30 de diciembre de 2006

Gracias, estoy bien.

Hoy amaneció un día raro. Tan raro que estaba despierto a las 6:00 a.m. Lo primero que hice como siempre fue mirar el correo como buscando alguien. No encontré. Miré el reloj y vi que se acababa el año. Aunque me lo tengo prohibido, violé mis propias reglas por el morbo de burlarme de mi mismo y me atreví a reflexionar un poco sobre este año que se va. Ha sido un año de grandes avances……para otros. Yo; pasé el año en este trabajo donde estoy pero no he avanzado nada y aprendido menos. Estoy en stand by desde hace más que eso. Seguí pensando. Mi esposa se fue a Cuba, me robaron el carro, perdí la cartera con todos los documentos, cosa fatal para un extranjero en España, debo un montón de dinero en multas, además multas de amigos que se las pusieron en mi carro y no la van a pagar y me viene la denuncia por propietario, sobrevivo en una enana habitación donde apenas cabe mi computadora y yo, y veo como se va el tiempo tranquilamente. Algunos días salgo a la calle y paseo mirando a la gente y preguntándome que historias tendrán sus vidas. Es de lo mejor que hago en esta tierra de mar prohibido. Si al menos hubiera mar – siempre me digo – me sentara en un puerto a mirar el vaivén de los botes. Este año no ha sido bueno, pienso, no al menos por las comparaciones que tengo de otros pasados pero me viene a la mente eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor y me conformo, me dejo en paz.

A las nueve y media de la mañana me caen muchísimas llamadas al teléfono, todas preguntando por mi. Es que han puesto una bomba en el aeropuerto donde trabajo pero hoy no trabajo. He llamado a mis compañeros, se han quedado medio sordos y piensan que lo que han visto no ha sucedido, que mañana cuando se despierten todo habrá sido un sueño. Ojala sea así. Todo un sueño. Después de todo, vaya formas más raras de decirme que no me queje. He tenido suerte lo sé. Hoy no trabajaba. Este ha sido para mí; un buen año.

28 de diciembre de 2006

Por Viñales

Estuve viendo unas fotos del blog LUCES Y SOMBRAS de Viñales y me quedé sin ganas de poner este video. Además que por las circunstancias filmé muy poco y estaba muy nublado esos días. Pero ahí está. El no ponerlo sería como haber comprado un regalo a alguien y no dárselo. Vale para recordar ese olor a humedad y café del campo. El silencio celestial y la brisa fresca que nos trae la naturaleza te acarician como si no quisieran que te fueras nunca, te despoja de todo calor, incluso a veces cae una llovizna que parece un invierno polar pero no frío. Este lugar es genial, en el mundo no hay otro así. De hecho no me acuerdo o creo que nunca supe porque se habían formado los mogotes y si había en otras partes. Si alguien lo sabe que lo cuente. Mientras yo sigo por aquí, entre los grillos y las piedras. La niñita que sale jugando con la botella de cerveza ¡¡porque tenga una botella de cerveza no tiene que ser mi hija!! Es luna, como si lo fuera. Será protagonista de mis próximos vídeos porque fue la encargada de aliviarme de todas las tristezas al volver a Cuba. Fue quien único logró que me sintiera del todo bien al inundarme de su cariño y de sus gracias inocentes y geniales. Aprovecho entonces para presentársela. Para ustedes, Luna de mi corazón.

PD: Ya Liset me ha echado un cabo con este articulo pueden verlo en su blog es algo infinitamente interesante y hermoso. gracias Liset

24 de diciembre de 2006

Feliz Navidad........feliz.......navidad

Cuando era pequeño mi mamá me escondía las latas de leche condensada. Además de ser por la libreta no estaba bien que yo me las tomara a pulso como si fuera un refresco. Pero esto dió lugar a que, cuando me quedaba en casa solo, hiciera exaustivas revisiones en busca del dulce tesoro.
Un dia encontré una hermosa y amarillenta caja acolchonada en tela de brillos muy curiosa. Se veía antigua y manchada. Era como un tesoro. Tenía un pequeño broche de perla que abrí cuidadosamente rezando porque no viniera nadie. Cuado alcancé a ver lo que había dentro me quedé boquiabierto ¡Unas bolas de colores brillantes, como de cristal! unas rojas, otras azules, verdes pero de unos colores vivisimos. Me moría por preguntar que era aquello pero no podía decir que lo había encontrado o dejaría al descubierto mi propio rastreo de Nela.

