20 de julio de 2006

WE ARE DE CHAMPION



WE ARE DE CHAMPION



¿Alguien ha visto un AKM antes?- silencio - ¿Qué si alguien ha visto una AKM antes?- Silencio otra vez. Este silencio quizás ocurría un par de veces al año en el aula de 9º grado de la secundaria Vicente Ponce Carrasco, héroe de la revolución de algún lado en el mundo, cuando no cubano, pero apenas mencionado pues la escuela se conocía como (el fanguito). El profesor blandía el fusil ante los alumnos, agarrado fuertemente con sus viejas manos de campesino, ahora ex oficial y profesor de defensa y preparación militar en una secundaria básica del barrio del Vedado que su nombre indicaba no solo su posición sino su marginalidad y su nivel en cuanto a calidad como escuela.
El fusil, ya cansado se dejaba mover, como si sus glorias pasadas ya hubieran sido olvidadas o nunca hubieran existido, en su culata estaba explicito el trauma sufrido por ser ahora un fusil de entrenamiento militar de escuela secundaria, quizás antes, defendió naciones enteras, revoluciones, aldeas, pobres. Quizás desasió entuertos internacionales en África o solamente fue el fusil de una posta de un poderoso militar que residía en una hermosa mansión de la habana, eso no podemos saberlo, quizás mejor ni preguntarle, quizás recordara algún recluta blasfemando porque su novia se iba con otro en lo que el estaba ahí de pie con el, pasando las horas, los años. Quizás mejor que ni hablara, cuando un fusil habla, alguien sale herido o algo sale roto, quizás, mejor conformarse con mirar su culata, de madera rusa, ¿abedul quizás? Tenía un hombrecillo tallado con la punta de un bisturí, varias rayas, un corazón y una frase grabada casi ilegible (el profesor de PM es un comemierda) es todo lo que podíamos saber del fusil, que era eso. De entrenar niños en una escuela secundaria.
No nos interesaba. Quizás era mejor antes de jugar a los pistoleros, que nos dejaran hablar entre nosotros, éramos vecinos pero en la calle casi ni nos hablábamos. Solíamos jugar mucho, el aula era el momento de conversar, de chillar, de contarnos verdades y mentiras, de ostentar de logros, conquistas, broncas y enamoramientos. Aquel profesor no hacia mas que joder con el maldito fusil y era patético. No queríamos ni nos interesaba la guerra. No nos interesaba desarmar granadas encima de nuestros pupitres. Si los americanos venían, ya seria otra cosa, pero ahora era tiempo de vivir y estar todo tiempo libre en la playa, pescando o montando bicicleta como dios manda, sin camisa, a veces sin zapatos con la libertad que los niños se merecen antes de entrar a vivir en el pésimo, solemne y aburrido mundo que los adultos han organizado para ellos.
- Bueno parece que nadie lo ha visto, voy a desarmarlo para que vean como funciona- Lo depositó con mucho cuidado, cual si fuera de cristal, sobre su mesa, apenas levantó el polvo acumulado de las tizas y las fibras del cartón que se caían a cada brisa que entrara por la ventana sin ventanas. Intentó dibujar uno en la pizarra pero aquello le salió terrible, parecía otra cosa, otra cosa que no debe dibujarse en una pizarra de un aula de secundaria, la risa empezó por los pupitres laterales que podían ver lo que el profe estaba haciendo, cuando este se alejó un poco del tablón verde oscuro y notó que algo le había salido mal intentó borrarlo pero ya era tarde, las risas eran generales, aquello se parecía mucho a lo que no debe parecerse, intentó borrarlo de un solo pase del borrador pero empeoró la cosa, ahora era eso mismo pero con un toque artístico que asemejaba vellos justo donde tenían que estar, la risa fue cobrando fuerza, ya con golpes en las mesas, gente moviendo las sillas cayéndose o fingiendo caerse, el profesor se fue virando lentamente como dando la oportunidad a los rebeldes que arreglaran a tiempo antes de que fueran castigados, pero nos miramos entre si y al comprobar que todos sin excepción nos estábamos matando de la risa, nos despachamos más, sabiendo que la única represalia posible sería la misma que la de fuenteovejuna, eso, todos a una.
