que sucedía, lo que estaba predeterminado.
Josef de vez en cuando alzaba la vista para mirar las parejas de enamorados que iban al malecón con horas de antelación a reservar puesto para el atardecer hermoso que regalaba la humilde tierra aun estando el día mas nublado que cuando el diluvio. Esto daba un respiro a sus tristezas. Pensó en Sandra, su amor de siempre y suspiró un poco. Tito al verlo con vida empezó a hablar de nuevo.

- yo me voy a tirar al agua otra vez, algo tengo que sacar, aunque sea 20 pesos.

Josef asintió con la cabeza, aun no estaba preparado para articular palabra.
Recogieron unos bicheros (palos de madera con anzuelos atados en la punta) y se dispusieron a buscarse, a pesar de todo, una segunda oportunidad de ganar el pan de ese día, literalmente hablando porque con 20 pesos daba suficiente para unos panes con croquetas que daban energía hasta el día siguiente. Recorrieron la costa en busca de un lugar que les diera buena vibración. Esto iba por calles. Ya en Miramar que era el lugar preferido iban mirando en los trozos en que los edificios dejaban ver las partes de las costa que no estaban construidas. Calle 4 no, estaba muy sucia el agua, vamos a alejarnos del Almendares. Calle 10, calle 12, 22, 24, 36 decidieron tirarse por el tritón, aunque quedaba más lejos, la corriente los llevaría con rapidez al este en dirección a casa. En tantos kilómetros de fondo algo deberían pescar, hoy era un día de emergencia y había que esforzarse al máximo, mas que nada porque el día de hoy aseguraría poder comprar otras escopetas y mas equipo que las desvencijadas caretas de repuesto que tenía guardadas para estos casos y que dejaban una mancha negra alrededor de la cara porque ya la goma que las componía estaba en franco estado de descomposición.
El fondo estaba como desalojado, este otoño no había dejado peces en las costas de Cuba, ligado a la incesante y desmesurada pesca por todos los medios posibles. Los peces que quedaban se escondían pavorosos de la presencia del pescador depredador, por eso solían irse un poco lejos de las ciudades pero ya se sabe lo que podía pasar. A Josef le ardía un poco la cara de la careta incomoda y pegajosa, decidió flotar un poco bocarriba y sentir el ruido del mar como chocaba con sus oídos suavemente aunque debajo de si hubiera un abismo azul que daba miedo al mas experto. Decidió olvidarse de todo, del día, de lo malo y agradecer que estuviera ahí, en medio de la nada con ese olor a algas y ese silencio. Por un rato se rindió y estaba pensando irse a casa a dormir. Estaba realmente cansado en todos los sentidos y su mayor preocupación era que a su medio de vida que era la pesca le quedaba cada vez menos. Era atacado por mar y por tierra en contra de esa actividad, ya les había costado mucho a algunos conocidos, otros se habían pasado a la pesca dura. A cortar corales a profundidades suicidas donde más de la mitad de ellos tenían accidentes y unos cuantos ya habían perdido la vida. Era hora de salir, de dejarlo, de no morir por vivir, de rendirse un poco. Le apetecía sentarse en la orilla con el agua en la cintura a coger un poco de sol, a ver los niños como ponían de los nervios a las abuelas con sus ansias de estar metidos todo el santo día en el mar hermoso y azul de la costa norte de La Habana. A ver la gente disfrutar, leer un libro, enamorar. Le apetecía vivir un poco y lo decidió. Además le hacia falta pensar porque ya era hora de cambiar de actividad. Esto no daba más.
Buscó a Tito por el snorkel de tubo gris de electricidad doblado a mano. Tito tampoco tenía la cabeza sumergida ni estaba buscando peces, hacía rato que lo había dejado. También estaba agotado, pero Tito tenía otros pensamientos en la cabeza y miraba fijo a la costa. A Josef empezó a transmitírsele la idea con una leve sonrisa entre las olas y saboreando agua de mar se acercó a su compañero de pescas y desgracias,entonces miró al punto que este miraba generando exactamente el mismo pensamiento.

- No me jodas Tito.
- ¿Por qué no?
- Porque no Tito, no me jodas.
- ¿Quién coño nos lo ha quitado todo hoy?

Las respuestas a las preguntas de Tito eran obvias. Era como las preguntas que te hacían en la escuela, debías responder lo mismo exactamente cuantas veces te las hicieran y si hacías esto aprobabas de seguro. Por ejemplo a la pregunta de quien es el héroe de América debías decir José Martí, como dijeras Martín Luther King ibas a la calle expulsado del aula y había tres palabras claves para resolver todas las preguntas de política que según la pregunta se usaban de dos formas una era: porque había hambre miseria y explotación y la otra era: porque acabó con el hambre la miseria y la explotación. Con esto tenías aprobado de seguro y con sobresaliente. Esta costumbre de hacer preguntas obvias y con repuesta fija garantizada caló en todos los cubanos de su generación sin espacio para dudas, claro que esto también servía para fomentar idea negativas como esta que estaba sucediendo ahora. Con preguntas obvias se llegaba a un convencimiento directo que no permitía segundos caminos, era un sistema que estaba así de preparado pero a veces sus métodos funcionaban en contra del mismo.

- ¡Dime! ¡Quien cojones nos ha quitado todo hoy en la mañana?