Semanas estuve con aquella curiosidad en la cabeza, hasta que un dia se me alumbró el bombillo y le dije a mi madre que estaba buscando revistas viejas para forrar los libros de la escuela y antes de que ella me contestara me metí de cabeza al closet donde se guardaba aquella fortuna. En lo que mi madre me señalaba unas revistas buenas para forrar libros (La mujer sovietica) ya yo, haciendo gala de actuación ponía tremenda cara de hallazgo y preguntaba como un cañon que que cosa eran aquellas bolas. Mi madre se quedó callada un rato, yo insistí e insistí hasta que recibí respuesta.
- De las navidades
- Y ¿que es eso?
- Nada....una fiesta que se hacía antes.
Las bolas de cristal se quedaron ahí, yo las miraba de vez en cuando como quien tiene un inmenso tesoro pero no sabe que hacer con el. Una a una las fuí rompiendo pensando que quizás su utilidad estaba en su interior y "navidades" no me decía nada. me sonaba a naves, a barcos. ¿quizas alguna flota? ¿algo relacionado con el barco de mi padre?

Pasaron los años. Sobreviví sin las navidades, también sin el fin de año a veces. muchas sin mi cumpleaños. Desde que descubrí que mi mamá lloraba a veces porque no nos podía hacer nada de fiestas o regalos. Somos dos hermanos que cumplimos el mismo dia. Desde ese entonces. No me gustan las fiestas programadas. Lo siento. siempre que cumplo años y puedo me voy a pescar a un rio aunque no hayan peces, o me pierdo por ahi. Pero estas navidades me toca trabajar y tengo que decir feliz navidades aunque para mi no signifiquen nada. de todas maneras es hermoso con la ilusion que los niños de aqui lo esperan, es como eso de los reyes que una vez oí, o me pareció oir y que era que en la bodega te daban un ticket que te decía que dia ibas a cojer los juguetes. A mi, casi siempre los ultimos. un dia cojí una moto pequeña que me encantaba. me gustan las motos. Pero que matazon, los reyes esos eran un poco cabrones la verdad. Lo siento.
feliz navidad
feliz navidad
feliz navidad.

mientras...........me voy a pescar a alguna costa, o al menos sueño que lo hago.

22 de diciembre de 2006

Mamá Caridá otra vez.

El 26 de octubre puse una entrada dedicada a Mamá Caridá. Aún está en este blog. El que vea esto tiene que leer primero esa entrada para que sepa quien es esta persona y como vivíamos. Pues aqui está Mª Caridá en directo y con su gracioso cubaneo que mata de la risa. Feliz Navidad mamá caridá y a todos los cubanos del mundo.

Esa negra linda que me acogió como otro más de sus hijos, que tantas veces comí ,dormí, reí y lloré en su casa. que gracias a su genial frase (Los blanco no saben cuidar de sus hijos) me dejó hacer un poco lo que me dió la gana con mi vida, pescar, bucear, bandolerear y hacer de todo por ahi. Siempre cuidandonos y obligandonos un poco a estudiar y a ser mejor persona. Si algún dia tengo hijos ojalá pasen una buena parte de sus vidas con Mª Caridá y mataperreando como tiene que ser.