El profesor, cegado de ira dio un gran golpe en la mesa con todas sus fuerzas y salió con el fusil en la mano, no dijo nada, se le vio vencido, cansado, fuera de la guerra. Quizás se sintiera como el fusil, con la culata rallada por los niños sin patriotismo, sin marcialidad, sin respeto. Quizás no se atrevió a recordar los viejos tiempos en que a campesinos rudos los hacia cumplir sus ordenes, disparando palabras con ira y violencia de combate, esa caravana en Angola, esas minas de Etiopía, el cerco en Afganistán, los tres mil kilómetros de Bolivia hasta chile, todo arrebatado por unos niños.
Salí del aula, el descontrol era terrible, intenté deslizarme al baño para salir por las ventanas sin ventanas, que daban a un alero que salía a una tubería de agua de dos pulgadas por la cual solía deslizarme desde el cuarto piso hasta el primero y así escapar de las vistas de los profesores que cuidaban con celo que ningún chico de fugara de las tediosas clases. Frené en seco, oí la voz del profesor desde su cátedra, llámese cuartucho con muchos libros rusos y cajas de tizas vacías y me deslicé detrás de la puerta para oír y tener el honor de adelantar a la pandilla escolar que venganza estaría tramando el guardia como le llamábamos a veces a este icono de la educación cubana de los 80.
Estaba llorando. Me quedé congelado. Hablaba por teléfono con alguien, nunca supe con quien, pedía por todo menos por dios que lo licenciaran, que le dieran la baja, que ya no podía más, que esto no era para el, que no servia para enseñar o dar clases que por favor no podía más, en el teléfono, negro de disco metálico se quedaban las marcas de sus manos hinchadas de agricultor, se cambiaba el auricular de una a otra, como si costara sostenerlo toda la conversación con una sola. Volví sobre mis pasos, hice algo desagradable y terrible para mi, volver al aula una vez que ya salí y me hice la ilusión de que ya estaría en el malecón bañándome tranquilamente y viendo como el sol se iba como cada día rumbo a África.
En el aula los chicos se esmeraban en interpretar a Queen, pegando con sus manos sobre las mesas y sacando una copia perfecta del We Are The Champion. Sobre una mesa, un chico muy delgado, parecía cubierto de tubos que eran sus venas a punto de reventar al subir su entonación imitando a Freddy Mercury. Las chicas habían hecho grupos y miraban a los varones como si de una venta de chicos se tratara, los varones, esmerados en la percusión tocaban cada vez mas fuerte. Comprendí que había vuelto, por gusto, nadie me iba a oír en el caos total a pesar de mi tristeza por lo antes visto con el profesor, pensé que se me pasaría y quise dar media vuelta para subsanar el error de estar en el aula tan tarde (11:10 AM) De pronto un silencio total chocó contra mis oídos como presagio de algo terrible. Por la puerta entraba el director.
No vale la pena, mencionar la sarta de insultos y amenazas proferidas por Mejías(el encabillao) aunque su alto rango le confería mucho respeto no se escapaba de la burla canalla de los chicos que andaban buscándole las tres patas al gato en todo, sus pantalones blancos y apretados que usaba le habían obsequiado este sobrenombre, también su tentativa de flirteo con las demás profesoras que lo miraban como un tipo ridículo y gordo con un peinado impecable de raya al lado y un bigote que parecía un cepillo de barrer muchas calles al mismo tiempo. Ya yo estaba en un problema, corría la posibilidad de que me pasara algo frustrante y imperdonable, era candidato a quedarme hasta el ultimo turno de clases cosa que no me perdonaría jamás en caso que lograra salir del trauma que esto me ocasionaría.
Me hice un plano en la mente, sería cuestión de un momento, en cuanto el director saliera esos segundos que salía entre párrafo y párrafo de su discurso represivo me lanzaría por la ventana. Era un cuarto piso pero me sobraba alero para no caerme al vacío, solo tenia que reptar un poco hasta el próximo balcón y ahí rezar que el profe de guardia estuviera leyendo algún cómic pornográfico mandado de los estados unidos por los enemigos de la patria. Antes que todo, agradecí como lo hacía a diario, que las ventanas no tuvieran persianas, arrancadas por nosotros mismos y me sentí héroe de la patria por haber prestado tamaño servicio a los escapados con ansias de libertad de los cuales yo era uno de sus mejores representantes.