Josef decidió seguir la corriente, como no lo hiciera, el juego de las preguntas obvias iba a durar todo el maldito día y ya bastante tenía con la televisión que ponía su padre y los vecinos con discursos llenos de preguntas obvias.

- ¿el policía?
- ¡El gobierno cojoneeeeeee, el gobierno! ¡Que coño es la policía sino un pedazo cabrón del gobierno?
- Bueno el gobierno…………….
- Hay que desquitarse……y buscarnos la vida.

Diciendo esto ya iban rumbo a la costa, al lugar fijado con la vista. Era un tétrico lunes y a Josef según había estado el día ya todo le daba miedo. Además el atardecer estaba siendo muy pobre entre las nubes y ya el mar se veía gris con vientos fríos que no se sabe de donde venían, se había levantado un oleaje mediocre que intentaba sacar granos de las piedras de la orilla sin efecto alguno.

El lugar escogido era el acuarium. Ahí si había pesca. Era solo saltar un muro embicherar (enganchar con el garfio) un par de buenos peces y pirarse de cabeza al mar que los iba a defender de cualquier cosa. Fue fácil entrar. Josef se dirigía a la pecera de los pargos y las langostas, se pagaba muy bien la libra de esto aunque descoloridos por el estrés de miles de niños golpeando las peceras y llamándolos como si fueran perros. Alguien pagaría por estos pescados y lo mas divertido era contar como los habían pescado en algún lugar de la desembocadura del río almendares y después ver a los demás pescadores rastreando las zona como pastores para ver si encontraban mas de aquellas excelentes piezas capturadas por los dos héroes de la pesca del día. Recordaba una vez que se había ido hasta la costa sur, a playa Cajío y había traído unas suculentas langostas, seis en total y después de venderlas los otros pescadores le preguntaron con brillo en los ojos donde las había capturado. Eso no se hacía, eso iba contra la ética, pero el hambre no liga con eso así que les dijo que las había cogido en el puente de hierro del río Almendares, tuvo que elaborar una cuidadosa explicación de la diferencia de densidades del agua salada y el agua dulce para justificar que debajo en el río había agua de mar y que por eso unas langostas de agua salada vivían ahí en medio de la desembocadura del río de La Habana, lo malo fue que por casualidad no era mentira y después de horas de viaje a la costa sur en 20 minutos salio el engañado con unas langostas igual de buenas dándole las gracias. Josef se retorció dentro de si mismo por no haber pensado antes esa teoría para si mismo y haber perdido un buen lugar de pesca por querer burlarse de un compañero. Por supuesto en los días siguientes ya no quedaba ahí en ese puente ni un cangrejo y lo del agua salada era verdad que había descubierto por instinto. Debajo del río había agua de mar por la diferencia de densidades y había peces de mar dentro del río. Que chasco. Nada salía bien.
Tito le llamó la atención con un susurro muy potente como si se le fuera el aire a una fabrica de algo, cuando Josef se volvió, no se sabe como Tito tenia entre sus manos una tortuga que aleteaba al aire como un macabro pájaro desplumado. Josef se quedó paralizado un momento, abrió los ojos con cuidado que no se salieran de sus cuencas de tanto asombro pero corrió donde Tito a ayudarlo y juntos al muro que separaba el acuarium de la costa. Detrás se oían unas voces, eran los guardias del acuarium que aunque habían reaccionado tarde ante tanto asombro ya venían a toda velocidad. Josef y Tito se lanzaron al agua con la tortuga victima, en la caída la tortuga se dió a la fuga, quizás vanagloriándose de estar libre pero a golpe de patas de rana la alcanzaron entre los gritos e improperios de los guardas que impotentes se quedaban recostados a la baranda que separaba la instalación de la libertad marina. La pobre tortuga nada más sabía nadar en círculos, por eso no se había escapado porque velocidad no le faltaba. Los tres seres se alejaron mar adentro y una vez fuera de la vista Tito saco el cuchillo para acabar la obra. La tortuga atontada ya no hacia por nadar, se dejaba llevar al ver la voracidad de sus captores. Se quedaron un rato pensando lo que habían hecho. El instinto es fugaz. Volvió la mente, la meditación, pero por si acaso la tortuga estaba bien asegurada.

- ¿Y si la vendemos viva?