20 de diciembre de 2006

El artista cubano

Desde que era niño y mi madre me llevaba los dias de cobro al coppelia le oía ahí. Después cuando me escapaba de la secundaria del fanguito también. Más tarde, llendo a buscar a mi novia a la facultad de economía, tampoco se ausentaba. Su musica se fué haciendo necesaria hasta el punto de preocuparme por el si no venía. Creo que es el único músico cubano ambulante que le ponen dinero aunque esté callado. Su música está en nuestros oidos, sin embargo, me enteré que cantaba hace poco. Solo oía el ruido de su percusión. ¿Quien es?la gente lo conoce como el artista cubano. Quizás por el fué que se inventó la frase conocida. ¡Caballeros, cooperen con el artista cubano!

19 de diciembre de 2006

El Cañonazo de las 9

Aclaración botánica

Un dia estaba en el parque de 7ª entre 4 y 6 creo. El de miramar que tiene los grandes arboles con raices que parecen barbas, discutiendo con un amigo acerca de esos arboles tan hermosos e impresionantes. Que si es un ficus, que si no. que si, que no. entonces para nuestra sorpresa fuimos interrumpidos por un niño de unos 7 años con un guante de beisbol debajo del brazo y mirandonos fijamente.
-¡Ustedes no saben como se llama ese arbol!- espetó seriamente sin pensarselo.
Nos quedamos mirandolo y mirandonos entre nosotros como si hubieramos visto una aparición o algo de otro mundo. Al cabo de largos segundos reaccionamos los dos cayendole en pandilla sin ningún tipo de compasión.
- ¡A si!¡Y tu te lo sabes!¡A ver!¿como se llama?
El niño se llevó la mano a la barbilla como habrá hecho Socrates, o Arquimides, o Einstein un millón de veces. giñó un poco el ojo de la sabiduría y no tardó en dispararnos.
- Ese arbol es...........es...........¡El arbol de las muchas hojas!
Acto seguido se mandó a correr a todo lo que daban sus pies. Nos quedamos callados y sin palabras.Ese dia nos dedicamos a reirnos de nosotros mismos y no discutimos mas nada en largo tiempo.
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17 de diciembre de 2006