Se le habían acabado todas las amenazas e insultos cuando empezó el disco por el principio de nuevo pero no se por que no salía, tampoco se porque la gente estaba tan pendiente, si nunca le hacíamos caso. Pero todos estábamos pendientes de cada paso, de cada movimiento, de cada palabra. Creo que Mejías el encabillao se imaginó que su discurso era acogido con conciencia porque nos fijaba más y más la vista y no salía de una maldita vez, alargaba las oraciones hasta quedarse sin aire y viraba los labios hacia fuera como si las palabras fueran sólidas. Un giro, puerta, tomó una bocanada de aire como si el aire de dentro del aula no fuera respirable. Suficiente. Sobró tiempo para que yo saltara casi sin tocar el marco de la ventana, el problema era el espacio, conmigo saltaron mas de diez personas más, nos agarramos entre todos para no caernos y reptamos pero yo me quede sentado con los pies al aire –esto va explotar- me decía a mi mismo y vi. como, uno a uno fueron siendo capturados por un profe de historia que estaba de guardia y que no tenia cómics de Dorotea la sexy como días antes habíamos comprobado al sustraerle uno de su viejo portafolios ruso con el fondo de cartón de caja de dulces y una cremallera con apenas contables dientes.
Yo me quedé sin saber que hacer. A la salida del alero estaría (Quijá) no creo que deba explicar el porque de este sobrenombre, acechando a su próxima presa, quizás esa era la única emoción de su vida, después supe que se metió a policía, parece que le iban las capturas humanas. Tampoco era cuestión de entrar otra vez por la misma ventanilla que había salido, estaría el director todavía enzarzado en su discurso y quizás no se vería bien entrar a un aula por una ventana y decir ¿…..? perdone señor director, tengo fobias a las puertas por eso suelo entrar a los lugares por otros lados que me lo permita mi físico, Ó ¡coño! Al no tener persianas me he pensado que esta, la ventana de nuestra aula era una puerta. En fin que no veía solución posible y me encontraba en un atolladero a cuatro pisos de altura, con los pies colgando al aire, miré a todos los lados posibles y no veía la forma de salir de esta, ahí sentado me pasaron muchos minutos, quizás horas para mí y yo con la mente totalmente bloqueada sin ideas ni aunque de cosas absurdas se tratasen, nada producía mi cerebro, solo oía el eco del discurso del director chillando una frase que venía a colación y que sentía dedicada a mi por el momento anticreativo por el que estaba pasando –ustedes son unos cabezas huecas- decía y yo le daba la razón, de nos ser porque lo que yo estaba tratando de hacer era salir de esa sin ser visto le hubiera aplaudido en ese momento, mi cabeza estaba así, lo siento, completamente hueca.
-llévame contigo- Oí una voz que me dio un susto terrible, mire a mi derecha y arriba, era Dolores una negra, mas negra que mis ideas en ese momento, tan linda como ella sola, esculpida en coral negro, pulida por un orfebre, con una nariz afilada parecida a una estatua romana –anda llévame contigo- Dolores nunca me había hablado, además nunca hablaba con ningún varón, se rumoraba que tenía novia, una tal Verónica que tampoco hablaba con ningún varón y siempre andaban muy juntas cogidas de la mano y apartadas del mundo. A la verónica le decían Bárbara Streisand, era rubia, con una nariz como su mote indicaba, con unos ojos azules que me llamaban muchísimo la atención desde el primer día de clases. No era frecuente los ojos azules en esos lugares, era el único pedazo de mar que uno podía llevar consigo si tenía algún amigo con los ojos azules y una novia así ya sería la gloria, hasta el sol de hoy nunca he tenido una novia con los ojos azules, quizás me falta ese pedacito de mar, pero los ojos de dolores eran muy negros, también eran lindos, casi como para caerse en ellos y no aguantarse de sus bordes, dejarse llevar por los abismos de sus pestañas perfectas y naturales, hundirse, dejarse llevar.