Un silencio de minutos no dejó oírse ni siquiera las olas que ya daban la sensación de estar en un delicioso sillón que te acomodaba. La actividad había producido calor que hacia sentir como si el entorno fuera cómodo y agradable. La tortuga estaba ahí. No se movía apenas y aleteaba solo con las aletas izquierdas, la costumbre de dar vueltas a la derecha en la pobre piscina. No se hablaron en un buen rato pero como puestos de acuerdo soltaron la tortuga a la vez, esta empezó a descender en círculos hasta el fondo y ahí descubrió que también tenia aletas a la derecha de su cuerpo, emprendió una carrera que se les perdió de vista en pocos segundos. Se quedaron mirando al horizonte lo poco que permitía mirar cuando los ojos están a la altura de la superficie del agua. Unos metros después la tortuga sacó la cabeza del agua y con un resoplido respiró el aire de libertad, se veía el caparazón como iba a toda velocidad mar adentro, mar adentro como la vida. Quizás ese último resoplido fue para dar gracias por su suerte de ese día. Se quedaron con cara de tontos. Ya la noche caía en el mar con la pesadez característica. Se dejaron llevar por la corriente. En algunos minutos calcularon que el dinero recibido por la carne de tortuga no era comparable con la satisfacción de lo que habían hecho. Rieron como locos un buen rato con trago de agua salada incluido, la risa era un premio. Hay gente que lo tienen todo y no ríe, la risa lo arregló todo, las pérdidas, los sustos, las emociones y sobre todo el maldito lunes. Quizás lo bueno que les había deparado el destino ese día eran unas buenas risas que hacen tanta falta como el dinero. Hubieran querido repetirlo pero no iba a ser posible. Me gustaría contar que de camino a casa pescaron algo ya cayendo la noche pero no fue así. Al otro día Josef no se levantó de su cama, ni el otro, ni el otro. Al tercero salió y se sentó en el contén de su barrio. No contó nada, nunca contaba nada. Su cabeza solo mecaniqueaba un cambio de actividad. Se puso a pensar que hacer, que daba dinero, con que vivir.

17 de septiembre de 2007

HUNTER

Es dificil decidir que se va a ser en la vida. No es como cuando uno es niño que dice que va a ser medico o cosmonauta. Yo, esas dos profesiones las tengo perdonadas. Si veo sangre me desmayo y el otro día monté en una montaña rusa en un parque de la warner.bros y cuando me metió un par de sacudiones me alegré de no ser piloto porque a la primera vuelta que diera el avión me tiraba por la puerta de atrás como el primero. De hecho, de pequeño cuando alguien me preguntaba que quería ser yo decía “ruso” pa mi los rusos eran lo mejor del mundo según se me metió con sangre en la cabeza, como mismo entra la letra. Bueno era mejor que pompón que quería ser guaguero, pero nunca nadie le decía donde se estudiaba eso. Después de ver la primera entrega de Indiana Jones decidí cual sería mi próximo trabajo. …………..Basurero….eran los únicos que se enganchaban en un camión en marcha y les pagaban por ello porque arqueólogo pregunté y nadie me contestó nunca sobre ello, o antropología, creo que en Cuba abolieron esa carrera ¿paqué? Da igual del mono que vengamos, todos somos el hombre nuevo. Cuando empecé a trabajar en el mar desde muy niño me sentía absurdamente feliz y no quería mas nada para mi vida. El mar es todo para mí. El mar es mi vida, mi ciudad, mi casa. Leyendo a Víctor Hugo creo, fue cuando mas orgulloso me sentí de ser un trabajador del mar. Fueron años de paz. Pero después vino la guerra sórdida y silenciosa de los éxodos y muy a pesar mío se me abrieron caminos nuevos en mis profesiones. La lista de lo que he hecho no cabe en este blog pero aun seguía sin saber que hacer. Pasados años en los que ya no se puede decidir aun sigo pensando en ello aunque ya nadie pregunta que quiero ser. Se supone que mayormente eso que querías ser no lo puedes ser y si no ya hace rato que lo eres. Yo hace rato que lo soy pero no lo sabía. Yo soy…………..Cazador.
Difícil profesión. Las armas son tan caras como prohibitivas. Hacen daño. Pero yo se que tengo que luchar por lo mío y hacer todo lo que haga falta por lograr este sueño que he decidido que sería mi vida futura. Quiero ser cazador. Ya eso no se paga, es un lujo, quizás un hobby de algunos pero yo me quiero dedicar a ello por completo. Vivir de ello si es posible. Por lo pronto estoy vendiendo mis cosas. Me quiero comprar una gran CANNON XL1 modelo anticuado pero muy bueno aunque sea de tercera mano. Empezaré con esa arma, poderosa, ligera y versátil, de largo alcance y de grandes radios de acción. Letal, un arma letal la XL1 después necesitaré entrenamiento, bajar las 60 libras de mas que tengo, viajar a Cuba, donde se encuentra mi presa favorita, dormir en el monte, acechar, esperar, no respirar, soportar el frío, el calor, el salitre y sobre todo esperar, para justo, en el momento oportuno, en el segundo exacto, cuando asome de su madriguera……cazar de un solo disparo el amanecer o atardecer mas lindo que no se repetirá en miles de millones de años en esa isla tan especial donde el sol nos regala lo mas hermoso aún con las carestías, las tristezas, la memoria y el azar.

Las fotos son de Bertinhos Roman, inspirador de este articulo. fueron tomadas en su reciente viaje a Cuba.








16 de septiembre de 2007

DeMoler

Un Gran aplauso a los autores de este trabajo. Gracias a los que siguen produciendo dentro de Cuba, cultivos o cultura.