Breve amanecer en La Habana sin sol

Me despierto. Hago silencio para no despertar a las demás personas que duermen en el mismo cuarto de mi casa del vedado. Voy a la cocina y un breve vaso de agua con azúcar negra, más unas gotas de un limón exprimido varias veces desde ayer se caen al vacío junto a un pedazo de pan que guardé para esta ocasión. Cojo la escopeta y le reviso el aire comprimido. Tiene poco. Con la bomba al igual que el mecanismo de un pozo de petróleo eterno a duras penas voy aumentando la presión de mi peligrosa escopeta de pesca casera. No tiene marca. Se sabe que el mango es la copia de una escopeta Nemrod española pero fundido en aluminio. El mismo aluminio de fundir calderos, llantas de carros, cafeteras, exprimidores de limón, como este que le saco hasta su último zumo. Es del largo de una Superstein pero más mortífera aún. La varilla es de pasador de bisagra del maletero de un chevy de los que eran taxi. Inmejorable acero cristalizado al carbono. Espoletas de acero níkel deseosas de penetrar la carne de algún pez. Cojo las demás cosas. Aletas, plomos para garantizar que me vaya al fondo con el menor esfuerzo, mascara súper occhio de la única que sirve en mi terrible nariz y descalzo como siempre paso el túnel de calzada rumbo a la puntilla. Aun es de noche. Oscuro. Algunos carros pasan como si les pesara todo, muy lentos pero haciendo un ruido terrible que raja la tranquilidad de la madrugada con alevosía. Apuro el paso más y más todo lo que puedo con toda la parafernalia pesada que llevo. Las suelas de mis pies descalzos se agarran bien al cemento de la cera. No hay zapatos mejores que estos. Además es un placer sentir el frío de la calle a esa hora, es como un alivio para quien siempre se esta quemando en una isla al fuego de todos los sentidos. El túnel no llega a su fin, es como si su soledad me obligara a estar con el un rato mas. Es increíble como dura a esa hora. Recuerdo a Tania, cuando la acompañaba a su casa y yo no quería llegar. Al pasar el túnel este se desplazaba bajo mis pies aun si me hubiera parado. Un par de abrazos, dos besos y ya estábamos fuera del túnel. Era maldito. Ahora mismo tenía esa horrible sensación que siempre me embarga en cuba de que estoy caminando sumergido en líquido. En líquido viscoso. Muy viscoso. Meses para una firma. Meses para un cuño. Meses para un turno. Meses para un beso. Meses para un encuentro. Meses para un viaje. Meses para morir. Cada vez que me atacaba la sensación del líquido viscoso me ponía tenso y empezaba a sudar sin parar, es lo que tiene caminar dentro de mercurio, o leche condensada, o chapapote. Pensando en estas cosas ya veía unos pequeños claros en la salida. Un poco de verde árbol confundido con la noche aun presente me daba cierto alivio no sin dejar de sentirme atrapado. El mundo marcha muy lento muy lento, me repetía una voz dentro de mí, hasta que llegaba a la salida.
El olor a mar y a algas descompuestas que salía de la costa me aliviaba de mi gran peso de la lentitud. Ya ponía rumbo a la costa de la puntilla, donde estaba aquel faro que hablaba sin palabras. Cada destello era un ay desmedido y sordo. Cada destello del faro de la puntilla era para llamar la atención. Años y años llorando en el mismo sitio sin ser observado. Nadie le hacia caso salvo algún pescador o enamorado que hacia sus necesidades en la oxidada base que alguna vez fue roja. Desde que existían las luces del malecón ningún barco reparaba en el aviso del faro. Las luces del malecón lo decían todo. Solo era seguirlas. El faro había quedado sepultado en una breve punta de roca olvidad por los habaneros, no era ni siquiera un faro como el morro que todos iban a ver. Era un faro común. Estaba ahí por reglamento marítimo. Por ley. Me sentí de pronto como el. Yo también estaba aquí por ley y reglamento, descalzo, pescando para ganar algo ese día. Casi llegaba entre mis pensamientos a la puntilla. Ví en lo negro de la noche el guiño rojo del pedazo de hierro animado y me acerqué a el. El mal tiempo había barrido toda su base, la había dejado impoluta y con un brillo impresionante. Nada de algas, nada de botellas, ni latas, ni papeles ni ningún resto de la presencia humana. Ahí había estado el mar y donde esta el mar; no queda nada. Miré al cielo. Estaba tan negro que parecía que el sol no vendría ese día a trabajar. Yo también puedo tomarme un día- pensé, y me senté en la base del faro a esperar que amaneciese. A medida que se hizo la poca luz de ese día fui viendo que el mar estaba muy malo para mí. Las olas estaban tan agresivas como si se quisieran vengar de la existencia de la tierra. A veces pienso que el mar no perdona que hayan emergido los bloques de tierra donde hoy los hombres destruyen y crean a su gusto, pienso que el mar quiere volver. Que algo le ha encomendado que recupere lo perdido y que subsane el error de habernos dejado vivir. Pero el mar ya no puede. Ni los mismos hombres pueden. Tan solo algún que otro día salta y cae con todas sus toneladas de sal sobre las primeras calles de la infinita ciudad y barre algún que otro carro o alguna que otra persona, de hecho ya ha roto todo lo que iba a romper y el hombre astuto construye pensando en el. Los muros más fuertes, las pinturas especiales, la cristalería más alta, las vigas con pinturas anticorrosivas. Claro, en mi habana esto no. En mi habana la costa rendía el tributo honroso de estar oxidada, corroída, despintada. Como una humilde reverencia al poderío infinito de quien va a vivir para siempre y ver como todos nosotros nos marchamos. La habana es una ciudad de respeto. Toda la destrucción que tiene la habana la tiene porque la habana respeta el mar en sus costas y calles adentro respeta a los habaneros, corroídos, oxidados, cansados y sin esperanzas. Por eso la habana se está cayendo. No importa cuantos Eusebios Leales haya, la habana no va a cesar de caerse mientras se caigan sus habitantes. A la habana se le cae un ladrillo por cada cubano que se va, se cae un edificio por cada lágrima de cada persona que ame a la Habana este donde quiera que esté.