- ¿Me llevas o no? - Me sacudí la cabeza como un gato mojado, enfoqué la vista y agucé el oído, o al revés, o no sé, pero mi instinto dijo –¡Si!- antes de dejarme responder, la palabra que aun hoy no se si llegó a salir algún día de mis labios realmente fue escuchada por ella y ya tenía medio cuerpo afuera de la ventana , intenté sostenerla por los hombros pero me daba vergüenza tocarla, al final mis manos tocaron algo suave y tibio que eran sus hombros y cayó casi encima de mí –vale la pena explotar así- pensé, Dolores se reía escandalosamente, tomó la delantera y empezó a caminar con rodillas y manos rumbo al balcón, la oscuridad de sus muslos se perdía al ser iluminados por el amarillo de su saya como dos perfectos postes sosteniendo una única farola, miró hacia atrás, me sorprendió mirándola, se rió ¿y quijá? Dije yo haciéndome el interesado en la misión –está en el aula, se sumó al discurso del director con los fugados que cogió in fraganti, este es el momento- ya había cogido la jefatura de la misión, en principio me daba igual, desde entonces ya yo era un poco feminista, y la verdad que ser mandado por dolores tenía su morbo. Cruzamos el balcón, llegamos al tubo, Dolores ya tenía idea, me lo señaló no sin antes dejar claro que iría yo primero, me daba igual era solo tirarse desde un cuarto piso por un tubo de agua o gas, no sabía bien y no me interesaba, lo había hecho cientos de veces, casi a diario, cada vez que no encontraba el maldito profesor de guardia su revista de Dorotea la sexy. Solo había un obstáculo en el tema de la bajada por el tubo y era que a unos tres metros mas o menos del suelo tenía una unión universal es decir una tuerca muy grande, entonces una vez llegados ahí había que disminuir la velocidad hasta frenar y pasar primero abriendo y cerrando los pies y después la misma operación con las manos, mas de uno se había embalado hacia abajo sin pensar en este obstáculo y al llegar se soltaban por el golpe con la gran tuerca y caían al piso como un pájaro derribado por un cazador con manos y pies grotescamente abiertos y pegando el planchazo en el suelo, Bajé con una rapidez desmedida para alguien que no lo hubiera hecho repetidamente y frené como si de el mecanismo de un ascensor se tratase, pasé la gran tuerca y cuando toque suelo, vi a Dolores que se me venía encima como un bólido, debería haberme quedado como todo un caballero y amortiguar su consabido golpe contra el piso como mandan las leyes de caballería en los artículos referentes a fuga con una doncella desde un castillo lleno de hijos de puta que te quieren dar clases por sus pelotas pero siento que no fue así. El mismo instinto que antes me hizo decir que sí sin mi consentimiento ahora me hizo dar un paso al lado como si supiera que dolores podría haberme enterrado en la fresca hierba y que me podría haber dejado sembrado como una vil planta de mar pacifico. Pegó un placatúm contra el piso, la suerte es que ella tenía suficiente tejido adiposo con que amortiguar, nos quedamos un rato estupefactos, pero estábamos en un lugar de la escuela a la vista de todas las plantas y de todos los profesores de guardia, estuvieran o no leyendo su revistas de lo que fuera. Muy serio, pasados los primeros segundos de estupor la tome de la mano y la arrastré prácticamente a la parte baja de la escuela que estaba soportadas por columnas y la primera planta se alzaba a unos escasos 50 centímetros del suelo, lugar ideal para esconderse y que nadie(llamase adultos) se tomara el trabajo de mirar ahí, era en ese aspecto, un detalle genial de la arquitectura de la escuela, era el lugar especial, el escondite era el (vamos pabajo e la escuela) en este lugar de poca luz, con piedras dispuestas a manera de asientos circulares como correspondía a una sala de reuniones y protocolo escolar seria, llegamos encorvados a pesar de nuestra baja estatura, nos sentamos donde yo solía sentarme en un sitio alejado de los frikis y los guapos, entiéndase hippies y gente chula y macarra que se llevaban entre si como el aceite y el vinagre, dos grupos a los cuales pertenecí en su momento, buscando no se que buscan los jóvenes pero al no convencerme ninguna de las dos ideologías decidí como siempre fundar mi propia secta a la que nadie asistía y de la que nadie entendía nada ni le interesaba nada mas que yo que era el principal adepto y fundador (esta secta no tiene ningún dato ni ningún nombre ni nada, no me preguntéis)