A isla Do II parte

Estaba yo por la loma de la calle 20 en el vedado, mas exactamente en 20 entre 11 y 13 por donde viven mis primos. Mi primo el más pequeño, Yosvany se acababa de comprar un Buick del 52 verde claro, descascarado como todos los Buicks. Con peste a grasa vieja y seca, a carro ya muerto o como mucho desfallecido. Los carros tienen olores. Yo por el olor se como están por dentro, cosas de mecánico. Los Buick tienen su olor especial, un olor triste, pasado de época. A los buick les duele envejecer, no son como los Chevrolet que cambian de motor, de dueño, los chapistean 500 veces y siguen ahí con el corazón en la mano como Juantorena dándolo todo desde el parque central hasta la ceguera. Los Buick tenían clase, de hecho quedan pocos vivos, en terapia muchos y fallecidos casi todos. Mi primo se había comprado un buick, un buick de La Habana, triste, con el vinil caído o roto, con los niquelados llenos de poros como escaras de un anciano abandonado, con ruedas de camión y ningún medico quería mirarlo.
Me llamó porque yo era un raro “biusero” lo que quiere decir gente que sabe de la mecánica de los carros raros, en este caso los Buick que muchos mecánicos no atendían. Al arrancar tiraba lenguas de candela por el carburador parriba como si escupiese demonios que tenía dentro y se oían en sus entrañas horribles explosiones que denotaban una enfermedad grave, no por eso incurable. Lo habían visto muchos mecánicos pero cada uno daba su opinión sin atreverse a tocarlo –eso es un ocho en línea- decían como si dijeran esto se nos muere y no podemos hacer nada. El ocho en línea se referían a un motor de lujo especial que sacó la General Motors para hacer unos motores silenciosos y estables pero con particularidades ingenieriles bastante raras. Ya no quedaban folletos o información de este tipo de carros pero como yo había sido un encuentracosas toda mi vida, los había estudiado y aunque celosamente custodiados habían pasado por mis manos el suficiente tiempo como para que yo supiera cosas exclusivas que me permitían ganarme la vida con este tipo de rarezas.
Escuchen bien, voy a revelar un secreto profesional y sobre todo quiero escribirlo antes de que se me vaya de mi mente envejecida, el orden de encendido del Buick ocho en línea es 1,6,2,5,8,3,7,4 por ese simple detalle gané bastante dinero en Cuba, era mi clave de llegar y arreglar muchas cosas al igual que la cadena de distribución del árbol de levas que estaba a 11 dientes por la derecha. Cosas ajenas, pero claves como la historia clínica de un paciente o el detalle de la especialidad en algún tema. Le arreglé el carro a mi primo en lo que canta un gallo. Arrancó, el motor gemía y sonaba como solo saben hacerlo ellos, era como mi música. Yo por instinto movía las manos al compás de la aceleración y sus ruidos me decían lo que estaba haciendo específicamente cada parte de sus sistemas o mecanismos. Dentro de mi veía todo el motor por dentro y no se me escapaba ningún detalle, aceleración, torque, el motor torcía de lado un poco el carro de tanta potencia reunida, solo le faltaba tener alas. Sonaba como un bombardero de la segunda guerra mundial, era hermoso contemplar este logro de la mecánica andando.
Un señor de pelo blanco no cesaba de mirarme todo el tiempo, pero ya estaba acostumbrado. En Cuba la gente se puede poner a mirarte sin más, no hay nada mas que mirar lo que te rodea y nada en que pensar, todo puede ser perjudicial por eso mirar todo el santo día lo que hace otra persona es normal. A veces, hoy en día me paro en las obras por ahí a ver como sueldan los trabajadores y me miran con mala cara, me voy rápido por supuesto. Pero en Cuba, es normal mirar, mirarlo todo y si es posible opinar. Este señor no dejaba de mirarme hasta que cerré el capó del Buick que aun seguía ronroneando como un gato de acero feliz y ajeno a la tristeza circundante.
Al poco rato de haber apagado el motor y disfrutar de los tics de las contracciones metálicas el señor se me acercó por la espalda y disparó un dialogo como solo se dispara en la calle 20 del vedado. La calle 20 es un mundo aparte, paralelo a la calle 12, la Dionisia, el Canal del Cerro o el Fanguito. La calle 20 tiene su propio lenguaje y ahí la gente se dispara palabras sin mediar ninguna cortesía o confianza, al que le tengas que decir algo díselo antes de que se muera en los próximos 50 años, o no lo digas nunca más.
-es raro ver gente que sepa de este tipo de cacharros.
No le contesté. Es de mala educación hablar en medio de una opera o un teatro, también en medio de un discurso muy sublime o un entierro. El motor de un buick de casi 50 años andando en una isla hundida de crisis, llena de espectros de personas arrastrando sus pies sin rumbo y despedidas diarias así lo era. Era todo aquello junto. Se le miró mal al señor por violar ese espacio, ese silencio. Me volví y lo miré sin decirle nada. Tenia el pelo blanco y las cejas negras, el señor no bajó la vista, al contrario me miró de arriba abajo con los brazos cruzados en actitud superiora. Pasaron varios segundos. Volvió a romper el silencio.
-¿También arreglas ladas?
-¡NO! – dije tajantemente sin dejar terminar siquiera el siseo de la S final de su frase y sin mirarlo, ya había metido mi vida y mis sentidos de nuevo en el capo del Buick con el hermoso motor ocho en línea esta vez ya sonriente.