Me acomodé en la base del faro. Era hora de los primeros claros pero estos seguían sin aparecer. Miré el reloj. Las seis y algo. Pueden pasar varias cosas. Uno: el reloj se ha adelantado y estoy aquí como un tonto y son las cinco de la mañana. Dos: han bajado una circular del consejo de estado con motivo del ahorro de energía que el sol saldrá media hora mas tarde. Tres: el sol estará a partir de ahora en dólares. Aunque todo podía pasar me incliné por la primera pero no fue así. Al levantar la vista de mi muñeca ya el cielo se estaba abriendo. Me recorrió un escalofrío desde la cabeza a los pies. Dos ojos estaban sobre la ciudad. Dos ojos por donde se veía que existía un cielo pero dos ojos serios. Dos ojos que juzgaban a la tierra ¿o a la Habana? ¿O a mí? Me asusté mucho. Dejé de mirarlos y esperé un rato. Volví a mirar y estaban ahí. A pesar de estar aclarando un miedo me recorrió el cuerpo por ese día. Como una advertencia dicha sin palabras. Miré a ambos lados para ver si alguien compartía conmigo semejante visión pero no había un alma en la costa a esa hora. El frío del cambio de vientos me apuñaló como para dejar bien claro mis pensamientos. La advertencia llegó. Es día no me tiré al mar. Cuando amaneció volví a casa y no gané nada. Quizás por eso puedo ahora contarles esta historia. .

Dos ojos sobre la ciudad

9 de diciembre de 2006

La memoria es un animal que come duerme y se despierta...... y cuando lo hace, sin querer nos hiere el alma.

Los hombres no lloran. Decía mi mamá cuando me llevaban al Marfán en 17 y 6 a ponerme la penicilina por lo de la garganta. Yo pegaba unos gritos que caían en el vacío oído de la enfermera que me ponía la inyección sin miramientos acostumbrada a este tipo de manifestaciones. De nada valía suplicar que no me inyectaran, que yo me iba a poner bien. Mi madre me miraba como diciendo, haz lo que quieras que de esta no te escapas y rato después el maldito pinchazo. Si en aquella época con apretar un botón hubieran reventado todos los médicos y enfermeras lo hubiera hecho con toda la tranquilidad del mundo. Hasta un día con 7 años que no lloré, tenía tanta rabia que no lloré, después de la inyección diaria de penicilina me preguntaron si me sentía bien ¡los hombres no lloran! Grité a todo pulmón en el recinto de curaciones y todas las enfermeras, mamas y niños se quedaron mirando atolondrados. Salí casi marchando aunque cojeaba un poco, mi padre me agarró muerto de risa. Ya en la puerta del hospital me cargó como quien levanta una pluma del piso y yo lo miré diciendo en lo que sería hoy traducido al adulto. ¿Y este de que coño se ríe?
Cuando salí de cuba, apenas hablábamos entre nosotros. Las diferencias políticas hicieron mella en nuestro entendimiento al punto de no querer yo ir a mi casa. Desde aquel entonces en el hospital hasta ahora me había pasado de todo. De todo. Pero nadie nunca me vio llorar. Para mi llorar era algo inservible, inútil. Era mejor irle arriba a los problemas con fuerza y rabia. A los años de estar en España recibí una carta de mi papá, su letra era peculiar al estar hecha con la mano zurda. Venía en un sobre de esos amarillos donde le pagan a la gente en las empresas, de esos del tamaño del dinero que no se les pega la tapa, pero no la leí. Quizás esperé otra parrafada política de las de siempre. Lo dejé en una esquina. Hasta que un día fui a un cine en Madrid y vi la película (Nada).de Juan Carlos Cremata.
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Ese día lloré mucho en el cine. Por suerte nadie me vio. Lloré porque nuestros padres están ahí como héroes. Porque no les entendemos, porque no le escribimos o le escribimos que estamos bien y que la nieve es blanca. Yo mismo no le escribo ni a dios. Con tanto que escribo. Con tantos palos que me dio la vida, con el perdón. Ese día llegué a casa, busqué la carta de mi padre y la leí. Con mano zurda estaba escrito que a pesar de estar siempre fajados yo era su hijo preferido, el que mas salía adelante, decía. Supuse que debía decírselo, no escribírselo, decírselo en la cara y quizás llenarme de valor y abrazarlo como hacia mucho no lo había hecho. También me decía que estaba enfermo y se sentía mal, que de yo estar ahí al menos se reiría con mis cuentos o recordando nuestras navegaciones en el mar del norte de la Habana o de los sueños. Muchos sueños tuvimos en común hasta que nos mordió el perro odioso e histérico de la política. La rabia sin vacunar nos fue separando. Tres meses estuve en España esperando el permiso de entrada a cuba hasta que se hizo tarde, muy tarde. Estaba tranquilo, solo tenía un frío atroz en el verano de la casa del vedado. Desde entonces solo me visita en sueños y en estas historias que escribo para este blog. Ya no discutimos de política y trato de no hacerlo con nadie, ese perro, al final se salió con la suya, no me dejó nunca más volver a ver a mi padre. Y la escena que está en esta entrada me hace llorar a mares donde nadie me vea.