Recuperados del susto Dolores me dijo que le dolía la espalda -¿eres dolores no?- de nada valió el chiste, ella se sentó entre mis piernas, con sus caderas grandes para mi vista, abrió mis muslos y me dio su espalda –mira ver si me hice daño en la espalda- otra vez ese maldito calor, ese calor distinto, me quedé tieso, inoperante, bloqueado – mira ver si me hice daño en la espalda- se levanto la blusa, dejo ver restos de hierbas que se le habían colado por el cuello, se lo sacudí tan delicadamente como pude, me cogió las manos se abrazó con mis brazos ella misma a través de todo su tronco incluyendo su pecho, empecé a sentir corriente, dejé de ver claro, me fallaron algunas cosas y otras funcionaron condenadamente bien, demasiado bien, duramente bien -¿no te gusto?-preguntó ella doblando ligeramente el cuello como para que las palabras cogieran el rumbo deseado, esta vez me aseguré de no responder pero parece que había cosas en mi que mi aturdimiento no me dejaba ver pero daba respuestas claras, se viró, otra vez como un bólido y me abrió la camisa, empezó a dar besos por todas partes y yo me quede con los brazos abiertos al cielo como uno que sale en una estampa rezándole a la caridad del cobre mientras los otros reman.
Se escuchó un silbido, Dolores paró lo que ella sola estaba haciendo conmigo, se metió los dedos en la boca y silbó igual de estridente, a lo lejos, en contraluz se vio la silueta de alguien que venía hacia nosotros, Dolores se puso la ropa y la cabeza en su lugar, en unos segundos, fue la dolores de siempre aunque me miraba picarescamente y yo si hacer ni decir nada pero deseando no salir de esa situación nunca mas. –¿Quien te gusta es mi amiga Verónica verdad?- Dije que si bien claro, había aprendido que aunque me lo callara ella iba a leerme la mente así que me despaché – me gusta ella y me gustas tú, las dos- era lo que se llama una declaración de valentía para alguien de mi edad, Verónica llegó hasta nosotros -no vi como te fuiste- preguntó estampándole un sonoro beso en la cara a Dolores –me fui con el yoyi- Verónica me miró como quien mira una palma con un cartel que dice no echar brujería PNR. –¿Te gusta el yoyi?- disparo Dolores como quien pulsa el botón de la bomba atómica sin saber ni donde va explotar, Verónica hizo una mueca –noo- Dolores me miró como si me hubiera comprado, ladeando la cara y sonriendo un poco –Pues a mi sí- se tomaron de las manos y echaron a correr como dos lagartos intentando andar a dos pies, encorvados como obligaba la baja altura del techo de la oficina de los fugados, me quedé ahí, en una de las piedras del circulo, con la camisa abierta del todo las manos aun tibias, pasaron los guapos y me vieron así, se sentaron alrededor mío, me ofrecieron un cigarro, fumé con guapería a lo humprey bogart y hablamos, yo de la boca pa fuera, que había que meterle unos bengalazos a la gente de la dionisia porque se habían sobrepasado con la gente del fanguito que ahora eran yuntas porque habían defendido a la gente de 22 de la gente de 26 que habían atacado por la espalda a los de la timba que creíamos que estaban con los de la dionisia pero en realidad estaban con gente peor , con los del canal del cerro y candela había que darle a esa gente porque el fanguito se respeta, me vieron serio, triste, confuso. Me ofrecieron una de sus bengalas, la rechacé –vamos a meter unos bengalazos y verás como se te pasa lo malo que tengas- no; me quedo, me quedo, hoy he tenido un día extraño muy extraño -Ven, ven con nosotros asere que Eduardo se consiguió un revolver de esos de atletismo y suena de pinga- no. Me quedo. Se fueron los guapos, vinieron los frikis con sus cadenas con candados en la punta- ¿los guapos se estaban metiendo contigo?- no- dije a secas. -a bueno, toma un cigarro- las hebillas y los broches sonaban como gangarrias de carreras de mulos, me fumé el cigarro a lo lennon, asi, medio mariconeao. Hablamos de led zeppelín, del toque de queen hoy en el aula, de los expulsados y de cómo entubar pantalones y que las maestras no te lo puedan romper –jimmi jendrix es el mejor, yoyi ven con nosotros a meterle unos cadenazos a los guapos- no, me quiero quedar aquí- es que los guapos se metieron el otro día en el patio de María y metieron unos botellazos, sabemos quienes fueron y le vamos a meter unos cadenazos –no, me quedo aquí- bueno nos vemos.