- Has crecido mucho – Hay frases que entran como contraseñas en la vida. Hay cosas que entran como contraseñas en la vida. Quizás si yo sigo hablando de mecánica todo eso resbala a tus sentidos porque no entiendes, no te lo vas a aprender ahora y quizás y es lógico tampoco te interesa. Sin embargo si digo quizás helado de chocolate si pones atención, o algo de sexo o de violencia. El helado de chocolate tiene sexo y violencia. Sirve para las dos cosas pero no me pregunten porque. En la calle 20 ningún viejo le debería decir a un joven desconocido “has crecido mucho” eso no se decía, de eso no se hablaba.
-¿Como esta tu padre? Un tiro de gracia. Mi sagrado padre estaba muriendo poco a poco. Esta vez lo miré yo de arriba abajo pero ya sin ojos, lo mire con el alma, la gente alrededor prestaba atención cual si de una novela se tratase.
- ahí está, tirado en la cama. No quiere moverse, no quiere salir, y a veces no quiere abrir los ojos.
-¿pero esta muy mal?
- No…….solo que no quiere estar bien.
- Dile que lo quiero, dale un abrazo de mi parte.
La tierra empezó a removerse debajo de mis pies, a pesar de cambiarme de sitio más de diez veces la tierra seguía persiguiéndome como para tragarme. Recogí mis herramientas como pude y me largué a mi casa. Me duele escribir sobre mi padre pero quizás contando cosas esté mas tranquilo y sobre todo logro algo. Que no se me olvide. Mi mente no se porque. Se esta borrando.
-¿como te llamas?
- Diego, dile que su primo Diego le manda un abrazo.
………………………………………………………………………………………………………
De camino a casa hacía grandes esfuerzos por recordar algún Diego conocido pero no me salía ninguno. Por parte de mi padre no conocía más familia o amigos que mi abuela que tampoco me había contado nada ni siquiera de mi abuelo Canario. Apuré los pasos hasta llegar, mi madre como siempre me estaba esperando con la comida hecha. Atravesé los pocos metros de la casa para llegar al cuarto de donde mi padre no quería levantarse nunca, le tiré de un pie, esto siempre lo hacia reír un poco y abría los ojos con cansancio, cansancio del alma. En aquella época mi padre, lo que tenía era eso. Cansancio del alma.
- ¿Quien es Diego? Te manda saludos.
- ¿Diego?...........Ah……..Mi primo Dieguito ¿está bien?
- ¡¡Ah!! Tu primo, yo pensé que estabas solo en el mundo.
- Si el primo Dieguito el de la calle 20 ¿Cómo lo viste?
- No sé yo estaba ahí en lo mío y te mandó saludos, no se si está bien o mal, no lo conocía ¿tienes mas familia por ahí o ya esto es todo?
La conversación tenía un rumbo predeterminado, ya sabíamos adonde iba a parar. Horrible conversación que siempre terminaba en lo mismo.
- Su familia vino cuando Girón, ellos venían a matarnos. ¿Qué tu querías que hiciera? ¡Yo no tengo más familia que ustedes!
Vinieron a colación varios recuerdos gastados. Ocho años antes en el 92 a mi padre le había dado un infarto que casi le provoca la muerte cuando se enteró que “la Revolución” había aceptado el dinero del “enemigo” como moneda que circularía libremente entre los cubanos. Se negó rotundamente a visitar cualquier lugar donde existiera esa moneda, negó toda relación con los odiados dólares a pesar de que sus hijos subsistíamos gracias a ellos. En la cama del Hospital Hermanos Ameijeiras aparte de nosotros solo lo fue a visitar una persona ajena. Una prima que era una señora muy gorda venida de los Estados Unidos cuando se enteró que mi padre estaba enfermo. Habíamos recibido instrucciones precisas de no aceptar ningún regalo de la prima y de ser posible hablar lo menos posible con ella ya que “esa familia no era familia” yo tenia 22 años y estaba en el servicio militar, no me interesaba nada, solo tenia mi cabeza en montar Windsurf, escaparme de la unidad y perseguir rubias por las playas.
- ¿Cuanta familia negada más tienes por ahí papá?
- ¡A pues mira!- espetó con la zoquetería que he heredado calcada de su comportamiento y con una sonrisa sarcástica muy bien lograda – Está tu prima Chichi, Luisito, Macho, Javierito, Emilito.
Fingía que le provocaba risa como yo me iba escandalizando a medida que iba mencionando nombres pero intenté calmarme a toda costa y contenerme. Ya estaba cansado de discutir con mi padre por lo mismo, no se arreglaría nunca, nunca daría su brazo a torcer como nunca lo hizo. Consigo se llevó la terquedad mas grande del mundo aunque la lección que quizás quiso darme cumpliera exactamente el efecto contrario en todo momento y hasta el día de hoy me haya hecho un renegado de las discusiones y un incrédulo político relegado a la anarquía y el apolitismo.
- Papa….papá ¿Por qué nunca me hablaste de esa familia?
- Porque yo no tengo mas familia que ustedes.
- Papá….esa es tu familia, la prima esa que vino que parece un tanquecito viajó desde Miami hasta aquí a pesar de a saber cuantos años hace que tu no le hablas ¿y todo porque? ¿Por qué?
Silencio por respuesta. La forma de darse por vencido era hacer silencio. Quizás yo en el fondo tenía razón. Pero la razón nunca se le da a un discípulo, o así me parecía.
Bajé de nuevo a mi mecánica. Abajo como siempre ya me estaban esperando mas cacharros viejos, que si los frenos, que si la electricidad. Mas que nada para pedir consejo. Yo arreglaba los que podía y cobraba lo que me dieran. Los que no, al menos les decía lo que tenían que hacer o adonde ir. Empecé a pensar. Cuantas cosas se me estaban prohibidas, miles de cosas. Conocimientos, lecturas, y me dolía imaginar que mi padre y maestro era una de las piezas de esa censura. Me preguntaba constantemente ¿por qué? Repetidamente ¿porque? Por accidente había descubierto un libro de Reinaldo arenas, de milagro me enteré que Cabrera Infante existía, un día de paso por un barrio que ni recuerdo oí a Feliciano, en una fiesta me sorprendió Willy Chirino, en la radio, a veces cuando la atmósfera estaba limpia se podía oír a tres patines. No tenía palabras para ello, solo una.