2 de diciembre de 2006

¡¡¡¡¡¡¡¡ Ya volviiiiiiii !!!!!!!!!!!!

Acabo de llegar como aquel que dice. Tengo la cabeza hecha un terremoto. Es increíble que diga que sentí alivio cuando entré al avión y oí a la amable azafata hablarme en español de España. Es como si volviera a la tranquilidad, a la seguridad, a donde las cosas son normales. Es increíble pensar que uno pueda ir caminando y que le suceda cualquier cosa. Desde que alguien te abrace con mucha fuerza porque te quiera mucho hasta que tengas un problema porque un tarado vendió uno de mis documentales a un canal de Miami y me haya enterado yo dentro del caos que es cuba. Ojala no le pase nada a la gente que allá ha quedado. Les prometí cuando hice esas imágenes con las que tan amablemente cooperaron que no las pondría en ningún canal donde fueran politizadas y he fallado, aunque todo ha sido sin mi conocimiento. Felicidades a los que se ganaron el dinero o los puntos con quien solo quiere agredir y vociferar sin pensar en quien pueda salir perjudicado. Ojala quede un ápice de sentido común también dentro de cuba y no molesten a nadie por mi documental. Lo hice. Como bien expliqué una vez.

Por amor al arte.

Problemas aparte les cuento que no filmé mucho, no al menos como acostumbro. Me dediqué a una hija nueva que me ha salido que se llama luna y es la niña mas linda del mundo y un poco a ver la familia y los amigos. No obstante seguí con la línea de filmar lo que admiran mis ojos y quisiera compartir con las demás personas que quiero.

También complací a aquellas personas que me sugirieron que querían oír además de música, ruidos de la ciudad y gente hablando en “cubano” se van a cansar de esto porque grabé hasta la esquina caliente y ahí hay un cubaneo de tres pares. Pa comer y pa llevar. Va a ser un gustazo. Bueno creo que tengo trabajo como para unos diez capítulos con todo lo que tengo. A pesar del pirateo sucio no voy a dejar de ponerlos. Se que por cada uno que se busca unos dólares con mis videos los ven miles de personas, unos cuatro mil contabilizados por mi blog. Les deseo que disfruten con esta nueva temporada y que al igual que yo hice puedan VOLVER A LA HABANA.


La habana no es de los que ordenan, ni de los que prohíben
La habana es de los habaneros, los cubanos y los ciudadanos del mundo que la amen
Hay que volver a la habana
La habana no tiene culpa que no nos quieran ahí
La habana es nuestra
Y aunque le duela
Y aunque nos duela
En contra de quien sea
No hay que darle el gusto a los exiliadores
Hay que volver a la habana