Se fueron yendo todos, al final no fui al malecón, pensé, pero vaya día, ni malo ni bueno; extraño. Salí, corté camino por un parque para evitar los guapos y los frikis, sentía algunos gritos y los coches de policía de siempre que pasaban mirándonos con odio a todos lo que lleváramos algo parecido a un uniforme escolar. En el medio del parque un hombre con la cabeza entre las manos y una maleta rusa entre los pies, al sentir mis pasos levantó un poco el rostro y me miró, yo intenté esquivar la vista, tenia los ojos rojos como de quien está muy cansado –hasta mañana Jorge- dijo casi sin mover los labios.- Hasta mañana profe- y perdónenos lo de hoy- el profesor se cruzó de brazos y suspiró, era como si se quisiera abrazar a si mismo, aunque hacía calor, temblaba un poco –Si mis hijos no me soportan, porque habrían de hacerlo ustedes, pero no me quieren jubilar, no se porque- se metió la cabeza entre las manos y se escondió de nuevo en si mismo sin vergüenza que los árboles del parque le vieran en ese estado, alcé la vista y miré en derredor, todas las paredes grises y mohosas, las piedras rota por raíces centenarias que iban cambiando a pesar de los arquitectos Y las construcciones, hojas en el piso que ya no harían mas historia – no va a pasar más profesor, no va a pasar mas, hasta mañana. Me alejé sin respuesta, cogí rumbo a casa ya sin sol, sin brisa, sin malecón.
Al otro día por primera vez llegué temprano a la escuela, le conté a todos lo sucedido(con relación al profesor) y nunca más, al menos en ese curso le hicimos nada malo, todos nos jodimos, los frikis, los pepillos, los guapos, los nada como yo y dejamos que el profe nos diera sus bélicas clases en toda la paz que podíamos ofrecerle, al año siguiente lo jubilaron, ya no me saluda porque he crecido mucho pero le veo y es encantador con sus nietos y yo desde entonces se bien como se usa el Kalashnikov o como se hace una mina o como se tira una granada. El Fanguito sigue ahí, no se de Dolores. La gente de la timba son amigos de los de la dionisia y compran carne en el canal del cerro y la revenden en el fanguito sin lío de ninguna clase y al final todos aprendimos a frenar ante la gran tuerca, después de habernos dado muchos golpes.


Yoyi 1982
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3 comentarios:

Silvita dijo...

Ay, Yoyi, te voy a leer una a una, dosificando porque esto es artillería pesada.
Me gustó mucho, eres muy bueno recordando y contando las historias sin que pierdan su espontaeidad, su inmediatez, o como se llame eso: como si pasaran directamente de la vida a la boca de un muchacho, al teclado de un hombre.
Risas y recuerdos, muchos recuerdos.
Te llegan, además, al último rincón del corazón.
Te lo digo yo, una del Canal del Cerro ;)

yoyi dijo...

Como verás Silvi, esto está escrito tal como salió del recuerdo, lleno de faltas, sin puntuación y sin nada, es naif. Está como mismo te lo contaría

Silvita dijo...

Eso me encanta!
Por cierto... de dónde sacarían la carne mis vecinos, jajaja! No habremos comido león de zoológico? No: ese lo vendieron los de nuevo vedado, o los de la Timba.
Qué curiosidad me entra ahora por saber aquellas cosas que nunca se me hubiera ocurrido preguntasr entonces!
Hoy si voy a la pincha, gracias por pasar por la islita.