SÓRDIDO.

Todo lo que me rodeaba. Miraba a todos ¿Cuánta familia negada mas había por ahí? y peor cuanta cultura, cuanta historia, cuanta humanidad perdida en el silencio establecido.
Nuestros padres eran piezas móviles del inmenso reloj que nos ahorcaba con su acerada cuerda. Pero ellos no tenían la culpa. Pensar, usar la cabeza era perjudicial y nuestros padres harían lo que fuese y aun lo hacen para vernos a nosotros lejos de cualquier situación incomoda. Es como la prostitución del alma por chantaje familiar. Había que decidir ver a tu hijo sufrir o sobrevivir. Cada padre tomó su decisión y cualquiera que fuera estaba correcta porque si sufrías lo hacías hasta escapar y después sobrevivías y si sobrevivías un día te dabas cuenta, sufrías y después te escapabas a sobrevivir. Un trabalenguas que me deja vacía la cabeza y que no me deja atinar a cuantos grados de encendido tiene este Chevrolet de 150 caballos de fuerza que esta descompensado el motor y fuera de tiempo.
Recuerdo una vez que le grité a mi padre con toda la fuerza de mis pulmones. Aún me duele cada costilla por ese día. El barco del trabajo en que pescaba mi hermano fue secuestrado y llevado a los Estados Unidos. Llegó el guardia a reclamar como decomisado el barco mas pequeño, el que era propiedad privada de nosotros, yo no le quise dar la llave y el pobre recluta descerebrado comenzó a intentar romper el candado con un martillo. Hubo tensión. Por mediación de un tío mió los guardias se llevaron el barco de mi padre detenido sin que ocurrieran desgracias, decían que si mi hermano se quedaba lo decomisarían. Mi padre fingía estar tranquilo, yo, a mi me daba igual, me alegraba que mi hermano estuviera a salvo, fuere donde fuere pero no iba a dejar que me quitaran el barco de mi familia. – Si se queda se quedó- Le dije al guardia -pero ese bote tiene dueño y es de una familia, es de mi madre, de mi padre y de una familia y lo hundo primero porque ese bote lo fabricó mi abuelo, no me lo dio nadie. Mi tío intentaba calmarme, yo intentaba romperle la cara a alguien, a esa edad las cosas solo suceden, hasta que mi padre rompió el escándalo.
-Si se queda no es más mi hijo……………..
Mi madre bajó la cabeza y se fue, el silencio lo tomó todo. Sentí el fuego, la onda expansiva, me vi desde afuera como reventaron mis venas y mis dedos se quebraron de tanto apretar el puño.

-¡¡¡¡SI ES TU HIJO, Y LO SERA SIEMPRE!!!!

Hubo un silencio total, todos los presentes bajaron la cabeza ante la pena de tamaño cuadro desolador. Mi padre dio media vuelta y se fue caminando lo más rápido que podía. Todavía en mi mente está tratando de irse. Cada día lo veo. Alejándose, callado, tratando de que me calle, de que me salve, que sobreviva. Mi hermano volvió. Todavía anda por las costas pescando y yo, cada día descubro cosas nuevas que me fueron prohibidas. Lezama Lima, Jesús Diaz, Eliseo Alberto, Tres Patines. Se que mi padre me mira y se alegra como siempre de mi sed de conocimiento. Dónde está ya nadie le puede hacer daño, ya nada importa. Solo queda recordar, perdonar y unir a los que estamos de este lado y sobre todo que ningún sórdido proyecto de un absurdo ser humano te separe o te haga ir en contra de tu familia.

31 de agosto de 2007

El eterno debate


¿Hasta cuando será este interminable debate entre los cubanos? ¿este defender de ideas de un lado o de otro sin razón aparente por el simple hecho de aferrarse a una idea, fe o discusión? ¿Cuando llegará a nuestras mentes que el humanismo, la razón, la honestidad y el trabajo es lo primero? ¿Que esto está antes que la política, los estados, las derechas y las izquierdas? Sé que esta es otras de mis entradas tontas, como las preguntas que se hacen los niños, pero ya que no tengo ni un hilo de esperanza al menos soporto la tristeza repreguntando mil veces.
La discusión es en este video:
http://es.youtube.com/watch?v=CQyhUI0Us8I#GU5U2spHI_4

26 de agosto de 2007

A isla DO en imágenes

Sigo sin internet. Esto está escrito al vuelo y sin correcciones para subirlo rápido.

Josef siempre había tenido un problema con las imágenes. En el había cierta sensación rara que le permitía estar mirando por horas un cuadro o una fotografía. Quizás por eso lo pasaba tan bien cuando buceaba. En menos de un metro cuadrado de cualquier fondo con un poco de vida, podría descubrir fascinantes mundos en los que pasar todo el tiempo que le durara el aire de los tanques o el de sus pulmones en caso de apnea.

