16 de octubre de 2006

La Tristeza pequeña


La tristeza es una niña mala. Siempre está conmigo pero por suerte para mí y para ella no crece nunca. Ella es de piel quemada por el sol, a veces muy quemada tan quemada que cuando me deja acercarme le puedo quitar la delgada y transparente superficie de su espalda que se enrolla en mis dedos en lo que ella llama “tabaquitos”. Me hace reír aunque no lo creas. Me acompaña a los ríos imperdonablemente fríos de Madrid. Se mete en ellos. Yo como un tonto le grito para que salga y no se resfríe, pero ella no hace más que reírse y correr sin ropa y yo atrás de ella pegándole más y más gritos ¡vístete!!Hace frío coño!. Estoy muy gordo pero aún así la alcanzo, la cojo de un brazo y la cargo en peso. La tristeza pesa, pesa unas diez toneladas pero aun así la cargo con mis reservadas fuerzas de cuando era mecánico allá en cuba, en ese país de donde le cuento todo pero ella no entiende nada. Solo se ríe, es tan linda esa niña mía. Su única ropa es un blumers (braga) amarilla desteñida casi blanca con agujeros en las costuras, anda descalza, a veces maldigo de todo porque no quiero que ande así, quiero cuidarla pero ella, se mete un dedo en la boca y se pregunta porque. Un día me preguntó si cuando ella creciera yo la dejaría, yo lo dije que si, que la gente cuando crece toma su propio camino y ella me prometió que nunca crecería ¡a buenas horas dije yo eso!
Ella puede volar y estar donde quiera, llega sin avisar y como es la hija linda que no haces más que querer que no se separe de ti, llega y te pasa los bracitos por la espalda y te da besos en el cuello. No me doy por enterado, pero cada uno de los pelos de mi cuerpo se eriza como miles de agujas atropellándose por entrar en mi piel. ¿Cómo estás? Me pregunta. Bien, le respondo ¿me extrañabas? ¡Claro! ¡Mira lo que tengo! me enseña unas piedras redondas de un lejano río habitado por indios, duendes, gúijes y madres de agua. Suspiro ¿es lindo? Es lindo. En mi mano podrían caber diez manos suyas, cierro mis manos sobre las suyas y es como si tuviera un pequeño pajarito atrapado pero deseando que se vaya. Ella solo me mira y se ríe. ¡Ay! si dejaras de reírte un día, aunque solo un día. Hoy me voy a vestir para ti ¿Qué te vas a vestir? ¿Tu? no le creo, pero la tristeza no dice mentiras, desparece por unos instantes, ese día me río mucho, mucho, mucho, aunque la hecho de menos. ¿Dónde estará mi niña? Hasta que a la tarde aparece ¡ya estoy aquí! Te he traído un regalo ¡a si! ¿Cuál? Fíjate bien, esta noche nevará, caerá mucha nieve para ti, solo para ti, no habrá nadie en las calles ¿tu querías ver la nieve no? Si, quiero ver la nieve, ella se sube en una silla, me da un beso y se va, ¡ay! mi niña se aleja vestida. Su vestido es hermoso, alguna vez tuvo rayas ahora esta tan gris y sucio como todo lo que se pone pero debo reconocer que es un lujo, un lujo que ha querido darme. Aún tengo el calor de sus manos, de sus lindas y pequeñísimas manos, la tristeza, mi tristeza es lindisima. Es una niña pequeña que huye de mis gritos muerta de risa porque no quiero que ande desnuda, y menos con el frío que hace aquí, y ella no hace mas que reírse, yo grito ella se ríe, mas grito mas se ríe hasta que le veo el cielo de su pequeña boquita morena.
Ya está nevando, bajo a la calle. Los transeúntes se desaparecen raudos so pena de contradecir a la tristeza que les ha ordenado desaparecer, esta noche es mía y esta nieve es mía. Gracias mi niña. Vístete por favor, ponte algo que hace frío en Madrid.

6 comentarios:

Antillana del Mar dijo...

Por eso es que no se puede alejar la tristeza ... porque ya provoca como una trsiteza alejarse de ella ... saludos yoyi!! ... sigue siendo el hado padrino!! jejeje ...

Chantal Plata dijo...

Genial
Intenso
Intenso
Un abrazo.

lahabana25 dijo...

Hola, es raro que a veces la tristeza nos visite y no sepamos siquiera la razón, debe ser que esa niña traviesa suele encariñarse con algunos, escoge siempre a los mismos.

Tu video sobre la nieve cayendo en Madrid me recuerda antiguas lluvias, aguaceros de la infancia en los que todos nos sentábamos frente a la ventana bajo la música de las goteras, el ruido de la cañada y el susto de las tejas. Era lindo el campo cuando llovía y lucía un verde renovado y húmedo. A la tristeza también le gusta bañarse bajo la lluvia y saltar en los charcos, seguramente es la misma niña que ahora te acompaña mientras cae la nieve en Madrid.

Me encanta tu blog, hace unos días reconocí a un viejo amigo en uno de tus videos, a Ihosvany Bernal cantando una canción del Trío Enserie: "Luna encerrada en el agua..." Vivo en Miami desde hace apenas cuatro años y sueño mucho con Cuba, creo que todos los que nos fuimos de alguna manera cargamos con la tristeza sin darnos cuenta.

A lo mejor nos encontramos por estos espacios virtuales. Gracias por tu blog,

waxaxo dijo...

esa enana maldita...

chiquitacubana dijo...

esa maletica de exiliado que se abre de pronto e inunda los ojos...
lamanga

chiquitacubana dijo...

Esta noche me estoy muriendo, toda polvito, sin estrella y no podre dormir ni dentro de un rato, ni quizas en una vida, y revine a leer
tu texto pa que me acompane en la lloradera...ves , nunca se sabe cuando se escribe para los perdidos. gracias yoyi.

lamanga