 También tenía problemas con las imágenes de las personas. Podría conocer a alguien con solo verlo. Quizás entablar una conversación no era tan efectivo como ver una imagen de una persona desconocida. Al hablar con nuevas personas, como es natural, cada persona proyectaba una imagen de si mismo para agradar o lo que fuese el caso, distinto de lo que Josef podría ver en una imagen estática. Podría amar u odiar a alguien con solo ver una imagen y desgraciadamente no se equivocaba cuando tenía oportunidad de conocer a las personas que había visto en imágenes antes. Era un sentido raro la posibilidad de imaginar historias, pasadas y futuras de una foto, por eso, le encantaba ver fotos, no importaba si eran desconocidos o fotos con mas de cien años de antigüedad. En cada una había vida. Josef siempre quedaba prendado de personas que estuvieran o no en su tiempo actual, era fanático de la fotografía aunque su escasa economía casi nunca le permitió tener una cámara.










Ahora tenía dinero, bastante desde que comenzó en las carreras de carros. Dineros que en realidad no servían de nada porque en el sitio donde vivía el dinero solo era para comprar comida pero en las tiendas no había nada, es decir, nada. Uno no podría desear algo que no fuera muy básico o que no se pudiera encontrar en el mercado negro. Josef sabía que cualquier día podría reventarse una goma de un almendrón* a 180 kilómetros por horas y ahí quedaría todo, así que decidió buscar una cámara y hacer sus propias fotos. No tenía ni idea, pero saber que muchas personas que veía a diario se quedarían con el para siempre, le entusiasmaba mucho.

Indagó por el barrio y ahí podría comprar cualquier tipo de drogas, pistolas, cosas religiosas, piezas de carros pero según decían, esas cosas del arte y eso, habría que buscarlas en otro lado. En esa época las cosas se buscaban preguntando, no había nada donde teclear y resolverlo casi todo. Había que correr el rumor y así aparecían a los días o meses, el objeto buscado hasta que apareció Pippino, el negrón de 22 con una cámara ZENITH rusa que estaba como nueva - nunca nadie la usó - decía con orgullo - es completamente nueva. En mi familia nadie sabe "na deso".

Josef la tomó en sus manos y la compró sin vacilar. Pero no sabía ni como se usaba. Fue a 12 y 23, al lado del cine del mismo nombre en el Vedado y una muchacha que trabajaba revelando fotos le enseñó los pormenores básicos. Salió a la calle con varios rollos que aun se podían encontrar de la marca ORWO y disparó por doquier, disparó a gente, a cosas a lugares, a todo lo que se imaginaba en un futuro que querría quedarse con ello. Ya había perdido la memoria en el pasado por accidente y se estaba preparando para hacer todo un archivo de cosas que pudieran conectarlo en caso de perder todo su pasado de nuevo. Vivía aterrado de que se desencadenara de nuevo aquel percance que lo dejó sin saber quien era, ni donde vivía siquiera. Fotografió todo lo que si, su mundo se le perdía otra vez, quisiera ver para establecer conexión de nuevo. Mas tarde aprendió que escribir era mejor conexión aun y mas efectiva. Pero poco a poco fue descubriendo sus propios métodos porque la ayuda médica nunca llegó, nada mas para decirle que su cerebro funcionaba peor que una cafetera reventada en una consulta del hospital Manuel Fajardo décadas mas tarde, con la cabeza llena de cables y un neurólogo riéndose del extraño caso que había encontrado.

Dos veces por semana llevaba a revelar los rollos de los cuales por supuesto, menos del 30% de las fotos servían medianamente. La mayoría quedaban sobre expuestas u oscuras, a veces desenfocadas, pero de ese pequeño por ciento Josef obtenía sus tesoros visuales que coleccionaba con celo. No pretendía mostrarlas, ni siquiera compartirlas. Si alguien le preguntaba el porqué de esas imágenes ya se habría hecho un lío y no sabría como explicar algo que nadie iba a entender.


Entonces en varias fotos de uno de los últimos rollos la vio y quedó sin aliento. Guardó las fotos rápidamente y fue a su refugio favorito donde podía mirarlas sin ser molestado o interrogado en un barco derruido y abandonado en las orillas del Río Almendares. Ahí quedó hasta que el sol murió y no dejó que por sus pupilas entrara mas la luz agradable de esa persona que reía con los ojos. Quedó soñando con ella. Creía que la había encontrado y era feliz. No fantaseaba con nada mas, no esperaba volverla a ver ni mucho menos hablar con ella. Solo miraba sus raros ojos achinados que llevaban la marea de su sonrisa. Era rara si, pero bella. Josef sintió que era la persona que estaba buscando sin saber y deseó nunca encontrarla de nuevo. Se fijó el barrio donde hizo la foto. Era mas o menos por Belascoaín entre Estrella y Maloja en Centro Habana. Evitó para siempre pasar por ahí de nuevo. No quería encontrarse ni de broma con esa persona que le robó el aliento a través de una imagen.

Por mas que le de vueltas. La sonrisa de sus ojos sigue quitándole el aliento como si una fuerza exterior desconocida lo aplastara rompiendo en miles de pedazos tantas desilusiones, pérdidas y apatías en décadas. Josef trataría de nuevo, no pasar por ese conocido barrio de la imagen.


Almendrón* Cub. Forma de llamar coloquialmente a los carros americanos de los años 40s y principio de los 50s por su semejanza en el diseño exterior con una gran almendra. Dícese también de los carros viejos y destartalados.


13 de julio de 2007

Y si................................

¿Y si las almas escaparan de La Habana? ¿Si nos fuéramos todos de una vez? ¿Si, al menos a la fuerza nos lleváramos con nosotros nuestra sombra, nuestros otros yo, nuestras conciencias, nuestra historia y nuestra vida? ¿Si solo se quedaran aquellos que no tienen cerebro o está tan corrupto que los gases descompuestos salen en forma de palabras demagógicas por sus bocas? ¿Si solo se quedaran aquellos que no han podido escapar, sobrevivir, luchar, gritar pero que ya sus almas, sus otros yo, sus sombras, sus conciencias están aquí tan lejos como nuestros cuerpos? ¿Qué pasaría? Si las calles y sus ruidos se fueran de una vez. ¿Si fuéramos Españoles, Chilenos, Argentinos, Angolanos, Norteamericanos, Colombianos, Franceses, Italianos, Canadienses, Haitianos, Esquimales de una puñetera vez?.....................Hoy me he levantado con preguntas tontas.

PD: Este video no lo hice yo, aunque se parece a lo que me gusta hacer nunca pondría musica del calvito prepotente en mis videos.(perdón si suena brusco)

7 de junio de 2007

CALLES DE LA HABANA


Caminar La Habana es algo esencial. La Habana, nuestra Habana y la de todos es esa mezcla de adicción, dolor, risas y tristezas. Las aceras de la habana tienen memorias y saben contar historias. Las aceras del mundo son nuevas y no saben nada, a veces son tan viejas que prefieren olvidar. Pero las aceras de La Habana son esas cincuentonas que no se resisten a que pase su época o su historia. Esas señoras hermosas que a pesar del descuido y el tiempo aún muestran amablemente partes hermosas de su cuerpo. Que con manos ávidas acarician la esperanza del regreso o de la memoria. Memoria. La Habana apesta a memoria. Sus desvencijados desagües llevan sueños disueltos en las aguas grises de un jabón inventado que deja las ropas más grises de lo que estaban y con olor a potasa. La Habana no tiene perfumes porque sus flores huelen a odio y a persianas. Persianas. Ese lugar por donde pasean los ojos a falta de vista. Las aceras de la Habana te aman y las persianas te miran. No es tecnología, es espiritu. La ciudad casi muerta, apestosa, vieja y triste te mira estés donde estés y espera como perros de Ulises tu vuelta. para que, aun sin jabón del bueno, con sus años, con sus calles marchitas y sus necedades, la ames como un primer día y para siempre.
Un comentario "anónimo" que tiene un lugar en esta entrada.
Anónimo said...
Vivir lejos de tu ciudad es tan duro que duele describirlo, es un desgarramiento de lo mas intimo, es lo no ser. Todos tus recuerdos que se resisten abandonarte y te prohíben adaptarte a lo nuevo, se entrecruzan con las nuevas experiencias y despiertas en medio de la noche jadeando por el ahogo. El desarraigo es ilegal es amoral y debiera ser prohibido, así rezaría “Todo aquel que sea apartado de sus raíces ya sea de forma consentida o bajo otras circunstancias será condenado a vivir eternamente enclaustrado a sus recuerdos y solo será liberado el día….” La Habana, no se si las demás ciudades también, tiene vida y los habaneros saben de que hablo, la ciudad respira, exhala, eructa y defeca, tiene lo bello de mi parque y lo hermoso de mi calle, el árbol que sembró mi padre frente a la casa mucho antes de partir, el gastado escalón de la pequeña escalera que da al portal de mi casa, el contén de mi calle, el quisio (así le decíamos) de la bodega de la esquina que esta pulido de soportar tantas generaciones.Ahora que debo permutar por disposiciones del primer mundo, recuerdo que fui a la escuela con mis amiguitos de la cuadra y algunos me acompañaron a la Universidad, aprendí y mataperree (digo yo) con aquellos mismos que luego fueron mis rivales en las conquistas de doncellas adolescentes, con los que luego llore en una funeraria o acompañamos a un familiar en una sala de emergencia o los que por hombría no me despidieron, pues en la habana los hombres no lloran.Quería ser imparcial y decir todo sobre ella, contar lo feo, enumerar lo malo, describir lo derruido, lo siento no pude las lagrimas no me dejaron......

24 de mayo de 2007

Ivan manda este poema a alguien especial

Dedicado a María del Mar:
Otros versos sin ti…

Un pedacito, un borde, una esquirla...
una esquinita, una rendija, una pulgada...
un acento, una hebra, una minuta
diciendo "aquí estuve", brevemente...

Algo en el mundo que me diga que existes
y que no eres tan solo este silencio.

Un latido, una huella, un desvelo...
una letra, un sonido, un sortilegio
como cuando cierras y abres los ojos
y el mundo y la ciudad nacen de nuevo,
como si levantaras las cortinas
y entraran corriendo,
ruidosos y a la vez,
la mañana y los niños...
26/abril/2007